Barack Obama dio anoche el mejor ejemplo de su nueva estrategia. Propuso una reunión sobre la reforma sanitaria con miembros demócratas y republicanos del Congreso en la Casa Blanca. Será el 25 de febrero y la televisión la dará en directo.
Con la llegada del republicano Scott Brown al senado, la reforma sanitaria no iba a pasar. HabÃa que buscar alternativas. La más sencilla era que el congreso aprobara el texto del senado. Pero, según la lÃder demócrata, Nancy Pelosi, la ley tal como estaba no iba a conseguir suficientes votos de su partido. Se habÃan hecho demasidas concesiones a los republicanos y los congresistas más a la izquierda no iban a aceptarlas. El uso de esta táctica darÃa también una señal poco digna: a pesar de la derrota en Massachusetts, los demócratas hacÃan tejemanejes para conseguir la reforma al precio que fuere. Era la opción más directa, pero era fea.
Obama ha escogido otro camino, innovador, y más acorde con sus renacidas aspiraciones bipartidistas: “Quiero una gran reunión, entre republicanos y demócratas, para analizar sistemáticamente las mejores ideas que estén ahà fuera y sacar la reforma adelante”, ha dicho. Su objetivo puede ser demostrar que la mayorÃa de propuestas republicanas son irrealizables. El presidente lanzó ya tres preguntas difÃciles: “¿Cómo quieren bajar los costes? ¿Cómo prevén reformar el mercado de las mutuas para que gente que ya está enferma tenga sanidad? ¿Cuáles son especificamente sus ideas?”
Este parece el nuevo consenso entre demócratas: si los republicanos tienen ideas tan buenas, que las cuenten en detalle en la cámara y que se voten. Lo más probable es que no pasen y, aún mejor, que creen división entre republicanos; no es lo mismo votar en bloque contra algo que propone el adversario que contra lo que propone uno del propio partido. Dos figuras mediáticas lo han sugerido públicamente estos dÃas, aquà y aquÃ. Quieren ser más agresivos. No sólo en sanidad, también en otros campos, como ante la única propuesta republicana por ahora de presupuesto, que aspira a eliminar el déficit en 50 años y privatizar la seguridad social y la sanidad (en Estados Unidos, los programas Medicaid -para pobres- y Medicare -para ancianos- son públicos).
Aunque algunos republicanos son sinceros a la hora de mejorar la ley -y culpan del partidismo a Nancy Pelosi-, los republicanos ya han marcado su defensa: hay que tirar el proyecto actual a la basura. “El mejor modo de empezar una reforma real y bipartidista serÃa romper esa ley y centrarnos en las mejoras paso a paso que reducirán los costes sanitarios y aumentarán la cobertura”.
Obama, claro, no está dispuesto a eso. Quiere un debate sobre lo que hay. Los republicanos saben que en los matices tienen las de perder. Apostarán por la crÃtica total, que es donde están más cómodos a estas alturas. Ahà estará la batalla. Hasta ahora les ha ido bien. Ahora los republicanos estarán un poco más acorralados y jugarán en un ring ajeno: la Casa Blanca.
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Una nota sobre el curioso movimiento conservador Tea Party. Son la mejor expresión de esta América que describà aquÃ: anti elitista, religiosa, individualista, anti gubernamental. Son los americanos que nos quedan más lejos y los que nos resulta más difÃcil de entender. Los medios españoles han tenido este fin de semana enviados a Nashville, donde celebraban su convención. Les ha costado explicar qué son y cómo son. (Nashville es la sede de una de las universidades conservadoras más célbres de Estados Unidos, la Vanderbilt; su campus es precioso, muy inglés). Aquà el New York Times pregunta a unos cuantos periodistas extranjeros cómo explicar las ideas de esta gente a los europeos. No es fácil. La información es intersante para ver cómo trabajamos los periodistas y cómo y por qué nos piden las informaciones nuestros redactores jefe.
Aunque estas ideas por sà solas no ganarán unas elecciones presidenciales, su influencia es notable, sobre todo en campañas mediáticas que pueden afectar a votantes independientes. Ahora quieren financiar la carrera electoral de 15 o 20 polÃticos al congreso y al senado. Si el Partido Republicano no sabe canalizar esta fuerza, les va a restar votos. De momento, no ocurre.
Ese será su papel más significativo. Por lo demás, no es un movimiento apasionante: quieren imitar la organización de base que llevó a Obama a la Casa Blanca. Les traicionan tres cosas: su edad, su poca variedad étnica y su falta de dominio de las nuevas tecnologÃas. Su mejor publicidad es el mal momento que atraviesa el presidente y la victoria de Scott Brown en Massachusetts. Si Obama consigue cambiar la tendencia con su nueva estrategia, perderán peso.
Lo mismo le pasará a Sarah Palin, el estandarte no declarado del Tea Party, que presume de ser un movimiento sin lÃder. Ayer el conservador Chris Wallace le hizo en Fox News una entrevista espléndida. Da la medida polÃtica de Palin, que es limitada en ideas y resultona en carisma. Pongo el primer vÃdeo aquà y aquà dan un resumen escrito de los mejores momentos. Si asà fueran las entrevistas a los polÃticos españoles, nos divertirÃamos más.

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El senador Richard Shelby ha bloqueado la nominación de unos setenta altos cargos de la administración Obama porque no le daban lo que querÃa para su estado, Alabama. En un comentario, Juan Fuertes decÃa que asà son las cosas: es lógico que un senador de un lugar defienda como pueda los intereses de los votantes que le enviaron al senado. El caso de Shelby fue exagerado. Le perdieron las formas.
Hay otro caso célebre reciente. El senador demócrata de Nebraska, Ben Nelson, consiguió colar bastante dinero para su estado en la reforma sanitaria a cambio de su voto. Aquà cuentan por qué el senado se organizó asÃ: era el único modo de que los estados pequeños aceptarán entrar en la Unión era tener en alguna cámara un poder similar al de estados enormes; algo que no ocurre hoy por ejemplo en la Unión Europea. Además un estudio demuestra que cualquier otra organización de senadores -si representaran a ricos y pobres, o divididos por edades o por educación- el resultado serÃa similar. Las alianzas y su defensa de sus votantes serÃa igual de egoÃsta e ilógica. Pero, en el fondo, es natural. Este es un buen ejemplo para frenar algunas crÃticas feroces del sistema vigente: las alternativas pueden ser igual o peores. La queja se vuelve entonces más difÃcil. Este mismo reto es el que acaba de plantear Obama a los republicanos: antes de quejarse, a ver las alternativas.
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Mañana voy una semana a Italia, mi segunda patria. Pasaré por Milán, Génova y Corniglia. Me llevo este Obamaworld. Espero que las conexiones a internet en Corniglia sean sólidas.
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2 comentarios




Sigo insistiendo en que, a mi parecer, lo único que ocurre es que ambas partes quieren llevar al agua a su molino.
La idea del Presidente se me antoja buena: que quien muestre su oposición a su propuesta la defienda ante las cámaras de televisión, para que la gente pueda ver qué argumentos tienen. Quizá aquà deberÃamos hacer lo mismo.
El problema es que los polÃticos norteamericanos tienen un background que viene de muy lejos de interpelar y ser interpelados; es decir, s ben discutir. Discutir no significa pelearse, aunque mucha gente piense lo contrario. Es, simplemente, oponer opiniones. Veremos. Resulta interesante la cosa. ¿Verdad que nos informarás de cómo ha resultado todo?.
Por cierto. ¡qué envidia!. Corniglia, al menos lo que se ve en la fotografÃa, parece un lugar precioso. ¡¡felicidades!!
Darling,
me encanta seguirte pero, narices, no seas tan prolijo que estás que te sales y a mi me falta tiempo. MUAS