ObamaWORLD

Miércoles 16 de junio de 2010

La vida difícil de las mujeres marroquíes y las dudas con el burka

Los bares en Marruecos tienen dos rasgos fijos: sólo hay hombres y nadie bebe alcohol. El alcohol es porque el islam lo prohíbe. Puede encontrarse alcohol y hay bares que lo sirven, pero casi nadie lo bebe en público. En Marruecos se consume mucho té, café y refrescos.

El trato a las mujeres es más grave. Fui en bus de Essaouira a Casablanca. Son unas seis horas por campos. Me aburría con el paisaje amarillo y me dediqué a contar durante media hora cuántos hombres y mujeres veía desde la ventanilla. Ganaron los hombres 291 a 43. Más de seis hombres por cada mujer. Todas las mujeres que vi iban con velo -la inmensa mayoría con hiyab, el que cubre pelo y cuello-, estaban lejos del centro de los pueblos y a menudo acompañadas por niños. Los hombres en cambio dominaban en las calles y tiendas de los pueblos, desde el mecánico al bar.

En todos mis días en Marruecos traté sólo con tres mujeres para comprar algo: una me cobró en un restaurante, otra era la camarera de un bar y otra me vendió un billete de tren. A la camarera del bar, enfrente de la estación de autobuses de Essaouira, en cinco minutos que estuve allí, se le escaparon de la terraza dos hombres sin pagar. Los persiguió sin gritar y los hombres pagaron sin inmutarse. Al volver, me dijo: “Los marroquíes son todos unos ladrones”, pero yo dudo: ¿la tenían por menos por mujer y no llevar velo?

El velo en Marruecos es seguridad, protección. Una mujer que lo lleva es más respetada. Los hombres acosan -piropean, se acercan, siguen- sólo a mujeres que no lo llevan. Es un problema serio. No es difícil de ver por la calle. Hay una ong que intenta cambiar esta mentalidad. Se llama Touche pas à ma fille (No toques a mi chica). En un reportaje en la revista Actuel -donde dicen que un tercio de las mujeres ha sufrido algún acoso-, una de las fundadoras del movimiento, Zineb El Rhazoui, dice: “Es verdaderamente el problema número uno de la mujer. Nada puede justificarlo. Una mujer tiene el derecho de vestirse como quiera y de moverse libremente”. Por temor al acoso, las mujeres tienden a quedarse en casa o ponerse el velo al salir. El hombre puede pensar que la que a sabiendas no se lo pone está más predispuesta al trato con desconocidos.

Cuando le he dicho esto a un hombre, ha tendido a decirme que en las grandes ciudades es distinto. En realidad, es sólo un poco distinto. Hay más mujeres sin velo -no muchas más-, pero también hay más acoso. Una mujer -la única con la que hablé abiertamente de esto- me dijo: “En Marruecos los hombres prefieren que las mujeres se queden en casa”. Esta chica lleva sólo un pañuelo que le cubre el pelo y busca marido. Ella cuando liga, sólo habla. No hace nada más. Si cuando habla con un chico se entienden, en seguida deben llegar la presentación familiar y las promesas de matrimonio. Se quedan solos en casa cuando se han casado.

La mayoría de los chicos con los que hablará esta chica le exigirán que cuando se case deje el trabajo y se quede en casa. En casa, además, de sus suegros: “Es como si la familia del marido contratara una chacha”. Su obligación sería principalmente llevar la casa, a las órdenes de la mamá del marido. Si se niega, el marido puede repudiarla. El objetivo de esta chica es por tanto encontrar un hombre avanzado y rico para que no la lleve con la suegra y puedan alquilar un piso juntos. Lo tiene difícil.

Lo normal es lo contrario, como dice El Rhazoui: “El inconsciente colectivo masculino en Marruecos no tolera a la mujer en el espacio público. De hecho se llama chica virtuosa a la chica que se queda en casa”. Las mujeres que no admiten esa situación son uno de los grandes grupos que exige más libertad en Marruecos, también en otros países árabes, como cuentan en este libro.

¿Qué papel juega el burka en todo esto? En Marruecos no hay burkas, pero sí se ven bastantes niqabs, los velos que tapan todo el cuerpo menos los ojos. No es un símbolo específicamente religioso. El Corán pide vestir con decoro, no esconderse. El velo total no es una muestra de piedad religiosa, es una costumbre. Hay también quien utiliza el velo total para demostrar su religiosidad exacerbada. Pero no por eso es mejor musulmán.

En Europa, algunos países quieren prohibir estos dos velos totales. En España, algunas ciudades han empezado a hacerlo, entre ellas Barcelona, que lo limitará en sus espacios municipales. Siempre se dan razones similares: la seguridad, el límite a la represión de la mujer y la idea europea de secularidad.

La primera es la más clara: es lógico que en un colegio, en un juicio o en una comisaría no puede esconderse la cara; detrás del velo puede haber otra persona (en la última Loya Jirga de Afganistán tres hombres intentaron atentar vestidos con una burka; no es nuevo). De ahí a prohibirlo en todos los ámbitos, hay un paso. La secularidad recibe otras afrentas públicas, por ejemplo con los trajes de otras religiones; además en este caso no queda directamente afectada, esos velos no son un signo específicamente religioso. En cuanto a la represión, hay que valorarlo. Es cierto que vestirse así es una afrenta a la dignidad y que viola nuestra tradición. Pero sin burka o niqab esas mujeres saldrán menos de casa. Eso también viola nuestra tradición.

No estoy convencido de que haya que prohibirlo a rajatabla. Estas cosas es mejor que caigan por su propio peso. Prefiero la paciencia a la ley. Las soluciones así son más sólidas.

*

Mientras escribo esto, el presidente Obama está a punto de hablar del escape de petróleo desde el Despacho Oval. Será su primer discurso desde esa oficina, que da tanta gravedad al acto. El escape de petróleo se ha convertido en la preocupación nacional. Es un asunto con  detalles interesantes. Serán para el próximo post.

*

He abierto una página de Obamaworld en Facebook, por si alguien quiere seguir este blog por allí. En la columna de la derecha está el botón.

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Comentarios 9 comentarios

Comentarios

  • 16.06.2010 Horrach

    Sólo dos precisiones a tu texto (un documento de peso, muy bueno).

    “Pero sin burka o niqab esas mujeres saldrán menos de casa”.

    Desde luego, si se prohibieran en Marruecos las mujeres no pisarían la calle, pero es en Europa donde se están comenzando a prohibir, y aquí no creo que las mujeres que no utilicen esas prendas se vean sometidas al acoso tan brutal que describes (más que nada porque el occidental que ve a una mujer-sin-pañuelo no le da la carga significativa del musulmán, que la percibe como una chica que está “más predispuesta al trato con desconocidos”). Por tanto, desaparece el problema.

    “No estoy convencido de que haya que prohibirlo a rajatabla. Estas cosas es mejor que caigan por su propio peso. Prefiero la paciencia a la ley. Las soluciones así son más sólidas”.

    Volvemos a la cuestión de tu último artículo, un cierto optimismo antropológico al que en ocasiones le puede fallar la base, porque es difícil que estas cosas “caigan por su propio peso” cuando la tradición que las legitima no está en vías de transformación alguna (como evidencia tu artículo. Marruecos es más avanzado que Arabia Saudí, pero la situación de la mujer sigue estando muy alejada de los patrones europeos). No se percibe ninguna autocrítica en este sentido. La única esperanza de que las cosas vayan cambiando por sí mismas tiene un sentido externo a la cultura islámica, producida por la influencia que costumbres occidentales provoquen en la sociedad marroquí (y parece que estas influencias son muy limitadas) o directamente a la convivencia de musulmanes en sociedades europeas. Visto de esta manera, parece claro que prohibir burkas y niqabs en espacios públicos reforzaría socialmente el papel de la mujer musulmana en las sociedades occidentales, así que sería una medida recomendable.

  • 16.06.2010 Jordi Pérez Colomé

    Horrach,
    1. Es cierto, pero el problema no es sólo la sociedad que hay fuera de casa, sino su familia -marido, padres- que se lo pueden impedir. El problema del burka está a menudo dentro de casa.
    2. En el libro que enlazo arriba cuentan el avance progresivo de las mujeres musulmanas. Ven la tele, ven las extranjeras por la calle, ven sus compatriotas que trabajan. Sí que “se percibe alguna autocrítica en este sentido”. Los marroquíes avanzados saben mucho mejor que nosotros cuáles pueden ser los caminos hacia el progreso. Conocen su sociedad como nadie. No creo que tenga tanta infuencia lo que nosotros hagamos con los velos. Y menos con prohibiciones. Nuestro ejemplo debe ir por otro lado.

  • 16.06.2010 JM Guardia

    Vamos a hacer un ejercicio mental. Imaginemos que vivimos en el Mississippi de los años 50. ¿Defenderíamos que existiesen zonas para negros y para blancos en los autobuses porque “si no las hay, los negros no podrían desplazarse en transporte público y sería peor”?

    ¿Creeríamos que es buena idea que haya restaurantes segregados porque, como los negros no pueden ir a los restaurantes de los blancos, si no se permitiera crear otros sólo para negros éstos no podrían salir a comer fuera “y sería peor”?

    Viajemos un poco más atras con la imaginación, concretamente a mediados del siglo XIX. ¿Opinaríamos que no es mala idea que los negros lleven cadenas “porque si no se quedarían en sus chozas y sería peor”?

    Pues eso.

  • 16.06.2010 Jordi Pérez Colomé

    José Miguel,
    no es exactamente lo mismo. El ejemplo serviría si ocurriera eso con todos los musulmanes -que podríamos equiparar a negros porque no pueden dejar de serlo. La hija de una familia cuya madre lleva burka puede dejar de llevarla, pero seguro que no va a dejar de ser musulmana.
    La sociedad sin segregar ya la tenemos. Ahora tenemos que decidir que hacemos con un porcentaje ridículo de negros que quieren vivir segregados aunque nosotros les demos todas las facilidades para no hacerlo. ¿Hay que prohibirles que insistan en querer seguir siendo sólo negros? Quizá sí, pero no estoy convencido. No sé si hay que dar tanta importancia a este asunto, que depende de tantos factores.

  • 16.06.2010 Manuela

    hola Jordi, muy interesante tu reflexión, y lo que más me gusta de ella es que no tiene conclusión tajante y a rajatabla, porque tú tampoco sabes qué será mejor para unos y para otros, como en realidad nadie lo sabe. Me fastidia mucho que ahora el PP quiere aprovechar los votos de la derecha más radical y por eso está promoviendo la prohibición de burkas y niqabs que, por mucho que me esfuerzo, no veo ni rastro de ellos en Barcelona.

    Estoy de acuerdo, por razones sobretodo de seguridad, en que se prohiban en espacios como juzgados, o ayuntamientos, o aeropuertos si me apuras, porque afecta a la seguridad de todos que podamos ver la cara e identificar a la persona que tenemos delante y no se pueda hacer pasar por otra. Tengo una compañera trabajando en la embajada española de Abu Dhabi y me contaba cómo las señoras ricas de EAU tratan de hacerse la foto para la visa -o lo que sea que necesitan para viajar a España- con el niqab puesto, vamos que no se les ven ni las orejas, y la Embajada se las ve y se las desea para convencer a sus maridos de que así no pueden viajar…

    Dicho esto, creo que prohibirlo en cualquier lugar público lo que puede conseguir es que se radicalicen dos bandos, uno el nuestro, occidentales modernos e igualitarios, y otro el suyo, que ahora ‘por narices’ hasta ellas querrán llevar el niqab para autoafirmarse como musulmanas. Y más de un listo tratará de convencerlas de que estamos intentando borrar su identidad. No sé, yo creo que cuanta más educación para esas niñas hijas suyas que van al colegio con nuestros hijos, cuanta más integración, cuanta más ‘educación para la ciudadanía’ igual para todos, pues estaremos creando redes de entendimiento para todos. Y cuantas más leyes de prohibición, más mujeres que se quedarán en casa porque, como bien dices, sus maridos no las dejarán ni asomar la cabeza. Y a ver cómo nos enteramos de eso. Prefiero que salgan tapadas y puedan acudir a charlas, ir a bares, ver lo que es la vida, incluso estudiar o trabajar, y darse cuenta de lo que hay por ahí y a lo que no quieren renunciar, aprender el idioma, relacionarse… y si no las dejan salir…

    felicidades por el blog, ya tienes otra seguidora…
    http://www.manuelassecret.blogspot.com

  • 16.06.2010 JM Guardia

    “La hija de una familia cuya madre lleva burka puede dejar de llevarla, pero seguro que no va a dejar de ser musulmana.”

    Cierto, puede dejar de llevar burka. Posiblemente porque sea irrelevante si lo llleva o no. Estará muerta por atreverse a hacerlo. Tal es esa libertad que comentas.

    Es verdad que existe la posibilidad teórica de que una mujer que vive en un entorno “burquizado” no lleve burka. También es verdad que en la práctica es casi inaudito.

  • 16.06.2010 Jordi Pérez Colomé

    Manuela,
    gracias por el comentario. La radicalización de los dos bandos es interesante. Es uno de los motivos por los que merece la pena, quizá, no legislar. Gracias por el link al blog. Me ha gustado.

    José Miguel,
    es verdad que si una mujer se quita el burka de un día para otro pone en riesgo su vida. Por eso no saldrá de casa si lo prohibimos. El objetivo debe ser que la nieta de esa mujer no se lo ponga porque la abuela, de aquí a 40 años, la defienda y crea que la niña vivirá mejor sin. Ni con prohibición ni sin será un asunto que se solucione en seguida. Al contrario, tardará años. Y menos aún en los países musulmanes, que es donde de verdad es importante que cambie.

  • 16.06.2010 Horrach

    “Y cuantas más leyes de prohibición, más mujeres que se quedarán en casa porque, como bien dices, sus maridos no las dejarán ni asomar la cabeza”.

    Manuela, para eso también hay solución: que se les aplique a esos maridos la ley de violencia doméstica. Sin concesiones multiculturalistas. Sería poco democrático aceptar que, si ellas dan un paso para liberarse de coerciones culturales, sus maridos (o sus padres y hermanos) las puedan encerrar en casa como castigo. Volvamos a lo que dice JM Guardia: hagamos otro ejercicio mental e imaginémonos que es un españolazo el que le prohíbe a su mujer salir de casa porque le asoma el tanga por encima de los vaqueros…

    Sobre lo de ‘los dos bandos’, no estoy de acuerdo en la equidistancia que este calificativo destila. Porque no podemos poner al mismo nivel a aquellos que defienden el burka como un elemento de coerción y diferenciación, y a los que defienden una igualdad efectiva entre hombres y mujeres. Son dos bandos, sí, pero su grado y tipo de radicalización están en las Antípodas.

  • 17.06.2010 Anonymous

    En Tanger y rabat donde he estado yo diria que menos del 30% son las mujeres que llevan velo.

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