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Domingo 5 de Septiembre de 2010

La guerra de Irak no termina con un discurso, ni la paz en Oriente Medio se acuerda en una reunión

El presidente Obama ha hecho dos cosas importantes en los últimos días. Primero, el martes 31, dio un discurso sobre Irak. Dijo que “era hora de pasar página”. El 1 de septiembre la operación militar pasaba de llamarse Libertad Iraquí -nombre de la guerra que anunció el presidente Bush en 2003- a Nueva Alba. El ejército americano cerraba sus acciones de “combate mayor”.

Obama prometió en la campaña electoral que lo haría. En realidad dijo que lo conseguiría en 16 meses y ha tardado 19; también ha dejado allí 50 mil soldados, más de los previstos. Su función será “aconsejar, ayudar y entrenar” a las fuerzas de seguridad iraquíes, que las forman más de medio millón de soldados y policías. Aún así, hay cinco mil miembros de las operaciones especiales americanas que seguirán con misiones específicas en Irak. Y además, si es necesario, parte de esos 50 mil soldados saldrán a patrullar junto a los iraquíes. El ejército americano, en suma, podrá aún matar y morir en Irak.

¿Ha terminado por tanto la guerra? Depende. La guerra contra el ejército iraquí de Sadam Husein terminó hace años. Pero una guerra se sabe cómo empieza, no cómo acaba. Poco después de que Bush dijera “misión cumplida”, creció un conflicto distinto. La insurgencia empezó a matar con saña. A finales de 2006 morían más de tres mil civiles al mes. Eso también ha bajado. Este agosto murieron 295; aunque en julio, casi 400. Lo mismo con los soldados americanos: en 2007, murieron 904; en 2010 llevamos 47.

Los números son mejores. ¿Pero cómo se define el final de la guerra? ¿Cuando haya cero muertos? Entonces aún falta. Pero el enemigo hace tiempo que no lucha a campo abierto, sino en ataques terroristas. ¿Eso es guerra?

Otro modo aún de medir la guerra es la posibilidad de llevar una vida normal. También queda bastante. Irak necesita hoy 13 mil megavatios de electricidad. Se producen unos ocho mil. (En los años de Sadam, se producían unos cuatro mil.) “Nada ha cambiado”, dice aquí un ciudadano iraquí. “Desde la caída de Sadam hasta ahora, nada ha cambiado. Al contrario. Vamos hacia atrás”.

Hay menos guerra, pero la hay. Obama, sin embargo, no ha engañado del todo. Su mensaje es que hay que pasar la página y que los iraquíes deben valerse por sí mismos. Estados Unidos ha pagado en vidas y dinero un gran precio por la libertad iraquí, aunque fue una decisión propia.  Ahora Estados Unidos tiene otros problemas, sobre todo en casa.

Cuando Obama puso la fecha límite de agosto 2010 le criticaron. La insurgencia planearía su estrategia en función de ese plazo, había que ser más discretos, se dijo. Está por ver qué pasará. De momento, la fecha ha hecho que las fuerzas de seguridad iraquíes se espabilen. Esto no es sin embargo garantía de nada.

Obama ha conseguido por ahora lo que quería: deshacerse de la guerra en Irak pronto. Si no hay cambios, al final de 2011 no deberían quedar soldados americanos en Irak. En Afganistán la estrategia es la misma. Obama dijo que los americanos empezarán a irse en julio. Pero ahí la situación es distinta. El ejército afgano es menos eficaz y los talibanes están mejor organizados. Es un modo de poner presión a todos, pero será más difícil que funcione. Por ahora Karzai intenta convencer a los talibanes para que firmen la paz y compartan el poder. Es una estrategia defensiva. Mientras, en Irak, la guerra sigue latente.

*

El otro gran momento de Obama estos días ha sido el inicio de las negociaciones de paz entre israelíes y palestinos. Cada uno de los cuatro últimos presidentes americanos ha montado las suyas. Es un esfuerzo obvio de la política exterior americana: la paz entre Israel y Palestina relajaría la región.

El objetivo de Israel es la seguridad; el de Palestina, la independencia. Las grandes claves de la negociación son los refugiados palestinos, Jerusalén, los asentamientos y las fronteras, y la garantía palestina que desde su territorio no se ataque a Israel.

La gran esperanza para la paz es que ya todas las partes saben en qué deben ceder para que el otro acepte. Los dos jefes negociadores, el israelí Yitzhak Molcho y el palestino Saeb Erekat, son veteranos de las conversaciones. Erekat ha dicho que “no es hora de negociar, sino de tomar decisiones”. Los detalles ya se saben. Está por ver si la voluntad de llegar a acuerdos es sólida.

El gran problema es la división, sobre todo en el lado palestino. En el mejor de los casos, en el que el primer ministro Netanyahu y el presidente Abbas firmen un acuerdo, los palestinos sólo podrían obligar a que se cumpliera en Cisjordania, donde manda Fatah. En Gaza gobierna Hamás y podrían seguir sin reconocer a Israel ni el pacto que se hubiera firmado. Erekat cree que “si firmamos un acuerdo definitivo en todas las cuestiones clave, recuperaremos Gaza”. Se refiere, imagino, a que la población de Gaza preferiría la paz que ha firmado Fatah a Hamás y su eterna lucha. Es sobre todo un deseo.

Días antes al inicio de las negociaciones, Erekat leyó un comunicado por la radio: “Shalom, Israel, sé que os hemos decepcionado. Sé que hemos sido incapaces de cumplir con la paz en los últimos 19 años”. Erekat pedía luego disculpas por los errores palestinos. Israel negocia con el adversario más débil y bien dispuesto, Fatah. Yitzhak Rabin, el primer ministro asesinado, dijo en cambio que “la paz se negocia con los enemigos, no con los amigos”. Israel no tratará ni con Hamás, Hezbolá ni Siria (por los altos del Golán). Quiere antes precondiciones, que Israel tampoco ofrece. Turquía o Siria, además, podrían echar una mano para que Hamás y Hezbolá entraran en razón.

En el lado israelí, los colonos judíos que viven en asentamientos -y los partidos que les apoyan- harían todo lo posible para que la paz descarrilara: lo primero, quizá, atacar a palestinos para provocar respuestas. Hebrón, por ejemplo, es la segunda ciudad santa judía. Para sacar de allí a los colonos, el ejército israelí debería emplearse a fondo.

Estados Unidos ha dado un año a las partes para que lleguen a algo. No hay prisa. Sin embargo, a finales de septiembre puede ya torcerse todo. El día 26 acaba la moratoria del gobierno israelí de 10 meses de no construir en los asentamientos. Si Israel reanuda las construcciones, Abbas abandonará. Netanyahu dice que espere. Según parece, lo probable es que construyan nuevas casas sólo en los asentamientos que tras la paz formarían parte de Israel, como algunos de Jerusalén este.

Además de estos problemas, la paz requiere más. Hillary Clinton dijo en referencia a los pueblos palestino e israelí: “Vuestros líderes pueden estar sentados en la mesa de negociaciones, pero vosotros sois en definitiva los que decidiréis vuestro futuro”. Así es. Los años de desconfianza no cambiarán en dos días. Aunque cualquier acuerdo serviría para ganar tiempo. Como he contado otras veces, los israelíes temen que tras la firma de la paz, la lucha árabe por echarles de su país siga. El líder de Hezbolá, Hassan Nasrallah, ha dicho que “las negociaciones nacen muertas. Palestina desde el mar hasta el río es propiedad de la nación palestina, de los árabes y los musulmanes, y nadie tiene el derecho a renunciar a esa tierra, ni a una gota de su agua”. Está claro lo que haría Hezbolá desde Líbano si Abbás firma la paz con Israel.

La esperanza es lo último que se pierde. La hipotética paz sería un parche. Pero ya serviría para comprar tiempo y que la región se preocupara por su vida cotidiana. Hace unos días Israel anunció que en sus escuelas se enseñará árabe. Hace ya meses que el primer ministro plaestino, Salam Fayyed, intenta construir un estado palestino firme al margen del conflicto. Son pasos adelante. Hay que centrarse en esos avances y dar tiempo. Quizá otra generación esté más madura para consolidar una paz definitiva.

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Comentarios 5 comentarios

Comentarios

  • 06.09.2010 Mercutio

    ‘La insurgencia empezó a matar con saña. A finales de 2006 morían más de tres mil civiles al mes. (…) Este agosto murieron 295; aunque en julio, casi 400. Lo mismo con los soldados americanos: en 2007, murieron 904; en 2010 llevamos 47.’

    Como bien dices en el párrafo siguiente al que he copiado, eso son acciones terroristas. Y esa es la diferencia entre ‘terrorismo’ e ‘insurgencia’: la insurgencia trataría de matar sólamente al invasor, el terrorismo mata sencillamente a quien puede, cualquier muerte le sirve para extender el terror y eso significa que mueren civiles casi en exclusiva. Que son más fáciles de matar.

    Cuando alguien compara la ‘insurgencia’ irakí con, qué sé yo, la guerrilla española contra Napoleón, las milicias de Washington o la resistencia francesa frente al nazismo, que repase las cifras de muertos, que lea los nombres y apellidos y que se deje de comparaciones. Esto es terrorismo que no pretende echar a los americanos sino asegurarse el poder mediante el terror de sus conciudadanos cuando los americanos, al fin, se larguen. Mediante el terror y la eliminación de la competencia, en algunos casos.

    Y eso con independencia absoluta de lo que uno piense sobre la invasión, la ocupación, EE.UU., Saddam, &c.

    Como siempre, gran trabajo. Salud.

  • 06.09.2010 Arkaitz Mendia

    Muy buen artículo como siempre:
    Acerca de Irak: Está claro que la insurgencia que golpea cada día en Irak no pretende que vuelva un régimen como el de Saddam. ¿Dónde estaban en tiempos del dictador? ¿No están mejor sin él? Se dice que les han invadido, y que eso es lo que les hace rebelarse. Aparte de las 2.000 divisiones internas que sufren, yo estoy seguro que mi abuelo, combatiente republicano, hubiera firmado que nos invadieran los americanos para librarnos de Franco. Aunque está claro que no se puede comparar. Creo sinceramente que el modelo que trata de implantar EEUU es mejor que el que pretenden implantar quienes les combaten. Ha habido elecciones.
    Un abrazo.

  • 06.09.2010 Jordi Pérez Colomé

    Arkaitz,
    la insurgencia autóctona iraquí es suní, como Sadam. En Irak, sin embargo, los chiíes son mayoría, así que desde que llegaron los americanos mandan ellos. Por tanto, los suníes luchan por los privilegios perdidos. Por tanto, sí que pretenden que vuelva un régimen como el de Sadam porque tenían ventajas que en una democracia dejan de tener, al menos por ahora.
    Con el ejemplo de tu abuelo, en España hubiera habido milicias fascistas que habrían tratado de vencer a los invasores americanos por cualquier medio. Es algo así.

    Como dice Mercutio, por eso mueren tantos civiles. En los años más duros para Irak, el conflicto podía describirse como una guerra civil entre un bando chií y otro suní. Los dos querían mandar. Por eso morían tantos civiles. Los americanos habían provocado eso pero no eran las víctimas principales.

  • 07.09.2010 Arkaitz Mendia

    Más claro agua, Jordi, gracias por tus explicaciones.

  • 09.09.2010 Arkaitz Mendia

    Por cierto, ¿qué opinas del chalao ese que va quemar coranes? Mi opinión: Hasta el general Petraeus ha declarado que es peligroso para la seguridad de EEUU y del mundo. ¿Generaría tanto peligro quemar bíblias? Lo siento pero no aguanto ninguna religión, especialmente el islam.
    saludos

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