ObamaWORLD

domingo 21 de marzo de 2010

Qué cambiará la reforma sanitaria, cuáles son los argumentos de cada partido y quién tiene más razón

La reforma sanitaria americana debe aprobarse hoy. El texto quizá no sea definitivo, pero las grandes propuestas ya no variarán. Llega el momento de saber cómo cambiará la sanidad americana y qué partido tiene más razón.

El sistema americano es único en el mundo. El sector privado predomina. Los ciudadanos contratan seguros privados que les pagan sus costes sanitarios a doctores y hospitales privados. El gobierno sólo cubre los seguros de los muy pobres y de los mayores de 65 años. Lo hace mediante dos célebres programas: Medicaid para los pobres y Medicare para los mayores.

El 60 por ciento de los americanos recibe su seguro a través de su puesto de trabajo. Forma parte de su sueldo. No todas las compañías lo hacen. Por eso el resto debe contratar un seguro individual. Hay hoy casi cincuenta millones de americanos sin seguro, porque no pueden pagárselo o no quieren.

La reforma que debe aprobarse hoy aspira sobre todo a dos cosas: cubrir más americanos y reducir los costes. Hay cinco medidas principales:

La ampliación de la cobertura a 33 millones de personas más. Estos 33 millones de personas están divididos sobre todo en tres dos grupos. Son el objetivo principal de la reforma. Primero, los pobres. La definición de pobres se ampliará. Por tanto más gente podrá recibir los beneficios del programa Medicaid y los que son un poco más ricos recibirán dinero para que puedan contratar un seguro. Segundo, la gente con enfermedades. El gobierno prohibirá a las mutuas denegar el seguro a gente enferma o impedirá que les nieguen la cobertura o suban mucho las cuotas. Las aseguradoras encontraban siempre algún truco burocrático o cláusula para justificarlo legalmente. Obama ha puesto durante la última semana un montón de veces el ejemplo de Natoma y de su madre. Natoma es una mujer de Ohio que tuvo que dejar de pagar las mensualidades de su seguro porque no podía. Había tenido cáncer y como era probable que volviera a tenerlo, su cuota subía. De hecho, Natoma vuelve a estar enferma y no tiene cobertura. La madre de Obama también enfermó de cáncer y en cama en el hospital debía discutir por teléfono con la mutua qué le cubrían y qué no. Son dos historias entre tantas.

La obligación de tener seguro. Esta es la concesión necesaria a las mutuas. Con las nuevas medidas, cada aseguradora cargará menos dinero a algunos pacientes. A cambio, el gobierno obligará a todos los americanos que contraten uno. Son más ingresos para las mutuas. Quien no lo haga deberá pagar un impuesto de un 2,5 por ciento de su renta. Hay gente que aún puede preferir la multa; a una persona sana le sale más barato. Sin embargo, con ese impuesto contribuirá a que el gobierno pueda subvencionar a las mutuas cuando le convenga.

La creación de los mercados estatales de seguros. El gobierno creará mercados de cambio donde todas las compañías presenten sus ofertas. El consumidor podrá comparar precio y cobertura en un único sitio. La falta de información y de posibilidad de comparación era un problema notable del sistema.

El control de gastos a largo plazo. Los tres primeros puntos se referían sobre todo a las mutuas. Pero la reforma también quiere controlar el gasto de médicos y hospitales. El porcentaje de gasto que representa la sanidad en Estados Unidos se ha disparado. Hay que retenerlo. El problema es saber cómo. La reforma prevé programas piloto para descubrir qué propuestas son más eficaces y expandirlas por todo el país. Los médicos por ejemplo suelen cobrar por tratamiento. Cuantas más radiografías, ecografías y visitas haga un paciente, más ingresarán. Es un círculo vicioso. El gobierno quiere imponer un sistema en que se premien los resultados positivos -un paciente sano-, no cada uno de los pasos que se dan. Un magnífico reportaje del experto en medicina del New Yorker, Atul Gatwande, mostraba la gravedad del problema. Fue una de las piezas de periodismo más influyentes de 2009.

El déficit no crece. Todo esto implicará que el gobierno deberá gastar más dinero. El déficit americano ya está disparado. La administración ha tenido que buscar modos de financiar su reforma. Ha encontrado dos: impuestos y unos pagos más austeros en el programa Medicare. Un organismo independiente ha confirmado que la reforma no aumentará el déficit en la próxima década.

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Ningún republicano está de acuerdo con estas medidas. Aunque los demócratas dicen que han incluido 147 propuestas republicanas en la ley final. Las propuestas republicanas para reformar la sanidad son de un alcance menor y necesitan de menos gasto. Su propuesta no sería global: “Nuestra experiencia dice que el Congreso no sabe hacer bien leyes globales”, ha dicho el senador republicano Lamar Alexander.

En las propuestas republicanas el gobierno no interviene. No hay ni obligación de tener seguro, ni multas, ni extiende la cobertura a pobres o enfermos. Sus medidas más célebres que los demócratas no han incluido son permitir la compra de seguros en otros Estados, facilitar que se reúnan pequeñas empresas o gente enferma para que tengan más fuerza al negociar con las mutuas o limitar las denuncias judiciales por malas prácticas médicas. Los demócratas no aceptan esta idea en su ley, a pesar de que permitiría hacer una medicina menos defensiva legalmente y por tanto reducir costes.

Ninguno de los dos partidos ha defendido que no debía hacerse nada. Los demócratas apostaban por una reforma global. Los republicanos por pasitos. Pero todos estaban de acuerdo en que la sanidad americana debía cambiar.

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¿Quién tiene más razón? Hay dos modos de juzgarlo: por las aspiraciones y los resultados.

Los demócratas creen que tenían una obligación moral con los millones de americanos que sufren las consecuencias de tener un sistema que prima el beneficio. Por eso las historias personales de pacientes han estado tan presentes los últimos días. Los republicanos creen en cambio que el Estado no puede embarcarse a ayudar a cubrir a todos los americanos. “No podemos permitírnoslo. En un mundo perfecto todo el mundo tendría lo que quiere”, ha dicho el republicano Eric Cantor.

Por eso, durante este largo año de debate, su estrategia ha sido criticar dos cosas: la intervención del gobierno y la subida de las tasas. En el fondo podrían reducirse a una: el gobierno debe quedarse al margen. Las acusaciones han llegado a socialismo. Es evidente que tiene poco que ver. Aunque son asuntos que calan hondo en el carácter de muchos americanos.

Hay un punto donde los republicanos son contradictorios. Los demócratas van a retocar la eficacia en el programa Medicare; quieren reducir costes. Los republicanos no quieren que lo toquen. Si fueran consecuentes, deberían estar de acuerdo: es un modo más de disminuir gasto público. ¿Por qué no lo están? Porque el Medicare afecta a un grupo de sólidos votantes republicanos: los jubilados. Es obvio que los demócratas también favorecerán a uno de sus grupos de electores más sólido -los pobres-, pero nunca han escondido que el Estado debe regular y llegar donde las empresas no alcancen.

Los resultados es algo mucho más difícil de medir. Esta reforma sanitaria aspira a hacer un país más sano: más medicina preventiva, acceso a la sanidad más fácil. Los costes serán altos, pero están sufragados. La duda se mantiene sobre la capacidad de retener el aumento de los costes generales de la sanidad. Nadie tiene sin embargo mejores alternativas que unos cuantos programas piloto. Así empezó a arreglarse la agricultura americana a principios de siglo. La idea republicana de ir paso a paso ya se probó en 1994 tras el fracaso de la propuesta de Clinton. “Gente sin un punto de vista partidista que defender dicen que las leyes pasadas en los últimos 15 años no han logrado lo suficiente frenar los gastos médicos”, decía el New York Times.

Hay que probar otro enfoque. Los demócratas tienen esta vez razón: la reforma sanitaria es hoy necesaria.

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Comentarios 3 comentarios

Comentarios

  • 21.03.2010 Javier Yohn

    Muy buen artículo, muy bien explicado, aunque te has dejado (o yo no he sabido verlo) al tercer grupo en el que se dividen los 33 millones de beneficiados por la nueva ley 😉

    un saludo, disfruta de Brasil.

  • 22.03.2010 Jordi Pérez Colomé

    Javier,
    mil gracias por avisar. Me los he dejado. Son los que no contrataban un seguro por falta de información o porque les parecía demasiado caro. Ahora podrán hacerlo. Los iba a incluir cuando hablaba de los nuevos mercados estatales. Ha sido por culpa del calor brasileño.
    Saludos y gracias de nuevo.

  • 01.10.2013 Vespucio

    Dios mío. Brasil tiene sistema público y es americano, es un país americano. Por favor, hazte a la idea de que Estados Unidos es un país, no un continente. Tampoco es que cueste tanto poner estadounidense. O sí, pero chino es más fácil que kazajo y nadie llama chino a los kazajos. Bueno, en Paletolandia sí.

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