ObamaWORLD

miércoles 3 de febrero de 2010

El papel de la oposición

Barack Obama leyó la semana pasada el discurso del Estado de la nación. El presidente reúne a congresistas, senadores, los miembros del gobierno y del Tribunal Supremo, militares y un grupo ciudadanos ejemplares. Les cuenta cómo cree que va el país y lo que espera de ellos.

Obama había tenido unas semanas malas: las encuestas le daban una popularidad decreciente y la elección del senador Scott Brown en Massachusetts dejaba la ley estrella del primer año -la reforma sanitaria- en peligro. Algún atrevido podía imaginar que en un año -en sólo un año- el presidente había fracasado.

Este discurso era un buen momento para cambiar esa percepción. Obama como es lógico lo aprovechó. La prensa, también como es lógico, siguió una vez más la narrativa adecuada: el presidente resurgía de sus cenizas. “Obama 2.0”, escribieron los que buscaron un titular original. Luego dicen que un discurso no cambia percepciones.

El mejor momento es el final del discurso, a partir del minuto 1:04:20 del vídeo que pongo aquí abajo. Obama había repasado sus prioridades: economía, sanidad, energía. Se habia defendido. Había dejado entender que por muchas encuestas y scottsbrowns, el presidente seguía siendo él. Y punto. Pero el final, el remate, es una lección de retórica y de política.

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El tramo final empieza con el disgusto político de los ciudadanos: “Desgraciadamente demasiados ciudadanos han perdido la fe en las grandes instituciones”. Obama reparte las culpas entre las empresas, los medios “y, sí, el gobierno”. No le sorprende por tanto que haya tanto cinismo “ahí fuera”. Acepta las críticas: “Basé mi campaña en la promesa del cambio”. Ahora los americanos dudan de “si podemos cambiar” o de si “yo puedo cumplir”.

Tras este baño de humildad, da su mejor punto; lo traduzco entero: “Pero recordad esto, nunca sugerí que el cambio sería fácil, o que podría hacerlo solo. La democracia en un país de 300 millones de personas puede ser ruidosa y desordenada y complicada. Cuando intentas grandes cosas y haces grandes cambios, se levantan pasiones y controversia. Así es como es”. (La cara de Nancy Pelosi, detrás, es la de una abuelita ridículamente feliz ante el hijo que ha crecido.)

Por eso, aunque sea más fácil acusarse y conseguir titulares en la prensa, hay que decidir. Y no esconderse. Obama sigue y recuerda qué hubiera ocurrido si siglos atrás no se hubieran tomado decisiones. Acata la responsabilidad con delicadeza: “Nuestra administración ha recibido reveses, y algunos de esos reveses eran merecidos”. Pero eso no le hará frenar. Obama se compara a las familias que sufren por la crisis y, como ellas, lo que le anima a seguir, a luchar, es “ese espíritu de determinación y optimismo, esa decencia fundamental que está en la base de los americanos”. Cita cartas que ha recibido de ciudadanos (dicen que lee diez cada noche).

Se acerca al clímax. Soy un americano más, dice. “Somos fuertes, somos resistentes, somos americanos”, cita de una carta. Cuenta el caso de un niño de Luisiana que le envió su paga para que la enviara a Haití.

Ahora vuelve a él: “Hemos tenido un año difícil”, dice. “Pero ha llegado un nuevo año”, sigue. Y el titular final: “No abandonamos. No abandono” (“I don’t quit”, eleva la voz). Obama sube el ritmo despacio: las dificultades de la gente, el cambio difícil porque la democracia es difícil, pero él es un americano más y los americanos ante la adversidad se crecen. Como él, que no piensa abandonar. Espléndido.

Es un monólogo estupendo, una lección de teatro. No sólo el texto es bueno, claro, conciso, directo. La interpretación es arte: ese dedo que señala y esos labios que se muerden. Podrá Obama gustarnos más o menos, pero estos momentos políticos son impagables. He visto este final ya tres veces; no me canso. Es como una buena escena de una película.

*

Pero Obama hizo la semana pasada algo más importante que “resurgir de sus cenizas” (aunque en España haya salido poco). El viernes fue a la reunión que los congresistas republicanos tenían en Baltimore. El tema principal de Obama como candidato era el bipartidismo: la unión entre políticos de distintos partidos para conseguir un país mejor. Lo conté un poco aquí. Obama lo sacó en el discurso del estado de la nación (minuto 48:24 del vídeo de arriba). En el bipartidismo es clave el papel de la oposición. Nuestras democracias deben planteárselo si en realidad quieren mejorar en este camino.

Obama cada vez elabora más su idea. Su tesis inicial era poética. Ahora ya propone mejoras que puedan aplicarse en los pasillos de Washington. En el discurso del estado de la unión dijo esto: “No soy ingenuo. Nunca pensé que el mero hecho de mi elección lo conviertiera todo en paz y armonía y llegáramos a una era pospartidista. Sé que los dos partidos han alimentado divisiones profundas. Y en algunos asuntos, hay diferencias filosóficas que siempre nos harán separarnos. Estos desacuerdos ocurren desde hace 200 años. Son la esencia de nuestra democracia”.

Como siempre, en los grandes discursos, primero reconoce su limitación, luego que el problema siempre ha ocurrido. Ahora viene la solución: “Lo que frustra a los americanos es que en Washington cada día es día de elecciones. No podemos mantener una campaña perpetua cuyo único objetivo es ver quién consigue los titulares más embarazosos para los adversarios -la creencia en que si tú pierdes, yo gano”. Esto es puro Obama. Y el cierre con una ultima frase de titular: “Es precisamente esa política la que ha impedido a los dos partidos ayudar a los americanos. Peor aún, siembra más división entre los ciudadanos, más desconfianza en nuestro gobierno. Así que, no, no dejaré de intentar cambiar el tono de nuestra política”. No le será fácil.

En Baltimore, Obama hizo un pequeño discurso y luego aceptó preguntas. La tele lo emitió. No era la primera vez que un presidente hacía algo así -George W. Bush había ido, según su jefe de prensa, a ver a los demócratas-, pero nunca se había emitido en directo.

Antes de comentar el discurso, dos cosas. Primero, en Estados Unidos es más fácil ser bipartidista. Los partidos no son bloques de cemento armado impermeables a la disensión; lo conté aquí. Cada diputado tiene su opinión. En el discurso del estado de la nación era curioso ver quién aplaude y cuándo. Lo mejor no es cuando llega la ovación de un grupo, sino cuando sólo algunos miembros de un grupo aplauden -¿no se atreven a levantarse ante sus colegas?

Tres ejemplos del vídeo de arriba: en el 35:20 aplauden de pie sólo los demócratas y los republicanos callan, como ocurre aquí (Obama ha dicho que su reforma sanitaria reducirá mil millones de dólares el gasto en sanidad las dos próximas décadas); pero antes, en el 24:05, hay un minuto de bastante variedad (cuando dice que hará plantas nucleares, de carbón limpio o buscará más petróleo, la mayoría de republicanos están encantados, pero no todos los demócratas; cuando en cambio dice que para conseguir todo eso habrá que aprobar una ley sobre cambio climático, los republicanos callan), y en el 36:20 se levantan casi todos menos algún republicano (dice que no abandonará a los americanos sin seguro sanitario).

Esta separación enre diputado y partido es una ventaja americana, también inglesa. Otra es el papel del presidente de Estados Unidos. Su papel no es el de rey, pero se le acerca. En el vídeo del encuentro de Baltimore -aquí abajo-, un congresista republicano lleva a sus hijos y a su mujer al acto con Obama: “Dile hola al presidente”, le pide al hijo (minuto 13:30). Todos y cada uno de los republicanos además agradece al presidente su participación en el acto: “Es realmente un placer y un honor tenerle aquí”, le dice precisamente el padre del niño. En uno de los grandes momentos, uno de los líderes del congreso le pide permiso a Obama para continuar con más preguntas: “Si su tiempo lo permite, señor presidente”. Obama, gracioso, le contesta: “Me estoy divirtiendo. Esto es perfecto” (minuto 39:15).

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El debate es de altura. Las preguntas de los congresistas son concretas y Obama responde a casi todas con bastante precisión (sólo se escapa de una sobre detalles del presupuesto con un congresista que precisamente está en el comité que se encarga de eso). Pero lo mejor no fue el contenido. Fue el tono. Las discusiones políticas en Estados Unidos pueden ser agrias, como aquí. Pero este encuentro fue un diálogo.

Todo el vídeo es un gran ejemplo de democracia. En el minuto 40, Obama precisa y luego acepta una crítica. En el 48:22 charla con un ex colega en el senado de Illinois, con el que propuso leyes. Le dice que en su época en Illinois trabajó en temas difíciles con miembros del otro partido. Le reconoce su mérito. Pero ahora todo ha cambiado. No por su culpa, sino porque la líder de la cámara de los represesentantes, Nancy Pelosi, no les trata bien (es probable; Pelosi merece capítulo aparte). Obama, en su respuesta, analiza de nuevo la importancia del bipartidismo.

Para Obama fue un encuentro especialmente exitoso -era como el profe que enseñaba a los niños. Lo fue tanto que la conservadora Fox News cortó la emisión 20 minutos antes de que terminara. Los demócratas en cambio acusaban a los republicanos de ser el partido del no: cualquier propuesta simplemente la bloqueaban. En este encuentro demuestran que no es cierto: proponen cosas. Todos los americanos salieron en suma ganando. La prensa allí lo ha celebrado. Es verdad: da otro tono a la política.

El gran argumento de Obama para el bipartidismo es este: no nos vamos a poner de acuerdo en todo, no podemos aspirar que pase una ley cien por cien tal como está, pero sí que hay que trabajar para incluir parte de nuestras pretensiones e intentar mejorarla. No sólo se debe procurar derribarla.

El objetivo de los miembros del partido político que tiene minoría en las cámaras debe ser añadir a una ley las enmiendas que crea que van a mejorar la versión final. ¿Y ya está? Aquí viene la gran pregunta: ¿cuánto y cómo debe ayudar la oposición al partido que gobierna? ¿Dónde está el límite para que no parezca que la oposición simplemente maquilla las leyes que el gobierno aprueba y se lleva los méritos? Debe ser seguramente un asunto de equilibrio difícil. Estos días en Estados Unidos han visto un buen ejemplo: los republicanos han conseguido más éxitos electorales con una oposición frontal al gobierno. Si hubieran aceptado la reforma sanitaria, por ejemplo, su candidato en Massachusetts se hubiera quedado sin uno de sus temas estrella. Igual no hubiera ganado. Las distinciones con su rival hubieran sido más difusas. La decisión para los votantes, más difícil.

Así, cómo hacer que los políticos trabajen más para Estados Unidos y menos para ganar las próximas elecciones. Es un asunto espinoso. Para mí sin respuesta. En encuentros como el de Baltimore algo se gana. Sobre todo para los ciudadanos, que es un bálsamo. Aunque no sepan inglés, vean un trocito. Imaginen a José Luis Rodríguez Zapatero en la tarima. Y a Soraya Sáenz de Santamaría y a Cristóbal Montoro abajo. Nadie grita. Se agradecen la amabilidad. Sonríen. Discuten. Quizá no se consiga llegar a un bipartidismo real; nadie sabe bien cómo es. Pero en España uno ficticio ya sería algo.

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Comentarios 6 comentarios

Comentarios

  • 03.02.2010 Javier López Vivas

    Sobre el partido del “No”, The Economist ha escrito esta semana: http://www.economist.com/world/united-states/....d=15393693

    Difícilmente en España lleguemos a un “cultura democrática” como la estadounidense. Todavía nos quedan doscientos años para llegar allí. Que no decaiga el ánimo.

    Fabuloso post, por lo demás.

    Un abrazo,

  • 03.02.2010 Joan Fuertes

    Excelente, magnífico post como dice Javier López.
    Como te dije, te seguiré porque eres bueno.
    Deberías, sin embargo, intentar no introducir “catalanadas”: en el cuatro párrafo pones “Se había defensado”.
    Tranquilo. A veces el subconsciente nos juega malas pasadas.
    Una brazo
    Juan

  • 04.02.2010 Jordi Pérez Colomé

    Javier, gracias por el link y por el resto.
    Juan, intentaré no introducir catalanadas. Será la última.

  • 04.02.2010 Jordi Pérez Colomé

    Aunque, Juan, lo he mirado en la rae por curiosidad y acepta “defensar”. Cosas del español antiguo.

  • 04.02.2010 Joan Fuertes

    ¡¡¡¡¡ eres grande !!!!!

    Si señor. “Touché”.

    Un abrazo
    Juan

  • 05.02.2010 Pepe Alonso

    Enorme post.

    Lo que nos queda por aprender en este país…

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