ObamaWORLD

jueves 10 de diciembre de 2009

La marca Obama

Barack Obama, presidente de Estados Unidos, ha recibido el premio Nobel de la Paz en Oslo. En su discurso, ha hablado de la paz y de la guerra. Ha sido un buen resumen de su política exterior. No hay casi nada realmente nuevo, pero sí la confirmación de unas prioridades que quizá no se ajustan a ideas preconcebidas del presidente. Aquí hago un decálogo. Los tres primeros puntos son novedades de Obama. Los otros son tendencias más o menos perennes del modo de ser en exteriores de los americanos. Menos el último, que es uno de los puntales de Obama como personaje y, sobre todo, de su marca.

1. Aliados firmes. Desde el primer día Obama dijo que Estados Unidos no iba actuar solo. Aventuras como Irak se habían acabado. El mundo podía respirar más tranquilo. Estados Unidos sería más dialogante. Este papel es sin embargo un arma de doble filo. Zapatero llegó a la Moncloa y retiró las tropas españolas de Irak. Fue alabado. Ahora le reclaman más soldados para Afganistán y parece que dará 200. Obama es más abierto, sí, y reconoce que “Estados Unidos no puede actuar solo”. Pero eso significa que tampoco se le niega casi nada. Y menos en un esfuerzo compartido por la OTAN como es Afganistán: “En muchos países hay una profunda ambivalencia sobre las acciones militares hoy, sea cual sea la causa. A veces, a esto se le unen suspicacias sobre Estados Unidos, la única superpotencia militar mundial”. A los dirigentes de algunos países europeos -¿Francia?- les habrán chirriado los oídos. Con Bush algunos podían vivir mejor. Obama es de los nuestros, por tanto hay que estar a su lado a las duras y a las maduras. Bush iba por libre, Obama quiere a sus aliados firmes. Es una novedad de la marca Obama y, por ahora, funciona sin fisuras.

2.Tortura, no. En el discurso de inauguración de su presidencia, en enero, dijo Obama: “Rechazamos como falsa la elección entre nuestros ideales y nuestra seguridad”. Y le aplaudieron. En Oslo ha dicho: “Incluso cuando nos enfrentamos a un adversario salvaje que no sigue ninguna regla, los Estados Unidos de América deben seguir manteniendo los estándares en la guerra. Eso es lo que nos hace diferentes de nuestros enemigos. Es la fuente de nuestra fuerza. Por eso prohibí la tortura. (…) Y honramos esos ideales no sólo cuando es fácil, sino cuando es duro”. Y le han aplaudido. Es un tema más sencillo de predicar que de cumplir, por cosas como ésta y ésta. De momento, Obama conserva el beneficio de la duda. No lleva un año en el cargo y cerrar Guantánamo, por ejemplo, no es legalmente fácil. El crédito puede agotarse. El probable fin de la tortura es la segunda característica de la marca Obama.

3. Diplomacia, sí. George W. Bush no quería hablar con algunos países hasta que defendieran los derechos humanos o dejaran de interesarse por la energía nuclear. Obama ha cambiado de estrategia. Cree con cierta razón que la de Bush no dio frutos. Hoy ha razonado sus motivos, con una de las mejores frases del discurso: “La promoción de los derechos humanos no puede consistir sólo en exhortaciones. A veces, debe ir emparejada con una diplomacia meticulosa. Sé que en el trato con regímenes represivos falta la pureza satisfecha de la indignación. Pero también sé que sanciones sin ofertas -y condena sin discusión- pueden llevar a un statu quo inútil”. Esa pureza satisfecha de la indignación apunta en muchas direcciones: no sólo hacia el presidente anterior. Hay también otros países que a menudo creen en su pureza y deben enfrentar contradicciones. Obama creyó desde el principio en esta táctica y recibió críticas. Hoy mantiene la apuesta. Para corroborar este punto Obama ha citado a dos presidentes republicanos: la reunión de Nixon con Mao durante la Revolución Cultural china y las negociaciones de Reagan con Gorbachev, presidente del “imperio del mal”. Es la tercera novedad de la marca Obama.

4. Guerra necesaria. En un discurso de 2002, cuando era senador de Illinois, Obama habló de la guerra de Irak  : “No me opongo a todas las guerras. Me opongo a las guerras tontas”. Vale la pena leer ese texto de un Obama más inocente, o al menos sin tantos focos. Se parece bastante al de Oslo. Obama se opone a un tipo de guerras, no a todas. Siempre ha sido así. La presencia militar americana en Afganistán no es tonta, es necesaria, es incluso justa: “Los instrumentos de la guerra tienen un papel a la hora de preservar la paz”. El ejemplo que ha puesto -y ya puso en 2002- es la Segunda Guerra Mundial, en la que participó su abuelo, que se alistó el día del bombardeo de Pearl Harbour. “Las negociaciones no pueden convencer a los líderes de Al Qaeda a abandonar las armas. Decir que la fuerza a veces es necesaria no es una llamada al cinismo -es un reconocimiento de la historia, de las imperfecciones del hombre y de los límites de la razón”. Hay guerras necesarias. No es una novedad de la marca Obama. Su aportación es la distinción respecto a Bush entre guerras tontas y guerras necesarias. Sea como sea, es muy probable que mientras haya mundo, habrá guerras. Obama lo tiene asumido.

5. América, primero. Este punto se entiende mal fuera de Estados Unidos; suele verse en seguida la paja en el ojo ajeno. Desde Europa oímos a Obama y creemos que se parece a nosotros y que hablamos la misma lengua. En algunas cosas, sí. En otras, claramente no. En West Point, en el discurso sobre el aumento de tropas en Afganistán, dijo: “El país que más me interesa construir es el mío”. Y en Oslo: “Como jefe de Estado he jurado proteger y defender mi país”. Es cierto que le importa el mundo: “Queremos un futuro mejor para nuestros hijos y nietos, y creemos que sus vidas serán mejores si los hijos y nietos de otra gente pueden vivir en libertad y prosperidad”. Así, ¿por qué Estados Unidos quiere un mundo mejor y lleva la democracia a Alemania, Corea y los Balcanes? Fácil: “Por un lúcido interés propio”. Cree que los americanos vivirán mejor en un mundo en paz. Obama pone nuevas palabras en un discurso tradicional y lógico. Roosevelt entró en la Segunda Guerra Mundial tras Pearl Harbour. La guerra llevaba dos años en marcha y pocos americanos tenían ganas de lanzarse a salvar Europa en 1940.

6. El mundo, un caos. Durante las décadas de la guerra fría, todos sabían que el enemigo dormía cada noche en el Kremlin. Allí estaba y desde allí podía atacar. Hoy no se sabe ni en qué ciudad vive, ni quiénes le acompañan en su misión. El peligro quizá sea menor, pero la incertidumbre es mayor. Se acerca a veces al caos: “Las guerras entre naciones dan paso cada vez más a guerras dentro de países. La vuelta de los conflictos étnicos o sectarios, el crecimiento de los movimientos secesionistas, insurgencias y estados fallidos han atrapado a civiles en un caos sin fin. En las guerras de hoy mueren más civiles que soldados”, ha dicho Obama. También en el terrorismo mueren más civiles. En el caos, las necesidades y los miedos varían. También debe variar la paz. Obama ha hablado de una paz justa. Es un concepto viejo, pero suena bien en la boca de un presidente de Estados Unidos: “La paz no es sólo la ausencia de conflicto visible. Sólo una paz justa basada en los derechos inherentes y en la dignidad de cada persona puede ser verdaderamente permanente”. Va para largo. Esto no es sólo una característica americana, sino del mundo, con la que Obama espera convivir mejor por su trato de los adversarios.

7. El mal existe. En Estados Unidos no tienen dudas: “No os equivoquéis: el mal existe en el mundo. Un movimiento no violento no habría detenido al ejército de Hitler”, ha dicho Obama. Bush trazó su “eje del mal”. Obama es más discreto, pero no quiere equívocos. No es una palabra -“mal”- que utilice a menudo. En Oslo era quizá el momento. Obama presentaba credenciales también ante sus paisanos. Ha recordado el tono de su antecesor y de Reagan. No es marca original Obama, pero parece que lo asume bien.

8. La amenaza sirve. Este es el punto en el que quizá más haya resonado Bush en Oslo. Obama apuesta por la diplomacia y está dispuesto a ensuciarse para lograr acuerdos. Quiere que Rusia y China sean sus aliados y hace concesiones en beneficio de los acuerdos. Son apuestas valientes. Pero que nadie se equivoque. Si Obama no obtiene concesiones después de ensuciarse, los estadounidenses “no podrán quedarse quietos”. Tampoco cuando un país viole los derechos humanos de sus ciudadanos: “Tendrá que haber consecuencias”. Y lo ha repetido. Obama ha citado Darfur y Myanmar. Si un día se ve en la situación de Bill Clinton y Ruanda, habrá que ver cómo lo resuelve. Son amenazas fáciles de lanzar, difíciles de cumplir. Obama debe de saberlo y prefiere, de momento, ir en la misma barca que Rusia y China contra Irán que amenazar y amenazar. Es una partida de ajedrez.

9. El capitalismo. Este es de los más claros. La paz requiere el estómago lleno: “La paz incluye no sólo derechos civiles y políticos -debe acarrear seguridad económica y oportunidad”. ¿Cuál es la tierra de la oportunidad? De su sistema económico los americanos no dudan y ya no deben hacer mucho esfuerzo, hoy por hoy, para convencer al resto del planeta. Sus adversarios -China, Rusia, incluso Irán- no viven en sistemas económicos muy distintos. Es una guerra que los americanos tienen ganada. Coca-Cola es la bebida del mundo y Wall Street el corazón. No es auténtica marca Obama, pero como americano, lleva el capitalismo en la sangre.

10. Hope. And change. La esperanza y el cambio fueron los mensajes de Obama en la campaña. No parece que encajen aquí, donde habló de su política exterior. Pero sí. Obama ha empezado y terminado con estos asuntos. Uno de sus principales argumentos es este: “No somos meros prisioneros del destino. Nuestras acciones importan, y pueden mover el arco de la historia en la dirección de la justicia”. Esto del arco lo dijo en Chicago la noche del 4 de noviembre de 2008, apenas elegido presidente. Su apuesta es que cada persona tiene su futuro en sus manos. Ganó las elecciones gracias a convencer a sus compatriotas de esto. Le creyeron, porque salieron a la calle y consiguieron que ganara alguien por el que nadie apostaba nada. ¿Cómo encaja esto en el resto del mundo? Así: “Podemos aceptar que la opresión estará siempre con nosotros, y aún luchar por la justicia. Podemos admitir las penurias, y aún luchar por la dignidad. Podemos entender que habrá guerra, y aún luchar por la paz. Podemos hacer eso -porque esa es la historia del progreso humano; esa es la esperanza del mundo”. Y como decía al principio, ese destino está “en nuestras manos”. Son palabras. Por decir cosas así le llaman ingenuo. Por ahora es presidente del país más poderoso del mundo y premio Nobel de la paz.

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Comentarios Un comentario

Comentarios

  • 12.12.2009 ivan tubau

    Buena glosa del discurso, matizada y asumiendo las contradicciones (¿inevitables y sensatas?) como el discurso mismo. Bravo (en italiano, no necesariamente en vaticanense).

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