ObamaWORLD

lunes 4 de octubre de 2010

Mejor unas malas primarias que nada

Me voy a salir un poco de mi tema. Ayer hubo primarias en Madrid. Me da igual el resultado. Me da igual si Tomás Gómez ganará a Esperanza Aguirre. Me da igual si las aspiraciones del ganador son cargos más altos. Me da igual si ha perdido el presidente Zapatero. Todas las interpretaciones me dan igual. Sólo me interesa una cosa: las primarias son el sistema menos malo para elegir candidatos.

Ya he hablado aquí de esto. Lo he discutido también con Roger Senserrich. Él vuelve a decir hoy que las primarias no son tan buenas. Algunos de sus argumentos se refieren a si Tomás Gómez sale reforzado o no, sobre si estas elecciones favorecen al partido. Son temas concretos. Cada elección tiene sus asuntos.

Pero eso no merma el valor de las primarias en general. Son buenas en sí, en el PSOE, en el PP, en el PNV, en CiU, en IU, en UPyD. En todos. Demuestran que un partido no es uniforme, que hay otras opiniones aparte de la del jefe. La sociedad es variada, a la derecha y a la izquierda. Los partidos también deben serlo.

Roger da, me parece, tres argumentos para desmontar las primarias en España:

1. Las primarias sólo se hacen cuando el líder es débil. Claro. Si ponemos como ejemplo -como siempre- a los americanos, a un presidente en el cargo se le puede montar una candidatura alternativa, pero tiene las de perder. Se especula con que Hillary rete a Obama para 2012. Es improbable. Si tienes al presidente, mejor que un candidato desconocido. Aunque si el presidente está muy tocado, puede intentarse. En las primarias demócratas de 1980, a un débil Jimmy Carter se le opusieron el senador Ted Kennedy y el gobernador de California, Jerry Brown. Ganó Carter, que luego perdió contra Reagan.

En 2012, en España, los dos líderes principales deberían recibir asaltos de otros candidatos. Sería saludable porque no convencen a todos. Es lo que ha pasado con Tomás Gómez. El líder del partido es débil, por tanto se atreven con él. Con unas primarias obligatorias y un Zapatero fuerte hubiera ganado Trini. Nadie se hubiera opuesto al líder dominador. Es lógico y no veo que sea un problema.

2. Los votantes escogen a un ganador en el partido, pero quizá no en unas generales. Puede ser. Pero hay menos garantías de que quien escoja un ganador electoral sea el líder de turno. Me fío más de miles de personas, que de uno, dos o tres reunidos en un despacho con cincuenta encuestas. Es verdad que puede ocurrir como en el partido laborista inglés. El favorito de centro, David Miliband, ha perdido en favor del candidato de izquierdas, Ed Miliband. La gran diferencia entre las primarias europeas y americanas es que aquí votan militantes y allí, votantes registrados (en la mayoría de estados). Este es el problema europeo. Al final diré algo más.

3. Los socialistas españoles no pueden compararse a los demócratas americanos. Roger cita a Will Rogers, que decía: «No soy miembro de un partido organizado. Soy demócrata» (en referencial al partido demócrata). Ese es el objetivo final y admirable de las primarias: un partido es una plataforma electoral para todos los ciudadanos, no un embudo. Si alguien es socialista o liberal, es lógico que entre en política por la plataforma más afín, pero no debe someterse a los dictados del líder de turno. Los votantes de cada plataforma deben tener poder de escoger según las necesidades de su época.

Después de las elecciones de noviembre, la mayor diversión en Estados Unidos estará en ver quién será el candidato republicano en 2012. Puede ser Sarah Palin, Mitch Romney, John Thune, Mitch Daniels, Haley Barbour, quien sea. En España tenemos que conformarnos con rumores. Es una pena. Por muy poco juego que den las primarias, con eso ya bastaría.

En suma, las primarias no son milagros. No variaría mucho la participación, pero refrescarían el debate. En Estados Unidos, donde las primarias están asentadas, la política no es perfecta; sólo es mejor. En España, nuestra tradición democrática es cortita. El cacique -el líder del partido- aún manda y todos se pliegan a su criterio y órdenes. Si un ciudadano preparado quiere entrar en política, deberá acatar acatar las decisiones de los fontaneros de la organización. Es ridículo y perdemos buenos políticos por el camino.

He dejado el problema para el final. El único modo que hay de escoger en Europa a los votantes en unas primarias es que militen en el partido. En Estados Unidos, en cambio, es obligatorio registrarse para votar. En el registro hay que declarar la filiación política de cada cual. Todos los que dicen demócrata o republicano pueden votar en las primarias de ese partido en su estado. El voto no está por tanto sólo definido por militantes. El mejor modo de paliar eso en Europa es que quien quiera votar en unas primarias, se apunte. Además de los militantes. No serían muchos más, claro. Pero sería legítimo. Más que ahora.

Los comentarios desde otros partidos que se ríen de la desunión socialista son lamentables. Ya les llegará el turno. Las primarias son inexorables.

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Comentarios 10 comentarios

Comentarios

  • 05.10.2010 Pensador

    De momento que voten sólo los militantes, porque si no ya veo a los peperos apuntandose al PSOE para votar al peor candidato en las primarias.

    Y sólo puede ver debilidad en unj proceso de primarias aquel que también crea que las elecciones generales muestran debilidad y desunión en un país. Es decir, el que flaquea de democracia. Vamos, ya sabemos de quien hablamos.

    Por último. ¿es Tomás Gómez más débil o más fuerte que antes de las primarias? Pues eso.

  • 05.10.2010 objetor

    «El mejor modo de paliar eso en Europa es que quien quiera votar en unas primarias, se apunte.»

    Y si me apunto yo a las primarias del partido con el que estoy en desacuerdo para elegir a un mal político?

  • 05.10.2010 rojobilbao

    Las primarias son un buen sistema para destrozar la partitocracia europea (y la española en particular) Las poderosas organizaciones no permiten las primarias y sólo quien tiene a su favor una poderosa organización (el PSM) puede plantar cara, si no te la parten como en el caso de Valencia.

    Respecto a quién tiene que votar, con la chorrada de la novedad se apuntarían para fastidiar muchos,pero pasada la novedad, lo harían los que quieren mejorar el partido.

  • 05.10.2010 Jordi Pérez Colomé

    Habría modos de evitar lo que dicen Pensador y Objetor. Además de lo que dice Rojobilbao, que pasada la novedad, todo volvería a su cauce, otra manera sería que cada votante pudiera sólo participar en las primarias de un solo partido en cada ciclo electoral. El mejor modo de evitar la intrusión sería apuntarse a tu partido favorito y votar al mejor candidato.

    Luego tampoco es tan fácil adivinar quién es el candidato «malo»: ¿Tomás o Trini? ¿Esperanza, Gallardón o Rato? No creo que fuera tan fácil.

    Yo proponía eso para evitar que, como ahora, solo los militantes tuvieran derecho. Puede haber otras propuestas buenas.

  • 06.10.2010 Mercutio

    Luego tampoco es tan fácil adivinar quién es el candidato “malo”:

    ¡Ja, ja, ja! Muy fino. Y estoy de acuerdo.

  • 06.10.2010 Juande González Moyano

    Me encanta este asunto. Las primarias tienen varias ventajas teóricas, algunas ya apuntadas por Jordi y otras no:
    1. Aportan ciudadanía: la participación, sin primarias, queda restringida a votar una vez cada cuatro años o a participar en manifestaciones y otras formas de expresión popular. Las primarias suponen ciudadanía activa frente a la pasividad actual. Es decir: dan contenido a la democracia.
    2. Impiden el enquistamiento de los grupos de poder dentro de un partido.
    3. Favorecen la deliberación y la toma de decisiones a través del razonamiento, frente a las posturas prefijadas habituales. Alimentan un debate en el que además pueden participar más ciudadanos al ser más cercano.
    4. Obligan a tomar posiciones y a no ponerse de perfil. Así se puede ir conociendo a un candidato antes de las generales.
    Pero como digo, todo esto es teórico. Por ejemplo la deliberación queda en nada cuando el único argumento para votar a alguien es que las encuestas le dan como ganador. Además, los sistemas de avales favorecen que se presenten los que tienen contactos y pertenecen a una facción, antes que los independientes con buenos proyectos.
    Estos inconvenientes tienen solución, y en cualquier caso estoy de acuerdo con Jordi: mejor unas malas primarias que ningunas. Los argumentos de Senserrich podrían explicar en todo caso porqué a los partidos, o a ciertos partidos no les interesan las primarias, pero evitan lo importante: por qué sí le interesan a la ciudadanía. El problema es que los partidos se ven como fines en sí mismos, en lugar de instrumentos democráticos. En esta línea, ya expuse en este mismo blog por qué, en mi humilde opinión, las primarias son más improbables en España que en Estados Unidos: tienen mucho que ver con el sistema electoral, aunque también con la cultura política.
    Lo que no puede esperarse de las primarias es que sean una varita mágica. Son una buena institución, pero como todas, para que rindan sus mejores frutos, requieren de un comportamiento virtuoso (no estratégico) de electores y candidatos.

  • 07.10.2010 Horrach

    Las primarias siempre son defendibles, por muchos motivos, pero en el caso del PSOE en Madrid hay que tener en cuenta un significado casi guerrillero: han sido el recurso de defensa que ha adoptado Tomás Gómez contra ZP y su ejecutiva para defender su legitimidad e idoneidad. Por tanto, creo que en sí tienen un significado más digno que el que ya tendrían de por sí, y el resultado ha sido casi podríamos decir un acto de justicia.

    Lo más penoso del PSOE no es la desunión que comienza a perfilarse (como se dice, el ‘sindicato de agraviados’ por ZP dentro del PSOE ha crecido estos dos últimos años), sino la cada vez más vergonzosa retórica orwelliana que han adoptado para referirse a cualquier cuestión, ya sea del partido, española o mundial. Todo parece presentado desde los singulares parámetros del ‘doble pensar’ que hiciera famosos Orwell en ‘1984’. Las valoraciones a la victoria de Gómez han ido en esta línea, pero las justificaciones de inicio para defender la candidatura de Trini también tenían su aquel, pues pretender que el criterio de las encuestas (que, parece ser, valoraban más a Trini que a Gómez) valga para Madrid debería llevar como consecuencia implícita que valgan también para el inquilino de la Moncloa. Pero mantener los criterios en cada caso y no sólo cuando conviene nunca ha sido un rasgo definitorio del gobierno ZP.

  • 07.10.2010 Horrach

    Recuerdo ahora un caso en el que el candidato de los afiliados nunca resultaba ser el más adecuado para los electores. En Israel sucedía así entre Simon Peres y Yitzhak Rabin en el Partido Laborista. Peres controlaba el aparato, y casi siempre vencía a Rabin en las primarias, pero luego era un mal candidato en las generales, donde nunca ganó ni siquiera las simbólicas presidenciales. En cambio, Rabin contaba con mayores simpatías entre el electorado israelí no exclusivamente laborista.

    Peres sólo pudo llegar a Primer Ministro sustituyendo al asesinado Rabin en 1995.

  • 14.10.2010 MARTÍ

    Solo quería comentar un tema ya apuntado por Juande González. Es cierto que las primarias americanas se traducen en un buen nivel de debate, democracia interna y notoriedad de la política pero el poder económico tiene muchísimo peso. Quien posee la mayor capacidad de reunir capital (y este se consigue de empresas o lobbys más que de los ciudadanos de a pie) tiene mucho avanzado con lo que la situación queda distorsionada.

    Un saludo.

  • 15.10.2010 Jordi Pérez Colomé

    Martí,

    es cierto. Un millonario tiene más opciones de presentarse y promocionarse. Pero no siempre ganan luego en las generales. Es probable que por ejemplo Meg Whitman y Carly Fiorina pierdan en California. En las primarias presidenciales, tampoco: Obama y McCain eran más pobres que Hillary y Romney. Es importante, por supuesto, pero no es definitivo.

    En España, sin embargo, no tendría por qué ser así. La financiación de los partidos podría ser tan oscura como hasta ahora. Los candidatos podrían tener un dinero asignado, o un tope.

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