ObamaWORLD

viernes 26 de marzo de 2010

Las dos cosas que de verdad cuentan en política

Hay dos cosas que sobre todo cuentan para el votante en política: la ideología y el político. También hay una gran perdedora: la información.

El debate sobre la reforma sanitaria en Estados Unidos ha sido largo. Ha dado para ver muchas cosas. Algunas me han sorprendido. Por ejemplo, los ciudadanos no saben casi nada. No me refiero a los tejemanejes en las salas del poder, sino al contenido de las leyes que se debaten.

Las encuestas son un ejemplo notable. Un 43 se oponía a la ley y en cambio algunos puntos de la ley por separado recibían más del 70 por ciento de apoyo. La difusión que además tienen algunas frases inventadas es extraordinaria. Sarah Palin dijo que la reforma iba a implantar en los hospitales unos paneles de la muerte que iban a decidir qué ancianos morían. O que la ley iba a significar la llegada del socialismo a Estados Unidos. Causaron furor.

Una ley de más de dos mil páginas es un asunto complejo. Nadie va a ser capaz de explicarla ni entenderla en dos minutos de tele. Los caminos para decidir si estar a favor o en contra son otros.

Todos tenemos una visión instintiva de los grandes temas que nos rodean: guerra sí o no, impuestos más o menos, justicia dura o blanda, aborto legal o ilegal. Más allá de las dudas lógicas, la ideología nos acerca sin remedio a un partido. Luego está el político. Por instinto vemos si podemos fiarnos de su juicio. Y le votamos. Sólo ahora, después de estas dos cosas que se basan en el instinto, llega la información. ¿Es mejor ir a la guerra o no? ¿Es conveniente subir más los impuestos para pagar esto o aquello? Esto es lo difícil. Es muy difícil. Incluso para quien se esfuerza en averiguar las respuestas es complicado. La respuesta idónea a los grandes problemas es difícil de desentrañar. Son muchas horas de trabajo para el periodista y de lectura para el ciudadano. La mayoría, como es lógico, pasa.

Al final, por tanto, la política es como los deportes: pasión imprudente por unos colores (ideología) y jugadores de protagonistas (políticos).

La información política se basa en quién consigue más puntos. Todo es sobre el resultado, pero sin que haya partido. Es el único modo de atraer al público. Todo es sobre el juego político y no sobre la dificultad de gobernar. Para mí como periodista también es mucho más fácil describir una encuesta que descifrar una ley. Una encuesta sólo es ver quién gana y quién pierde e inventarse algunos motivos rupestres. Es un marcador más. También es fácil imaginar qué político está de moda y cuál pierde fuelle en una elección en lugar de analizar sus propuestas.

Los periodistas podemos hacerlo mejor. Pero es mejor no quejarse, ni cargarnos los muertos. Para quien la quiera, la información está ahí. Yo me muevo ahora por el mundo, pero estoy mejor informado de muchas cosas que un corresponsal en Washington.

La labor de gobierno y los detalles quedan para los interesados. Pero eso en unas elecciones, no se nota. Todos los votos valen lo mismo. No es un panorama ideal, pero por ahora no hay ninguno mejor. Una persona, un voto. No hay otra manera de medir y todos pagamos los impuestos que tocan. Tenemos el mismo derecho de escoger a nuestros empleados, los políticos, cuyo trabajo es sólo facilitar nuestra convivencia.

La ideología tiene en suma un peso esencial. Es inevitable. La personalidad del político también es clave. No es injusto. El político tampoco suele ser un experto en nada. Debe acertar en sus consejeros, en su equipo. Si se le juzga por esa capacidad, no es un criterio tan malo.

En Estados Unidos, esto lo han entendido perfectamente los republicanos. Son unos maestros en dorar la ideología. Obama se ha estrellado contra eso. La personalidad en cambio depende de si tienen más o menos suerte. Los republicanos la tuvieron con Reagan. Ahora van con Palin. Ha decaído. Pero esto me lo guardo ya para otro post.

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