ObamaWORLD

miércoles 30 de junio de 2010

Qué demonios hace un grupo de espías rusos en Estados Unidos a estas alturas

El FBI ha detenido a diez rusos. Les acusa de conspiración por actuar como agentes de otro país sin declararlo. A todos menos a dos, además, les acusa de blanqueo de dinero. Hacía al menos una década que les vigilaban.

La demanda que ha enviado al juzgado la agente del FBI Maria L. Ricci es fascinante. Es la historia de los movimientos de nueve rusos que vivían o pasaban por Estados Unidos con identidad falsa (los nueve son los ocho acusados de los dos delitos, más uno que el FBI no ha capturado).

Gracias a ese documento se puede entender qué hacen y para qué sirven los espías en el siglo XXI. Se parece a las películas. Los datos que daré aquí están casi todos sacados de las 37 páginas del informe de Ricci, que se refiere a los ocho detenidos acusados de los dos cargos y al fugitivo.


Cómo se llega a espía

Hay que estudiar. Los presuntos espías detenidos forman parte del SVR ruso, antiguo KGB, que les preparó para llevar una vida de “ilegales”. Los “ilegales” son los espías que van a otro país a vivir como si fueran nativos o nacionalizados. Se les crea un pasado, que se llama “leyenda”. Los documentos falsos son la clave. Uno de los detenidos, por ejemplo, tenía un pasaporte canadiense de un niño fallecido en los 60. Otra pareja era, en teoría, originaria de un país de América Latina. El FBI grabó a esta pareja en su casa. Hablaban de su pasado. Él le decía a ella: “Nos trasladamos a Siberia cuando la guerra empezó”. Eran rusos.

Luego les envían a estudiar al país del destino. Empiezan a conocer gente, que son posibles futuras fuentes de información. Los “ilegales” son espías para toda la vida. Trabajan sobre todo en parejas, que pueden llegar a tener hijos para pasar más desapercibidos: “Esto aumenta la ‘leyenda’ de un ilegal”, según el FBI. No sé si las parejas lo son en la realidad. Está claro, sin embargo, que es un sacrificio de muchos años.

Algunas de las parejas que vivían ocultas en Estados Unidos habían llegado a principios de los 90. En un mensaje interceptado de 2009 del “centro” -la sede del SVR- a uno de los espías, dicen: “Fue enviado a Estados Unidos para un viaje de servicio a largo plazo. Su educación, sus cuentas bancarias, coche, casa, etc., todo esto tiene un solo objetivo: completar su misión principal, que es buscar y desarrollar lazos con círculos de decisión política americanos y enviar informes al Centro”.


Qué quieren conseguir

Cualquier información. El método más simple es obtenerla a través de amigos o conocidos. Las personas más interesantes son quienes trabajan o colaboran con el gobierno. Desde los años de estudiante, se relacionan con mucha gente. El objetivo es convertirse en lo bastante americanos como para pasar desapercibidos en sus relaciones cotidianas. La panacea sería poder llegar a infiltrarse en el gobierno o en una empresa que tenga una relación estrecha con funcionarios -un lobby, por ejemplo. En este caso, ninguno de los espías tenían una “leyenda” suficientemente sólida como para superar un simple chequeo de su pasado. El “centro” en Moscú les recomendaba evitar ese paso. Serían “vulnerables”. Otra panacea aún más difícil sería convencer a un americano para que se convirtiera en agente doble.

Debían estar siempre en busca de información, lo que fuera; ese era todo su trabajo. Pero a veces el “centro” les pedía algo, por ejemplo: “Uso de internet por terroristas, políticas americanas en Asia Central, problemas con la policía militar americana y estimación occidental de política exterior”. Otro ejemplo, de 2009: “Lo más importante son los objetivos de Obama en la cumbre de julio y cómo su equipo planea hacerlo (argumentos, provisiones, modos de persuasión para ‘seducir’ a Rusia para que coopere con los intereses americanos)”. Son cosas sin una importancia vital, pero es mejor saberlas. Por supuesto, si algún espía conseguía información nuclear o confidencial, era aún más bienvenida.

El trabajo de un espía se parece en el fondo al de un periodista: buscar información. No sólo eso. Dar la fuente es esencial. Uno de los espías se queja del “centro”: “Me dicen que mi información no es valiosa porque no di ninguna fuente. No les sirve sin fuente”.

Además de charlas y amistades, hay otro modo de recabar datos: la seducción. Una de las espías se ligó -o lo intentó- a un financiero americano que daba dinero a uno de los partidos y tenía contactos en el gobierno. Su objetivo siempre era el mismo: hacerle hablar y conseguir que le invitara a fiestas y actos.


Cómo se relacionan

Los espías tienen tres niveles de contactos. Primero, con su pareja, que es la única persona de su entorno que sabe todo. Segundo, con otros espías y algún funcionario de las embajadas en Estados Unidos, esporádicos. Tercero, con el “centro”.

El primer nivel es el más sencillo. Es el único contacto que no deben ocultar. El contacto con colegas se hacía sobre todo para recibir dinero o pasar información. No está claro obviamente cuánto cobra un espía. Sus gastos básicos los paga Rusia. A ravés de tarjetas de crédito y en algunos encuentros les daban sobres con dinero. Los sobres que reciben van desde los 9 a los 150 mil dólares. El dinero no debía ser un problema, aunque en el informe de Ricci uno de los espías se queja de problemas económicos.

Los intercambios de dinero son de película. El 16 de mayo de 2004, en la estación de Forest Hills, en Queens, Nueva York, en las escaleras, un hombre sube y otro baja. Uno es Christopher Metsos, el acusado fugitivo y el único que no vivía en Estados Unidos; el otro es un miembro de la legación diplomática de Rusia en Naciones Unidas, su inmunidad le ha salvado de la detención. Los dos llevan la misma bolsa naranja. Al cruzarse, se la cambian y siguen sus caminos.

Metsos divide luego el dinero en dos y va a comer en un restaurante con uno de los detenidos. Le da el su parte, que debe a su vez dividir y entregar un pellizco a otro. Metsos le dice: “Te encontrarás con este tipo, dile que el tío Pablo le quiere mucho, él ya sabrá, dile que es maravilloso ser Papá Noel en mayo”. Ese mismo día Metsos coge el coche y va hacia Wurtsboro, en el norte del estado de Nueva York, aquí. Se para en un campo, excava un agujero y esconde un sobre, al lado de una botella de cerveza semienterrada. Es el 17 de mayo de 2004. En junio de 2006, dos años después, una pareja de espías lo recogerá.

La relación con el “centro” ruso se hacía por dos métodos básicos. Primero, la estenografía, que es esconder datos en imágenes que se colocaban en webs públicas. Los datos se encriptaban en las fotos con un software no disponible comercialmente. Segundo, los radiogramas, que son mensajes enviados en onda corta, que parecen morse y hay que descrifar con un código. También había otros modos más rudimentarios: la tinta invisible o un pen drive. Un modo más sofisticado lo usaron los dos espías que no fueron acusados de blanqueo. En una librería Barnes & Noble de Manhattan, la mujer usaba el wifi de la librería con su ordenador, sentada en un sofá. Fuera, con un maletín, se plantó durante veinte minutos el otro miembro del grupo. Se conectaron los aparatos y le copió los datos en red.

También, de vez en cuando, los espías iban a Rusia. Para que no sospecharan, pasaban antes por un país europeo, donde cambiaban su documentación. Así las autoridades americanas no veían que había ido a Moscú. El caso con más detalles es el del espía conocido como Richard Murphy. Voló de Newark a Roma en enero de 2010. Ahí debía encontrarse con un agente para que le diera los nuevos papeles. La cita era en Via Illaria, 14, aquí. Se reconocerían del siguiente modo: “Perdón, ¿podemos habernos encontrado en Malta en 1999?”, diría uno. El otro debía responder: “Sí, de hecho, estuve en La Valetta, pero en 2000”. Las palabras no deben ser exactas, pero sí que cada frase debe contener “Malta” y “1999”, y “La Valetta” y “2000”.

En este caso hay además este detalle: “Señal de reconocimiento: la revista Time en la mano derecha (que se vea el título). Señal de peligro: la revista Time en la mano izquierda”. Luego Murphy debía ir a Milán en tren y de ahí coger un avión a Moscú, de ida y vuelta.

En otro ejemplo, las instrucciones son concisas y curiosas: “Muy importante: 1. Firme su pasaporte en la página 32. Practique para ser capaz de reproducir su firma cuando sea necesario. 2. Por favor, fíjese en que acaba de visitar Rusia (vea los sellos de entrada y salida en la página 14). Si le preguntan le sugerimos que use esta historia: voló a Moscú el 16 de marzo desde Londres por ejemplo en el vuelo SU 211 para participar en charlas de negocios (su trabajo es seminarios internacionales de consultorías) invitado por la Cámara de Comercio Rusa. En el pasaporte hay un informe con recomendaciones. Por favor, destrúyalo después de leerlo. Cuídese”.

Los pasaportes de estos dos ejemplos son irlandés y británico, como en el caso del Mossad en Dubai. Esta vez, sin embargo, el gobierno inglés no se ha quejado públicamente. Los pasaportes europeos deben ser los menos sospechosos del mundo; son los más utilizados por los servicios de espionaje.


Cómo les vigilan

En el texto del FBI hay datos del año 2000, con Bill Clinton de presidente. Con permiso judicial, el FBI había colocado micros en las casas, cuando había entrado había hecho fotos y copiado datos, y les interceptaba las comunicaciones. Así sabía cuándo y cómo se iban a ver. Si estaban en un café era probable que el señor sentado en la mesa de al lado fuera del FBI. Si iban a un hotel, habría cámaras y micrófonos. En ningún lugar se dice que los amos de esos locales supieran que el FBI hacía eso. El texto del FBI no da ninguna dirección concreta de un local en Estados Unidos. Lo más preciso que dice es que una vez se encontraron en el cruce entre dos avenidas en Brooklyn, Nueva York, aquí, y luego fueron a “un café cercano”.

En un caso, en un encuentro en la entrada de Central Park, va una pareja de espías. Uno espera al contacto mientras que la otra está sentada en un banco. Según el FBI, hacía “contravigilancia”, miraba si alguien les observaba. Tras otro de los encuentros, el “centro” escribe a un espía: “Encuentro fugaz: bien hecho, A, buen trabajo. Gracias. R. y nuestra gente tecnológica en Nueva York no notaron nada raro”. Si hubieran sabido.

*

Tres conclusiones rápidas. 1. El espionaje es a largo plazo. Un proyecto de este nivel necesita años. No pueden depender de un solo gobierno. Es una política de Estado. 2. El espionaje no es ningún pasatiempo. Es ciertamente una salida profesional, pero dura. 3. El espionaje tiene su utilidad. Los datos conseguidos no son vitales para la seguridad nacional rusa, pero ayudan a decidir. ¿La mayoría de países espía? Yo diría que sí.

*

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http://www.scribd.com/doc/33676529/Criminal-Complaint-2

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Comentarios 5 comentarios

Comentarios

  • 30.06.2010 nico cornwall

    articulo muy interesante, estupendamente relatado, gracias por compartirlo aqui, con links hacia el informe y google maps.
    отличная !

  • 21.11.2011 Alexander

    saludos, nuevamente excelente articulo…..

    (desde Venezuela)

  • 21.08.2012 Carlos

    Muy buenos tus artículos. Gran trabajo 🙂

  • 29.08.2012 avc

    Muy buen articulo me gusta el tema.Felicitaciones….

  • 20.08.2014 Karen

    Excelente artículo, me ayudó mucho con un proyecto que estoy haciendo.

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