El artÃculo de opinión principal de El PaÃs de hoy se titula “El despertar del sueño de Obama” y es de Enrique Gil Calvo, profesor de sociologÃa. Gil Calvo confió en que Obama “serÃa capaz de transformar su paÃs y con ello también el planeta”. CreÃa esto hasta el mes de agosto, cuando atribuyó a los discursos de Obama “la capacidad de redefinir la realidad transformándola en consecuencia”.
Ahora el profesor Gil Calvo se ha dado cuenta -”quizá pequé de idealista”, dice- de que Obama no es un mesÃas y sus palabras no van a cambiar el mundo. Da en su pieza tres razones: el mito de Obama fue un espejismo, la derecha lo ha destruido y el sistema americano es difÃcil de cambiar. Los motivos son lo de menos porque el argumento principal no se tiene en pie.
No tiene sentido llamar mesÃas a Obama y compararle con otros: Mandela, Gandhi, Luther King. Por dos motivos. Primero, la lucha de Obama no es desigual, no ha venido a salvar al mundo. No quiere derrumbar el apartheid ni el Imperio británico. Simplemente aspira a mejorar las cosas, o como mucho a cambiar la polÃtica. Que sea negro no dice nada en favor de él, sà del paÃs que le votó. Segundo, su labor acaba de empezar. Es imposible juzgar el papel de alguien en plena actuación. Churchill perdió las elecciones apenas ganada la Segunda Guerra Mundial. Hoy todos nos acordamos de él, pero nadie sabe quién le derrotó en las urnas.
Sé de una mujer viuda cuyo marido, un personaje público, fue un gran hombre, incluso de toques proféticos. A veces le dicen: “Tu marido fue un santo”. Pero ella: “De santo, nada”. No es lo mismo recordar a alguien años después y de lejos que convivir con él. La memoria borra los recuerdos desagradables. Sólo queda el ejemplo. No sabemos aún cómo será el ejemplo de Obama. Su labor acaba de empezar.
Obama fue un candidato excelente y ganó. Entonces era fácil valorar su capacidad: si ganaba las elecciones, era el mesÃas laico; si perdÃa, no. Ganó de calle y se disparó la emoción. Su gran mérito fue precisamente negar a los cÃnicos que se preguntaban “dónde va ese negro”.
Pero ser presidente es distinto. Hay que ocuparse de China, la energÃa nuclear, los gays en el ejército, Afganistán, la financiación en las campañas, Irán, la reforma sanitaria, Sarah Palin, entre otras cosas. Nunca todos estarán de acuerdo con él. Ni aunque fuera el mismÃsimo mesÃas. Sus posibles aciertos se verán más adelante.
Aunque lo diga Gil Calvo, las palabras no cambian la realidad; cambian en todo caso la percepción de la realidad. Son cosas distintas. El profesor Gil Calvo imaginó que Obama llegaba con la varita mágica y el mundo cambiarÃa en un santiamén. No ha sido asÃ. Pero esto no prueba el fracaso de Obama, sino la fe excesiva del articulista en los sueños laicos. El tÃtulo justo de su artÃculo era “El despertar del sueño de Gil Calvo”. Aunque eso igual no merecerÃa la tribuna más importante de la prensa española.
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