A los periodistas nos encanta poner etiquetas. Suelen ser inútiles y perjudiciales, pero nos facilitan el trabajo y a los lectores, la comprensión. Un buen ejemplo estos dÃas en Estados Unidos es Elena Kagan, la aparente favorita para la vacante en el Supremo. Desde que salió su nombre, se dice que es “conservadora” (yo me he quedado con eso, a falta de algo mejor). Aquà lo ponen en duda con argumentos sólidos.
Barack Obama aún no tiene etiqueta. Lleva poco tiempo en el cargo y la percepción aún cambia. Como presidente al cargo de varios frentes, recibirá varias. Los últimos intentos para etiquetarle han sido en polÃtica exterior. La cumbre de 47 paÃses para hablar de armas nucleares y las probables sanciones a Irán han sido dos momentos álgidos de su polÃtica exterior. También esta frase de su jefe de gabinete, Rahm Emanuel, que publicó hace una semana el New York Times: “Todo el mundo al final se caracteriza por ser idealista o realista. Si hay que poner al presidente Obama en una categorÃa, probablemente sea más realpolitik, como Bush padre. Sabe que las relaciones personales son importantes, pero hay que tener la sangre frÃa para defender el interés de la nación”.
Los expertos corrieron a analizar esta frase. El mejor ejemplo es este: un grupo de especialistas dan su opinión. Se contradicen unos con otros. A mà me gusta lo que dice el último: “Estas etiquetas son sólo palabras que usamos para defender nuestra preferencia por una polÃtica sobre otra”. La etiqueta depende pues de quién la ponga. En El PaÃs, Antonio Caño, corresponsal en Washington, dedicaba toda una pieza de análisis a si era realista o idealista. Acababa asÃ: “Es una tensión aún por resolver”. Y lo que queda; es una muestra de lo inútil del debate. Se pueden dar los mismos argumentos para defender posturas opuestas.
Un polÃtico realista es el que reconoce que todos los paÃses tienen sus intereses y actúa para defender los suyos, sobre todo con la diplomacia. Importa poco, por ejemplo, si hay que tratar con una dictadura o hacer algún trapicheo. El idealista tiene una visión, unos objetivos, quizá exagerados -llevar la democracia a todo el mundo, por ejemplo- y pretende conseguirlos al precio que sea.
La mejor de estas dos etiquetas es la de realista. El idealista en polÃtica es, por definición, iluso. Es normal que Emanuel llame a su jefe realista, que quienes le apoyen le den la razón, y quienes se opongan le llamen idealista, que es algo asà como romántico. Es otro modo de perder el tiempo.
Me gustan más esta manera de analizar la labor de un presidente: con categorÃas nuevas. Aquà por ejemplo dicen que su polÃtica exterior tiene dos ejes: la promoción de la dignidad y el rechazo a la polÃtica del miedo. Por ahora, Obama sólo ha tenido éxito con la promoción de la dignidad: es recuperar el liderazgo americano para trabajar junto a otros paÃses por un mundo mejor. De hecho, Estados Unidos tiene una imagen global mejor que hace unos años. Lo otro serÃa intentar deshacer las medidas del último gobierno. Aquà va mal: no lo ha conseguido ni en Guantánamo ni con los juicios a terroristas ni con el programa de drones (esto merece un post aparte; espero que sea el próximo).
Otra buena descripción de la polÃtica exterior de Obama la hacen aquÃ, a partir de la cumbre nuclear. Dan cinco puntos de su estrategia: el liderazgo debe ser americano, no siempre una de las partes debe salir perdiendo, hay que reunir a todos los paÃses que sea posible a favor de los intereses propios, más que amistoso hay que ser respetuoso y hay que ser adaptables. Al menos se dejan de etiquetas fijas.
Me quedo con ganas de hablar de una etiqueta más difÃcil y jugosa: el carácter de Obama. Prefiero antes leer The Bridge, la última biografÃa que han escrito sobre él. Está a punto de llegarme. Creo que le tengo calado, pero quiero asegurarme. Han comparado a Obama, por sus decisiones, con todos los presidentes recientes. Pero por carácter se puede parecer sólo a uno: Kennedy. Obama es por ejemplo incapaz de tratar a presidentes de otros paÃses con la soltura de colegas como Bush, Berlusconi o Blair. Es distinto. No sé si Mitterrand se parecÃa también a Obama. Creo que Kennedy, sÃ. Espero poder demostrarlo pronto.






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