ObamaWORLD

Martes 19 de enero de 2010

Que un año no es tanto

Este miércoles Barack Obama cumple un año de presidente de Estados Unidos. No ha sido fácil. Los presidentes suelen tener primeros años difíciles. Pero Obama comenzaba más alto y más dura ha sido la caída. La leña del árbol caído se vende barata. Además, la esperanza de un buen segundo año puede quedar tocada en Massachusetts. Allí eligen a un senador en una votación especial: deben llenar el escaño de Ted Kennedy, que murió en agosto. Es un asunto importante. El Partido Demócrata tiene la mayoría exacta en el senado. Si pierden un senador, las leyes que quieran pasar hasta noviembre podrán ser bloqueadas por la minoría republicana. En noviembre habrá elecciones legislativas y todo puede cambiar de nuevo.

La crónica previa de El País de esta votación dice: “Sin ningún riesgo de exagerar, la suerte de la reforma sanitaria y, con ella, de la gestión de Barack Obama y del futuro del Partido Demócrata de Estados Unidos depende de lo que ocurra hoy”. Los periodistas vivimos de exagerar. Pero este se pasa. De la elección de Massachusetts depende la agenda legislativa desde febrero al verano -luego el Congreso se disuelve para la campaña.

La reforma sanitaria dependerá aún del Partido Demócrata. El País no lo dice, pero si los congresistas demócratas aceptan a su pesar la versión que pasó el senado en Navidad, la ley iría directamente a Obama para que la firmara. Luego, en el proceso de retoques, que no necesita 60 votos en el senado, sino 51, podrían añadirse los cambios que los congresistas ya han acordado.

Es una solución de emergencia y mala. Obama tiene un problema. Gane o pierda, a estas alturas, con las elecciones empatadas, el Partido Demócrata ya sabe que algo pasa. En Massachusetts deberían haber ganado de calle. No lo han hecho. ¿Por qué? Estos son los problemas.

1. La economía va mal. Estados Unidos sigue en crisis. Hace un año que Obama está en Washington y algunas estadísticas han cambiado, pero la sensación general es de dificultades. El columnista E. J. Dionne cuenta una charla entre dos financieros republicanos en julio de 2008. La crisis entonces sólo se intuía. Uno decía que los bancos reventarían -ocurrió en septiembre-, las inversiones no saldrían a cuenta y el gobierno debería gastar en un plan de estímulo. Acertó. El otro contestó: “Sería un momento excelente para que los demócratas tomaran el poder”. Obama llegó a la Casa Blanca.

Los conservadores insisten hoy en la restricción del gasto público y en no subir los impuestos. La reforma sanitaria, según este discurso, será un desastre porque hará aumentar el déficit. Pero obvian la parte más importante: el culpable principal del déficit es el gobierno republicano anterior. Los republicanos son unos maestros impecables en el martilleo del mensaje, de un solo mensaje, claro. Además, su tesis en contra de un gobierno gastador cala hondo en la cabeza de los americanos. Obama quiso al llegar asumir la responsabilidad ante la crisis y, de repente, se ha quedado con la culpa.

2. El entusiasmo desapareció. George W. Bush no está. Ya no hay que echarle. El entusiasmo por el cambio ha menguado. En una elección americana hay un modo sencillo de medir el entusiasmo: los carteles en los jardines. La gente que quiere coloca en su parcela un cartel con el nombre de su candidato preferido. Hay que tener ganas para hacer eso y es un grado de identificación enorme con el candidato. Un cartel no es sólo un voto; es una muestra pública de un votante capaz de defender en público a su candidato. En las elecciones generales de 2008, desde el coche, me entretenía a contar los carteles de cada candidato. Obama ganaba de calle en todos los distritos por los que pasé menos en uno: un condado rural y remoto del oeste de Pensilvania. Aquí hacen lo mismo con una calle de Boston. El resultado les sale al revés. No queda nada del entusiasmo por Obama. Nadie quiere que le relacionen con el presidente. Es una señal peligrosa. Los carteles en favor de la candidatura de la demócrata Martha Coakley se han quedado en el armario de la oficina electoral. Pocos tienen ganas de apoyarla en público. Tampoco sirve ya hablar en anuncios de los republicanos como del lobo. Ya no asustan.

3. Massachusetts y sólo Massachusetts. Las elecciones tienen una lectura nacional. La responsabilidad depende de Obama. Es lo que he contado hasta aquí. Pero me parece ilógico no tener en cuenta que esta es una elección local y tiene sus particularidades. Barack Obama no está en las papeletas. Los factores de Massachusetts pueden hacer decantar la balanza. En Massachussetts hay tres puntos de paro más que en el resto del país. El candidato republicano, Scott Brown, es mejor que la demócrata Coakley y ha hecho mejor campaña. El estado es profundamente demócrata: todos los congresistas del estado en Washington lo son, el gobernador lo es, los senadores hace años que lo son -el otro senador del estado es John Kerry. Pero hay matices: desde 1991 a 2007 el gobernador fue republicano, votaron por Reagan en 1980 y 84. Hay además en el estado muchos votantes demócratas populares. Son una de las cuentas pendientes de Obama, los llamados trabajadores de cuello azul. La crisis puede hacerles no ir a votar o, peor, votar por el republicano. En Massachussets ya hay además sanidad casi universal. Es el único estado que la tiene. La pasó el republicano Mitt Romney cuando era gobernador. (Romney fue candidato a presidente por su partido en 2008 y lo volverá a ser en 2012.) Los empresarios ya tienen que pagar más por sus trabajadores. Si la reforma universal pasa, temen tener que pagar más.

Pase lo que pase, ambas partes ya tienen preparado el discurso. Para los conservadores, los electores son sabios: “Es imposible imaginar un repudio más directo y democrático del gobierno demócrata”. Para los liberales, los electores no entienden que la culpa de los problemas no es de Obama y que un año no es tanto para arreglar tal desastre. Los dos tienen probablemente razón. Es lo peor de estas cosas. Sólo un equipo ganará, pero los dos tienen argumentos sólidos.

*

Este será el prólogo ineludible del primer aniversario de Obama como presidente, que se cumple este miércoles. La decepción ya está en los titulares. Siempre ocurre, en distintos grados, con el primer año de un presidente. No es lo mismo la ilusión de un regalo que las ganas que tiene uno de jugar con ese regalo un año después. Los periodistas tenemos que hacer nuestra lectura. Obama va bien o va mal. Es difícil titular con medias tintas. Ahora toca mal. Ya dije en su día que todo esto no sirve para entender la realidad. Es pura paja. Pero sí que puede ser útil para ganar elecciones.

La realidad es a menudo difícil de medir, pero aquí se acercan mucho. Hicieron una lista con 502 promesas de Obama en campaña. Están atentos a cada novedad y analizan el progreso de cada una. Son de una concreción extraordinaria. Obama ha cumplido 91 promesas y va bien en otras 33. Más de la mitad están en marcha. No ha podido cumplir 14 de sus propuestas y tiene 33 paradas. Es una cantidad de información inaudita. Sólo ciudadanos muy concienciados y espíritus puros seguirán atentos este magnífico análisis y harán depender de él su voto. Ni los mismos periodistas le prestan mucha atención. Preferimos las percepciones. Son más fáciles y simples. Algunas se pasan de listas y creen que salvarán el mundo. Otros le escriben cartas al presidente con consejos que parecen cachondeo. Podría poner decenas de ejemplos. Muchos opinadores montan castillos en el aire y sin red. Les sale gratis. Nunca deben demostrar que sus profecías se cumplen. Les pondría un rato en un Ministerio, a ver qué.

La democracia es un proceso difícil e insatisfactorio. Las sensaciones cuentan. La capacidad de hacer pasar un mensaje es un mérito. El candidato Obama fue el mejor en eso. Hoy lo tiene más difícil y le cuesta más. Los republicanos le sacan ventaja. A pesar de todas sus promesas cumplidas, la balanza no cae de su lado. Los votantes de Massachusetts -gane o pierda-, de Virginia y New Jersey hace unos meses, ven las cosas de otro modo. No es ningún descalabro. Lo que ha pasado hasta hoy entra incluso dentro de la lógica. Nos gusta entusiasmarnos con un político, pero luego frenamos, no sea que piensen que somos bobos. Toca entonces quejarse un poco. Nada nuevo bajo el sol. Obama tiene la parte difícil: gobernar. Le queda aún margen.

Tengo cosas nuevas sobre el presunto terrorista Umar Faruk Abdulmutallab y de la inteligencia. Es un tema que me interesa. Hoy tocaban otras cosas. Me guardo el terrorismo para la próxima entrega, si no hay nuevas urgencias.

*

Obama tiene hoy un día movido.

9:00am: recibe el resumen presidencial diario.

10:00am: junto al secretario de Educación, Arne Duncan -es uno de los mejores ministros de Obama y que mejor trabaja en la sombra-, va a la cercana escuela de Falls Church (Virginia) y charla un rato con estudiantes de 11 y 12 años.

10:25am: la charla es corta. Lee un comunicado sobre el programa educativo Race to the Top. Es un programa clave en la reforma educativa americana. Son fondos para que los estados mejoren sus escuelas según el rendimiento.

11:30am: encuentro en el Despacho Oval con el senador George Voinovich, republicano de Ohio. La charla a solas con el presidente es un lujo. Obama, a cambio, espera simpatía para sus futuras propuestas. No se da muy a menudo.

12:30am: come con el vicepresidente, Joe Biden.

1:30pm: recibe el resumen económico diario.

4:25pm: reunión con asesores. Aquí esperará el resultado de la elección de Massachusetts.

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Comentarios 2 comentarios

Comentarios

  • 20.01.2010 Diego

    Ahora que ya conocemos la victoria republicana en Massachusetts y dado el vacío de poder existente en el Partido Republicano ¿habría alguna posibilidad de que Scott Brown aproveche el impulso de su victoria para lanzar la candidatura al partido en las elecciones de 2012?

    En cuanto a Obama, imagino que su futuro político dependerá del talento con el que vendan sus logros, alguna de esas 91 promesas que sí ha cumplido.

  • 20.01.2010 Jordi Pérez Colomé

    Diego, Scott Brown para presidente en 2012 no es posible. No hay tiempo. Debería lanzar su campaña a la presidencia a principios de 2011. Sería un salto mortal. Más incluso que el de Obama, que era ya famoso cuando fue elegido senador en 2004 y se presentó en febrero de 2007, dos años y medio después. Para las elecciones de 2016 sería posible. Depende de lo bueno que sea Brown.
    El presidente Obama lo tiene, obviamente, más difícil que ayer. Pero aún depende de él y de su talento, claro. En estas elecciones ha habido factores locales que han sido clave. Hoy haré una pieza sobre esto.