Ayer estuve en Hebrón. Es una ciudad palestina con un asentamiento israelà en el centro de la ciudad -el único asÃ. Es increÃble. Hebrón es la ciudad más grande de Cisjordania y uno de sus pulmones económicos. Es asÃ:
Pero en el centro antiguo, que es bonito, hay algo distinto. Al principio hay callejuelas de un mercado. De repente, a la derecha, aparece una barrera.
Las tiendas de repente están cerradas.
Más adelante hay más calles cortadas y torres de vigilancia encima de algunas casas. Ya sabÃa que me iba a encontrar algo raro en Hebrón. Me habÃan avisado por ejemplo de que desde los asentamientos tiraban basura hacia el mercado palestino, protegido por una red. Un hombre me dice que hace cuatro o cinco años tiraban agua e incluso pintura. Ahora los objetos que hay en la red -ropa, plásticos- parece que llevan tiempo ahÃ.
Me ha parado un joven árabe en el mercado: por 50 shekels -10 euros- me hacÃa ver el asentamiento desde un techo y luego me enseñaba cómo entrar. He aceptado. Me ha llevado a más calles cerradas y me ha contado la historia del mercado que habÃa ahà con centenares de puestos.
Luego me ha enseñado la que -dice- fue su casa. Ahora queda detrás de una alambrada. Su padre fue asesinado por soldados israelÃes hace 20 años. Pero luego me ha dicho que él tenÃa 17. No cuadra. La siguiente parada ha sido una casa palestina que resiste en la frontera del asentamiento. No ha sabido contarme por qué esa casa no la asaltaban si tanto les molestaba. De hecho era una casa peligrosa. Cuando he subido a la terraza, se veÃa esto:
En ese patio, a unos metros habÃa niños israelÃes que jugaban. “Les podrÃan disparar desde aquÔ, le he dicho. “Yo no quiero dispararles”, me ha contestado. Se ve que a los propietarios les ofrecieron 40 millones de dólares para irse. “Pero ellos resisten, porque si ceden aquà podrán avanzar más allá”. Le he dicho que 40 millones de dólares no puede ser, y él que sÃ. Por más que le preguntaba, no sabÃa o no querÃa explicarse mejor. En la casa “resistente” vendÃan souvenirs y me han invitado a dejar un donativo. Me he encontrado allà a una irlandesa que llevaba también de paseo a dos californianos.
El chico me ha acompañado hasta la entrada del asentamiento. El primer checkpoint estaba sin uso. Entraban y salÃan niñas palestinas y algún adulto. Dentro del asentamiento quedó un colegio de niñas musulmanas que sigue abierto. Entran y salen por allÃ. El joven árabe me ha llevado un poco más adelante por una calle vacÃa y me ha dicho: “Yo de aquà no puedo pasar. Diles que vas a la mezquita de Abraham, que está al final de la calle”. Le he dado el dinero y se ha ido. Un poco más adelante habÃa un soldado y un policÃa israelÃes. Me han preguntado de dónde era y dónde iba y me han dejado pasar. No me han pedido el pasaporte.
El asentamiento parece una zona cero. Hay casas abandonadas, casi nadie a pie, varios soldados y sobre todo niños con bicicleta.
A un lado están las casas donde viven los colonos y al otro, en una colina, un barrio palestino y más calles cortadas. Lo que se ve en la cima es un fortÃn israelÃ:
Se me ha ocurrido preguntarle a un civil israelà por la mezquita, en inglés. Me lo ha hecho repetir tres veces, cada vez más enfadado. Al final ha dicho: “¿La cueva de los patriarcas? Todo recto”. Y se ha ido. El nombre cuenta.
Hebrón es una ciudad santa para las tres religiones monoteÃstas. Aquà están enterrados Abraham y los grandes patriarcas judÃos. Las facciones conservadoras de judÃos y musulmanes lo consideran como propio. Pero Hebrón está en Cisjordania, que en teorÃa un dÃa deberÃa formar parte del estado de Palestina.
Los asentamientos israelÃes en Cisjordania son uno de los grandes obstáculos para la paz. Empezaron después de la Guerra de los seis dÃas, en 1967, cuando Israel conquistó Cisjordania. Un asentamiento es un barrio o un pueblo donde en plena Palestina viven sólo israelÃes. Pueden ser desde urbanizaciones de 30 mil personas a pequeñas aldeas en medio del desierto. El ejército israelà mantiene la seguridad.
Los asentamientos más grandes están en Jerusalén este. Si un dÃa se firma la paz, probablemente pasarán a formar parte de Israel a cambio de territorios israelÃes en otros lugares. Los que queden demasiado lejos de la frontera deberán ser abandonados por voluntad propia o a la fuerza, como ya pasó en Gaza en 2005.
Los israelÃes que viven en los asentamientos lo hacen por dos motivos. Uno, ideológico. La mayorÃa cree que cumplen una misión divina. Toda Palestina es la tierra prometida por Yahvé para el pueblo elegido. No puede abandonarse. Dos, económico. Las casas, la educación, la vida en general en los asentamientos es más barata; el estado la subvenciona.
La californiana que me he encontrado creÃa que el asentamiento era “ridÃculo”. También lo decÃa el joven que me acompañaba. Cada comunidad tiene sin embargo su versión. Los judÃos dicen que Hebrón fue la primera capital de Israel, hace más de tres mil años. Desde entonces siempre ha habido una comunidad judÃa en la ciudad. Hasta 1929. Ese año los árabes mataron a 67 judÃos en Hebrón (entonces Palestina estaba en manos del Imperio Británico) y el resto de judÃos fueron expulsados. En 1948, cuando se partió Palestina, los árabes destruyeron el barrio judÃo y convirtieron la sinagoga en un establo.
En 1967 Hebrón fue “liberado” y en 1975 los colonos empezaron a venir. Es una historia fascinante: la primera incursión estuvo dirigida por un rabino americano y su mujer. Alquilaron un hotel entero en el centro de Hebrón y luego se negaron a irse. Con altibajos, el asentamiento llegó a lo que es hoy: unos cuantos centenares -o miles, quién sabe- de israelÃes viven en este gueto protegidos por miles de soldados. Ahora la mezquita de Abraham está dividida en dos partes separadas. Por un lado es sinagoga y por otro mezquita. Los israelÃes no habrÃan hecho pues más que volver al barrio judÃo de 1929, a las propiedades de las que fueron expulsados. Además antes no podÃan entrar al templo; debÃan rezar desde fuera, en uno de los muros laterales. Ahora son ellos los que deciden quién entra.
La versión musulmana es obviamente opuesta. Además de llegar y llevarse más de la mitad de Palestina en 1948, los judÃos fueron hasta Hebrón a robar casas y a obligar a cerrar tiendas. No sólo eso. El asentamiento es un gueto cerrado porque en 1994 un judÃo, Baruch Goldstein, mató a 29 musulmanes en la mezquita de Abraham. Poco después se blindó para evitar más problemas. Desde la parte musulmana se insiste en esto. Antes de la masacre -cada comunidad usa la expresión “la masacre” para referirse a la matanza de 1929 o de 1994- se convivÃa mal, pero convivÃan, como ocurre en otros asentamientos.
En el camino entre Belén y Hebrón he podido ver a judÃos en la carretera sin escolta militar, aunque puede que ellos vayan armados. (En Israel, cuando la policÃa me registra al entrar en algún edificio por temor a los atentados, suelen preguntarme con toda naturalidad: “¿Vas armado?”) Hay en suma algunos sitios -sobre todo alrededor de Jerusalén- donde judÃos y musulmanes se cruzan a diario. El ejemplo máximo es el camino hasta el Muro de las Lamentaciones: montones de judÃos atraviesan el barrio musulmán de la ciudad antigua de Jerusalén. Hebrón, sin embargo, es un caso distino, un ejemplo penoso.
En el asentamiento, he hablado con un policÃa italiano de una fuerza de paz única para Hebrón formada por seis paÃses que ambos bandos aceptan para que denuncien las violaciones de derechos humanos que vean. Lo cuentan a los responsables, que se encargan del castigo. Me ha dicho que desde febrero las cosas están más calmadas. Antes habÃa roces, “pero como la mayorÃa ocurrÃa de noche, tampoco nos enterábamos”. Le he preguntado si en esos “roces nocturnos” el ejército israelà intentaba ampliar las calles y casas del asentamiento. Me ha dicho que no podÃa contestar. No sé por qué.
Luego me he tomado algo en el bar del asentamiento. A mi lado dos soldados israelÃes comÃan una pizza. Uno llevaba un rifle enorme con mirilla telescópica y se le balanceaba en el cuello cuando se levantaba. Estos dÃas ha habido cierta polémica en Israel por este vÃdeo, en el que bailan un grupo de soldados israelÃes, precisamente en una calle de Hebrón:

El italiano me ha dicho que el problema es que este lugar lo dominan los ocnservadores de ambos bandos. No pierden la ocasión para provocarse. Por ejemplo, los colonos han prometido que por cada decisión del gobierno israelà -de su gobierno- que ponga en peligro los asentamientos atacarán a palestinos como venganza, para complicarlo todo más. La táctica es parecida a la de Hamás. La paz es inmensamente compleja. El asentamiento de Hebrón es sólo un caso, aunque es de los más enrevesados. Por suerte, la ciudad sigue en buena parte su vida al margen de esto. Es lo que procura hacer también el gobierno palestino actual: progresar al margen del conflicto. Es una estrategia interesante. Queda para el próximo post, que este ya es demasiado largo.
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6 comentarios




Grande, Jordi, grande !!! Qué interesante. Perfecto el apoyo fotográfico.
Súper interessant, segueix moven-te per explicar-nos!!!! cuida’t.
Hombre, al fin los lÃderes palestinos tienen ideas válidas: lo de “progresar al margen del conflicto” se aleja mucho de lo que hacÃa Arafat. Muchas veces, leyendo sobre este conflicto, he pensado que la sociedad palestina se habÃa dejado caer en un estado de paralización absoluta que les impedÃa desarrollarse. Como todo dependÃa de una supuesta liberación total del ‘yugo’ israelÃ, todo se dejaba para cuando llegara ese momento liberador. Que cambien de estrategia me parece una buena noticia.
Muy bueno el reportaje, por cierto, me sumo al enjabonamiento. Ojalá duren mucho tiempo tus paseos por sitios como éste. Sólo un matiz, Jordi. Las masacres de 1929 y de 1994 se diferencian en algo fundamental: mientras que en el último caso lo cometió una única persona (el doctor neoyorkino Goldstein), en el primero se trataba de una acción colectiva y generalizada. saludos
Horrach,
es cierto que las masacres fueron asÃ, pero un lugar de homenaje a Goldstein debió ser destruido por el ejército israelà por las peregrinaciones que habÃa hasta allÃ. Aún hoy en un asentamiento de Hebrón hay modo de honrar la memoria de Goldstein. La vida de un millón de árabes no vale una uña judÃa, dijo un rabino en su funeral. Son israelÃes radicales, sÃ, pero los que cometieron la masacre de 1929 tampoco eran todos los árabes de Hebrón.
Gracias por los enjabonamientos a los tres.
Pedazo d’article!!!
M’ha encantat i tot i que al principi em semblava una mica llarg, m’he enganxat fins al final.
Super interessant crònica tot i que he trobat a faltar una bona rajada dels soldats-ballarins. Quina pena de gent…
Felicitats Jordi,
Marc,
grà cies. És una mica llarg. No vaig saber retallar-lo més.