Israel es un paÃs casi normal. Hay dos caracterÃsticas que lo distinguen. Un visitante las ve rápido. Son dos tipos de personas: los soldados y los ortodoxos. Hoy contaré cómo son. El próximo dÃa contaré las consecuencias que tienen para la democracia.
Los ortodoxos
Todos los turistas de Jerusalén pasan por Mea Sharim para ver quién vive allÃ. Yo también. Es un barrio de Jerusalén oeste. Hay sólo ortodoxos. Casi todos los hombres que se ven llevan las patillas largas, algún tipo de sombrero y van vestidos de siglo XVIII, aunque los modelos tienen variantes. El paseo es impactante, un salto en el tiempo. Hay menos mujeres y su vestimenta es más normal: pelo cubierto y mangas y falda largas.
Su particularidad principal es que viven para la religión, para rezar. Sólo trabaja un 40 por ciento de los ortodoxos -aunque Israel espera pronto llegar a más del 60 para hacer crecer su economÃa-, tampoco hacen el servicio militar ni pagan impuestos. El Estado y algunas fundaciones extranjeras les echan una mano para sobrevivir. Pero sà que votan. Son un 10 por ciento de los israelÃes, más o menos. El porcentaje crece porque tienen más hijos, una media de siete, según me han dicho.
Las consecuencias de la importancia de este grupo para Israel son grandes. Las fiestas religiosas en Israel se respetan. En los barrios ortodoxos el sábado no circulan coches -es un dÃa para el reposo absoluto. Las tiendas de las ciudades están cerradas. (De hecho, cada vez hay más fiestas religiosas que se respetan. Uno de los últimos dÃas que estuve en Israel, se celebró el Tisha B’av, la fiesta que conmemora el dÃa en que se perdió el Templo de Jerusalén; es un dÃa de ayuno y pena. Yo estaba en Tel Aviv, centro del laicismo israelÃ. También allà los restaurantes y las tiendas cerraban antes. No todos. Me encontré con alguien que me dijo que en una de las zonas comerciales -Dizengoff- habÃa visto tres bares abiertos. Lo decÃa con cierto orgullo: la resistencia secular de Tel Aviv aguanta, de momento.) Los mercados que venden comida que no es kosher pueden ser apedreados. Las mujeres y los hombres que rezan juntos en el Muro de las Lamentaciones tienen que ser defendidos por la policÃa. (El Muro está separado entre sexos.)
Sus actividades tienen también consecuencias para la seguridad nacional. Algunos grupos de ortodoxos defienden que la tierra prometida es toda Palestina. No quieren ceder y, por supuesto, no se puede dividir con los árabes. O aspiran a que el Templo de Jerusalén pueda reconstruirse algún dÃa. Ahora mismo, el espacio donde deberÃa ir el templo es territorio sagrado musulmán. Un israelà de tel Aviv me decÃa, con ironÃa: “Que construyan el Templo una tercera vez, claro, pero no hace falta que lo hagan allÃ, aquà en las afueras de Tel Aviv ya estarÃa bien y menos problemas”.
Israel es una democracia fuerte. Su prensa es sólida. Los dos periódicos en inglés que he leÃdo estos dÃas -el conservador Jerusalem Post y el progre Ha’aretz- defienden sin duda la unidad nacional de religiosos y seculares, pero cada vez más ambos grupos viven en paÃses distintos. Los partidos religiosos tienen más peso en el parlamento y el gobierno. Si Israel se convirtiera en algo parecido a una teocracia, la paz y la existencia del paÃs se complicarÃan de verdad.
Los soldados
Iba en un autobús de Haifa a Tel Aviv. El asiento a mi lado estaba libre. Subió un soldado y se sentó. Llevaba la metralleta en el cuello. Se la quitó y la apoyó en el suelo, apuntaba hacia abajo. Le llamaron al móvil y mientras hablaba hacÃa clic clic con una palanquita que habÃa al lado de la mirilla. Nunca habÃa tenido una metralleta de ese calibre a un palmo de mi pierna. En Israel es habitual. Los soldados no pueden separarse de su arma; se van a casa de permiso con ella. Un joven treintañero me contaba que hasta dos años después de dejar el ejército se despertaba a menudo de noche para comprobar si el arma seguÃa aún allÃ.
Las estaciones de autobuses son uno de los centros de movimiento de los soldados (el autobús les sale gratis). Todos van y vienen de casa a la base. La mayorÃa llevan el arma al cuello; los que no la tienen es porque son de otro cuerpo o trabajan en oficinas.
Todos los chicos israelÃes están obligados a hacer tres años de servicio militar; las chicas, dos, y muchas también van con la metralleta al cuello. Cuando acaban, pasan a la reserva. Hasta casi los 50 años, deberán ir 45 dÃas al año, salteados, a su unidad, esté donde esté. Si hay guerra, obviamente, se les movilizará. No importa si es un empresario o un médico, todo israelà debe cumplir con sus dÃas anuales de servicio hasta que sale de la reserva.
Israel necesita su ejército para existir. Casi tres de cada cuatro jóvenes se alista voluntarios en unidades de combate. Lo tienen asimilado. Ben Gurion, el primer primer ministro de Israel, dijo que el ejército era tan importante en tiempo de guerra como en paz. Es un magnÃfico elemento de cohesión nacional y de camaraderÃa. Que los ortodoxos no vayan es obviamente un problema para la unidad nacional. Algunos israelÃes creen que sus rezos aportan poco al paÃs.
Los ortodoxos son una caracterÃstica de Israel. Los soldados son una necesidad, por ahora. Por mucho que el ejército se haya esforzado en mantener el paÃs a salvo, lo curioso es que ahora uno de los mayores peligros para el futuro de Israel puede venir desde dentro, y no precisamente de los árabes israelÃes. Los ortodoxos pueden hacer peligrar la democracia, camino de una teocracia. Lo contaré en el próximo post.
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13 comentarios




HabrÃa que saber como han llegado los ortodoxos a esa situación privilegiada, y por qué siendo una minorÃa tienen tanto poder. Aunque aquà en España se puede asimilar a los nacionalistas, pero más exagerado, por lo que cuentas.
Pues algo parecido a nuestros nacionalistas, Manuel: con ese 10% negocian con todos, cambian votos por privilegios. Los partidos normales estan cansados de sus exigencias, pero les viene de pegada sus votos ¿te suena?
Y en Israel -al menos en Jerusalén- mucha gente va armada. Gente de paisano con su metralleta al hombro o pistola en bandolera. No sé si serán policias, guardias, o siemplemente ciudadanos (judÃos, claro).
Saudos
Tuvo Ud. cierta suerte con eso de la metralleta, hace ya unos años, cuando te subÃas a un autobús en Israel, tenÃas que ir apartando las metralletas que habÃa tiradas en el pasillo central con los pies, o pisándolas directamente. Veo que, a pesar de todo, no han cambiado mucho. Y hacen bien.
No me resisto a contarle que, por casualidad, uno de esos soldados, de patrulla en una calle de Tel Aviv, muy tarde por la noche, nos oyó hablar en español; resultó ser hijo de unos judÃos de Tánger emigrados a Israel. Creo que tras despedirnos, después de hablar un poco, nos fuimos, todos, con un nudo en la garganta.
Saludos.
Tarde o temprano Israel tendrá que tomar medidas drásticas con el problema de los ortodoxos. No puede ser que una democracia conceda los privilegios que Israel ha concedido a este colectivo que, como dices, apenas trabaja o paga impuestos, y sin embargo es decisivo polÃticamente. Cualquier acuerdo de paz con los palestinos lo boicotearÃan sus partidos, y eso sin tener en cuenta la capacidad de desestabilización cotidiana que suponen. Creo que una decisión hay que tomarla ya mismo, porque el Ãndice de natalidad indica que van a ser mayorÃa en no muchos años (ese desbordado Ãndice de natalidad los asimila a los radicales palestinos, que también echan mano conscientemente de la ‘bomba demográfica’.
saludos
-Es verdad que el problema de los ortodoxos se parece al de los nacionalistas. Tienen un peso demográfico menor al de su influencia polÃtica.
-Será difÃcil cambiar esa tendencia, Horrach. Se les pueden limitar las ayudas, pero no prohibir el voto. No creo que su peso se reduzca. Israel es una democracia secular, pero su relación con la religión es más directa -o natural- que por ejemplo en las democracias europeas o distinta a la americana. ¿Supone eso un peligro para Israel? PodrÃa ser. Algo he dicho ya, pero hablaré más de esto en el próximo post.
-Por cierto, Depaso, ¿metralletas en el suelo de un autobús? Un soldado no se separa de su arma. ¿De quién podÃan ser esas metralletas?
-Y Fer, en Jerusalén, sobre todo, se sigue viendo a gente con pistola en los pantalones. Varias veces, cuando me revisaban la mochila al entrar en algún local, me preguntaban si iba armado. Allà es normal. Lo usan sobre todo los judios que viven en barrios árabes o deben pasar a menudo por zonas árabes. Imagino que es para intimidar, sobre todo.
Gracias por los comentarios.
“Nunca habÃa tenido una metralleta de ese calibre a un palmo de mi pierna”
¡Qué juventud la española de hoy en dÃa!
Cómo se nota que no hacéis ya la “mili”. Yo no solo tuve el fusil de asalto (el “chopo” lo llamábamos) a «un palmo de mi pierna», sino que cargué con su peso meses, lo desmonté, monté y limpié no se cuántas veces, hasta dormà abrazado a él, y un dÃa, como por lo visto habÃa munición abundante que iba a caducar, nos hicieron tirar con él tantas horas seguidas (para «aprovechar» la munición, decÃan) que todavÃa me duele el hombro…
Yo puedo entender a los judios ortodoxos pues creen ciegamente que están en la tierra prometida, pero, los que no lo son ¿en nombre de quien echaron a los palestinos de sus casas?
Me resulta extraño que los judios ortodoxos puedan imponer una teocracia en Israel. Porque la cultura judia siempre a otorgado a cada ser humano una dignidad que estarÃa mal avenida con una dictadura que pone la dignidad de los gobernantes por encima de la de su pueblo.
Más sobre los ortodoxos y los conflictos que ocasiona su dogmatismo: http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Judia....isoc_5/Tes
Lo peor son los ortodoxos antisionistas. Al menos los otros son más consecuentes, pero esto de vivir a costa (y casi de gorra) del Estado al que odias porque es una ‘abominación’ tiene mucha miga.
MILA: “Yo puedo entender a los judios ortodoxos pues creen ciegamente que están en la tierra prometida, pero, los que no lo son ¿en nombre de quien echaron a los palestinos de sus casas?”. En nombre de la supervivencia. La guerra de 1948 no permitÃa muchas sutilezas.
Una entrada interesantÃsima. Aunque conocÃa casi todo lo dicho, me gusta cómo lo has contado.
Los ortodoxos pueden ser un peligro, si se les deja hacer. Aún cuando no soy sospechoso de laicista, los ortodoxos entienden mal la necesidad de respetar el derecho del resto a la irreligiosidad. ¿Has probado a tomarte un café con leche tras comer carne en un restaurante de Jerusalén?
Mila,
los ortodoxos creen ciegamente que Palestina es la tierra prometida. El resto cree que si los judÃos deben tener un Estado en algún lugar, el más lógico es ese. La diferencia es que la mayorÃa de ortodoxos creen que esa tierra es indivisible o que el Templo debe construirse donde ahora hay la mezquita de la Roca, y los otros se conforman con compartir el territorio con los árabes.
José MarÃa,
los judÃos no ortodoxos piensan algo parecido, pero no pueden hacer más.
Rojobilbao,
no me fijé en el asunto kosher, aunque sé que algunos ortodoxos pueden apedrear una tienda de mariscos, que no son kosher. Aunque es raro. Yo fui en sabat al barrio más ortodoxo de Jerusalén en pantalón corto y chanclas. Me crucé con cientos de judÃos ortodoxos. Cuando lo contaba dos o tres personas se sorprendieron de que no me hubieran apaleado por “vestimenta indecente”. Al contrario, dos me saludaron. La violencia, como siempre, es minoritaria, pero vende más.
Este es el gran problema del sufragio universal: siempre aparecen grupos que acaparan el poder a base de parir como cucarachas. Una sociedad sostenible necesita recuperar el sentido común que ya tenÃan los antiguos: votar es un privilegio que no debe ser accesible a cualquiera.
¿Tienes la educación básica, antecedentes penales nulos, no percibes ayudas públicas y has trabajado (o criado niños) durante el X% de la última legislatura o bien durante mas de X años en tu vida? pues puedes pagar una tasa de inscripción y votar
Jordi, no sé si has podido leer la entrevista aparecida hoy (sábado) en El Mundo a Yossi Beilin, ex-ministro y artÃfice de la Iniciativa de Ginebra (2003). Dice cosas muy interesantes. Por ejemplo: refiriéndose a la posibilidad palestina de que se declare una independencia unilateral, sin negociaciones, Beilin deja bastante claro que una decisión de ese tipo a quien beneficiarÃa es a Israel. Incluso plantea que esa posibilidad de llegar a una solución unilateral es algo que Israel podrÃa realizar por su cuenta, abandonando Cisjordania (y también Gaza). Eso permitirÃa que de facto existiera un estado palestino, lo que podrÃa apagar en cierta forma las crÃticas internacionales y esa ansiedad mundial que ve como algo supermehahipernecesario la existencia de un estado palestino (un estado kurdo, por ejemplo, cuenta con infinitamente menos simpatÃas). Luego, ese posible apagamiento podrÃa hacer que las cuestiones secundarias pendientes (Jerusalén y refugiados) siguieran pendientes eternamente, convirtiéndose este Conflicto (el más controvertido y más famoso del mundo, aquel que excita las sensibilidades como nada) en una disputa como hay muchas otras por cuestión de fronteras y demás.
Ahora bien, ¿serÃa Netanyahu, con gente como Liberman en el gobierno, quien podrÃa tomar una decisión de ese tipo? No creo. La tarea serÃa más apropiada para el Kadima de Tzipi Livni, tal vez.