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Viernes 28 de mayo de 2010

El terrorismo en Estados Unidos crece, pero no da pie con bola

Ayer salió la nueva estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos. La leeré este fin de semana (aquí está el pdf de 60 páginas). Es un resumen importante de las preocupaciones de seguridad de Estados Unidos y el mejor modo de resolverlas. Hablaré de algunos puntos importantes por separado. Hoy, un tema fascinante: el crecimiento del terrorismo autóctono en Estados Unidos.

Desde 2001 ha habido 46 casos de terrorismo local en Estados Unidos. Han detenido a 125 americanos o naturalizados por relaciones con la yihad. Desde 2001 hasta 2008 hubo cuatro casos al año de media. En 2009, hubo 13. Los delitos son de tres tipos: personas que planeaban atentar en Estados Unidos, otros que apoyaban a grupos terroristas extranjeros y aún otros que querían unirse a bandas terroristas en otros países. El origen de los detenidos es sobre todo pakistaní y somalí (con 16 acusados de cada), luego vienen yemeníes y jordanos. En Estados Unidos, hay tres millones de musulmanes. Poco más de cien han sido acusados de actividad terrorista, uno de cada treinta mil; son muy pocos.

Estos datos proceden de este magnífico estudio, que también dice que de los 46 casos, en 24 se planeaba atentar contra Estados Unidos. Son los que más me interesan. De esos 24, 19 hicieron planes y los discutieron, aunque sólo tres colocaron las bombas, sin víctimas. En los otros cinco casos, no hubo preparativos claros. Pero en dos hubo víctimas: el célebre caso de Fort Hood donde murieron 13 soldados americanos y el asesinato de un soldado en una oficina de reclutamiento de Arkansas.

*

Aquí quiero hablar del caso de Hosam Smadi. El miércoles se declaró culpable de colocar una bomba en un espacio público y uso de armas de destrucción masiva. Su sentencia se sabrá en septiembre. En España los medios no han dicho nada de Smadi.

Hosam Smadi nació en 1990 en Jordania. Hasta los 14 años fue allí a una escuela baptista (cristiana). Sus padres se separaron y al poco su madre murió.

Junto a su hermano Husein, viajó en 2007 a California, con un visado de turista, que incumplen para seguir en Estados Unidos. Estudian en un instituto de Santa Clara. Antes de acabar, en 2008, un amigo ofrece a Hosam un trabajo en un restaurante de carretera en el pueblo de Italy, a 60 kilómetros al sur de Dallas, en Texas (según otras informaciones, el trabajo que es de cajero en una gasolinera). Su hermano sigue estudiando en California y él se va a Texas.

El 27 de diciembre de 2008 empieza la guerra de Gaza: Israel ataca la franja en represalia por los lanzamientos de misiles desde allí a Israel. Las webs yihadistas hierven. Smadi escribe con rabia y el FBI lo detecta en marzo de 2009. En intercambios de mensajes con agentes que se hacen pasar por miembros de al Qaeda, Smadi escribe: “Miles de musulmanes han sido asesinados en Gaza a manos de judíos -los perros- y de los silenciosos renegados desleales. Estos son los reyes árabes, y Dios mediante, su final será la soga y el infierno”. También escribe esto: “Estoy en Estados Unidos y puedo golpear en el centro de sus intereses. Pero necesito ayuda, en herramientas. Los objetivos son fáciles, pero no tengo instrumentos”.

Estas frases proceden del caso que ha montado el FBI contra Smadi. La intención de los agentes encubiertos es al principio  disuadirle. En abril, un policía le escribe: “Puedes llevar a cabo la yihad de un modo menos peligroso, con tu dinero o practicando para evitar pecados, indignidades y deseos”. Siempre según el FBI, Smadi no frena: “He escogido ser un muyahidín, sangre, alma y cuerpo”.

Los agentes piden permiso judicial para pinchar su teléfono y colocan detectores en su coche, un Honda Accord. Smadi pasa también a la lista de terroristas, para detenerle si pretende abandonar el país.

En esa época, la policía le para por conducir sin permiso ni seguro. Pero le dejan libre. Según un ex fiscal, podría ser que lo dejaran correr para obtener más pruebas y montar un caso más sólido en su contra.

Smadi empieza a discutir con los agentes encubiertos posibles objetivos: aeropuertos, edificios de compañías de crédito o centros de reclutamiento militar. Al final escoge este edificio del centro de Dallas, Fountain Place:

En julio, va a Dallas de reconocimiento con una persona que él cree que es de Al Qaeda. En realidad es un miembro del FBI. Después de la inspección, Smadi va con el agente a un hotel a grabar un mensaje en vídeo. El terrorista imaginario le dice que se lo harán llegar a Bin Laden. Smadi busca fragmentos del Corán con el ordenador. El vídeo será una de las mejores pruebas en contra de Smadi.

Está todo a punto. El agente le dice que ellos le proporcionarán el coche y la bomba. Smadi quería atentar el 11 de septiembre de 2009. Pero al final quedan para después del Ramadán, el 24 de septiembre.

Ese día Smadi y el agente aparcan la furgoneta cargada con explosivos de mentira en el párking subterráneo del Fountain Place. Smadi tiene un teléfono móvil. Cuando marque un número determinado, la bomba estallará. Salen los dos y montan en otro coche a una distancia segura del edificio. Smadi quiere ver el posible derrumbe. El agente le da tapones para los oídos. Smadi los rechaza; quiere oír la explosión. Marca. El número es uno cualquiera de la policía. Le capturan.

Ese mismo día, en Springfield, Illinois, detenían también a Michael Finton, que quería reventar el edificio de unos tribunales federales. El camino había sido paralelo al de Smadi. En mayo, el FBI ya había seguido esta treta con cuatro detenidos por querer poner una bomba en una sinagoga de Nueva York.

El FBI lleva los planes hasta el final para que las pruebas sean irrefutables. El gobierno debe probar que Smadi quería ser terrorista. Cuangto más entusiasmo demuestre, más difícil será para el abogado defensor alegar que el acusado no pretendía volar nada. Pero siempre quedará la duda: ¿qué hubiera ocurrido si Smadi no hubiera dado con “terroristas” de Al Qaeda? ¿Hubiera olvidado sus ganas de ser muyahidín? La defensa construirá su caso a partir de cómo es de influible Smadi. También alegarán que es esquizofrénico y que toma también antidepresivos y antipsicóticos. Con el reconocimiento de la culpabilidad, esperan que pase menos de 30 años en la cárcel.

Estas historias ofrecen tres conclusiones, basadas en el estudio que he enlazado:

1. En Estados Unidos no hay células durmientes de Al Qaeda. Esta es la buena noticia. La mala es que no son estrictamente necesarias. Internet y algún viaje a Oriente Medio ya sirven para intentar algo.

2. Ser terrorista no requiere ser el más listo de la clase. Con las ganas es suficiente. Aunque por el poco éxito que tienen, ya se ve que es mejor que sea tonto. La diferencia entre la preparación de los atentados de Madrid y Londres con todos estos es notable. En Europa fue en grupo, con contactos más sólidos.

3. Es imposible saber quién será terrorista. Mucha gente con las mismas circunstancias no acaba igual. El hermano de Hosan es un buen ejemplo. Sus vidas se debieron parecer bastante hasta que se separaron. Husein se quedó en California y siguió los estudios. En agosto de 2009 le detuvieron por un delito menor de posesión de drogas. Le faltaban semanas para acabar el instituto. Cuando supo qué había ocurrido con su hermano, pero pide que le deporten, incluso se ofrece a pagarse el billete. Husein cree que su hermano es inocente. Pero, ya en Jordania, no guarda rencor a Estados Unidos: “La vida allí es mucho mejor, todos son más abiertos. Me encantaba la ciudad donde vivía. Me iba a hacer un tatuaje del puente de San Francisco en el hombro”. Su hermano tenía otros planes.

Hay otra conclusión, para los periodistas. Cuando el gobierno funciona y evita desgracias, la noticia es más pequeña. Aquí está la lista detallada de las detenciones en 2009. Ninguno se ha hecho famoso. Sí lo lograron Umar Farouk Abdulmutallab y Faisal Shahzad; ambos, por cierto, universitarios y más certeros con sus intentos.

En suma, el terrorismo americano crece. La preocupación es justa y más cuando se quiere luchar con la ley en la mano -según parece, a Smadi le leyeron sus derechos cuando llevaba siete minutos detenido; ya había empezado a hablar y no paró. Pero de momento es minoritario y controlado. Los funcionarios tienen buena parte del mérito. Hay que reconocerlo, aunque es más habitual buscar errores. Un último detalle: en los años 70 el terrorismo local en Estados Unidos era mucho más activo.

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Comentarios 5 comentarios

Comentarios

  • 28.05.2010 Gaze

    “En suma, el terrorismo americano crece.” Y como no iba a crecer…., Si Carter, el peor presidente en la historia de este país, una vergüenza de hombre está haciendo su segundo término presidencial en la figura de Obama…

    Terroristas o resentidos sociales siempre lo habrá y hay que combatirlos y aun esto es peor todavía cuando un presidente va contra la voluntad y cultura-imperial que sostiene la nación y un pueblo como el americano….

    Insisto, y hay pruebas irrefutables de que Obama fue y es la peor elección-presidencial que este país ha hecho en sus historia… pagará caro el error durante generaciones.

    Has leído las criticas de los Clinton contra Obama, últimamente….?

  • 31.05.2010 yoel lenti

    Pues la verdad mi conclusión es otra:
    “El poder no es esencialmente represivo; puesto que incita, suscita, produce”. Como indica la tecnología del poder que anuncia Foucault, el poder se articula fabricando régimenes específicos de “verdad”. ¿qué hubiera ocurrido si Smadi no hubiera dado con “terroristas” de Al Qaeda? dices tu… y yo pregunto: ¿hasta que punto se fomenta desde el poder el terrorismo?, ¿que hubiera ocurrido si le hubieran proporcionado un psicólogo para ayudarle en vez de un proveedor de bombas ficticio?… que cinismo por diós! Quien se siente amenzado es susceptibe de generar sus propios miedos para saber como controlarlos.
    Felicidades por el blog

  • 31.05.2010 Jordi Pérez Colomé

    Yoel,
    el poder fomenta el terrorismo porque sin poder no habría terrorismo. Es lógico. Es interesante lo del psicólogo, pero para el FBI Smadi era, cuando lo descubrieron en los chats, sólo un terrorista en potencia. Que es esquizofréncio lo han sabido en el juicio. Un Estado no puede ponerse a valorar caso por caso. La bomba de un sano o enfermo, de un licenciado o de un analfabeto, mata igual. Otra cosa es lo que hagan por otras vías para evitar el fomento del terrorismo. Son cosas que hay que afrontar por separado.
    ¡Y gracias!

  • 31.05.2010 yoel lenti

    Jordi,
    No creo sean cosas diferentes desde el momento en que se induce al terrorismo de forma tan descarada. ¿Afontar el problema es incitarle a que sea yihadista facilitándole objetivos, armamento y apoyo moral? Si justamente es el propio estado quien pone la bomba al enfermo mental, ¿quien es el terrorista?, ¿es el Estado un terrorista?, ¿la bomba de un Estado acaso no mata igual?, ¿o será que el Estado también es esquizofrénico?
    Volviendo a Foucault, el poder se ejerce no sólo desde el ápice más elevando del Estado, sino desde todas sus intrincadas ramas que nos llevan al control y al orden social. Siento discernir, pero creo que sí deben valorar caso por caso; justamente de eso se trata, de discernir casos de peligro y actuar antes de que pase algo, no de motivarlos hasta que tengan las pruebas para acusarlos. ¿O acaso estás a favor también de las guerras preventivas?
    Saludos,

  • 01.06.2010 Jordi Pérez Colomé

    Yoel,
    a ver, actuar antes de que pase algo es controlar a Hosam Smadi cuando se enteran de que está dispuesto a atentar en Estados Unidos. Le pinchan el móvil y le siguen en el coche, con permiso judicial. Es verdad que nunca sabremos si hubiera actuado si el FBI no le hubiera incitado y en su lugar lo hubiera hecho un terrorista de Al Qaeda de verdad. Para eso está el juicio. El abogado defensor debe intentar demostrar eso, que actuó porque le incitaron falsamente. Es la ventaja de que eso te pase en Estados Unidos y no en China. Además en otros países podrían colocarte una bomba en el coche y detenerte. En este caso, Smadi ha tenido un montón de oportunidades de frenar su decisión.

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