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Jueves 18 de marzo de 2010

Israel y Estados Unidos miden sus fuerzas y no me gustaría estar en la piel israelí

Tenía pensado escribir sobre los argumentos de los partidos sobre la reforma sanitaria una vez aprobada. Pero la cosa está en ascuas. Robert Gibbs, el jefe de prensa de Obama, acaba de anunciar que el presidente ha retrasado su viaje a Indonesia y Australia hasta junio para seguir de cerca el final de las negociaciones. Es decir, para acabar de convencer a congresistas para que voten que sí. Yo tengo previsto ir a Indonesia entre junio y julio. A ver si hay suerte y lo hago coincidir con Obama.

Como la aprobación de la ley está en vilo, dejo ese post para otro día. Ahora voy a resumir el otro gran tema de estos días en la Casa Blanca: Israel. El Ministerio del Interior israelí anunció el 10 de marzo la construcción de 1.600 viviendas en Jerusalén este. El vicepresidente americano, Joe Biden, estaba allí para impulsar el diálogo y el anuncio sorpresa le dejó en mal lugar. Netanyahu, el primer ministro israelí, pidió perdón, pero Washington ha aprovechado este “insulto” para presionar a Israel. En Israel al final se han enfadado. Estos son los argumentos israelíes para decir que Obama ha reaccionado con demasiada dureza:

1. El gobierno de Netanyahu es inestable y el anuncio fue una prueba más de su incompetencia. El gobierno lo forman partidos demasiado distintos: desde los radicales Yisrael Beiteinu o Shas -que domina el Ministerio del Interior, que fue el que anunció la cosntrucción- al Partido Laborista. La mezcla es frágil. Además el Likud de Netanyahu no ganó las elecciones hace un año. Las ganó el centrista Kadima, de Tzipi Livni, pero no fue capaz de encontrar una coalición sólida. El Likud sí, pero variopinta. En un gobierno de coalición tan variado no es raro que pasen cosas así -como pasa en Italia o Cataluña. No hay que darle más importancia.

2. Los asentamientos en Jerusalén este no son en realidad un problema. Las casas se construirán en el barrio de Ramat Shlomo. Es una novedad relativa. Estos asentamientos de Jerusalén este no se verán afectados por un tratado de paz, dicen los israelíes. Los palestinos y Estados Unidos ya lo tenían asumido. Se le da una importancia que todos saben que no tiene.

3. Obama ha sobrereaccionado. La reacción exagerada de Obama a la nueva construcción habría provocado el motín palestino. Si Obama hubiera callado antes, los palestinos no habrían salido a la calle a protestar. No hay para tanto. La presión de Obama y Hillary Clinton ha sido excesiva. Israel está preocupado por su supervivencia y Obama no lo entiende.

Estos son en cambio las dos novedades que han surgido desde Estados Unidos sobre Israel y que pueden cambiar las cosas:

1. Israel puede dejar de tener un papel clave en la seguridad americana. Esta es probablemente la noticia más importante de estos días. La comenté en el último post. En una aparición en el Congreso, el general David Petraeus -el militar americano más famoso-, dijo: “El conflicto [árabe-israelí] fomenta un sentimiento anti americano, debido a la percepción del favoritismo americano por Israel. La ira árabe por la cuestión palestina pone en duda los límites de la fuerza y profundidad de las relaciones americanas con los gobiernos y las poblaciones de Oriente Medio y debilita la legitimidad de los regímenes moderados del mundo árabe. Mientras, Al Qaeda y otros grupos explotan esa ira para movilizar apoyo. El conflicto también da a Irán influencia en el mundo árabe gracias a sus protegidos Hezbolá y Hamás”. El conflicto entre Israel y Palestina perjudica el resto de intereses americanos en la región. Pone en peligro vidas de soldados. Petraeus dijo esto en una declaración leída en el Congreso, lo que significa que tendría la aprobación de otros jefes militares. Si esta sensación lógica se extiende en Estados Unidos, Israel deberá pensar dos veces alguna de sus estrategias.

2. Obama quiere otro gobierno en Israel.
Obama pidió desde el principio de su mandato la congelación en nuevos asentamientos. Aunque a los israelíes les parezca un tema menor, a Washington no. Si Obama sube la presión puede hacer que el gobierno débil de Netanyahu se rompa: el Partido Laborista podría abandonarlo o Netanyahu podría optar por una coalición con Kadima, sin los partidos radicales. Las negociaciones con los palestinos quizá entonces serían más fáciles.

La solución no está a la vuelta de la esquina, pero algunos cambios sustanciales aparecen en el camino. Israel tendrá que pensar dos veces alguna de sus estrategias.

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Comentarios Un comentario

Comentarios

  • 19.03.2010 Horrach

    Está claro que EEUU debe presionar a Israel para que su gobierno no haga lo que le venga en gana, pero tal vez Petraeus sea mejor militar que analista político, porque si lo que pretende es que un menor apoyo a Israel le va a traer a EEUU mayores apoyos en el mundo árabe-musulmán es un ingenuo. Es la estrategia de siempre del apaciguamiento estilo alianza-de-civilizaciones: si les dejamos sin excusas para actuar violentamente cambiarán de actitud.

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  • 02.06.2010 Israel mide la magnitud de su error | Obamaworld

    [...] una carga en lugar de un patrimonio para Estados Unidos”. Esto converge peligrosamente con la impresión que tiene el ejército americano: la actitud de Israel pone en peligro a sus soldados en Irak y [...]

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