El objetivo principal de Estados Unidos en Afganistán era que dejara de ser un refugio para Al Qaeda. Parece que lo han conseguido. Siguen en guerra por otros tres motivos: para evitar que lo vuelva a ser, para que no haya una guerra civil cuando se vayan y para que los logros democráticos y sociales -elecciones, dos millones de niñas en el cole- no desaparezcan. Va a ser difÃcil.
La semana pasada el presidente afgano, Hamid Karzai, celebró una loya jirga o jirga de la paz para que 1.600 delegados de todo el paÃs aceptaran un plan de paz que establece vÃas para que dejen las armas los soldados talibanes -o “los hermanos enfadados”, como les llama el plan- que quieran.
El punto central del plan es pagar a los talibanes para que dejen de serlo. Para que no parezca un soborno, el gobierno ha dicho que el dinero revertirá en beneficio de toda la comunidad. Primero, sin embargo, deberán renunciar a la violencia con esta fórmula: “No volveré a la insurgencia. Viviré una vida pacÃfica y apoyaré a mi gobierno todo lo que me sea posible. Si intento volver a la insurgencia, este proceso se volverá en mi contra y todos los presentes en esta sala serán responsables”. Los “presentes” son los miembros de la shura local -ancianos, jefes y lÃderes religiosos; una especie de gobierno regional- a los que el gobierno devolverán devolverán los talibanes. (Para las mil diferencias entre jirga y shura, aquà en pdf todos los detalles.)
El plan prevé la revisión de casos de talibanes encarcelados y su amnistÃa. Una vez libres, además de dinero, el gobierno ofrecerá trabajo o formación. La diferencia entre dinero y trabajo es importante: en esta encuesta (pdf) entre afganos de dos provincias donde los talibanes dominan, la población cree que por dinero no lo dejarÃan, pero por un trabajo sÃ.
El gobierno dará un carné biométrico a los que abandonen para que sólo puedan dejarlo una vez. Este es de hecho uno de los problemas del plan: es difÃcil certificar quién ha sido talibán y quién no y luego controlarlo. Más de uno puede intentar hacérselo pasar para conseguir el botÃn. En intentos anteriores ya ha sido asÃ.
Los otros problemas para que funciones el plan son estos:
1. La cabeza peligra. Si un joven deja los talibanes -los traiciona- sabe que intentarán cortarle la cabeza. El gobierno dice que le protegerá, lo que es dudoso, pero ¿qué pasará si en un año los talibanes vuelven al poder? ¿O si el gobierno pierde el control de la provincia donde vive el “traidor”?
2. La violencia gana. Con esta propuesta, los afganos ven que se premia a los violentos. La gente pacÃfica sufre las consecuencias del conflicto y no disfruta de los escasos beneficios. Hay otro grupo de afganos a los que les hará poca gracias esta oferta: los no pastunes. Los talibanes son pastunes, la etnia más grande de Afganistán, más o menos un 42 por ciento. Los señores de la guerra que hace años que se enfrentan a los talibanes pueden lamentar cómo se hace un esfuerzo para recompensar al enemigo.
3. Los talibanes no son sólo mercenarios. El vicepresidente americano, Joe Biden, cree que el 70 por ciento de los talibanes lo son por un sueldo. Es mucho decir. Nadie lo sabe con certeza. En la encuesta que he enlazado se ve que, a pesar de que el dinero es un incentivo, los afganos creen que las razones más importantes para unirse a los talibanes son, por este orden, el dinero o un trabajo, la jihad, el prestigio social y la obligación de serlo. Por otro lado, los 160 millones de dólares que ha reunido Karzai los repartirán funcionarios designados, no elegidos. No es seguro que todo el dinero llegue a su destino.
4. Los jefes seguirán libres. A Estados Unidos le costará mucho negociar con terroristas que han sido aliados directos de Al Qaeda. Ha habido contactos y se sabe que el mulá Omar se ha distanciado de Al Qaeda; su objetivo es Kabul, no la jihad mundial. Pero Estados Unidos quiere negociar desde una posición de fuerza. De momento no la tiene. Los talibanes han dicho a propósito de esta jirga que no se sentarán hasta que los extranjeros abandonen el paÃs. Entonces dominarÃan ellos la situación.
Estos son los problemas de este plan, que es sólo una parte de la estrategia americana en Afganistán, por la que apuesta sobre todo el presidente Karzai. Pero Estados Unidos tiene en marcha otros tres grandes planes: las operaciones militares, el entrenamiento de las fuerzas de seguridad afganas y la construcción de un gobierno estable que se haga cargo del paÃs. Ninguna de las tres va bien.
La OTAN prevé un ataque al centro talibán -la provincia de Kandahar- este verano. En febrero hubo una ofensiva menor en Marjah, en la provincia de Helmand. El general aliado Stanley McChrystal ha llamado esa operación “una úlcera sangrante”. Ni el gobierno ni el ejército son capaces de garantizar la seguridad. Varias personas que los talibanes suponÃan que habÃan colaborado con los americanos han sido degolladas. Hay miles de refugiados.
Si esta operación es un ejemplo para Kandahar, el desastre será notable. Los subalternos de McChrystal en Marjah le han pedido tiempo. No lo tienen. Su jefe -el presidente Obama- tiene ganas de oÃr buenas noticias de Afganistán tras conceder el aumento de tropas en otoño. No las va a oÃr porque no las hay. El retiro de las tropas deberÃa empezar en julio de 2011.
El gobierno y las fuerzas de seguridad afganas tampoco son fiables. En las elecciones del final del verano hubo pucherazo y mucho dinero que llega se pierde por el camino. La jirga ha pedido expresamente que las tropas de la OTAN no abandonen el paÃs hasta que haya paz. Sin ellos, lo tienen crudo.
La situación es muy complicada. Todos las tácticas americanas -jirgas, shuras y los planes afgano y americanos- se encuentran con problemas graves. La esperanza era repetir en Afganistán el éxito de Irak. Pero en Irak sus “talibanes” -los sunÃes, que dominaban el paÃs con Sadam- cesaron la violencia al tiempo que llegaron más tropas americanas. Además, Irak es un paÃs mejor preparado, por tradición y recursos, para hacer funcionar una democracia. Afganistán hace 31 años que está más o menos en guerra; la esperanza de vida es de 44 años.
Algunos de los objetivos de Obama en Afganistán se quedarán sin cumplir. Si tuviera que apostar por algo dirÃa que Estados Unidos mantendrá las bases necesarias en la frontera entre Afganistán y Pakistán para que Al Qaeda no monte campos de entrenamiento. Lo que pase en Kabul, les traerá sin cuidado.
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Sigo en Marruecos. Mañana voy a Casablanca. Ya me he enterado de más cosas, además de piropos. Contaré algunas sobre árabes y judÃos en el próximo post.

Un comentario




Un gran análisis.