ObamaWORLD

viernes 18 de junio de 2010

Qué ha pasado con el petróleo en el Golfo de México y de quién es la culpa

La noche del martes 20 de abril hay una explosión en la plataforma petrolífera Deepwater Horizon en el Golfo de México, a unos ochenta kilómetros de la costa de Luisiana. Había 126 personas; mueren 11. Las primeras informaciones no citan a BP. Dicen que la propietaria de la instalación es Transocean, subcontratada por la petrolera. BP pagaba cerca de 400 mil dólares diarios de alquiler por una plataforma que había costado casi 500 mil millones de euros.

La Deepwater Horizon -con cine y bolera dentro- había establecido en 2009 una nueva marca de perforación: había llegado a casi diez kilómetros bajo tierra, además de los dos kilómetros y medio de agua sobre los que estaba construida. La plataforma es la prueba de que cada vez se busca petróleo más lejos de la costa, en lugares más difíciles.

Las primeras informaciones coinciden: estas explosiones son raras. El primer día nadie habla de escape de petróleo. Todos se centran en los muertos y supervivientes. El segundo día se hunde la plataforma y el escape coge protagonismo.


El objetivo principal: el agujero

Había dos objetivos básicos -que aún hoy son los mismos. Uno, tapar el agujero. Dos, detener el petróleo y recogerlo. De lo primero se encarga BP. Ya todos parecen resignados a no frenar la salida hasta agosto, cuando se haya podido perforar un pozo lateral por el que se puede poner barro -más denso que el petróleo- para frenar la salida y luego cemento. Hoy parece que la construcción puede adelantarse unas semanas. Pero ya no hay otra solución.


Las dudas con la mancha

Tras la explosión, había que averiguar cuánto petróleo salía del agujero. BP dijo el primer día que el petróleo que había en el mar eran sólo reservas que habían salido de la plataforma hundida. La Casa Blanca frenó entonces las prisas iniciales. El primer fin de semana los Obama fueron incluso a Carolina del Norte a pasear y jugar al golf.

Pero el petróleo seguía saliendo. En privado, las estimaciones crecían. Fue el 28 de abril cuando se supo que definitivamente el petróleo salía sin parar por varios sitios. Se hablaba de mil barriles diarios, según BP. El gobierno los elevó a cinco mil, cifra que fue oficial durante días. Pero las manchas crecían. Hoy las estimaciones son de 60 mil o más. Hasta hace unos días no se ha sabido la verdadera magnitud de la catástrofe.

La labor de contención del petróleo es enormemente difícil. Como cuentan aquí con detalle, el gobierno reaccionó rápido, pero el tamaño del escape hizo que fallaran las iniciativas. Ha habido sobre todo cuatro modos de frenar el petróleo: recogerlo con barcos especiales; disolverlo con dispersantes químicos, que afectan también a la vida marina; detenerlo con barreras flotantes en la costa, que luego resulta que hay de varios tipos y había quien no sabía colocarlas, y con muros de arena cerca de la costa. Los medios se siguen poniendo. Su éxito no se sabrá en días. Tanto BP como el gobierno han reconocido que sus planes no preveían una catástrofe así.


¿De quién es la responsabilidad?

1. Del gobierno. La administración confiaba en que la tecnología impidiera que ocurriera un escape de esta envergadura. Había datos que confirmaban la progresión en las últimas décadas al limitar los escapes. Durante años se hizo la vista gorda con la regulación. De hecho, ha tenido que suceder un accidente para que se viera el vacío legal en que las compañías operaban. La responsabilidad determinante es del gobierno anterior. En sus ocho años facilitó la labor de las compañías.

El caso más flagrante son los textos de seguridad. Para perforar, las empresas debían dar al gobierno un informe con sus soluciones ante un escape. En el texto de 500 páginas de la Deepwater se hablaba de proteger a las morsas. Pero como dijo el congresista Edward Markey, “hace 3 millones de años que las morsas no viven en el golfo”. Los informes eran recorte y pega hechos por una misma empresa de Texas para varias compañías. Daba igual que el pozo estuviera en el Ártico -donde sí hay morsas- que en Florida, donde no. Las soluciones por otro lado las debía aportar un biólogo marino que había muerto cinco años antes. En suma, el permiso que las petroleras necesitaban para trabajar no era estricto.

El gobierno Obama hacía más de un año que estaba al corriente de estos agujeros legales. No hizo nada para evitarlos y permitió igualmente las perforaciones en alta mar. También son responsables. El presidente lo sabe. En el discurso del martes desde el Despacho Oval, Obama dijo: “Hace unos meses, aprobé una propuesta para considerar nuevas y limitadas perforaciones en alta mar bajo la garantía de que sería completamente seguro -de que la tecnología adecuada estaría en su lugar y de que se tomarían las precauciones necesarias. No ha sido el caso con la plataforma Deepwater Horizon, y quiero saber por qué”. Habrá alguien en el gobierno que deberá dar muchas explicaciones. De momento han cambiado al director del Minerals Management Services, organismo público que se encargaba de conceder los permisos, y van a reestructurarlo todo. Llega tarde.

2. De BP. “Nosotros no hubiéramos perforado en el modo en que lo hicieron ellos”, ha dicho el jefe de la petrolera Exxon Mobil. Ahora es fácil distanciarse, pero BP es conocida en el mundo por sus esfuerzos para ajustar precios a las empresas que subcontrata. Esta es de hecho una de las características que hace única a BP: su maquinaria e instalaciones suelen ser subcontratadas. Hace unos meses, la secretaria de Trabajo americana, Hilda Solis, había impuesto una multa de 87 millones de dólares a BP por seguir sin cumplir las normas de seguridad para los trabajadores en una plataforma en Texas donde en 2005 ya murieron 15 personas. BP ha estado implicada en la mayoría de grandes accidentes recientes. (Este enlace a Rolling Stone es quizá el mejor resumen que he encontrado de estas semanas de escape; es muy largo, pero está casi todo.)


Las consecuencias

Esta desgracia va a tener al menos tres consecuencias para los protagonistas principales:

1. BP va a pagar. El gobierno le ha obligado a poner en un fondo 20 mil millones de dólares para compensar a todas las personas afectadas por el escape en el Golfo: pescadores, hoteleros, restauradores. Las denuncias aún no se han tramitado, pero el dinero ya está a punto.

2. Las petroleras van a parar. El gobierno de Obama ha decretado una moratoria en las nuevas perforaciones en alta mar. El desastre de BP lo van a pagar también las otras, que ahora tendrán también obviamente una regulación de seguridad más severa.

3. El petróleo pierde argumentos. Obama quería pasar una ley de energía y clima que promoviera el paso en Estados Unidos hacia una confianza menor en el petróleo -con algún tipo de control sobre las emisiones- y la promoción de la energía verde. Para conseguir los votos en el senado, había permitido que siguieran las perforaciones en alta mar. Era algo así como el gobierno deja trabajar a las petroleras a cambio de que sus partidarios en el senado voten a favor de una ley que impulse el cambio del modelo de energía. Ahora eso hará menos falta. No hay ninguna garantía de que la ley pase, pero los senadores que apuesten por el petróleo deberán callarse. Y más cuando se sepa que en otras partes del mundo, los escapes son constantes y peores.

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