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sábado 6 de febrero de 2010

Obama pasa la palabra a los republicanos

En enero el Partido Demócrata perdió su supermayoría en el senado. La victoria del republicano Scott Brown en Massachusetts les dejó sin su senador número 60. Ahora en el senado hay 59 demócratas y 41 republicanos. Sin 60 votos, la mayoría de leyes no pasan.

Esto fue, claro, un revés para Barack Obama. Los republicanos retomaban el poder de bloqueo en una de las cámaras, aunque no el control. La mayoría demócrata es aún aplastante. Las consecuencias, sin embargo, no son tan simples.

El viernes pasado Obama acudió a una reunión que los congresistas republicanos tenían en Baltimore. El presidente y los diputados tuvieron un debate televisado. La charla fue educada e instructiva. El formato gustó tanto que se ha creado una campaña a favor de la institucionalización del debate. No a todos les pareció bien, pero en los dos bandos ha habido entusiastas.

El presidente Obama ha aprovechado este impulso bipartidista para reinstaurar reuniones en la Casa Blanca con congresistas republicanos y demócratas. También ha invitado a republicanos a su casa para ver la final de la Superbowl -que es allí como la final aquí de la Champions League.

Obama tiende de nuevo la mano. Hasta ahora los republicanos podían simplemente echarse atrás y quejarse de las iniciativas demócratas. Pero ahora su victoria en Massachusetts les va a obligar a dar un paso adelante. Una ley sólo podrá pasar ya con el apoyo de algún republicano. Los argumentos deberán ser más matizados y las enmiendas a la totalidad serán más caras: no podrán decir que los demócratas quieren imponer su agenda; matemáticamente no pueden.

Obama se encargará de insistir. La vergüenza pública será su objetivo, no muy oculto. Si no quieren algo, deberán bloquearlo -el célebre filibuster- y explicar por qué lo hacen. Si los demócratas entonces aprietan para que digan cómo quieren mejorar no podrán dar vaguedades. Deberán poner sobre la mesa propuestas concretas y demostrar que son sinceros cuando dicen, por ejemplo, que no quieren que haya tantos millones de americanos sin cobertura sanitaria.

Barack Obama les advirtió en el discurso del estado de la nación: “Si los líderes republicanos insisten en que se necesitan 60 votos en el senado para conseguir algo en Washington, entonces la responsabilidad de gobernar también es suya”.
Los republicanos han entendido el mensaje. Al senador republicano Lamar Alexander le preguntaron si creía que los demócratas les estaban tendiendo una trampa: “Puede ser”, respondió. Y siguió: “Cuando nosotros tomamos medidas y obtenemos buenos resultados, siempre hay la posibilidad de que los demócratas ganen algo políticamente”. Eso debe ser el difícil reto de hacer oposición constructiva, algo tan difícil de definir.

Esta es de hecho la gran cuestión. Ahora que los republicanos pueden bloquear, su papel debe incluir la contribución a gobernar. La posición de Obama se ha vuelto más difícil, pero también tiene un matiz cómodo: la culpa del fracaso de la legislación va a ser más compartida. Si el senado no produce ninguna gran ley en los próximos meses, los demócratas podrán decir que los republicanos no quisieron y que sólo piensan en sacar beneficio en las elecciones. Los republicanos duros son impermeables a ese mensaje, pero no los independientes. Estos son los que hacen ganar elecciones. Antes sólo podía decirse que los demócratas no habían sido capaces de alcanzar un acuerdo (aunque esto sigue siendo así: la mayoría demócrata es aún suficientemente grande como para que, si se ponen de acuerdo, pasen las leyes que pretendan).

De ahí el esfuerzo de Obama esta semana para que se note que está dispuesto a aceptar propuestas republicanas. Además de la oferta de reuniones en la Casa Blanca, dijo: “Les he pedido a los republicanos que me enseñen lo que tienen. Habéis estado sentados hasta ahora en los márgenes criticando lo que ofrecíamos. Si tenéis una idea mejor, sacadla”.

Estados Unidos necesita una idea mejor, sea de quien sea. n menos de diez años, 1 de cada 5 dólares se gastará en sanidad. Además, los republicanos han dicho que quieren asegurar a los cincuenta millones de americanos sin sanidad. Aspiran a hacerlo sin que el déficit crezca y sin nuevos impuestos. Pero no han dicho cómo.

En septiembre, el comité de finanzas del Senado presentó una reforma sanitaria que cubría a millones de personas más. El presidente demócrata del comité, Max Baucus, estuvo meses codo con codo con los republicanos para idear algo que pudieran aceptar. Baucus propuso al final un aumento de impuestos y recortes en programas que ya existían para pagar los nuevos gastos. Los republicanos decidieron apartarse y criticar esas novedades. A Baucus ahora le acusan sus compañeros de haber retrasado inútilmente las negociaciones y que por eso la ley no está aprobada. Ahora los republicanos no podrán usar esta estrategia y salir indemnes. Si dicen que no a todo, deberán dar alternativas razonables y consistentes. Obama parecerá sincero -lo sea o no- al proponer escucharles. No podrán huir. Tienen la pelota en su tejado. A más poder, más responsabilidad. Y más riesgos.

*

Este nuevo panorama lleva al riesgo del bipartidismo, que conté aquí. Este escenario va a sacar a relucir dos problemas del Partido Republicano: son primero un partido demasiado disciplinado hoy para la tradición americana y, segundo, demasiado monolítico.

1. La disciplina de partido es rara en Estados Unidos. Un senador tiene sus preferencias y vota en consecuencia, sea cual sea su partido. No es lo mismo ser un senador demócrata en Nebraska que en California. Esas distinciones se reflejan en sus votos. Esos votos cuentan mucho luego en la reelección. John Kerry y Hillary Clinton por ejemplo perdieron buena parte de sus opciones de victoria por sus votos a favor de la guerra de Irak (o su inconsistencia, en el caso de Kerry). Los senadores deben pues sopesar su voto en cuestiones importantes según les dicten su conciencia e intereses. Los republicanos ahora lo hacen poco. Cuenta más la disciplina. El partido sólo puede ejercer presión sobre sus políticos de un modo: puede quitarles en las elecciones el apoyo financiero y de siglas del partido. Cuando esto ocurre, es en Estados Unidos una valiosa prueba de independencia del político: ha puesto su opinión por delante de la su partido. Es un bien escaso en las filas republicanas. En este fantástico y comentado post del periodista James Fallows se cuentan con más detalle algunos motivos.

2. Esta disciplina republicana se da porque el partido ha quedado muy reducido a unas ideas concretas. Esto tiene una ventaja y un inconveniente. La ventaja es que está clarísimo qué es ser republicano y un solo mensaje electoral sirve para todo el país: poco papel del gobierno, menos impuestos, antiaborto y matrimonio gay, interrogatorios severos paraacusados de terrorismo, la religión es importante. En estos gráficos se ven sus increíbles coincidencias. El inconveniente es que este tipo de opiniones tiene un techo en Estados Unidos. Esta visión, que representa bien por ejemplo Sarah Palin, no ganará nunca unas elecciones presidenciales. Por eso este año las primarias republicanas para los escaños del Congreso son tan importantes: ¿hacia dónde se decantarán los votantes? ¿La línea dura que siga sus opiniones a rajatabla o los moderados que puedan ganar en elecciones generales? ¿Sarah Palin o Scott Brown?

El 2010 será mucho más atractivo por este tira y afloja. Obama deberá ser mejor presidente ahora que los republicanos no pueden echarse al monte. Está más a gusto: sus filas están más prietas y los rivales ven venir tormenta. Deberán proponer y dialogar. El equilibrio de Obama es sin embargo limitado: si no sabe dirigir el barco se quedará sin grandes leyes. Es un momento magnífico para seguir la política americana. Algo que en principio parece tan bonito -el bipartidismo- puede dar resultados. O no. “Puede ser que el Congreso decida que no va a hacer algo incluso después de que todos los hechos hayan sido puestos sobre la mesa y las opciones estén claras. Entonces los americanos podrán hacerse una opinión si el Congreso ha hecho lo correcto para ellos o no. Así es cómo funciona la democracia y hay elecciones pronto”, ha dicho Obama esta semana. Así es cómo funciona la democracia, sí. Podremos admirar cómo funciona. No pasa cada día.

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Comentarios Un comentario

Comentarios

  • 07.02.2010 Pepe Alonso

    Otro excelente post.

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