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jueves 6 de mayo de 2010

La vida americana de Faisal Shahzad

Faisal Shahzad nació el 30 de junio de 1979. Su familia procede del pueblo de Mohib Banda, en la región de Pabbi, cerca de Peshawar, en Pakistán. Shahzad nació probablemente allí. Su padre, Baharul Haq -o Bahar ul-Haq-, era general de división en la fuerza aérea de Pakistán. Faisal estudió en una escuela de Peshawar a la que iban otros hijos de oficiales del ejército.

En los años 90 la familia se trasladó a Karachi. El padre había dejado el ejército y era subdirector general de la autoridad civil aérea del país. En 1997, Faisal empezó los estudios universitarios. Se matriculó en un programa en Karachi de la Universidad Southeastern de Washington DC. En diciembre de 1998, a los 19 años, Estados Unidos le concedió un visado F-1 de estudiante. Se trasladó a la sede central de la universidad en Washington. Siguió allí hasta que en 1999 entró en la Universidad de Bridgeport, en Connecticut, que le concedió una beca de 6.700 dólares. El resto de la matrícula, 14.700 dólares, lo pagaba la familia.

En 2000, Shahzad se graduó en informática e ingeniería. Según su declaración de renta, ese año sus ingresos fueron de 5.458 dólares. Entre junio y diciembre había sido becario en la empresa Sound Financial Technologies en Stamford, Connecticut. Les hizo la web. En 2001 entró en la compañía de cosméticos Elizabeth Arden, también en Stamford. Lo consiguió a través de una empresa de trabajo temporal, Accountants Inc. Fue su primer gran trabajo. En Elizabeth Arden le tramitaron en enero de 2002 un nuevo visado H1-B para trabajadores cualificados. Allí ascendió hasta analista financiero en 2006. El año anterior había hecho un máster en negocios también en la Universidad de Bridgeport.

En mayo de 2006 cambió de trabajo. Se fue al grupo de marketing Affinion, donde trabajó también como analista financiero, uno de los 50 que tenía la empresa. Hacían servicios a grandes compañías, como llevarles su programa de puntos. Faisal llevaba los números de algunos grandes bancos americanos.

En 2004 vende la casa donde vivía a George Lamonica por 261.000 dólares. (En un párrafo extraño muy comentado del New York Times, Lamonica ha reconocido que poco después de comprar la casa en 2004 agentes de un cuerpo dedicado al terrorismo fueron a preguntarle por Shahzad.)

En esos años se casa, pero sólo informa a las autoridades en 2008. Su mujer, Huma Asif Mian, es americana -nació en Colorado- de padres pakistaníes. En 2004 Huma se licenció en contabilidad por la Universidad de Colorado. Su padre se había licenciado en la Universidad de Colorado de Mines en 1980. Los padres de Huma volvieron a Pakistán en 2008. El padre -suegro de Faisal- ha sido detenido por la policía pakistaní esta semana en relación a este caso.

En 2004 la pareja había comprado una casa en Shelton, Connecticut, por 273.000 dólares. Firmaron una hipoteca con el JP Morgan Chase por el 80 por ciento del valor. En 2008 trataron de vender la casa, pero no lo consiguieron.

En abril de 2009, hace un año, Faisal Shahzad se convierte en ciudadano americano gracias a su matrimonio. En junio deja el trabajo por voluntad propia y la familia abandona la casa con casi todo dentro. (Algunos documentos que ha publicado la prensa estos días los han sacado del patio trasero de esa casa; los periodistas del Connecticut Post fueron a rebuscar papeles; después de escanearlos los hicieron llegar al FBI). Se van todos a Pakistán. El banco se quedará con la casa por impagos. Faisal estará fuera de Estados Unidos ocho meses. (Según un funcionario paquistaní, en cambio, Faisal llegó a Pakistán en abril y se fue el 5 de agosto.)

Faisal Shahzad tiene, según un primo de la familia, un hermano que es ingeniero mecánico en Canadá, una hermana que es médico en un hospital de Peshawar y otra hermana que había trabajado de profesora. Los padres vivirían en un barrio acomodado de Peshawar, en esta casa, que han abandonado desde que se conoce la posible participación de su hijo en el intento de atentado.

Shahzad vuelve a Estados Unidos el 3 de febrero de 2010, solo y sin billete de vuelta. En la aduana dice que ha estado cinco meses en Pakistán para cuidar a sus padres enfermos y que ahora se alojará en un hotel hasta que encuentre un apartamento. A los pocos días alquila por un año este piso con garaje en Bridgeport, Connecticut.

En marzo compra un rifle Kel-Tec de 9 milímetros en una tienda de Connecticut. A finales de abril empieza con los preparativos para el atentado. El 16 de abril compra un teléfono de prepago, que dejará de utilizar el 28. El 24 compra un Nissan Pathfinder a una joven de 19 años, Peggy Colas, que pide 1.800 dólares. Faisal regatea y consigue el coche por 1.300 dólares, que paga en metálico. Quedan en el parking de un supermercado. Peggy le avisa de que el coche no va muy bien. A Faisal parece no importarle, lo revisa sobre todo por dentro. Peggy le ofrece hacer un recibo, que Faisal rechaza. Faisal llegó al encuentro en un Isuzu Trooper con los cristales oscuros y se va con el Pathfinder. Ese día Faisal recibe cuatro llamadas en su móvil de un número paquistaní.

El 25 de abril llama a la tienda Phantom de fuegos artificiales en Pennsylvania. Unas semanas antes había ido allí de compras. Paseó media hora por los pasillos y acabó por comprar petardos modelo M-88 Silver Salute. Según el propietario, por suerte compró esos fuegos legales: son incapaces de prenderse uno con otro y no son potentes. También se quedó un petardo que va en un bote rojo y que cuando se enciende salta y emite ruidos y colores.

El sábado 1 de mayo Faisal sale de su casa con el Nissan Pathfinder. Dentro lleva varias bolsas blancas con fertilizante, dos bidones de gasolina de 19 litros cada uno, 152 cohetes M-88, tres botes de gas propano y dos relojes alarma conectados a cables. Lleva el coche hasta la calle 45 y lo aparca a las 6.28 de la tarde en la esquina con la Séptima avenida, aquí. Un rato después, un vendedor ambulante avisa a un policía que hacía la ronda por la zona. (Hay cierta polémica sobre el vendedor que avisó: aquí dan dos; aquí dicen incluso que era musulmán.) El coche tenía el motor en marcha. El policía vio que salía humo del maletero. Acordonaron la zona. Ocho horas después la policía creyó que ya era seguro acercarse al coche. Además de la hipotética bomba casera encontraron las llaves de un Isuzu y de una casa, la de Faisal.

El número de identificación en el interior del coche estaba borrado. La policía encontró ese número grabado también en el motor. Les llevó hasta el propietario registrado del Pathfinder, el padre de Peggy (la matrícula estaba cambiada). Les dijo que había regalado el coche a su hija y que hacía unos días ella lo había vendido para comprar otro mejor. Peggy dijo a la policía que un hombre de aspecto hispano o árabe le había comprado el coche, pero no recordaba el nombre. Un dibujante de la policía de Connecticut hizo un retrato de Faisal según la descripción de Peggy. La policía enseñó el dibujo a la persona que había acompañado a Peggy a vender el Nissan y lo reconoció. Después enseñaron a Peggy seis fotos e identificó a Faisal Shahzad. Así llegó la policía al sospechoso.

De ahí lo ligaron al Isuzu y al apartamento que había alquilado. Faisal llamó a su casero el sábado por la noche. Le dijo que volvía en tren de Nueva York de salir con unos amigos, que había perdido las llaves y que necesitaba que le abriera. Aquí se le pierde la pista. La policía lo encuentra el lunes hacia las tres de la tarde. Pero le pierde incomprensiblemente el rastro.

A las 6.30 de la tarde del lunes Faisal reserva un pasaje en un vuelo de Emirates de Nueva York a Dubai para esa noche. Va al aeropuerto Kennedy en su Isuzu, donde lleva también un rifle. Paga el pasaje en metálico en las oficinas del aeropuerto hacia las siete y media.

Esa mañana, a las 12.30, el Departamento de Seguridad Nacional introduce el nombre de Faisal en la no-fly list, que impide volar. Minutos después envían un mensaje a todas las aerolíneas. Emirates no actualiza la lista (sólo tienen la obligación de comprobar esa lista cada 24 horas; esta norma va a cambiar ahora y serán sólo dos horas) y le deja embarcar. En un control habitual, las compañías envían la lista de pasajeros al Centro de Protección de Fronteras y Aduanas en Virginia. Allí detectan el nombre de Faisal. Salta la alarma. Hacía tres horas y media que tenía la tarjeta de embarque.

El avión ya estaba cerrado. Los agentes lo reabren y entran. Cuando llegan al asiento de Faisal, les dice:

-Les estaba esperando. ¿Son de la policía de Nueva York o del FBI?

No le responden. Al día siguiente pasa a disposición judicial.

*

He sacado los datos de esta pieza del auto de acusación de Faisal Shahzad, de su currículum y de un montón de noticias de varios medios. He procurado escribir sólo lo que procediera de dos fuentes o algún gobierno hubiera confirmado (cuando no es así, he puesto la fuente). He dejado aparte las opiniones de vecinos y ex colegas de trabajo. Como siempre en estos casos, todas coinciden: era normal, sólo un poco tímido, introvertido. Es un tópico.

Aún hay grandes dudas sin resolver: por qué fue la policía a la antigua casa de Faisal en 2004 o por qué fue tan descuidado con el coche, ¿preparaba un atentado suicida que no estalló? Pero el gran hueco es su paso por Pakistán. Desde 2003, Faisal debió hacer varios viajes allí. Quizá conoció a su futura mujer en Pakistán. Quizá entró en contacto con algún grupo terrorista en un campo de entrenamiento en Waziristán. Si reúno suficiente información, haré otro post sobre la vida pakistaní de Faisal Shahzad. Pero como en el caso de Umar Farouk Abdulmutallab, nada podrá explicar por qué Faisal Shahzad pasó de llevar una tranquila vida americana a ser sospechoso de terrorismo.

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Comentarios Un comentario

Comentarios

  • 06.05.2010 Gaze

    “nada podrá explicar por qué Faisal Shahzad pasó de llevar una tranquila vida americana a ser sospechoso de terrorismo….”

    Jordi, buen extracto y resumen de la odisea de Faisal, pero fíjate que la repuesta la tienes ahí mismo en tu resumen: “mucho logrado, pero nada ganado…” por el protagonista, aunque también se te olvidó mencionar que el hombre se estaba divorciando de su mujer… así tenemos unas cuantas conjeturas sobre el “american dream” de Faisal, un sueno trunco y como tal debía pagar, aun si era matando a muchos. A ver veamos:

    1. la ruptura emocional afectiva con la esposa = causa un rechazo como proveedor del hogar y también le causa fragmentación del ego-ideal, que es poder fálico de todos los que se sienten en la cima del éxito… pero eso desaparece cuando la media naranja lo tira a la calle como bolsa inservible….
    2. la perdida de su casa por impagos =incompetencia profesional, aún con un par de diplomas en la mano y no pudo asumir su responsabilidad social con los bancos, aun si tenia experiencia trabajando para ellos… Maizal se queda como una simple hortaliza (looser…!)
    3. naturalización norteamericana =deshonor, vergüenza del ego-ideal al sentirse que traiciona a su propia fe y etnocentrismo cultural, eso queda demostrado con los reiterados viajes a Pakistán para reencontrarse con sus raíces en un campo de entrenamiento terrorista, ahí surge la idea del bombazo, pero no le alcanzaron los huevos para suicidarse, contrario, quiso huir como rata de cauce, esconder la mano después de asesinar docenas de seres humanos…
    4. esos viajes a Pakistán y entrenamiento aguerrido solidificaron su FRUSTRACION personal, ahí ve la luz, se siente escogido por sus comunidad y su narcisismo fálico-teológico se levanta otra vez con la idea de una “vendetta” al estilo terrorista, se dice así mismo: “gringos de mierdas, antes de irme me las pagaran… tanto trabajo, tanto estudio, tanto esfuerzo para asimilarme en una cultura pagana, y nada, nada…!
    5. Finalmente, el hombre, en su narcisismo-maligno se vio asimismo como un ser extraordinario que tenía en sus manos el poder absoluto para hacer sentir su frustración personal y el de tantos mártires que han dado sus vidas por amor a la fe islámica…. Lo único malo de todo esto es que a pesar de tener dos relojes, parece que el hombre vivía en la hora europea, porque se equivocó como en doce horas para reventar el coche…. Hay, señor, no digo yo, si la estupidez humana alcanza horizontes ilimitados….

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