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miércoles 29 de septiembre de 2010

Si yo fuera palestino, seguiría con las negociaciones de paz con los israelíes

A principios de septiembre empezaron en la Casa Blanca unas nuevas de negociaciones de paz entre israelíes y palestinos. Quince días después se reunieron en Egipto. No convocaron un nuevo encuentro. Todo quedó pendiente del 26 de septiembre, el domingo pasado. Ese día acababa la moratoria de diez meses que el gobierno israelí había declarado para no construir casas en los asentamientos.

El presidente palestino, Mahmud Abbas, había dicho que si no se prorrogaba, abandonaría las negociaciones. El presidente Obama había pedido a los israelíes que congelaran la moratoria unos meses más. El primer ministro israelí, Bibi Netanyahu, no lo hizo. El lunes se empezaron a construir nuevas viviendas en los asentamientos israelíes en Cisjordania.

Abbas, sin embargo, no abandonó en seguida. Ha dicho que esperará al lunes que viene a una reunión de la Liga Árabe para dar una respuesta definitiva. Es una gran esperanza. ¿Por qué, si tenía claro que no todo acababa si seguían las construcciones, deja ahora una puerta abierta? Me parece bien que lo haga. Los palestinos no deben abandonar.


Los motivos de Netanyahu

Netanyahu dio dos motivos para no alargar la moratoria:

1. Diez meses son muchos. Netanyahu decretó la moratoria en noviembre 2009 por presión de Obama. El gobierno americano quería empezar negociaciones de paz y era un paso previo. Durante esos meses los palestinos no se atrevieron. A un mes del final, Abbas aceptó y empezaron. Netanyahu dice que habían tenido diez meses. ¿Por qué dejaron pasar nueve? A pesar de esto, el primer ministro israelí anima a Abbas a seguir hacia “un acuerdo histórico”.

2. El gobierno israelí se hundiría. Netanyahu es del Likud, la derecha israelí. La mayoría de miembros de su gobierno están a su derecha. Están por tanto a favor de los asentamientos. Sus ministros estaban con contra de alargar la moratoria. Si lo hacía, la coalición se hundía. No es razón suficiente. Netanyahu ya declaró la moratoria con sus ministros en contra. Podía por tanto haberla prorrogado ahora. Además, si hubiera caído el gobierno, el partido de centro Kadima podía haber entrado. La vida política de Netanyahu no estaba en juego.

A pesar de decir que quiere la paz, Netanyahu no ha puesto de su parte lo que los otros le pedían. En estos días, aún podría ceder y declarar por ejemplo que sólo permitirá nuevas casas en Jerusalén este, no en el interior de Cisjordania. Su gobierno caería, pero la alternativa de Kadima seguiría ahí. Otra opción es prometer que sólo se ampliarán los asentamientos que quedarán dentro de Israel una vez se firme la paz y nazca el estado palestino. Pero los palestinos no se fían: primero hay que ver por dónde pasará la frontera, dicen.

Netanyahu no parece la persona más adecuada para la paz. Pero hay más obstáculos. Algunas casas más no cambiarán que si se llegara a un acuerdo unos 100 mil colonos quedarían dentro de Palestina, diez veces más de lo que había en Gaza. Quizá habría que sacarlos por la fuerza (en 1994 asesinaron al primer ministro Rabin por mucho menos). Debería hacerlo además el ejército israelí, en cuyas filas hay cada vez más hijos de colonos. Además de los asentamientos, habría que negociar Jerusalén, las fronteras, los refugiados palestinos y la seguridad israelí (cómo frenar posibles ataques futuros desde Palestina).

La paz es muy difícil; no es nada nuevo. No sólo por los detalles sobre el mapa. También porque décadas de conflicto han hecho que israelíes y palestinos se lleven mal y desconfíen.


¿Por qué a pesar de todo los palestinos deben seguir?

1. Palestina avanza. En enero de 2006, Hamás ganó las elecciones legislativas palestinas y formó gobierno con su primer ministro. El entonces presidente Abbas era del partido rival, Fatah. La convivencia no iba bien y acabó mal. Los aparatos de seguridad de ambos partidos se enfrentaron. En febrero de 2007, las dos facciones acordaron un gobierno palestino de unidad nacional. Estados Unidos no lo aceptó: prefería la guerra civil a un gobierno con Hamás. La jugada le salió medio bien a los americanos; Hamás se quedó con Gaza, pero en Cisjordania Abbas nombró a Salam Fayyad como primer ministro. Un alto funcionaro americano dijo que era “el mejor gobierno palestino de la historia”.

Fayyad fue a la universidad en Texas y trabajó años en Estados Unidos. Luego fue ministro de finanzas con Arafat. Fayyad se llevaba bien con George W. Bush, Colin Powell y Ariel Sharon. El principal objetivo del gobierno de Fayyad era la seguridad. La consiguió. Hamás se siente más perseguido por Fatah que por Israel. Unos meses después, sin declarar elecciones, con la paz más o menos controlada, Fayyad apostó por algo mayor: una Palestina independiente. Era agosto de 2009 e hizo un plan de dos años. Lo cuenta en esta larga conferencia de la semana pasada.

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Esta es la idea principal: “El estado de Palestina no podía fundarse sobre una base vacía, sino sobre la fuerza de unas instituciones sólidas, eficaces y que funcionen bien. Esa era la idea”. Empezó a hacerlo. Primero, la seguridad. Luego, si los palestinos querían vivir en paz, el único modo era asentar su estado. Por las armas no habían conseguido nada más que sufrimiento. Según Fayyad, la historia de los palestinos se había movido entre la sumisión y la beligerancia: “Siempre he defendido, y lo mantengo, que nosotros los palestinos no llegaremos adonde vamos -la libertad, ser capaces de vivir como gente libre en un país propio- si somos sumisos o beligerantes”. Había que cambiar de estrategia, “pasar de reactivos a proactivos”.

Había que construir el estado. Eso podían hacerlo más o menos solos. Pero debían iniciar un segundo camino: el fin de la ocupación israelí, cuyas negociaciones empezaron hace unas semanas en la Casa Blanca. Este proceso, según Obama, debería durar un año. La paz debería ser un hecho después del verano de 2011. Para entonces, Palestina estaría preparada para ser un estado. Coincidían las fechas. La oportunidad es inmejorable. Según Fayyad, “en el proceso, he visto una transformación, una vez más de un estado mental de escepticismo o directamente cinismo a uno que empezaba a ver esto como una opción”.

2. Si alguien no quiere la paz, que sean los israelíes. Este debe ser el objetivo final de Fayyad. Hay quien dice que estas negociaciones son una pantomima israelí para que Obama esté contento y ataque a Irán. Puede ser. Si Netanyahu no estuviera dispuesto ni a reunirse, Estados Unidos se enfadaría. Es un argumento cínico, pero la diplomacia es cínica. Los palestinos no deben -si pueden- dar esa victoria a Israel. Las charlas serán duras, pero todas las grandes cuestiones tienen salida. El borrador de la paz lo escribió ya Clinton. Desde entonces, el asunto que más ha empeorado han sido los asentamientos. Fayyad incluso propuso dar la ciudadanía a los israelíes que se quedaran en Palestina. Sería un acto de valentía.

Los palestinos, a estas alturas, no tienen nada que perder: “Lo que buscamos es crear la inevitabilidad del estado palestino, no hay nada malo en ser así de ambiciosos. Uno puede ser escéptico acerca de esto, y está bien. Es su vida”. Si Abbas vuelve a la mesa de negociaciones, habrá hecho un esfuerzo; Estados Unidos y la comunidad internacional lo sabrán. Luego vendrán los acuerdos. Las charlas podrán romperse por otros motivos. Pero los palestinos -Fatah, no Hamas- tienen el mejor as en la manga: no dar excusas a Israel para que de un puñetazo se levante de la mesa. Si no lo hace, Israel deberá enfrentarse a su paso más difícil: permitir un estado palestino y ser buenos vecinos.

Si no llegan ahí, Fayyad al menos habrá dejado una herencia buena: “¿Qué perdemos por probar? ¿Las 120 escuelas que hemos construido en los últimos dos años? ¿Los 1.700 kilómetros de nuevas carreteras? ¿Los 1.400 kilómetros de tuberías de agua?”
Los israelíes tienen más poder, son más fuertes.

Pero si ven que la mejor manera de deshinchar la amenaza iraní y terrorista es -quizá- un acuerdo de paz, los palestinos en Cisjordania estarán a punto. Israel ha jugado siempre a hechos consumados. Ahora lo hacen también los palestinos. Si las negociaciones continúan, pueden llegar lejos. Por una vez hay que tragarse el orgullo y seguir. Los demás caminos ya sabemos dónde van.

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Comentarios 8 comentarios

Comentarios

  • 29.09.2010 Horrach

    Como cada vez ando más desconectado de este problema Israel-Palestina, no sé si alguien lo ha propuesto ya, pero hay algo que siempre me ha parecido que podría tener su importancia. Me refiero a todas esas decenas de miles de colonos judíos que quedarían dentro de Cisjordania si Palestina se independizara. Siempre se habla de la posibilidad de retirarlos a territorio israelí, pero dado que el 20 % de la misma población israelí es palestina, y tienen la ciudadanía israelí, ¿por qué no se plantea que estas decenas de miles de colonos se conviertan en ciudadanos palestinos? En principio puede parecer una solución descabellada, pero si Fayaad apuntala un estado serio en Cisjordania que garantice la seguridad de todos sus ciudadanos (especialmente la de estos colonos), y dado que muchos colonos judíos, en su fundamentalismo religioso, consideran que el estado israelí es una blasfemia que suplanta al Israel espiritual, tal vez no sería una mala idea. Que Palestina no sea un estado nacional al 100 % creo que también podría tener consecuencias positivas; si pretende elevarse a parámetros democráticos occidentales sería ésta una excusa perfecta para la práctica de la tolerancia y del respeto al diferente. Israel lleva mucho tiempo practicándola y, en general, no le va mal del todo.

  • 29.09.2010 rojobilbao

    Netanyahu no puede gobernar con el Kadima, demasiadas diferencias de carácter personal, a os ojos de los del likud no son sino unos chaqueteros.

  • 29.09.2010 Jordi Pérez Colomé

    Horrach,

    Fayyad ha dicho que lo aceptaría: “Los judíos, si deciden quedarse y vivir en Palestina, disfrutarán de los derechos básicos y por supuesto ningún derecho menos que los árabes israelíes disfrutan hoy en Israel”
    http://www.haaretz.com/news/fayyad-jews-can-b....e-1.279395
    El problema es que para los palestinos es anatema. Para los colonos, quizá peor. Pero está bien que exista como posibilidad. Facilita el acuerdo.

    Rojobilbao,

    puede ser. Pero hoy es el mejor modo de demostrar que va en serio con el proceso y seguir siendo primer ministro. Todo queda a expensas de lo que decidan los árabes, que se pusieron el techo de la moratoria. Ahora mismo todos están con las manos atadas. A ver qué pasa el lunes.

  • 29.09.2010 Arkaitz Mendia

    Hola Jordi:
    Me gustaría saber qué opinas acerca de los niveles de corrupción en Fatah y si es para tanto o si se ha exagerado.
    Gracias. Es lioso seguir la política de allí, pero bueno, los que somos vascos tenemos experiencia en entender embrollos políticos con 10.000 intereses contrapuestos y cómo posturas que en un principio parecerían compatibles acaban enfrentadas.

  • 29.09.2010 Jordi Pérez Colomé

    Arkaitz,

    El gobierno de Fayyad es el sexto, junto a Irak, más corrupto del mundo. Como dicen aquí (http://www.nybooks.com/articles/archives/2010....-945980901), la corrupción y la coordinación con Israel son las dos cosas que pueden hundir al primer ministro. No se exagera.

    Es curiosa esta frase del comentario: “cómo posturas que en un principio parecerían compatibles acaban enfrentadas”. Sería más lógica al revés: posturas enfrentadas que acaban siendo compatibles. Debe ser la variante vasca. Todo es muy lioso, es verdad.

  • 30.09.2010 Arkaitz Mendia

    Jordi:
    Me refería a que los palestinos andan a tortas entre ellos, cuando teoricamente tienen un fin común. Pasa lo mismo en Euskadi, donde partidos que en teoría persiguen el mismo fin (izquierda abertzale, Aralar, escisiones en EA) acaban peleandose entre ellos. Lo mismo pasa en Catalunya, donde los partidarios de la independencia se han atomizado y no son capaces de establecer un frente común sólido. Ahora bien, no estoy comparando a los Palestinos con vascos y Catalanes, ojo, sólo es un ejemplo.
    Por otro lado.. ¿A qué achacas esa corrupción tan lacerante? ¿No es repugnante que en una situación tan crítica algunos se dediquen a mangar? ¿Por qué es eso tan común en las sociedades árabes y latinas como la española o la italiana?
    No lo sé.
    saludos.

  • 30.09.2010 Jordi Pérez Colomé

    Arkaitz,

    ese es otro problema, entre Fatah y Hamás. Allí es un poco distinto porque todos los partidos quieren la independencia. La diferencia es que unos aceptan que Israel exista y otros, no. Sólo hay una división.
    La pregunta sobre la corrupción es casi antropológica. En África y Asia Central hay tanta o más corrupción que en países latinos o árabes. La pregunta adecuada sería: ¿por qué en algunos países -Escandinavia, Canadá, Nueva Zelanda- no hay corrupción?

  • 06.05.2016 Trudy

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