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martes 29 de diciembre de 2009

Los principios están para romperlos

Hay gente de izquierdas y hay gente de derechas. Poco más. Ser de centro es cursi. Habría más independientes, pero es pretencioso. En España no se ha encontrado un buen modo de responder a la tendencia política; cuando nos preguntan solemos decir: “No sé”. Quiere decir dos cosas: “No me atrevo a decirlo” o realmente “no sé”. En casi todos los temas, es fácil adivinar dónde están los progresistas y los conservadores: aborto, impuestos a banqueros, energía nuclear, trato con China, la pobreza, derechos de los animales, coches eléctricos, adopción de parejas gay, borracheras de adolescentes, seguridad en los aeropuertos. Si uno se pregunta en conciencia no es difícil, creo, averiguar su tendencia. Es probable que en algunos temas a alguien le salga, sinceramente, que no sabe. Ese puede ser el centrista, independiente o moderado.

Al centrista normalmente le faltan principios e información. Los principios suelen ser dogmáticos -un principio es irrenunciable- y defensivos -no aceptan discusión. Un principio es una espada, rígido e irrompible. La información es secundaria para los que manejan principios. El independiente falto de principios, en cambio, sólo puede, para opinar de lo que ocurre, informarse, que es lo difícil. Por eso triunfan los principios: son más baratos, fáciles de asumir y de razonar que la información. El reto es tener tan buena información que los precios se rompan solos, aunque sean como una espada. El paso por ejemplo de comunista en la juventud a liberal en la madurez es un cambio de principios. Es fácil. La información en cambio no se puede cambiar. Es la que es. El problema es que es difícil de conseguir. No porque esté escondida, sino porque requiere esfuerzo.

*

Obama presumió en la campaña de bipartidista. Los años de Bush habían traído radicalismo -principios severos- y derecha e izquierda estaban enfrentadas. Obama era el caballero blanco que uniría al país dividido: no tenía principios, sólo preferencias, como quien opta por pescado y no carne. Son un gusto por algo, pero no estricto. Si sé que hoy la carne es mejor, olvidaré el pescado.

Un político no soluciona problemas profundos. Eso no quita astucia a Obama: supo ver la grieta de los principios inquebrantables y coló su alternativa imposible. Uniría al país, dijo. Y no lo consiguió. Obama explicó por qué la reforma sanitaria era necesaria -que lo era- y qué iba a cambiar. Aclaró que no iba a renovarlo todo, sino sólo retoques. No sirvió. El martilleo de principios conocidos tumbó las expectativas de un debate razonable.

El camino en el senado de la reforma sanitaria ha dejado claro que el bipartidismo no es algo sencillo. La queja republicana es que la nueva ley aumentará el increíble déficit fiscal del país. Eso es verdad, pero su estrategia es mala a largo plazo. Por dos motivos. Primero, la reforma era inaplazable: el gasto americano en sanidad era el doble (y creciente) que en el resto de países avanzados y los indicadores no son mejores. Segundo, Obama había aceptado varias cosas de lo que pedían sus adversarios. El Partido Demócrata es hoy más plural -incluye más puntos de vista- que el Republicano. Obama cedió ante posturas contrarias pero que reconocían la necesidad del cambio. El rechazo conservador se escudó al final en razones menores. Les saldrá el tiro por la culata. Su única esperanza es que el éxito de la reforma no sea palpable antes de noviembre y puedan recuperar algunos congresistas en las próximas elecciones.

Obama ha mantenido su compromiso de ser bipartidista. Los progresistas lo han criticado por olvidarse de ellos; los conservadores por alejarse del centro. En el fondo, los dos extremos lamentan que la reforma haya pasado por un estrecho camino que reúne a suficientes personas como para que formen una mayoría. Lamentan que no haya más como ellos; siempre uno espera que los demás sean como nosotros: “Diría que la razón para esta ceguera terca es que muchos liberales no pueden, por la razón que sea, contemplar la idea de los votantes han considerado y rechazado sus ideas”, dice el abogado Peter Conolly. Los motivos de los conservadores serán otros, pero las consecuencias son las mismas.

Si la mayoría a favor de la reforma está también en la sociedad, se verá en las elecciones. De momento, los votantes envían un mensaje contradictorio: están en contra de la gestión de la reforma sanitaria de Obama, pero creen que la sanidad americana no funciona bien. Los principios chocan contra la información, que en este caso es la experiencia diaria de millones de americanos en sus ambulatorios y hospitales. Si la información cuela, siempre gana.

*

El articulista conservador del New York Times Ross Douthat decía que “tanto derecha como izquierda tiene problemas para entender el institucionalismo de Obama”. El presidente juega con unas reglas lógicas. Se resumen así: el mundo debería ser de otro modo, pero es como es; hay que intentar mejorarlo con los instrumentos disponibles. Estados Unidos es un país conservador. No tiene nada de malo. Si uno quiere vivir entre progres seguramente no hay mejor lugar que Estados Unidos. En mis viajes por ciudades remotas con pequeñas universidades, he encontrado hippies mucho más auténticos que nada que corra por Europa. Pero la mayoría es tradicional.

Desde que me fijo en la política americana sólo dos políticos liberales han ganado elecciones: Obama y Clinton (no sé si Hillary lo hubiera hecho). Son dos políticos que ganarían en cualquier país. En cambio, cuando ha habido candidatos mediocres, ha ganado el republicano: George W. Bush se las llevó ante Al Gore y John Kerry. (En 2004, The Economist decía antes de las elecciones que los americanos debían elegir entre “el incoherente y el incompetente”; el incoherente era Kerry.)

Obama apuesta porque la historia le dé más razón que a los que defienden los principios del día. El país necesitaba una reforma sanitaria. La tiene. Ahora deberá afrontar el cambio climático y la inmigración. Habrá que ceder y romper principios. Para eso están. Lo mejor de un principio baratillo es que sirve sólo para una temporada. Luego se cambia. El mérito es acertar en los principios de largo alcance, los pocos que hay. Lyndon B. Johnson, cuando firmó la ley de los derechos cívicos para negros en 1965, dijo: “Con esta firma y esta ley, creo que hemos perdido el sur para siempre”. Para siempre no. El primer presidente negro lo demostró. Hay principios que cuesta más cambiar. Son los que merecen la pena.

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Comentarios 3 comentarios

Comentarios

  • 29.12.2009 Anónimo

    Aborto: sí. Libre y gratuito.
    Impuestos a banqueros: desde luego. De muuuuucho más que el 50%.
    Energía nuclear: sí, sí, sí.
    Trato con China: ¿Carnal? ¿Trato carnal? ¿Cómo no tratar a China, que nos va a comer por los pies?
    La pobreza: cuanto más lejos, mejor. Para todo el mundo. Desde Islandia a Suráfrica y desde Ecuador a Ecuador.
    Derechos de los animales: no. Corridas para todos. De toros, y de las otras.
    Coches eléctricos: sí. Pero si no hay electricidad de origen nuclear, contaminan más que los de gasolina. Ciclo de Hess, le llaman. Primer principio de la Termodinámica. Funciones de estado y tal.
    Adopción de parejas gay: sí. Aunque yo no vaya a adoptar a ninguna pareja gay, intuyo que preguntas si las parejas gay pueden adoptar. Sí, desde luego.
    Borracheras de adolescentes: son sanas si no abunda. Pero no sé a qué te refieres.
    Seguridad en los aeropuertos: esta no la entiendo. Definitivamente.

    Y ahora dígame usted: ¿soy de izquierdas o de derechas?

  • 30.12.2009 Trotsky

    ¿Centrista? ¡ja! ¿independiente? ¡ja! La postura de algunos hacia EUA es como la de algunos enamorados. Les gusta esa pesona como idealización. No pararán hasta cambiarla. Lo tienen claro, con EUA. El presidente más multilateralista, Carter, se lo comieron con patatas los americanos. Hay que aceptar como son: Dios hasta en la sopa, keynesianos pero siendo el gasto militar el motor de la economía… ¿Qué derechos tienen los millones de immigrantes ilegales? Sobre el papel, todos. ¿Dónde estan los principios liberales en la circulación de personas? Muro de México, hasta hace poco los enfermos de SIDA…
    La nueva medida de que en cada avión que vuele a EUA lleve un poli yanqui es surrealista. Los gastos que eso implica son comparables a hacer agujeros y taparlos de Keynes.
    Lo de la sanidad cuesta aprobarlo hasa en el momento en que más americanos lo necesitan. Eso sí, que los immigrantes ilegales no lo puedan utilizar. Que trabajen como esclavos, incluso para algunos políticos, que se les pague una miseria y que no usen los pocos servicios públicos. Desde el punto de vista de productividad del trabajo eso es magnífico (output/input). Sólo es superado por las ratios de las grandes empresas alemanas (Siemens, AEG…) con los prisioneros de los campos de concentración nazis.
    ¿Cuál es el referente? ¿Dubai?

  • 30.12.2009 Jordi Pérez Colomé

    Anónimo, dos cosillas: primero, cuando digo izquierdas o derechas, no lo asocio a un partido ni a unas siglas. Segundo, la lista era aleatoria, pero posible. Su respuesta demuestra que las etiquetas no son compartimentos estancos. Son guías. Usted estaría en un Partido Demócrata plural, capaz de razonar y aceptar argumentos de peso si la información es buena, como con la energía nuclear. Ese es el mérito de un partido: agrupar tendencias similares, no homogeneizarlas. El Partido Republicano tiene hoy ese problema.
    Trotsky, Estados Unidos me gusta (no estoy enamorado, prefiero las chicas). No es un país perfecto, claro, pero tampoco pretendo cambiarlo. Sólo contarlo.

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