ObamaWORLD

lunes 28 de junio de 2010

Cómo funciona el ‘off the record’ y por qué en España apenas hay

El off the record es lo que un periodista sabe de una fuente y no puede publicar. Esta semana se ha hablado mucho en Estados Unidos de eso por el reportaje que ha acabado con la carrera del general Stanley McChrystal. Miembros del equipo de asesores del militar dicen ahora que el periodista, Michael Hastings, usó citas de situaciones que eran off the record. Hastings dice que no. El caso más evidente es una fiesta en París que aparece al principio del texto. Según dice aquí un asesor de McChrystal, “los miembros del equipo se lo dejaron muy claro a Michael: ‘Esto es privado. Estos tipos no ven muy a menudo a sus mujeres. Si te quedas, tienes que entender que es off the record’“. Rolling Stone dice en cambio que eso “es completamente falso”.

El uso del off the record es un acuerdo tácito entre el periodista y sus fuentes. En este breve texto queda claro: el mejor modo de asegurar el uso limpio de una frase es preguntar al protagonista si permite la publicación. Eso, sin embargo, puede eliminar una buena frase que se ha dicho en un contexto público o donde el interesado sabe a ciencia cierta que hay un periodista cerca. En esos casos, quizá preguntar no sería necesario, aunque sí conveniente. Es espinoso.

Se ha dicho también que Hastings se sintió más libre de usar lo que le convenía porque es free-lance y por tanto poco probable que vuelva a necesitar esas fuentes. Si hubiera sido el corresponsal militar de una gran cadena o periódico, no hubiera publicado algo así. Después de eso, difícilmente hubiera podido acudir a un militar.

Cada periodista gestiona el off the record como puede, aunque los márgenes son estrechos. En un artículo que ha circulado bastante, David Brooks critica que si los periodistas se dedican a contar citas privadas, la gente en el poder cada vez hablará menos libremente. Serán más opacos. Hay quien da el argumento contrario: lo mejor es la transparencia absoluta, que se sepa todo siempre. Lo que es absurdo, una fuente quemada no hablará más con calma. La solución es una delicada vía del medio. El periodista debe conocer los límites pero debe procurar no autocensurarse.

No sé si Hastings fue escrupuloso. Quizá se sepan más cosas en los próximos días. Aunque es probable que no, pero si yo fuera ciudadano americano estaría satisfecho de haber podido leer un texto así, no sólo por las citas jugosas sino por la magnífica explicación de la situación afgana. El general de hecho tiene pocas excusas. Por dos motivos: uno, fue él quien le dio acceso al periodista y por tanto le iba bien que alguien contara lo que hacía y cómo, y dos, es incomprensible que dijera sin temores todo lo que dijo. En este caso su mérito es no haber negado nada: el modo en que asumió su responsabilidad habla a su favor.

El off the record sirve a menudo para dar contexto a los periodistas: “Te cuento esto para que lo sepas, pero no lo saques”, te dicen. El periodista conoce así mejor el trasfondo de la historia que cubre, pero no lo publica. Aunques a veces sí que lo hace, con el recurso cobarde de asignarlo a “fuentes del partido” o “fuentes cercanas”. Algunos periódicos prohíben -o deberían prohibirlo- este uso porque es un modo para conseguir colar algo en una información sin que quien lo dice deba asumirlo. Por ejemplo, un partidario del candidato A puede decir que el candidato B ha hecho algo malo, pero pide al periodista que no ponga que lo ha dicho él. Si el periodista no puede comprobarlo y lo publica, da aire de verdad a una probable mentira.

Cuanto más pienso y escribo sobre este asunto, más lamento el poco interés que hay en España por el off the record. En España ni tan siquiera se debate. Pero lo hay, como en todas partes. De hecho, casi todo es off the record menos las ruedas de prensa, los actos y comunicados, y las palabras que se cuelan por un micro encendido. Pero los lectores no llegan a enterarse de nada de eso. Cuando alguien tiene interés en que salga algo, es muy fácil que se convierta en noticia. Pero el periodismo es algo más, con off the record o sin. El mérito de un redactor es contar algo que nadie tiene un interés específico en que se sepa: contar lo que pasa.

En España también hay menos peligro del uso dudoso del off the record porque no se hacen piezas trabajadas como la de Hastings. Ayer El País sacaba algo que quería tener un parecido remoto, aunque parecía más una entrevista elaborada. El escritor Juan José Millás hacía un perfil del ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. Le había seguido dos días mientras hacía su trabajo. La diferencia con la pieza de Hastings es sideral. Hastings dedicó semanas al asunto y procuró explicar qué va mal en la guerra de Afganistán. Millás dedicó dos días al ministro y nos quedamos sin saber si el Ministerio del Interior hace bien su labor. Más bien al contrario: el retrato de Rubalcaba es un elogio permanente. Lo que provoca que, sin casi malicia, los lectores podamos preguntarnos cosas así. Por muy bien escrito que esté el artículo, es publicidad.

Además, Millás escribe misteriosamente: “No digo que no haya visto cosas interesantísimas, dignas de un reportaje que quizá un día escriba”. Será el off the record. Ese es el reportaje bueno, el que no ha escrito.

*

Una curiosidad. Esta semana ha habido también dos polémicas en Estados Unidos porque han descubierto que los periodistas tenemos opiniones y las decimos, aunque sean en privado. El bloguer del Washington Post Dave Weigel formaba parte de una lista de correo de periodistas progres que intercambian mensajes. Había unos cuatrocientos. En algunos mensajes, Weigel criticaba a personajes del mundo conservador americano. Algún miembro del grupo los ha hecho llegar a un par de webs y los han publicado.En el Post Weigel se encargaba sobre todo de cubrir a los conservadores. Ahora lo han despedido porque con esas opiniones no puede ocuparse imparcialmente de su objetivo.

En otra anécdota menos destacada, un micrófono encendido ha recogido la opinión de algunos periodistas sobre Sarah Palin. Se la toman a cachondeo.

Las dos historias demuestran algo evidente: los periodistas no somos personas aparte. Tenemos opiniones. Eso no quiere decir que no podamos hacer bien nuestro trabajo. Es absurdo. Lo conté aquí hace poco.

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Comentarios 7 comentarios

Comentarios

  • 28.06.2010 Paul

    Interesante debate el que planteas. Yo voy a dar mi punto de vista desde el otro lado. Suelo tener muchas conversaciones con periodistas y utilizo bastante el “off the record”. Lo uso para contextualizar mis análisis de la situación y así lo subrayo, añadiendo que no utilicen jamás esa información para publicarla. Es bien sencillo. Si alguna vez el periodista lo hace, volveré a hablar con él pero no le daré otra vez información de ese tipo.

    Hasta ahora me ha funcionado bastante bien. Por supuesto, sólo lo hago con periodistas a los que conozco y con los que tengo confianza.

  • 28.06.2010 Jordi Pérez Colomé

    Una actitud exquisita. Gracias por la experiencia desde el otro lado.

  • 28.06.2010 Laureà

    El problema que tienen algunas fuentes en España no es explicitar que algo que te cuentan es off the record, sino lo contrario. Si te pones en contacto con alguien identificándote como periodista y en ningún momento te solicitan el off the record ¿cómo puede ese alguien sorprenderse de que publiques todo lo que te ha contado, sea delicado o no? Pues más de uno se sorprende primero y se enfada después, diciéndote que tuvo contigo “una conversación informal que no era una entrevista” y que “no has respetado el off the record”. No solamente hay poco interés como dices por el off the record: es que muchas fuentes ni saben lo que es.

  • 29.06.2010 pobrecitahabladora

    Es que los periodistas a veces tenemos muy mala uva: estás haciendo una entrevista por teléfono, grabada, la fuente “se calienta” y dice un par de comentarios subidos de tono. Y vamos y lo publicamos “porque está grabado”. Eso se suponía que era un off the record.

  • 29.06.2010 Manuel

    Muy buen blog.

    Otra cuestión puede ser el juego con el off the record de la otra parte, no sólo del periodista.

    Un saludo y sigue así Jordi.

  • 30.06.2010 Laura

    Muy interesante el debate que planteas. Creo que, como escribes, cada uno gestiona el off the record dependiendo del caso. Yo siempre lo respeto si mi fuente me ha dicho claramente que lo es, pero he tenido algún caso como el que refiere Laurea, en el que el entrevistado cuenta de todo y luego alude a una “conversación informal”. También siempre me identifico como periodista. Quienes recurren a otras técnicas tienen que asumir los riesgos que ello conlleva y pisan líneas de muy difícil seguimiento. Saludos.

  • 13.03.2015 Agostina

    En Argentina el Off the record es moneda común. Sobre todo cuando se trata de declaraciones oficiales, policiales, de juzgados, etc. Es común tambièn que acá, los fotógrafos se lleven la información off the record más jugosa y se encarguen de comunicar a su medio por dónde investigar.
    Para mi, el off the record es un dolor de cabeza. Nunca se sabe dónde está el límite y cuando uno no quiere dejar la ètica de lado, se complica.
    De todos modos el periodismo de hoy ya no tiene lo que tenía el de antes. Y quien accede a dar un off the record está siendo muy arriesgado. La información siempre se filtra. El gran hermano te vigila.

    Me encantó la nota. Saludos desde Argentina 🙂

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