ObamaWORLD

martes 26 de enero de 2010

¡Y el mundo por cambiar!

La noche del 4 de noviembre de 2008 estaba en el hotel Renaissance de Columbus, la capital de Ohio. La fiesta del Partido Demócrata local para seguir el desenlace de las elecciones era allí. Había pasado el día con los voluntarios de la campaña de Barack Obama en los barrios de Bexley y Driving Park de Columbus. Allí estaban casi todos los que no eran de Columbus. Los de Columbus se habían ido a su casa.

La CNN estaba conectada en algunas grandes pantallas del primer piso. No tenían el volumen puesto y lo seguíamos con los subtítulos para sordos. Todo iba según lo previsto. Bastante temprano cayó Virginia y cayó California y Obama era el nuevo presidente de Estados Unidos. Hubo gritos y abrazos. Al rato, salió Obama a hablar desde el parque Grant de Chicago. He visto ahora de nuevo aquel discurso. Es magnífico. Queda un poco lejos, pero no suena aún a otra época.

Cuando Obama acabó de hablar me despedí de la gente. Entre ellos había una auténtica hippy, Mary. Una mujer de unos sesenta años vestida con un pantalón delgado de estampado azul, gafas john lennon, cara atolondrada y pelo despeinado canoso. Su coche era un viejo Ford, cubierto de pegatinas, desde la guerra de Vietnam a la campaña de Obama. Había venido desde Nueva York a Ohio par ayudar en esta campaña: “Toda mi vida he estado esperando algo así”, decía.

¿Qué había esperado Mary tantos años? ¿Merecía un presidente tanta confianza? Aquella noche estos sentimientos no parecían desmedidos. Obama en su discurso había dicho algo similar y no parecía fuera de lugar: “El camino será largo. La cuesta será empinada. No llegaremos en un año o en un mandato, pero América, nunca me he sentido tan esperanzado como lo estoy esta noche de que llegaremos allí. Os lo prometo, nosotros como un pueblo llegaremos allí”.

Ahora es un año después. Está claro que no se ha ido tan lejos. Esto sólo es el principio de algo, aún no sabemos de qué. La apuesta de cambio y esperanza de Obama no está intacta, pero sigue vigente. Obama avisó de que el tiempo quizá no bastaría. Ya se sabía. Sin embargo, en otros discursos había exagerado más. En St. Paul, Minnesota, en junio de 2008: “Si estamos dispuestos a trabajar para ello, y luchar por ello, y creer en ello, estoy absolutamente convencido de que en varias generaciones, seremos capaces de mirar atrás y decir a nuestros hijos que este fue el momento en que empezamos a cuidar a los enfermos y a dar trabajo a los que no tenían; este fue el momento en que el crecimiento de los océanos empezó a detenerse y el planeta empezó a curarse”.

Obama es en parte esclavo de esas palabras. Son exageraciones de campaña. Sus discursos pudieron hacer creer que cambiaría el mundo. Ahora es esclavo de esas expectativas y su caída en popularidad puede relacionarse un poco con eso. Desde la Casa Blanca es difícil cambiar el mundo, que es una cosa muy distinta, y no depende ni tan sólo de una generación ni de dos. Es sin embargo justo volver a citar esas palabras ahora y ver que chirrían. Pero no es justo valorarle sólo por eso. Las palabras del primer presidente negro de la historia de Estados Unidos debían ser grandilocuentes. El momento lo exigía. Pero la historia deberá juzgarle por más que por su primer año. Aunque es lógico que ahora, ahogados por el día a día y los titulares, demos una importancia excesiva a una pequeña elección en Massachusetts. De algo hay que hablar. Pero una cosa es hablar y otra juzgar. Si alguien tiene prisa en juzgar ya es que la presidencia de Obama -y sus posibles frutos- le preocupan más de lo que debería a estas alturas.

Hay otro aspecto del discurso de Obama que también merece un comentario después de este año. Barack Obama se hizo famoso en la convención demócrata del verano de 2004, la que escogió a John Kerry como candidato a la Casa Blanca. Aún no era ni senador federal -lo escogerían en noviembre. Así de jovencito estaba:

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Su gran frase fue: “No hay unos Estados Unidos liberales ni unos Estados Unidos conservadores. Hay unos Estados Unidos de América”. De ahí creció su fama: Obama, hijo de blanca y negro, sería capaz de unir este país dividido por la política de George W. Bush. Fue su mensaje más repetido. Puede trazarse este eslogan a lo largo de toda su campaña. Desde por ejemplo aquí: “Lo que no oiréis de esta campaña o de este partido es ese tipo de política que usa la religión como cuña o el patriotismo como vara, que ve a sus adversarios no como competidores a los que retar, sino como enemigos a los que demonizar. Porque podemos llamarnos demócratas o republicanos, pero todos somos americanos primero. Siempre somos americanos primero”.

Así hasta el discurso de la noche electoral: “A los que no me habéis dado vuestro voto, seré también vuestro presidente”. Un año después ya puede ser un buen momento para ver en qué ha quedado eso. ¿Ha conseguido Obama reunir a los americanos? No. Acaban de salir los datos. Es el presidente más polarizado de la historia de Estados Unidos: un 88 por ciento de demócratas aprueban su gestión por sólo un 23 por ciento de republicanos. Ese 65 por ciento de diferencia es la mayor para el primer año de gestión de un político americano (la media de Bush durante los ocho años de mandato fue del 61 por ciento).

Obama aspiraba a que la gente no juzgara su gestión por su color político, sino por su mérito. Por ahora, ha fracasado. El país sigue dividido. La pregunta que debemos hacernos es si la responsabilidad es sólo suya, si su política es demasiado de izquierdas. Hasta Reagan en 1980, ningún presidente había sufrido una diferencia de más de 40 puntos en aprobación entre partidos en su primer mandato; desde entonces, sólo Bush padre tuvo de media menos de un 50. Está claro que hay algo que ha hecho cambiar a los americanos -¿sólo a los americanos?- la percepción de la política. Obama ha intentado adoptar puntos de vista de los adversarios en sus propuestas más importantes -en el plan económico o en la reforma sanitaria, menos en las decisiones inevitables como las relacionadas con la tortura. ¿Por qué? Creo que por cálculo político, pero puede discutirse. Está claro sin embargo que ahora cuenta más el partido del político que su capacidad.

Para esto debe haber montones de razones. Las que más he oído son las que ahora hay más programas -sobre todo en la tele por cable y la radio- que se dedican a criticar con saña al presidente. Su figura ha perdido aura. El respeto a su cargo se ha derrumbado. También pasa con congresistas y senadores, en menor medida. Hay algo más igual también grave, aunque no creo que sea una novedad: la información cuenta poco, con la opinión nos basta. Es más difícil saber si la reforma sanitaria será buena para Estados Unidos que decidir si estoy a favor o en contra por cualquier motivo secundario. Cuentan más los lemas de ambos bandos -sobre todo en asuntos clave como el gasto público o el aborto- que la necesidad o no de la nueva ley.

Sea como sea, esta es la mejor prueba de que el mundo no se cambia fácilmente. Hay que esperar. Si Obama significará un gran cambio o no lo veremos más adelante. Un año es poco. Y, sobre todo, no depende sólo de Massachusetts o de su cuota de popularidad.

*

De todas las reacciones que ha provocado la derrota de Martha Coakley en Massachusetts, destacan dos: Obama ha cambiado de prioridad y ha vuelto David Plouffe. La reforma sanitaria ha quedado claramente aparcada. Esto que rápidamente se ha llamado deriva populista de Obama es un cambio de estrategia. La economía ha vuelto al primer plano. Los bancos y el empleo dominan sus apariciones en los últimos días. Hasta que no vuelva el crecimiento, Obama hablará de pocas cosas más que no sea eso. La mejor prueba será el discurso del estado de la nación de este miércoles. Tengo muchas ganas de saber qué dirá sobre todo lo que no es economía: reforma sanitaria, Afganistán, cambio climático.

David Plouffe fue el jefe de campaña de Obama. Tras su llegada a la presidencia, desapareció. Ahora vuelve para coordinar la estrategia de las legislativas de 2010. El asesor jefe de Obama, David Axelrod, ha dicho que llega para echar una mano al equipo que ya hay, que no hay que darle mayor importancia, que a la prensa le encantas estas historias de salvadores. Que diga lo que quiera; está un poco celoso. Plouffe es una noticia extraordinaria para Obama, que ya le llamó “el héroe no reconocido de la campaña”.

Plouffe escribió hace unos días un buen artículo para el Washington Post. Titulaba así: “Noviembre no tiene por qué ser una pesadilla para los demócratas”, en referencia a las elecciones legislativas. Plouffe decía que los electores habían hecho ganar al Partido Demócrata en 2006 y 2008 con un mandato de cambio. El cambio no había llegado y ahora les castigaban. Plouffe les da parte de razón: “Los logros del primer año son sólo el primer plazo de las promesas electorales”. Es, ya lo he dicho, demasiado pronto. Da varios consejos para las elecciones: pasar la reforma sanitaria ya; demostrar que no sólo se está centrado en el empleo sino que se es capaz de crear nuevos; asegurarse de que los votantes entienden el plan de reactivación económica; no aceptar lecciones en gasto público de los republicanos, que han batido todos los récords en los últimos años; que el “cambio” no es sólo sobre políticas; preparar grandes campañas y -esta es la mejor- no mearse en la cama (por miedo a los republicanos). No he visto resumen mejor.

En la campaña Obama demostró que en situaciones difíciles se crece. El segundo año de los presidentes suele ser malo. ¡Y el mundo por cambiar! Será divertido.

*

La agenda de Obama de hoy, sencillita, sin salir de casa:

9:45am: recibe junto al vicepresidente Biden el resumen presidencial diario.

10:15am: se reúne con asesores.

12:00pm: almuerza con líderes empresariales en el Viejo Comedor Familiar.

4:30pm: (el almuerzo se alarga bastante, aunque en Estados Unidos la sobremesa es escueta) se reúne en el Despacho Oval con el vicepresidente Biden y el secretario de Defensa Robert Gates, que acaba de volver de Pakistán.

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Comentarios Un comentario

Comentarios

  • 30.01.2010 Pepe Alonso

    Me alegra saber que podré sufrir disfrutando de sus estupendas crónicas a pesar de la “debacle” de Factual.

    Un saludo cordial.

TRACKBACKS

  • 03.02.2010 El papel de la oposición « ObamaWORLD

    […] la unión entre políticos de distintos partidos para conseguir un país mejor. Lo conté un poco aquí. Obama lo sacó en el discurso del estado de la nación (minuto 48:24 del vídeo de arriba). En el […]

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