Hoy se cumplen 51 años del inicio del exilio del Dalai Lama. China se habÃa anexionado el TÃbet en 1951. Ocho años después, en 1959, se produjo el levantamiento de Lhasa. Los tibetanos temieron por la vida del Dalai Lama, que partió en seguida hacia India. AllÃ, en Dharamsala, está hoy el gobierno tibetano en el exilio.
Ayer estuvo en Barcelona Kelsang Gyaltsen, enviado especial del Dalai Lama. La Casa del TÃbet convocó un desayuno con periodistas. Fuimos una docena. El encuentro fue en inglés, con ensaimadas y cruasanes. Gyaltsen querÃa contarnos sobre todo que ningún miembro del gobierno español, que ahora ostenta la presidencia europea, quiere recibirle. Ya que no puede explicar la situación de los tibetanos al gobierno, dijo, nos la iba a contar a nosotros para que la divulgáramos. Luego aceptó preguntas.
La primera pregunta fue sobre Obama y por qué no le habÃa recibido en octubre en la Casa Blanca, antes de su visita a PekÃn. Gyaltsen dijo que el presidente Obama habÃa actuado de acuerdo con el Dalai Lama. Los dos habÃan aceptado que era mejor retrasar la reunión para no molestar innecesariamente a los chinos: una especie de estrategia diplomática. Obama incluso mandó a Dharamsala a su asesora personal, Valerie Jarrett, para aclarar los términos. Gyaltsen sólo tuvo palabras de agradecimiento para el gobierno americano. Ni un desliz.
Luego le preguntaron por el TÃbet. Los tibetanos lo tienen crudo. China domina la situacion y nadie le tose. Es un paÃs totalitario y sus minorÃas son libres solo sobre el papel. Después de la revuelta de marzo de 2008, poco antes de los Juegos OlÃmpicos, China invitó a los tibetanos a una nueva ronda de negociaciones. Era la séptima ya. Era un gesto de cara a la galerÃa. Los tibetanos emitieron un documento para que fuera la base de las conversaciones con PekÃn. Detallaban mas o menos los argumentos habituales de todo pueblo que quiere gobernarse a sà mismo: el tibetano ha de ser la lengua principal, la libertad de culto debe garantizarse, los tibetanos deben gobernarse.
Los chinos lo desecharon sin entrar a razones como un paso hacia la independencia. De ahà no se mueven. La única esperanza de Gyaltsen, según dijo, es que la sociedad entiende cada vez mejor la causa tibetana. Gyaltsen fue con cautela. Sabe que los chinos son mayoritariamente nacionalistas y que para ellos TÃbet es China y punto. Pero quiza sà que entre “los intelectuales” se abren grietas.
TÃbet no reclama la independencia, dicen, sino mas libertad para su gente. Los chinos van a seguir con su estrategia de diluir la identidad tibetana a traves sobre todo de dos medios: la educación y la emigración interior. Divide y vencerás. La única táctica que les queda a los tibetanos es llevar su caso por el mundo. “Es importante tener paciencia y no rendirse”, ha escrito el Dalai Lama en un comunicado que se ha publicado hoy con motivo del 51 aniversario. Hoy parece la mejor táctica. No hay alternativa.
Yo no he estado en el Tibet, pero sà que he estado en dos provincias que incluyen parte de lo que los tibetanos consideran el Gran TÃbet: Sichuan y Gansu. En Gansu pasé por el monasterio de Xiahe, el más grande fuera de la provincia del TÃbet. Los tibetanos son claramente un pueblo distinto al han, que son el 90 por ciento de los chinos. Hablan una lengua propia y su budismo es distinto. Su talante, aunque sea algo mas dificil de demostrar, también es diferente. No van a desaparecer en breve. Aunque si el Dalai Lama tiene paciencia, los chinos tienen más.
La causa tibetana es tan difÃcil de defender hoy para sus miembros como la palestina o la de los aborÃgenes. No han tenido la historia a favor. Luchar contra eso es más dificil que enfrentarse a los chinos.
En China hay 56 etnias minoritarias. Solo los seis millones de tibetanos tienen fama mundial. Los representantes de los zhuang, hui o uigures no son recibidos en la Casa Blanca. El director de la Casa del TÃbet en Barcelona lo reconoció: “Suerte que tenemos un Dalai Lama, eso ni los americanos lo tienen”. Es asÃ. Su situación es injustamente complicada, pero al menos tienen una casa en Barcelona y cuando nos llaman, los periodistas vamos; su causa nos parece entrañable. Otros pueblos tienen menos suerte.
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Estoy en Londres. No tengo acceso facil a internet. He venido sobre todo porque aquÃ, cuando vas al quiosco, puedes escoger entre el Daily Telegraph y el Guardian (y para divertirme me compro incluso el Daily Mail). Es un lujo que me regalo de vez en cuando.

4 comentarios




lo que me gustarÃa saber hasta que punto es verdad que en el Tibet, antes de la invasion china, reinaba un dominio totalitario, feudal, de los lamas sobre el resto de la poblacion tibetana que vivÃa en un nivel extremo de pobreza. es decir, que de algún modo la invasión china fue una liberacion y una posibilidad de mejorar el nivel de vida. pregunto.
Joaquim,
esto dice el gobierno tibetano en su memorándum antes del inicio de las últimas negociaciones con los chinos: “Todos los paÃses y sociedades en el mundo, incluyendo China, han tenido sistemas polÃticos en el pasado que serÃan totalmente inaceptables hoy. El antiguo sistema tibetano no es la excepción. El mundo ha evolucionado social y polÃticamente, y ha dado grandes pasos en términos de reconocimiento de los derechos humanos y niveles de vida. Los tibetanos en el exilio han desarrollado su propio sistema democrático moderno”.
TÃbet era una especie de dictadura teocrática y pobre, sÃ. No lo esconden. Los chinos en parte no entienden por qué los tibetanos se quejan tanto si han sido ellos los que les han llevado el progreso económico a la región. Les cuesta entender que en estos casos no sólo cuenta el dinero.
Yo entiendo quien se cuestiona el progreso de los sistemas polÃticos desde una perspectiva religiosa. Quien se cree que alguién, en nombre de un ser supremo, dirige al resto de la sociedad, puede cuestionar que el pasado del Tibet sea tan negro. Al igual que el Vaticano ha ido cediendo a los cambios en los sistemas polÃticos a regañadientes.
ke aburrido jajaja lucers nerd