Mañana me voy a Brasil. Estaré unas semanas. Voy también a trabajar y seguiré atento a Obama durante estos dÃas movidos que vienen.
Me ocuparé también de Brasil. Me llevo conmigo tres prejuicios, que creo que son razonables y comprobables: Brasil va bien, Lula es admirado y la violencia y la pobreza perduran. No voy a intentar averiguar toda la verdad de esas intuiciones. SerÃa pretencioso en el poco tiempo que estaré –sólo he estado una vez antes en Brasil y hablo mal portugués. Procuraré en cambio fijarme en detalles significativos de la vida brasileña. En octubre hay elecciones a la presidencia. La época Lula acaba. Me fijaré en eso también.
Espero poder contarlo aquà –tanto como las conexiones a internet lo permitan. Este Obamaworld por unos dÃas será también “Mundolula”. Alternaré. No es casualidad que vaya Brasil. Es uno de las grandes economÃas emergentes del mundo y para los latinoamericanos Brasil es el paÃs más influyente en la región, ya no Estados Unidos. Quiero ver qué pasa.
Mientras, en Washington, el domingo se aprobará la reforma sanitaria americana. No tengo ninguna duda. Empieza una nueva etapa en la presidencia de Obama. Su estrategia para convencer a los americanos de la necesidad de la reforma ya lleva dÃas en marcha. Tiene tres argumentos básicos: para los que no tenÃan sanidad, tendrán; para los que ya tenÃan, será mejor y más barata; para todos, reducirá el déficit. Son de peso. Los republicanos tienen sólo un argumento, lo que no es necesariamente malo: una reforma asà no es necesaria y saldrá cara. Lo ampliaré pronto. También quiero saber quién tiene más razón, si demócratas o republicanos.
Hoy aún todo es incierto. También mi recorrido por Brasil. Si alguien tiene alguna recomendación brasileña, ahora es el momento.

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