ObamaWORLD

miércoles 13 de enero de 2010

Para qué sirve un atentado fallido

La actualidad americana ha cambiado ya de tema. El terrorismo ha quedado atrás. Ahora vienen otra vez los bancos con la crisis económica y la etapa final de la reforma sanitaria. El ritmo del presidente y de la actualidad me come este Obamaworld bisemanal. Me quedo atrás. Un día hablaré de este ritmo infernal que me imponen. Cada semana me saca temas nuevos e interesantes. Hoy quiero ver si ha cambiado algo en la inteligencia americana desde el atentado fallido del terrorista de los calzoncillos. Y, sobre todo, si debe cambiar.

Barack Obama publicó el informe que hizo la Casa Blanca sobre el intento de Abdulmutallab. También hizo un discurso. Se han sabido dos cosas. Primero, dos novedades sobre el caso Abdulmutallab. Segundo, los cambios que el gobierno aspira a hacer para evitar ataques en el futuro.

La primera novedad tiene que ver con por qué Umar Farouk Abdulmutallab tenía un visado en vigor para entrar en Estados Unidos. A pesar del aviso de su padre en la embajada de Estados Unidos en Nigeria, nadie revocó en Washington su visado. No se hizo, primero, por un error de transcripción del nombre. En el visado lo ponía de una manera; en el cable de la embajada, de otra. (Es algo que puede ocurrir: yo mismo he escrito Faruk y Abdulmutalab así otras veces). Aquí dan dos soluciones: las bases de datos de nombres terroristas deberían escribirse como lo hace la persona, con una transliteración científica y en la lengua original. Y que el buscador de los departamentos que llevan estas listas sea capaz, como Google, de dar resultados por aproximación.

Sea como sea, el aviso de un padre como el de Abdulmutallab no es suficiente para cancelar un visado. Lo único que ocurrió fue que el nombre pasó a la base de datos TIDE (algo así como Ambiente de Datos de Identidades Terroristas), que es una lista con más de medio millón de nombres. Pero no pasó de ahí. Hay aún dos listas más: una la lleva el FBI y la otra es la lista final que impide volar. Gracias a la inclusión del nombre de Abdulmutallab en la primera lista, lo estaban esperando en Detroit para interrogarle -esta es la segunda novedad. Hubiera sido demasiado tarde.

El fallo se dio pues al no unir el punto que llegaba desde Nigeria y que decía que un padre estaba preocupado porque su hijo podía estar en Yemen junto a Al Qaeda con otra información desde Yemen que decía que allí se preparaba algún atentado con un nigeriano. Esto fue probablemente un error humano: “Funcionarios del gobierno admiten que quizá fue un error humano el mayor descuido de todos”, publicaba el New York Times.

Obama salió el jueves a explicar todo esto. Asumió la responsabilidad. Era fácil. Un presidente con un año en el cargo tiene la responsabilidad pero no la culpa de un error en el funcionamiento de algunas de las 16 agencias federales del país que se ocupan de la seguridad. Era en parte suficiente; nadie iba a dimitir y él quería cambiar de asunto. No tenía nada de esto previsto: su guerra era la economía y la reforma de la sanidad, pronto la inmigración y la energía. El terrorismo le ha pillado por sorpresa. Los cambios que quiere implantar como soluciones son retoques: el Departamento de Estado debe mejorar su sistema de concesión de visados. Los aeropuertos tienen que afinar sus escáneres. Las listas más selectas serán ampliadas. Las agencias de inteligencia deben definir más quién se ocupa de cada indicio. Pero los cambios que se toman con prisas no suelen ser los más adecuados.

“El informe del gobierno sugiere que el problema es menos tratable de lo que Obama ha reconocido”, decía el Washington Post. Es ciertamente imposible tener toda la seguridad: “La carrera para proteger nuestro país no tiene fin”, dijo Obama. Los servicios de inteligencia se equivocan, como los terroristas. Pero el margen de error es distinto para unos y otros. Obama ha aprovechado precisamente este argumento -la seguridad total es imposible- para insistir en su argumento tradicional contra el terrorismo: no hay sólo que pillar a los malos cuando llevan los explosivos encima, sino que hay que evitar que se conviertan en terroristas: “Debemos decir claramente a los musulmanes de todo el mundo que Al Qaeda no ofrece nada más que una visión acabada de miseria y muerte”, dijo. La diferencia de tono con las reacciones que eran habituales en el gobierno de Bush -menos delicado- son claras.

Estos días he leído un montón de recomendaciones de mil expertos sobre los mejores remedios para solucionar el agujero que ha demostrado Abdulmutallab. A pelota pasada hay muchos listos: los servicios secretos deben sólo recopilar información, no compartirla; la CIA debe poder hacer cumplir la ley como el FBI, no sólo reunir información; los sistemas informáticos están obsoletos; debemos copiar a Israel. Algunos tienen más sentido que otros. Pero siempre había el mismo punto final: mientras haya terrorismo, habrá atentados. Seis de cada diez americanos creen eso mismo. “El público parece reaccionar con calma a los incidentes individuales, posiblemente porque la mayoría de americanos cree que el gobierno no puede prevenir todos y cada uno de los intentos de atentado”, dice Keating Holland, director de encuestas de la CNN. Esto diría mucho de las reacciones exageradas, a veces, de la prensa.

Eso implica, como reconoce también Obama, que es un gran mérito de la administración de Estados Unidos haber logrado tantos años sin atentados en el país. Se podía haber roto. Pero no ocurrió. Eso también cuenta. Siempre se puede mejorar y avisos fallidos como el de Abdulmutallab son buenos. Nos ayuda a recordar que el terrorismo juega con más ases y que la inteligencia también es humana.

*

Al principio hablaba del veloz ritmo del presidente. En cada Obamaworld publicaré la agenda de Obama del día que toque, para que se vea cómo cambian sus intereses. Hoy Obama está haciendo esto, en horario de la costa este americana (seis horas menos):

9:00am: recibe el resumen presidencial diario.

9:30am: reunión con los líderes del Congreso y el Senado, Nancy Pelosi y Harry Reid, en el Despacho Oval.

10:00am: lee una declaración a la prensa sobre el terremoto de Haití. (Obama no hace una rueda de prensa con preguntas desde el 22 de julio; es un asunto importante que trataré pronto.)

2:30pm: da una vuelta por el Joint Apprenticeship and Training Committee Center (un centro nacional para el aprendizaje de oficios, que está en Lanham, Maryland, cerca de Washington).

2:55pm: hace unas observaciones acerca de trabajos en el sector de la energía verde (el paseo por el centro habrá durado sólo 25 minutos).

4:00pm: reunión con consejeros.

4:30pm: recibe el resumen económico diario. (Un día -no sé cómo- descubriré qué hace cada noche; su jornada siempre se acaba hacia esta hora.)

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