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Domingo 28 de marzo de 2010

Las lecciones de Reagan y por qué la reforma sanitaria es una victoria enorme de Obama

Obama ha sido comparado muchas veces con Reagan. Los dos ganaron después de un presidente impopular del partido rival -Bush y Carter- y los dos parecían empezar una era de dominio para sus formaciones (con Obama ya se verá). Se han hecho también comparaciones de cómo afrontaban las elecciones legislativas de mitad de mandato. En esas elecciones, el partido del presidente siempre pierde escaños. Reagan perdió sin embargo menos de los previstos. Obama puede aprender algo de ese ejemplo de Reagan. Este es el mejor resumen que he leído, que da estas dos lecciones:

1. La culpa, para los anteriores. La situación económica y de paro de Estados Unidos en 1982 tenía peor pinta que ahora. Reagan echó la culpa a gobiernos anteriores (con la excepción de Nixon y Ford, todos demócratas desde Kennedy): “Lentamente, pero con firmeza, estamos levantando la economía del desastre creado en las últimas décadas”. Reagan también pedía tiempo para que su plan fructificara. Sus peticiones no parecían basarse en hechos. Decía que quería bajar impuestos, pero los había subido para cubrir el déficit, aunque luego lo hiciera aumentar sin cesar. También el paro había repuntado con él ya de presidente. Pero eso no importaba tanto como las culpas y el tiempo.

2. La repetición. Reagan apostó todo a la carta económica. No dejó que nada más entrara en la agenda. Su partido se dirigía al país con un solo lema: si confiais en el presidente, las cuentas del gobierno saldrán bien.

Reagan acertó: perdió, pero la sangría fue mucho menor de lo esperado. Los republicanos mantienen hoy las enseñanzas de Reagan. El líder del partido en el Senado, Mitch McConnell, buscó una frase simple para condensar las preocupaciones del público: el presupuesto del gobierno de Obama “gasta demasiado, tiene demasiados impuestos y pide prestado demasiado”. Con el mensaje general claro (daba igual que el gobierno Bush hubiera hecho algo similar), la estrategia era sencilla: “La buena política es repetición”, dijo McConnell. Así han insistido en todos los frentes.

Obama ha seguido otro camino, de momento. Ni ha centrado su mensaje en el gobierno anterior, ni un mensaje repetitivo sobre la economía ha sido hasta ahora su baza principal. A pesar de las dificultades económicas, ha puesto su crédito político en juego para reformar la sanidad. Algo ha conseguido. El reto es ver si los electores responderán a este otro modo de actuar.

Según cuenta un asesor de Obama en este buen reportaje del New Yorker, “uno de los problemas de esta administración ha sido tratar de tener una conversación madura y sofisticada con el público. Ese es el instinto del presidente”. Esta intención encaja con la aclamada voluntad de Obama de cambiar el modo en que se hace política en Washington. Los problemas son graves y hay que resolverlos del mejor modo posible. El congresista por Virginia Tom Perriello -una de las estrellas emergentes del partido, aunque su distrito será uno de los más difíciles de conservar en noviembre- dice que el modo más seguro de convencer a Obama es decirle que una decisión es dura, impopular, pero correcta. Según esta tesis, la “responsabilidad” sería la palabra clave del gobierno Obama. La responsabilidad pública es por tanto lo más parecido que tiene esta administración a una ideología.

En el último post decía que en política sólo cuentan dos cosas: la ideología y el político. La presidencia de Obama lo ha cargado todo sobre el segundo aspecto. Un alto cargo de la Casa Blanca -quizá el mismo que antes- decía al New Yorker, que “las ideas no son importantes para ellos. Axelrod -el principal asesor político de Obama- dice que ganaron gracias al caracter, no a los temas”. Los ciudadanos votaron la capacidad de discernir de Obama, no sus ideas preconcebidas. Por eso se hace tan difícil averiguar lo que piensa sobre cada asunto (su larga deliberación sobre si enviar más tropas a Afganistán es otro buen ejemplo). Obama no cree pues nada en particular, depende del asunto; trataría de dar con la mejor solución posible en cada momento.

Por eso es esencial este primer año de Obama. Uno puede estar más o menos de acuerdo con sus planteamientos, pero es innegable, me parece, que afronta la política de otro modo. No sé si es estrictamente nuevo, pero sí que se aleja de la política de partidos tradicional. En el primer asalto, ha ganado. El Partido Republicano no se salió con la suya con las cartas de siempre. Ahora el próximo juicio importante será las elecciones de noviembre. La mejor noticia para Obama es que por ahora ha ganado con sus armas. Es un cambio importante, tanto casi como la reforma sanitaria.

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