Ayer hablé de primarias. Son las elecciones abiertas que monta un partido para escoger a su candidato para un cargo público. Puede votar buena parte del censo electoral. Me encantan y creo que en España -y en otro paÃses- vendrÃan de maravilla. Aquà lo contaba ayer.
Roger Senserrich cree en cambio aquà que las primarias tienen problemas. Es cierto, todos los sistemas tienen. Para mÃ, esos problemas son, sin embargo, una bendición comparado con lo que hay ahora. Estos cuatro serÃan los problemas principales:
1. No sirven para escoger a polÃticos competentes. Los partidos son organismos para seleccionar a gente que quiere dedicarse a la polÃtica. En España, los lÃderes hacen las listas. Quien quiere estar en un puesto con escaño seguro, tiene que caerle simpático al jefe, que escoge a dedo. Es la condición básica. El jefe escogerá en parte a los que cree mejores, pero también a sus preferidos. Me fÃo más del criterio de miles de votantes. En Estados Unidos, cualquiera puede someterse a las urnas. En España, no. Tienes que pasar por los pasillos de un partido, sonreÃr y tener padrinos. En Reino Unido tienen un sistema intermedio. El jefe de filas te escoge para una circunscripción y allà debes apañarte. Sigue siendo por enchufe. Si caes bien al jefe, te pondrá en una circunscripción de mayorÃa más propicia. ¿Qué sistema es mejor? El único modo de saberlo es dónde uno quisiera entrar en polÃtica. Suplicar a Zapatero para que me coloque no me parece el mejor modo de ocupar un escaño. Además, luego tendrÃa que votar lo que él me dijera. Por muy bueno que sea el diputado con el sistema de listas cerradas se suprime su capacidad y su conciencia. No me vale.
2. Los partidos abiertos son desesperantes. El polÃtico socialista Ramón Jáuregui, que ahora está en Bruselas, me dijo un dÃa que los partidos españoles son asà de homogéneos porque en la transición era más cómodo. Era mejor entonces que los adversarios supieran qué votarÃa el rival en bloque. Se evitaban sorpresas. Ya habÃa bastantes en la calle. Hoy aquello ya pasó. Somos mayorcitos. SerÃamos capaces de soportar un parlamento con un montón de opiniones, como en la sociedad. Legislar serÃa más engorroso, es verdad. Las discusiones se alargarÃan. Muchos diputados se decantarÃan por su lugar de origen (en España para eso ya están las autonomÃas). Pero también hablar serÃa más fácil. Si en 2009 treinta diputados socialistas hubieran dicho que los recortes eran necesarios y se hubieran aliado con la mayorÃa popular para hacerlos pasar, quizá la solución no hubiera sido tan drástica. Es cierto que puede ser desesperante, pero un gobierno con todo el poder no garantiza decisiones rápidas ni acertadas (¿guerra de Irak?).
3. El dinero cuenta mucho. Llegamos al problema de verdad: el dinero. Un candidato que se presenta en las primarias de un partido puede gastarse todo el dinero que quiera, siempre que sea suyo. No es extraño que el multimillonario Mitt Romney quiera ser presidente o Meg Whitman -ex jefa de eBay- quiera ser gobernadora de California o Michael Bloomberg -propietario del imperio Bloomberg- sea reelegido por tercera vez alcalde de Nueva York. Es injusto con otros candidatos. Los polÃticos con menos recursos deben confiar en los fondos del partido -el partido tiene también su peso- y en amigos que les hagan favores y les den dinero para montar la campaña. Es el gran obstáculo y el problema más difÃcil solucionar. No me echa sin embargo para atrás. El dinero siempre es un problema en polÃtica, financie partidos o candidatos. Si se paga el mismo candidato su campaña es en parte un mal menor. Al menos se sabe de dónde viene el dinero. Por otro lado, cuando Obama se presentó como presidente acababa de devolver los créditos que le habÃan permitido ir a la universidad. No tenÃa ni un duro. Y ganó.
4. La participación. No quiero engañarme. En las primarias participa poca gente. Pero por pocos que participen en el proceso, los beneficiados son todos. El debate es más abierto, las opiniones se confrontan dentro de un mismo partido. Hay lugar para todos bajo el paraguas.
Las primarias son además muy divertidas. ¿No lo serÃa ver quién gana en una elección Rajoy-Rato-Espe-Gallardón? ¿O Zapatero-Trini-Chacón-Bono? Cuánto me gustarÃa ver algo asÃ. ¿A quién no?






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