El presidente de Egipto, Hosni Mubarak, se reunió el domingo con el primer ministro israelÃ, Benjamin Netanyahu, el presidente palestino, Mahmud Abbas. Les ha sondeado para que empiecen un nuevo proceso de paz. Tras los encuentros, sólo ha hablado el ministro de exteriores egipcio y ha dicho que lo ve difÃcil. Palestina ha puesto una precondición que Israel no concederá: que la base de la negociación sean las fronteras de antes de la guerra de los Seis DÃas de 1967 (entonces, claro, Palestina era mayor).
Israel no quiere precondiciones, sino que se negocie sobre lo que hay. Es lo que más le conviene. Si sin embargo las negociaciones empiezan, el objetivo serÃa crear dos estados, uno judÃo y otro árabe. Estos serÃan los temas clave de las charlas.
Israel quiere sobre todo seguridad
Israel aspira a asegurarse que el nuevo estado palestino no le ataque una vez se retire, como ya le pasó con Gaza y LÃbano. Como garantÃa, va a pedir tres puntos:
1. Una Palestina desmilitarizada. Israel permitirá que haya una policÃa palestina para que controle su territorio, como la que hay ahora, pero más grande. Pero no quiere armamento pesado ni nada que se le parezca. Tampoco quiere saber nada de una fuerza internacional que controle las fronteras y que se coloque entre ambos ejércitos. Los experimentos anteriores -en el LÃbano, en Bosnia, en el SinaÃ, por ejemplo- de fuerzas de Naciones Unidas demuestran que cuando el panorama se pone feo, las fuerzas internacionales se esconden.
2. Unas bases de seguridad. La mayorÃa de israelÃes viven cerca de la costa del mar Mediterráneo. Es una llanura. Cisjordania en cambio está sobre unas colinas. SerÃa fácil desde allà controlar y atacar intereses básicos israelÃes: carreteras, red eléctrica, aeropuerto, además de las ciudades. Israel quiere tener la certeza de que nadie lo hará. Para eso, necesitarÃa mantener bases militares en lugares clave de la nueva Palestina soberana.
3. El control de la frontera este, con Jordania. Si Palestina fuera independiente, algunos ejércitos árabes -o Irán- podrÃan pasar por Cisjordania para ayudar en un ataque contra Israel. La frontera entre Cisjordania y Jordania también puede servir para el contrabando de armas. Israel no quiere permitirlo, y menos ahora que Irán puede tener pronto armas nucleares. En el valle jordano hay cinco pasos por donde pueden circular ejércitos y quiere controlarlos.
Palestina, por pedir que no quede
Siempre que se han enfrentado a Israel, los árabes han perdido. Por eso tienen en la mesa de negociaciones tantas cosas que pedir. Israel ha concedido en otras ocasiones territorios a cambio de paz. No siempre le ha salido bien. Ahora mismo no parece dispuesto a hacerlo de nuevo. Las peticiones básicas palestinas son estas tres:
1. Las fronteras de antes de 1967. Palestina quiere cuanto más territorio, mejor. El presidente palestino ha pasado de pedir como precondición para negociar el fin del crecimiento de los asentamientos a volver a las fronteras de 1967. Son asuntos relacionados. Los asentamientos están dentro de las fronteras. Si Israel se lo concediera, deberÃa abandonar los asentamientos o intercambiar esa misma cantidad de territorio en otro lugar.
2. Los asentamientos, fuera. Está Ãntimamente ligado con las fronteras. Pero los asentamientos son algo más que puro territorio y seguridad. Como conté el dÃa en que fui a Hebrón, para una parte de los israelÃes los asentamientos son su punta de lanza en la tierra prometida, que no puede ser dividida y debe ser sólo judÃa. Esto es hoy sobre todo un problema interno israelÃ, que afecta lógicamente a los palestinos y a las esperanzas de paz. Israel sabe sin embargo que sin el final de algunos asentamientos no hay solución. Porque si quiere mantenerlos debe anexionarse Palestina y no es posible: el nuevo estado tendrÃa mayorÃa árabe o, como me dijo, un árabe “ya nos encargarÃamos nosotros de que la tuviera” (se referÃa a hacer más hijos que los judÃos). Además de los asentamientos está la división de Jerusalén, la ansiada capital de los dos estados.
3. Los refugiados, dentro. Los refugiados son hoy un problema para todos. En 1948, miles de palestinos abandonaron sus casas porque quedaban en territorio del nuevo estado de Israel. Hoy siguen siendo refugiados. A ellos y sus descendientes se les debe permitir un dÃa volver a su casa. Israel ya ha dicho que ni pensarlo. Si quieren, que vuelvan al nuevo Estado palestino. (Israel podrÃa hacer excepciones y permitir que algunos volvieran a lo que hoy es Israel por motivos familiares.) El problema es que si todos los refugiados -los que ahora están fuera de Palestina, en Jordania o el LÃbano- vuelven al nuevo estado palestino, no caben. Es decir, o no se les permite volver o hay que buscar otra solución: que Palestina por ejemplo se confederara con Jordania, que tiene sitio de sobra.
En suma, en el juego de las negociaciones puede ocurrir de todo. Pero es extremadamente difÃcil que se llegue a un acuerdo. Si pudiera apostar, dirÃa que no lo habrá. Pero pongamos sin embargo que, después de mil equilibrios, sà llegan a un acuerdo: no será definitivo. Si los palestinos aceptaran por ejemplo bases militares israelÃes en su territorio, será un tema insoportable en su polÃtica nacional. Si los israelÃes concedieran soberanÃa absoluta a los palestinos, el temor a un ataque -o a los preparativos para un ataque- provocarÃa un estado de tensión continuo.
La paz entre Israel y Palestina va mucho más allá de lo que decidan los polÃticos de turno. Unos y otros deben aceptar que se puede vivir tranquilos y juntos. Lo máximo que he visto es que pueden vivir separados. Sólo una parte de los israelÃes y algún palestino con la boca pequeña, lo soportarÃa. Por eso la paz será un parche, aunque un parche también sirve: permite vivir unos años sin que nadie muera.
Esto es lo que puede pasar en las negociaciones. De aquà unos dÃas sin embargo quiero probar y hacer un post imposible sobre “¿Quién tiene más razón: Israel o Palestina?” A ver si sale. Antes hablaré un poco más de cómo es Israel.






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