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martes 16 de marzo de 2010

Esta es la mejor semana para ser congresista americano

Los diputados suelen tener poca prensa. Hay muchos y suelen pensar lo mismo que su partido; no aportan mucho. Sólo unos cuantos consiguen fama. En España tenemos un buen ejemplo. Apenas sabemos quiénes son y qué hacen. Su trabajo se disuelve en comisiones. Preparan algunas leyes a puerta cerrada. Luego las aprueban. Votan lo que les dice su jefe.

Es así en la mayoría de países. Los parlamentos, para sus miembros, son un relajado trabajo o una etapa hacia despachos mayores. En Estados Unidos, también. Pero hay dos diferencias enormes: uno, allí los congresistas tienen sus distritos y su elección depende de los votos de sus vecinos, no del partido. Y dos, su voto luego en la cámara es independiente del partido; se deben a sus votantes, no a sus jefes.

Sin embargo, los congresistas americanos son poco conocidos fuera de sus distritos (a diferencia de los nuestros, al menos allí sí que son conocidos). Sólo algunos con cargos importantes en comités o continuas declaraciones estrambóticas salen en la prensa nacional.

Pero esta semana todo es distinto. El gobierno de Obama y la líder del Congreso, Nancy Pelosi, intentan pasar la reforma sanitaria. Necesitan 216 votos. Tienen casi todos, pero les falta alguno. Todos los republicanos votarán en contra. Hay que reunir 216 votos demócratas como sea. Tienen ahora 253 escaños, pero 22 ya han dicho que votarán no. La decisión está en manos de unos cincuenta congresistas demócratas indecisos. El país les mira.

Los miembros del Congreso tienen el cargo más débil de la política americana. Cada dos años deben ser reelegidos. Son los que están más a merced de sus votantes. Un senador, en cambio, está seis años en el cargo; un gobernador, cuatro. No siempre les cae a los congresistas una oportunidad así de lucirse.

Un congresista veterano y que ha sido incluso candidato presidencial, Dennis Kucinich, subió ayer al Air Force One para una reunión a solas con Obama. Kucinich cree que la reforma propuesta es demasiado conservadora y ha dicho que votará en contra. Obama intentó convencerle. Kucinich luego no dijo nada. No se sabe qué hará. Es admirable que el presidente de tu partido no tenga fuerza para hacer cambiar de opinión a sus diputados.

Los últimos congresistas indecisos -como Kucinich- reciben una presión notable. Su estrategia depende de sobre todo de tres factores:

1. El distrito de origen. Muchos congresistas demócratas vienen de zonas progresistas. Son distritos seguros: no deben preocuparse por su escaño ni por sus votos. Siempre saldrán elegidos y sus principios suelen coincidir con los de su partido y votantes. La reforma ya tiene asegurados esos votos (aunque no de todos, siempre está el más papista que el Papa, como Kucinich). Pero hay muchos distritos en los que el balance de fuerzas está más equilibrado. Hay casos de diputados elegidos en distritos donde en las últimas elecciones ganó McCain. Su escaño pende de un hilo. Deben sopesar mucho su voto. Sus intereses y los del partido no coinciden. El partido lo sabe y dejará votar que no a la reforma sanitaria a los congresistas que provienen de distritos muy republicanos. Al partido tampoco le interesa perder a congresistas porque sí. Necesita 216 votos. Los otros pueden votar que no, volver a casa y presumir de “haber votado en contra de los intereses de Obama y Pelosi”.

2. Las primarias. La presión en las elecciones es sobre todo por el lado conservador. Pero un congresista también puede recibir presión de los militantes de su partido, mediante las primarias. Antes de afrontar unas elecciones a congresista, un candidato debe ser elegido por su partido para ir a los comicios. Ahora ya es tarde para presentar candidatos alternativos, pero aún hay estados que los aceptan. El movimiento de base Moveon y los sindicatos amenazan a congresistas demócratas moderados con apoyar a candidatos alternativos si no votan sí a la reforma. A muchos incluso les exigen que sacrifiquen su escaño, que voten que sí a sabiendas de que es un suicidio político: para eso entraron en política, para servir al público, no a ellos.

3. La veteranía. Los congresistas con muchos años en el cargo son más difíciles de derrotar. Tienen más ases en la manga y son muy conocidos en el distrito. Es probable que hayan conseguido beneficios en Washington para sus vecinos. El esfuerzo que debe hacer un candidato nuevo para darse a conocer es enorme. La derrota sale cara. Por eso, por ejemplo, ayer el vicepresidente Joe Biden estaba también en Ohio para conseguir fondos para campañas de congresistas que acaban de llegar al Congreso. Son más vulnerables.

Esta es pues la mejor semana para ser congresista americano. Porque es la más difícil. La prensa llama sin cesar a sus teléfonos. Las encuestas nacionales no les sirven. Hay que decidirse y jugarse el futuro político. Ahí se ve el valor de un político: que decida, vote y luego se defienda. Muchos deben hacerlo sólo dos años después de haber llegado a Washington llenos de ilusiones. Qué mala suerte. Así debe ser la política, un lugar de paso y con riesgos. Cuánto me gustaría ver sufrir así, en conciencia, a los diputados españoles ante, por ejemplo, una sensata reforma laboral. El diputado de un barrio de clase media sudaría tinta para decidir su voto. Qué bonito. Ahora se esconden detrás del voto de partido. Es vivir en una burbuja. Espero que pronto explote.

*

El asunto israelí es el otro gran frente de Obama esta semana. La historia es sencilla: el vicepresidente Biden viajó la semana pasada a Israel para renovar las negociaciones de paz. El gobierno israelí anunció en cambio la construcción de 1.600 nuevas casas en Jerusalén este. Una de las condiciones palestinas para reanudar el diálogo era el fin de esas construcciones.

El gobierno de Obama parace que ha subido la presión a Israel para que ceda. La situación de Netanyahu es complicada: está ante dos imponderables, su relación con Estados Unidos y la construcción de casas nuevas. Veremos qué pasa.

Quiero destacar un detalle. Esta postura de Israel perjudica a los intereses militares americanos en los países musulmanes, sobre todo en Irán, Irak y Afganistán. El ejército podría, según dicen aquí, querer voz en este asunto. Si Israel sigue en sus trece, las vidas de soldados americanos estarán en peligro. Los altos cargos militares americanos pueden empezar a pensar que esta situación no les conviene. La presión contra Israel puede crecer aún más.

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Comentarios Un comentario

Comentarios

  • 17.03.2010 Pepe Alonso

    Gracias por otro excelente post, Jordi.

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