ObamaWORLD

martes 13 de julio de 2010

Un paseo por el asentamiento de Hebrón, un ejemplo extremo del conflicto entre israelíes y palestinos

Ayer estuve en Hebrón. Es una ciudad palestina con un asentamiento israelí en el centro de la ciudad -el único así. Es increíble. Hebrón es la ciudad más grande de Cisjordania y uno de sus pulmones económicos. Es así:

Pero en el centro antiguo, que es bonito, hay algo distinto. Al principio hay callejuelas de un mercado. De repente, a la derecha, aparece una barrera.

Las tiendas de repente están cerradas.

Más adelante hay más calles cortadas y torres de vigilancia encima de algunas casas. Ya sabía que me iba a encontrar algo raro en Hebrón. Me habían avisado por ejemplo de que desde los asentamientos tiraban basura hacia el mercado palestino, protegido por una red. Un hombre me dice que hace cuatro o cinco años tiraban agua e incluso pintura. Ahora los objetos que hay en la red -ropa, plásticos- parece que llevan tiempo ahí.

Me ha parado un joven árabe en el mercado: por 50 shekels -10 euros- me hacía ver el asentamiento desde un techo y luego me enseñaba cómo entrar. He aceptado. Me ha llevado a más calles cerradas y me ha contado la historia del mercado que había ahí con centenares de puestos.

Luego me ha enseñado la que -dice- fue su casa. Ahora queda detrás de una alambrada. Su padre fue asesinado por soldados israelíes hace 20 años. Pero luego me ha dicho que él tenía 17. No cuadra. La siguiente parada ha sido una casa palestina que resiste en la frontera del asentamiento. No ha sabido contarme por qué esa casa no la asaltaban si tanto les molestaba. De hecho era una casa peligrosa. Cuando he subido a la terraza, se veía esto:

En ese patio, a unos metros había niños israelíes que jugaban. “Les podrían disparar desde aquí”, le he dicho. “Yo no quiero dispararles”, me ha contestado. Se ve que a los propietarios les ofrecieron 40 millones de dólares para irse. “Pero ellos resisten, porque si ceden aquí podrán avanzar más allá”. Le he dicho que 40 millones de dólares no puede ser, y él que sí. Por más que le preguntaba, no sabía o no quería explicarse mejor. En la casa “resistente” vendían souvenirs y me han invitado a dejar un donativo. Me he encontrado allí a una irlandesa que llevaba también de paseo a dos californianos.

El chico me ha acompañado hasta la entrada del asentamiento. El primer checkpoint estaba sin uso. Entraban y salían niñas palestinas y algún adulto. Dentro del asentamiento quedó un colegio de niñas musulmanas que sigue abierto. Entran y salen por allí. El joven árabe me ha llevado un poco más adelante por una calle vacía y me ha dicho: “Yo de aquí no puedo pasar. Diles que vas a la mezquita de Abraham, que está al final de la calle”. Le he dado el dinero y se ha ido. Un poco más adelante había un soldado y un policía israelíes. Me han preguntado de dónde era y dónde iba y me han dejado pasar. No me han pedido el pasaporte.

El asentamiento parece una zona cero. Hay casas abandonadas, casi nadie a pie, varios soldados y sobre todo niños con bicicleta.

A un lado están las casas donde viven los colonos y al otro, en una colina, un barrio palestino y más calles cortadas. Lo que se ve en la cima es un fortín israelí:

Se me ha ocurrido preguntarle a un civil israelí por la mezquita, en inglés. Me lo ha hecho repetir tres veces, cada vez más enfadado. Al final ha dicho: “¿La cueva de los patriarcas? Todo recto”. Y se ha ido. El nombre cuenta.

Hebrón es una ciudad santa para las tres religiones monoteístas. Aquí están enterrados Abraham y los grandes patriarcas judíos. Las facciones conservadoras de judíos y musulmanes lo consideran como propio. Pero Hebrón está en Cisjordania, que en teoría un día debería formar parte del estado de Palestina.

Los asentamientos israelíes en Cisjordania son uno de los grandes obstáculos para la paz. Empezaron después de la Guerra de los seis días, en 1967, cuando Israel conquistó Cisjordania. Un asentamiento es un barrio o un pueblo donde en plena Palestina viven sólo israelíes. Pueden ser desde urbanizaciones de 30 mil personas a pequeñas aldeas en medio del desierto. El ejército israelí mantiene la seguridad.

Los asentamientos más grandes están en Jerusalén este. Si un día se firma la paz, probablemente pasarán a formar parte de Israel a cambio de territorios israelíes en otros lugares. Los que queden demasiado lejos de la frontera deberán ser abandonados por voluntad propia o a la fuerza, como ya pasó en Gaza en 2005.

Los israelíes que viven en los asentamientos lo hacen por dos motivos. Uno, ideológico. La mayoría cree que cumplen una misión divina. Toda Palestina es la tierra prometida por Yahvé para el pueblo elegido. No puede abandonarse. Dos, económico. Las casas, la educación, la vida en general en los asentamientos es más barata; el estado la subvenciona.

La californiana que me he encontrado creía que el asentamiento era “ridículo”. También lo decía el joven que me acompañaba. Cada comunidad tiene sin embargo su versión. Los judíos dicen que Hebrón fue la primera capital de Israel, hace más de tres mil años. Desde entonces siempre ha habido una comunidad judía en la ciudad. Hasta 1929. Ese año los árabes mataron a 67 judíos en Hebrón (entonces Palestina estaba en manos del Imperio Británico) y el resto de judíos fueron expulsados. En 1948, cuando se partió Palestina, los árabes destruyeron el barrio judío y convirtieron la sinagoga en un establo.

En 1967 Hebrón fue “liberado” y en 1975 los colonos empezaron a venir. Es una historia fascinante: la primera incursión estuvo dirigida por un rabino americano y su mujer. Alquilaron un hotel entero en el centro de Hebrón y luego se negaron a irse. Con altibajos, el asentamiento llegó a lo que es hoy: unos cuantos centenares -o miles, quién sabe- de israelíes viven en este gueto protegidos por miles de soldados. Ahora la mezquita de Abraham está dividida en dos partes separadas. Por un lado es sinagoga y por otro mezquita. Los israelíes no habrían hecho pues más que volver al barrio judío de 1929, a las propiedades de las que fueron expulsados. Además antes no podían entrar al templo; debían rezar desde fuera, en uno de los muros laterales. Ahora son ellos los que deciden quién entra.

La versión musulmana es obviamente opuesta. Además de llegar y llevarse más de la mitad de Palestina en 1948, los judíos fueron hasta Hebrón a robar casas y a obligar a cerrar tiendas. No sólo eso. El asentamiento es un gueto cerrado porque en 1994 un judío, Baruch Goldstein, mató a 29 musulmanes en la mezquita de Abraham. Poco después se blindó para evitar más problemas. Desde la parte musulmana se insiste en esto. Antes de la masacre -cada comunidad usa la expresión “la masacre” para referirse a la matanza de 1929 o de 1994- se convivía mal, pero convivían, como ocurre en otros asentamientos.

En el camino entre Belén y Hebrón he podido ver a judíos en la carretera sin escolta militar, aunque puede que ellos vayan armados. (En Israel, cuando la policía me registra al entrar en algún edificio por temor a los atentados, suelen preguntarme con toda naturalidad: “¿Vas armado?”) Hay en suma algunos sitios -sobre todo alrededor de Jerusalén- donde judíos y musulmanes se cruzan a diario. El ejemplo máximo es el camino hasta el Muro de las Lamentaciones: montones de judíos atraviesan el barrio musulmán de la ciudad antigua de Jerusalén. Hebrón, sin embargo, es un caso distino, un ejemplo penoso.

En el asentamiento, he hablado con un policía italiano de una fuerza de paz única para Hebrón formada por seis países que ambos bandos aceptan para que denuncien las violaciones de derechos humanos que vean. Lo cuentan a los responsables, que se encargan del castigo. Me ha dicho que desde febrero las cosas están más calmadas. Antes había roces, “pero como la mayoría ocurría de noche, tampoco nos enterábamos”. Le he preguntado si en esos “roces nocturnos” el ejército israelí intentaba ampliar las calles y casas del asentamiento. Me ha dicho que no podía contestar. No sé por qué.

Luego me he tomado algo en el bar del asentamiento. A mi lado dos soldados israelíes comían una pizza. Uno llevaba un rifle enorme con mirilla telescópica y se le balanceaba en el cuello cuando se levantaba. Estos días ha habido cierta polémica en Israel por este vídeo, en el que bailan un grupo de soldados israelíes, precisamente en una calle de Hebrón:

Imagen de previsualización de YouTube

El italiano me ha dicho que el problema es que este lugar lo dominan los ocnservadores de ambos bandos. No pierden la ocasión para provocarse. Por ejemplo, los colonos han prometido que por cada decisión del gobierno israelí -de su gobierno- que ponga en peligro los asentamientos atacarán a palestinos como venganza, para complicarlo todo más. La táctica es parecida a la de Hamás. La paz es inmensamente compleja. El asentamiento de Hebrón es sólo un caso, aunque es de los más enrevesados. Por suerte, la ciudad sigue en buena parte su vida al margen de esto. Es lo que procura hacer también el gobierno palestino actual: progresar al margen del conflicto. Es una estrategia interesante. Queda para el próximo post, que este ya es demasiado largo.

*

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Comentarios 7 comentarios

Comentarios

  • 14.07.2010 POCKET

    Grande, Jordi, grande !!! Qué interesante. Perfecto el apoyo fotográfico.

  • 14.07.2010 Cristina

    Súper interessant, segueix moven-te per explicar-nos!!!! cuida’t.

  • 16.07.2010 Horrach

    Hombre, al fin los líderes palestinos tienen ideas válidas: lo de “progresar al margen del conflicto” se aleja mucho de lo que hacía Arafat. Muchas veces, leyendo sobre este conflicto, he pensado que la sociedad palestina se había dejado caer en un estado de paralización absoluta que les impedía desarrollarse. Como todo dependía de una supuesta liberación total del ‘yugo’ israelí, todo se dejaba para cuando llegara ese momento liberador. Que cambien de estrategia me parece una buena noticia.

    Muy bueno el reportaje, por cierto, me sumo al enjabonamiento. Ojalá duren mucho tiempo tus paseos por sitios como éste. Sólo un matiz, Jordi. Las masacres de 1929 y de 1994 se diferencian en algo fundamental: mientras que en el último caso lo cometió una única persona (el doctor neoyorkino Goldstein), en el primero se trataba de una acción colectiva y generalizada. saludos

  • 16.07.2010 Jordi Pérez Colomé

    Horrach,
    es cierto que las masacres fueron así, pero un lugar de homenaje a Goldstein debió ser destruido por el ejército israelí por las peregrinaciones que había hasta allí. Aún hoy en un asentamiento de Hebrón hay modo de honrar la memoria de Goldstein. La vida de un millón de árabes no vale una uña judía, dijo un rabino en su funeral. Son israelíes radicales, sí, pero los que cometieron la masacre de 1929 tampoco eran todos los árabes de Hebrón.
    Gracias por los enjabonamientos a los tres.

  • 19.07.2010 Marc

    Pedazo d’article!!!
    M’ha encantat i tot i que al principi em semblava una mica llarg, m’he enganxat fins al final.
    Super interessant crònica tot i que he trobat a faltar una bona rajada dels soldats-ballarins. Quina pena de gent…
    Felicitats Jordi,

  • 19.07.2010 Jordi Pérez Colomé

    Marc,
    gràcies. És una mica llarg. No vaig saber retallar-lo més.

  • 22.12.2013 Mª Ángeles Muñoz Cosme

    Interesantísimo artículo. Enhorabuena. Te sigo.

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