ObamaWORLD

jueves 23 de septiembre de 2010

Los dos grandes problemas electorales de Obama

El gran problema de los demócratas en las elecciones del 2 de noviembre es la economía. Los números no salen y el paro roza el 10 por ciento. Los republicanos van a hablar sólo de eso, más un poco de rechazar la reforma sanitaria y de seguridad nacional, como cuentan en su programa electoral “Pledge for America” (promesa para América), que lanzan hoy.

Hablé hace unos días de cómo Obama y los demócratas intentarán defenderse: con dos argumentos (la culpa no es sólo de ellos y los republicanos no quieren en realidad resolver los problemas en el congreso) y con un as en la manga (el esfuerzo de las bases del partido para convencer a la gente con llamadas o puerta a puerta).

Esta es la mayor dificultad. Por si fuera poco, Obama tiene otros dos problemas electorales serios:

1. La izquierda. Obama es del Partido Demócrata, algo así como el centroizquierda. Para las elecciones Obama necesita la implicación del ala izquierda del partido; son los que más se movilizan. En 2008, la elección del primer presidente negro hizo que mucha gente participara. Ahora, con menos motivos para el entusiasmo y retos más complejos, sólo echarán una mano los más convencidos. El partido debe animarles. Hay sin embargo un problema: muchos liberales -así llaman a los de izquierdas en Estados Unidos- están decepcionados con Obama.

Estos días, en actos para recaudar dinero en Connecticut y Philadelphia, Obama habló de esa decepción: “Cuando oigo que los demócratas insisten y se quejan y dicen ‘la reforma sanitaria no tiene una opción pública’, y ‘en la reforma sanitaria hay una provisión que podríamos haber hecho mejor’ o ‘sí, acabaste con la guerra de Irak, la misión de combate, pero no has terminado aún con la de Afganistán’, o esto o eso o lo otro, yo digo: ‘Tíos, despertad'”.

Despertad, porque esto es lo que hay (¿un día un presidente español hablará así a sus seguidores?) Quizá no sea el mejor modo de pedir ayuda. El problema de Obama es que la izquierda no sólo está descontenta por eso, sino también porque no ha cerrado Guantánamo, no ha limitado algunas intromisiones en la vida privada que permitió George W. Bush o asesina a gente en Yemen o Pakistán sin permiso judicial.

Además, los liberales pueden pensar que si sólo se han conseguido parches con las reformas sanitaria o financiera, ¿qué esperanzas hay para una buena ley sobre cambio climático o inmigración? Los liberales no votarán a los republicanos, pero si se quedan en casa o no sacan horas de ocio para echar una mano al partido, los republicanos arrasarán. Una de las claves de las elecciones será la capacidad de Obama de volver a levantar de la silla a sus seguidores más convencidos.

En este vídeo lo intenta. Emplea un tono cercano: “Hola chicos, estoy en las bambalinas de Philadelphia, pero quiero hablar con vosotros en general sobre estas elecciones. Por todo el trabajo extraordinario que hicisteis, llamando a puertas, haciendo llamadas, con el enorme entusiasmo de los votantes que por primera vez salieron porque creían que podían traer el cambio a Estados Unidos, me disteis este increíble honor de serviros como vuestro presidente”.

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Obama habla luego de los logros de su gobierno. Pero, dice el presidente, “el trabajo no está terminado”. El problema es que “el otro bando responde”. ¿Cómo? Con millones de dólares, que no son suyos. Este es el segundo problema -más grave- de los demócratas.

2. Los intereses especiales. Obama y su equipo han repetido esta expresión sin parar en las últimas semanas. “Los intereses especiales” son las grandes empresas que quieren que determinada legislación no se apruebe. Las compañías de tarjetas de crédito, las de seguros médicos o las petroleras tienen “intereses especiales”, distintos a los de los ciudadanos corrientes. Hacen lo que pueden en los pasillos del congreso para conseguir sus objetivos.

Hasta ahora, la legislación prohibía la emisión de “contenido electoral” pagado por empresas o sindicatos 30 días antes de unas primarias o 60 antes de unas generales. Una decisión del Tribunal Supremo de finales de enero derogó ese límite. Las empresas pueden gastar ahora lo que quieran en apoyo de un candidato.

Esas empresas -por desgracia para Obama- prefieren a los republicanos. Hasta este lunes, empresas no vinculadas a los partidos habían pagado anuncios en favor de candidatos republicanos por valor de 23,6 millones de dólares, mientras que sólo 4,8 en favor de políticos demócratas. La tendencia no cambiará: hasta el 20 de octubre, los grupos pro republicanos ya han reservado anuncios por 9,4 millones de dólares en 40 distritos; los pro demócratas, sólo 1,3 millones en cinco distritos. ¿Quién hay detrás de esos millones? No se sabe. ¿Es lícito? Es difícil. La votación del Supremo fue ajustada: 5 a 4.

La decisión se basó en la primera enmienda de la Constitución: el Congreso no puede hacer ninguna ley que limite la libertad de expresión. Los nueve miembros del Tribunal reconocieron que las empresas están cubiertas, igual que los individuos, por esa primera enmienda. La decisión fue por tanto jurídicamente impecable. La ley del Congreso limitaba la libertad de expresión durante un periodo de tiempo -unos días antes de las elecciones- a unas personas jurídicas concretas. El Tribunal lo consideró censura y actuó en consecuencia.

Pero no es tan sencillo. El magistrado John Paul Stevens -ya jubilado- hizo la defensa de la minoría: “La diferencia entre vender un voto y vender acceso al político es un asunto de gradación, no de tipo. Vender el acceso al despacho de un político no es tan distinto de dar preferencia a los que quieren gastar dinero en su nombre”. Es decir, el límite entre vender acceso a un candidato y comprar su voto es difuso. La ley derogada procuraba marcar una frontera. La sentencia del Supremo la ha borrado. Ahora una empresa puede ofrecer dinero para financiar anuncios en favor de una causa política. Los votantes no sabrán quién hay detrás.

Los demócratas han intentado limitar esta decisión con una nueva ley que obligue a publicar las empresas que colaboran. Los republicanos han impedido que pasara. Estas elecciones son por tanto la primera vez en que las empresas participarán libremente.

Obama y sus candidatos usarán sin cesar este argumento. Será otro modo de implicar a sus votantes. Las elecciones serán, segun los demócratas, los intereses especiales y oscuros contra los ciudadanos. En un correo electrónico de ayer, Jen O’Malley, la directora del Comité Nacional Demócrata, decía que “los republicanos ya han hecho sus planes para la noche electoral: se reunirán en un céntrico hotel de lujo para montar una fiesta organizada por unos de los grandes lobis de Washington. Decid lo que queráis sobre los republicanos: creen en bailar con los tipos que les llevan a sus cargos. Nosotros creemos en vosotros”.

Tiene un toque populista: los demócratas son el partido de la gente; los republicanos se preocupan de las empresas. No es tan claro. Pero es innegable que hay más empresas cuyos intereses se acercan a lo que defienden los republicanos. Tanto políticos como empresarios lo aprovechan.

La decisión del Supremo hace en suma que algunos congresistas no se deban sólo a sus votantes, sino también a las empresas que les ayudan a llegar a su cargo. La capacidad de influencia de los americanos por tanto es ahora más proporcional a su riqueza. La ley previa trazaba un fino equilibrio entre el derecho a la libertad de expresión y el derecho de los ciudadanos a tener la misma influencia en unas elecciones. Ahora ese equlibrio ha desaparecido.

Entre el Tea Party, los intereses especiales y la crisis económica, los demócratas tienen unas elecciones difíciles. Su esfuerzo por pintar al Tea Party como radical, ligar a los republicanos con los intereses especiales, vender que la economía mejorará y conseguir sacar a su gente a la calle serán cuatro grandes claves. Será un espectáculo ver si lo consiguen.

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Comentarios 4 comentarios

Comentarios

  • 23.09.2010 rojobilbao

    Las claves:

    El gran problema de los demócratas en las elecciones del 2 de noviembre es la economía. Los números no salen y el paro roza el 10 por ciento.
    Y
    Esas empresas -por desgracia para Obama- prefieren a los republicanos.

    Primero el bolsillo y luego el corazon. Obama lo ha intentado al reves y no ha podido/sabido.

  • 23.09.2010 Gaze

    Hora de hacer predigistación y comenzar a escribir de cómo será el segundo término de Obama (si es que termina su mandato) una vez que pierda las dos casas… ¿qué quedará del legado de Obama? (:=

  • 24.09.2010 Juan Fuertes

    ¿Cuál es el motivo por el que las empresas prefieren a los republicanos?. Me gusta el argumento del juez Stevens.
    Sin embargo, no consigo entender el pensamiento del norteamericano medio.

  • 24.09.2010 Jordi Pérez Colomé

    Juan,

    las grandes empresas prefieren a los republicanos porque creen que ahora defienden mejor sus intereses. El reto para los demócratas es hacer evidente antes del 2 de noviembre que los republicanos antepondrían su relación con las empresas a los votantes.

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