ObamaWORLD

Lunes 7 de junio de 2010

¿Quién es aquí la jodida superpotencia?

Bill Clinton salía de su primera reunión con el entonces primer ministro israelí, Bibi Netanyahu (ahora lo vuelve a ser). Era 1996. La reunión debía haber sido dura, porque se lamentó de la actitud de Netanyahu: “¿Quién es aquí la jodida superpotencia?” Israel trata, por lo que se ve, a Estados Unidos de igual a igual. Hace ya una semana que hablo de Israel y Palestina. Antes de cambiar, faltaba por abordar una cosa, la más importante para este blog: ¿qué hará Obama con Israel?

Israel ha sido un aliado fijo de Estados Unidos. La última estrategia de seguridad nacional del gobierno de Obama, publicada hace unas semanas, cita cuatro veces el conflicto árabe-israelí. En las cuatro menciona primero a Israel. Por ejemplo: “Seremos persistentes en nuestra búsqueda de una paz global entre Israel y sus vecinos, incluida una solución de dos estados que asegure la seguridad de Israel, y satisfaga las aspiraciones legítimas del pueblo palestino de un estado propio viable”. Esta es la teoría: Israel, siempre primero.

La práctica tiene más matices. La paz en Oriente Medio ha sido una prioridad histórica de Estados Unidos. Como dice aquí un diplomático americano especialista en la región: desde finales de los 70, “no puedo contar cuántas veces habré escrito informes en los que explicaba la importancia de la paz árabe-israelí”. Los motivos eran siempre los mismos: “Un conflicto árabe-palestino sin resolver provocaría guerras ruinosas, aumentaría la influencia soviética, debilitaría a los árabes moderados, reforzaría a los árabes radicales, pondría en peligro el acceso al petróleo de Oriente Medio y en general haría disminuir la influencia americana desde Rabat a Karachi”. Son motivos de peso y algunas no han cambiado. Es con razón un asunto central en la política exterior americana.

Desde el final de la guerra fría, la gran ocasión de paz fue durante el gobierno de Bill Clinton. Aquella administración americana tuvo pocas crisis. La guerra fría había acabado y los grandes problemas fueron los Balcanes, Ruanda, algún atentado. Clinton pudo centrarse en la paz, pero no salió.

George W. Bush sí que tuvo otros retos. Por eso se ocupó poco de la zona. Su doctrina era sin embargo clara: Estados Unidos apoya a Israel haga lo que haga. Y punto.

Llegó Obama. El mundo no estaba contento con Bush. Obama se sintió con potestad para cambiar la perspectiva de la política exterior americana. No habría una doctrina que englobara todas las relaciones (llevar la democracia a todos los rincones). Cada país recibiría el trato que interesara, primero a Estados Unidos, y luego a la estabilidad general. Israel es uno de los grandes afectados de los cambios de Obama. Por tres razones:

1. Las prioridades son otras. Estados Unidos está en dos guerras y quiere evitar que las armas nucleares proliferen, sobre todo en Irán y Corea del Norte. Además la economía nacional está tocada. La paz en Oriente Medio requiere mucho esfuerzo y riesgo. Ahora mismo, aunque quisiera, Estados Unidos no da para más. La prueba de que al principio Obama entendió el peso de esa región es que nombró un enviado especial, George Mitchell. Pero quiso sentar a las partes a negociar -israelíes, árabes y palestinos- y no aceptaron. Obama dijo después que “sobrestimamos nuestra capacidad de persuadir”. Ahora ya lo sabe.

2. Obama no está tan bien dispuesto a aceptar todas las decisiones israelíes. La actitud de Israel puede poner en peligro la vida de soldados americanos en Irak y Afganistán. El general Petraeus lo ha dicho ya varias veces: “Si no progresamos en una paz justa y duradera en Oriente Medio, les damos a los extremistas un bastón con el que pegarnos”. Obama ve el mundo a través de un prisma distinto al tradicional en otros políticos americanos. En las primarias, preguntaron a los candidatos qué harían si Irán atacaba Israel con bombas nuclerares. Hillary Clinton respondió: “Los aniquilaremos”. Obama: “Tomaremos la acción apropiada”. Hay diferencia. Cuando llegó a la Casa Blanca, de Oriente Medio llamó primero a Hosni Mubarak, el presidente egipcio. Luego a Olmert, entonces primer ministro israelí. En Israel Obama tiene poca popularidad y no ha hecho mucho para cambiarlo. Aún no ha visitado Jerusalén, a pesar de que uno de sus grandes discursos fue muy cerca, en El Cairo. Es un modo de marcar criterios.

3. Estados Unidos no puede con todo. A pesar de sus esfuerzos, Clinton no consiguió un acuerdo porque las partes no lo quisieron. La región sigue sin estar madura, sea por el motivo que sea. Por mucho plan que Obama presente hoy, como las otras veces, nadie lo seguirá. Tiene que haber más ganas.

Este es el panorama: Israel es un aliado sólido, pero menos que antes. ¿Qué ha cambiado el ataque a la flotilla? Probablemente nada. Públicamente Estados Unidos ha reaccionado sin ninguna crítica abierta a Israel.

Pero hay algo en el ambiente que no pinta bien para Israel. Además de las críticas de militares como Petraeus, Israel ha visto que Obama ha abierto la puerta a un trato distinto. Algunos israelíes razonables están preocupados, por ejemplo aquí, donde critican la estrechez de miras del gobierno israelí y aceptan que Obama discuta alguna de sus acciones. Pero avisan a Obama de que sus gestos para conseguir restaurar la imagen americana en el mundo musulmán pueden aislar aún más a Israel ansioso (lo que puede facilitar que sobrereaccione). Además, su vista gorda con dictaduras árabes no garantiza nada. Quizá ni saudíes ni iranís ni egipcios acepten al final nada de lo que Obama quiera. Sólo ganan tiempo.

Está claro, en suma, que algo ha cambiado. Ni Clinton ni Bush actuarían del mismo modo. Aunque los cambios de este calibre son lentos, la intención, parece, es marcar distancia con Israel.

Hasta ahora “la jodida superpotencia” sólo se quejaba de Israel a puerta cerrada. Ahora quizá deje que se entrevea que el apoyo no es granítico. Es una apuesta peligrosa y arriesgada, quizá por eso Obama la hace en cuentagotas y, como en otros ámbitos, parece que quiera jugar con todas las cartas. Si es así, le verán el plumero.

Como posdata, dejo aquí la mejor descripción rápida que he encontrado de cómo podría ser la paz. Es de Zbigniew Brzezinski, asesor del presidente Carter:  “(1) Ningún derecho de retorno a Israel para los palestinos. (2) Jerusalén oeste debe ser la capital de Israel y Jerusalén este, la de Palestina, y deben compartir de algún modo la ciudad vieja. (3) La definición de las fronteras entre los dos estados debe seguir las líneas de 1967, ajustadas en base a canjes. (4) El estado palestino estará esencialmente desmilitarizado con fuerzas de la OTAN o americanas”.

*

Estoy en Marruecos. Aún me aclimato. De momento, lo más sorprendente ha sido oír un piropo fino en un español redondo. Fue en el zoco de Marrakech. Delante mío iban tres chicas bajitas, con sombrero de paja y las manos en las cintas de las mochilas, cargadas en los dos hombros. No destacaban. Miraban atolondradas las paradas. Alguien les preguntó: “¿Catalanas?” Y ellas: “¡No, alicantinas!” Siguieron un poco, la última quedó rezagada. Se le cruzó un marroquí alto. La miró de arriba abajo con cara de deseo patente, se giró, y dijo: “Hola, Miss España, ¿qué tal?” El piropo fue sentido y de ejecución magistral. La chica no se dio por aludida. Pronto algo más sobre Marruecos.

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Comentarios 4 comentarios

Comentarios

  • 08.06.2010 Miguel

    Hola, y enhorabuea por el blog, interesante. Muy de acuerdo con Horrach en los comentarios del tema anterior, Turquía ahora trata de contarnos el cuento de su amistad (antigua) con Israel. Flipo.

    Discrepo con Petraus, salvo si se refiere a la opinión pública, no creo que nadie pueda suscribir que Israel sea la causa del islamismo.

    Un saludo.

  • 08.06.2010 Jordi Pérez Colomé

    Miguel,
    gracias por el comentario.
    Petraeus no dice que Israel sea la causa del islamismo, sino que sin paz en Oriente Medio los enemigos del ejército americano en países musulmanes tienen una excusa magnífica para reunir apoyo. No sólo las bandas terroristas, los gobiernos árabes usan también ese conflicto para hacerse fuertes. Lo he visto estos días en Marruecos con la flotilla. En suma, la falta de paz perjudica no sólo loos intereses americanos, sino pone en peligro la vida de sus soldados. Es importante.
    Saludos.

  • 08.06.2010 Horrach

    La cuestión de las ‘justificaciones’ y las ‘excusas’ es peliaguda, porque no podemos considerarlas como causas directas del conflicto (si acaso funcionan a posteriori para legitimar su posición). Aunque Israel ceda y llegue a un acuerdo con Fatah (que es la única organización con la que puede hablar), Hamas y el resto del fundamentalismo islámico no quedará contento nunca: pase lo que pase, para ellos Israel seguirá siendo “el pequeño Satán”. Una cosa es que Israel ponga más de su parte (que puede y debe hacerlo, aunque con el incompetente Bibi me parece muy complicado), y la otra decir que se pueda llegar a una paz que consiga apaciguar a los fundamentalistas.

    Por cierto, Jordi: ¿sabes si en Marruecos siguen existiendo calles con el nombre de Mohammed Al-Dura? Me refiero al niño palestino que murió al inicio de la 2ª Intifada y de cuya muerte se acusó (falsamente, como más tarde se demostró) a Israel. Muchos países árabes bautizaron calles con el nombre del chaval, y Marruecos recuerdo que estaba entre ellos.

  • 09.06.2010 Jordi Pérez Colomé

    Horrach,
    cada vez me lo pones más difícil. De momento, me he ocupado de los cristianos expulsados. A ver lo que puedo averiguar.
    Gracias.

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