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Domingo 11 de abril de 2010

Qué me ha sorprendido de Brasil y dos encuentros curiosos

Mi viaje por Brasil acaba la semana que viene. Estas son las cosas que más me han sorprendido, para bien (aquí ya puse sus mayores problemas).

1. Brasil roza el primer mundo. Brasil no es un país estrictamente del primer mundo. Tiene aún problemas estructurales graves: la pobreza, la violencia, falta de infraestructuras. Pero una parte enorme de la gente en las grandes ciudades vive como en cualquier otro país desarrollado. Para muchos millones de brasileños, el coche, internet, los viajes, la universidad son preocupaciones diarias.

2. La prensa es buena. La calidad de la prensa brasileña es uno de los mejores ejemplos del progreso brasileño hacia el primer mundo: es libre y bien hecha. Brasil tiene tres periódicos con pretensiones de ser nacionales: dos en Sao Paulo -A Folha y O Estado- y uno en Río, O Globo. Cada Estado tiene luego su periódico serio y un grupito de tabloides. Brasil es un país de mayoría de izquierdas: los dos candidatos favoritos para las elecciones de octubre son José Serra, un socialdemócrata que preside el estado de Sao Paulo y fue ministro con el presidente anterior, Fernando Henrique Cardoso, y Dilma Rousseff, la escogida por Lula para sucederle como aspirante del Partido de los Trabajadores. En este panorama, la prensa representa un centro serio. A pesar de la enorme popularidad del presidente, en estos días que he estado aquí le ha criticado sobre todo por tres razones: por escoger a dedo a su sucesora y apoyarla siendo él aún presidente de todos los brasileños, por crear cuatro nuevos Ministerios y aumentar la burocracia, y por su posición en asuntos exteriores de ligero de apoyo a Irán y al régimen cubano.

3. La vitalidad. La mejor prueba de que aún no ha llegado a la comodidad del primer mundo es la juventud y vitalidad de la gente. Es una caracterísitica difícil de describir, pero que tienen la mayoría de países en desarrollo: la población tiene más ganas de mejorar, de trabajar. Me encontré anoche con unos españoles que viven aquí. Una chica decía: “Es que aquí te malacostumbran. El servicio es increíble. Vas a un restaurante y en seguida te atienen y son amables”. El carácter de camareros y taxistas es un buen termómetro de un país. Siempre que voy a un lugar así, la sensación es la misma. La gente tiene ganas de hacer bien su trabajo. Se tiene la sensación de que todo es posible. España, en comparación, es un país soso y tiquismiquis. El único lugar del primer mundo que conozco y que aún le quedan ganas por mejorar es Estados Unidos. Quizá en Escandinavia también, pero no lo sé seguro.

Al ser este un post de domingo relajado y caluroso, no puedo evitar contar los dos encuentros más curiosos que he tenido en Brasil con no brasileños. He tenido muchos, pero estos dos son tremendos.

1. Roosh. Voy a desayunar en la posada de Diamantina donde me alojaba. Sólo hay otro huésped. Entre los zumos del desayuno, hay uno nuevo, verde. Pido a la camarera de qué es, pero no sabe decirlo. El huésped sale en su ayuda: “Es de aguacate”, dice. Empezamos a hablar en castellano. Habla muy despacio, pero bien. Es americano y escritor. Ha estado unos meses en Colombia y ahora viaja por Brasil. Pronto irá a Argentina. Vive de vender sus libros a través de su blog. Vende unos diez diarios y tiene entre dos y tres mil visitas al día. Son muchas: “Soy grande en Estados Unidos”, dice. Cuando ve que hablo inglés, cambiamos de lengua. Empieza a contar detalles. Su blog es sobre cómo ligar con chicas. Lo empezó hará unos cinco años, cuando era biólogo en Washington. A los dos años vio que iba bien, dejó el trabajo y se dedicó sólo a escribir. El objetivo de Roosh es contar qué se debe hacer y decir para conseguir llevarse a la cama a una chica. Él es el primero en probar los métodos, que varían según las chicas de cada país: “Cada vez que voy a una discoteca -dice- me propongo hablar al menos con diez chicas. Empiezo por las más guapas. Es como un trabajo”. Puede hacerse la prueba: no es lo mismo ir a la disco a bailar que a trabajar. Su magnífico blog no explica hazañas, sino los modos en que un chico y una chica se comportan en el momento clave del ligoteo. Sus posts son serios y casi sociológicos. Ahora Roosh está en Córdoba (Argentina), donde dice que están las mujeres más guapas del mundo. Está acabando un nuevo libro sobre su estancia en Colombia: dónde ir y qué hacer para ligar en Medellín, Bogotá y Cali. En unos meses volverá a Washington para escribir otro libro: “Cómo ligar de día”. Quiere contar maneras de entrar a una chica lejos de la noche: por la calle o en un café. El mejor lugar para hacer su trabajo de campo para este libro es Estados Unidos. En 2011 vendrá a Europa. Pasará por España. Quedamos en que le echaría una mano, a ver qué tal son las españolas. Más allá del contenido del blog, es admirable el modo de vida viajero que se ha creado Roosh gracias a internet.

2. Ricardo. Con Ricardo -nombre ficticio- me encontré en Trancoso, un pueblo de la costa de Bahía. Tomaba una cerveza en una mesa al lado de la mía y hablaba en castellano con un brasileño. Era español y empezamos a charlar. Estaba un mes de vacaciones allí, en casa de un amigo español que se compró hace años un terreno en Trancoso y se hizo construir una pequeña mansión de madera. Sin apenas preguntarle, empieza a hablar de cuánto liga aquí, que es sobre todo lo que hace. “Las mujeres son fáciles, sólo hay que hablar con ellas e invitarlas a una cerveza y a cenar. Tienen muy poquitas cosas, con eso se conforman. Si luego por la mañana quieres darles algo más de dinero, lo haces”. Ricardo habla con naturalidad y sin muchas pretensiones: “Aquí hacer el amor es como hablar”. Sus viajes a Brasil empezaron hace unos diez años y sus intenciones eran las mismas: ir de “lumis” con sus amigos. Iba con sus amigos al Gelpi, una especie de discoteca específica de lumis y extranjeros. Era como el paraíso del putero: todas las chicas eran guapas, baratas y posibles. Lo cerraron. Buscaron nuevos horizontes y los encontraron en Bahía. Con los años ha ido cambiando la estrategia y ahora parece que tiene una “novia de pago”, aunque esta noche no la verá porque ella quiere estar con su madre. Este Brasil de Ricardo es otro Brasil, que aún existe, donde aún los extranjeros llevan el signo del euro en la frente y sirven para conseguir ingresos extra. Es probable que, como su amigo, Ricardo acabe jubilándose en Trancoso y haga el amor hasta el final a costa de su estatus. Pero es una especie en Brasil que va a menos. Como los últimos de Filipinas.

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Comentarios 5 comentarios

Comentarios

  • 11.04.2010cris

    ¿Y tú qué tal, pichón?

  • 11.04.2010Roosh

    Great analysis of Brazil, and thanks for the mention.

    With every Argentine girl I meet here, I miss Brazil more and more….

  • 12.04.2010Jordi Pérez Colomé

    cris,
    ideal.

    roosh,
    thanks. Now I understand pretty well why you miss Brazil. I’m leaving tomorrow and already missing it. And, even worse news, I don’t go to Argentina.

  • 13.04.2010Paula

    Quiero artículo sobre por qué no ha ganado el National Enquirer el Pulitzer. Una pena, ¿no? Espero que Brasil te esté tratando bien.
    Beijo

  • 26.04.2010Llosi

    Eso eso, mucho hablar de los otros pero pocas experiencias propias. Mal Pérez, mal!
    Ja li he passat el blog d’aquest tio al meu company de pis. Ah, espero que m’avisis quan aneu a practicar per BCN :P

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  • 17.04.2010‘Porqués’ estatutarios : DanielTercero.net

    [...] ¿Tenemos en España prensa seria, libre y bien hecha -como en Brasil- o tenemos, en realidad, una clase política de bajo nivel, muy moldeable y que se deja llevar, sin [...]