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Domingo 17 de octubre de 2010

China se acerca a la libertad y el gobierno no podrá impedirlo

Llegué a Pekín en octubre de 1999, aún en el aeropuerto antiguo. Me vino a buscar mi nuevo jefe y me llevó al Hotel de la Amistad (Friendship Hotel). Todos los extranjeros que trabajábamos para el gobierno vivíamos allí. No se podían alquilar apartamentos por nuestra cuenta. Cada bloque tenía un portero y algunos decían que teníamos los teléfonos pinchados; internet apenas había.

Pekín crecía, pero aún se notaba que había abandonado el comunismo hacía poco. Había rigidez. En el hotel vivía con su familia un peruano que había llegado en 1979. Hablaba del silencio de la ciudad sin coches, de cómo sólo había una tienda para extranjeros y todos los chinos iban vestidos igual, con el famoso traje mao azul. Entonces empezaron las reformas.

Vivía junto al tercer cinturón. Construían unos kilómetros más arriba el cuarto. Esa zona hasta el Palacio de Verano estaba llena aún de caminitos sin asfaltar y casuchas. Han desaparecido. Han construido ya el sexto cinturón. He ido a China varias veces esta década. La sensación de progreso es impresionante, en Pekín y en Lanzhou, en Chengdu y en Zhengzhou. La apuesta del gobierno es clara: mientras la gente crea que vivirá mejor que sus padres, no pasará nada. El pacto entre gobernantes y ciudadanos es que unos garantizan el orden y los otros ceden libertad.

El mérito de China en los últimos treinta años es enorme. Desde 1978 hay 600 millones menos de chinos pobres. Sin China, el principal objetivo del milenio de la ONU -erradicar la pobreza extrema- sería inviable. Otros muchos forman ya parte de la clase media. Hay centenares de millones de chinos con casa, coche, tele y ganas de ocio y viajes. El día que el gobierno no cumpla con el crecimiento perpetuo, se le pedirán responsabilidades.

No será sólo la nueva clase media la que exigirá. También los campesinos que han visto cómo les expropiaban los terrenos que cultivaban sin darles nada a cambio o los obreros de las fábricas de la costa, que exigen mejores condiciones.

Las exigencias económicas, que son las principales, crecen; cuanto más se tiene, más se quiere. Por otro camino, hay un diminuto grupo de chinos que piden libertades políticas. A uno de ellos, Liu Xiaobo, le han dado el premio Nobel de la paz. En diciembre de 2008 fue uno de los organizadores de la Carta 08, que pedía al gobierno cambios democráticos. La firmaron más de ocho mil personas (sólo podían firmarla chinos y debían dar sus datos completos). Muchos se quejan por la falta de libertad de expresión, ahora sobre todo en internet.

La libertad de expresión no es algo que por ahora reclame la nueva clase media. Todos saben qué se puede decir y qué no. Si no se meten donde nadie les llama, el gobierno les deja en paz. Liu Xiaobo sabía que los chinos -como en cualquier otro país- sólo empezarían a preocuparse por sus libertades cuando sus necesidades básicas estuvieran cubiertas. Por eso la revolución de Tiananmen en 1989 fue prematura.

En un extraordinario artículo de 1994, Liu decía: “No sabíamos que, a pesar de que la democratización política es un prerequisito para la modernización china, no es de ningún modo el único prerequisito”. Era por tanto mejor esperar: “El despotismo del Partido, los asesinatos, la dictadura, todos estos males debían rectificarse, pero cuando afrontamos la realidad china, reconocemos que esta rectificación debe ser gradual, pacífica y a largo plazo”. Liu veía que el cambio debía ser doble: “Debemos no sólo confíar en la presión política de la gente sino confiar aún más en la autorreforma del Partido Comunista”.

Pocos días antes de la concesión del Nobel, el primer ministro, Wen Jiabao, dijo a la CNN: “Creo que la libertad de expresión es indispensable para cualquier país”, y luego: “Debemos crear condiciones para que se pueda criticar al gobierno”. Wen no dijo esto sólo para el público internacional. En los últimos meses había hecho dos discursos con un contenido parecido. Algunos miembros de la vieja guardia han recogido el guante de Wen y publicado peticiones de mayor libertad (y aquí).

¿Por qué Wen dice esto ahora? Junto al presidente Hu Jintao, Wen se irá en 2012. Se le tenía por un discreto reformista. Hasta ahora no ha hecho nada. Quizá aspira a aprovechar el final del mandato para marcar su legado.

¿Y qué pasará? A corto plazo, nada. Las declaraciones de Wen no se publican. En China la censura también se le aplica al primer ministro. Es una situación tan rocambolesca que podría explotar. En 1989 miembros del Partido miraban la revolución de Tiananmen con buenos ojos; hoy puede ocurrir lo mismo y pueden ser más.

El país de algún modo ya cambia. La libertad económica da tiempo para ocuparse de otras cosas. Ha llegado internet. Es inevitable. En su última declaración pública en 2009, por ejemplo, Liu dijo: “Pasé un tiempo en la vieja Beikan [una famosa cárcel] en 1996, y comparada con la vieja Beikan, ha habido una gran mejora tanto en las instalaciones como en el trato de la dirección”. Liu elogia también a algunos de los funcionarios que le vigilan.

Yo creía, como dicen aquí, que China iba seguir sin más su camino de represión política y libertad económica, que no estaba preparada para la democracia. Es el discurso tradicional: la gente quiere hacerse rica, lo demás da igual. Pero ya no estamos en 1989; ya hay muchos ricos que se aburren de tanto dinero. La carta 08 se inspira en la carta 77 que escribieron los disidentes checoslovacos en 1977. Allí el comunismo tardó doce años en caer. Son quizá muchos para la generación de Liu Xiaobo. Pero muy pocos para la historia.

China necesitará que confluyan tres cosas para cambiar: una crisis económica, una oposición viable y apoyo internacional. Ahora mismo ninguna de las tres se cumple. Pero las tres se acercan. El Nobel ha ayudado, aunque una de las cosas que más molesta a los chinos -no sólo al gobierno- es recibir órdenes o consejos del extranjero, aunque les encanta recibir elogios. Son sensibles a ambas cosas. La presión internacional por tanto debe ser sabia y poco estridente: ya sea sobre el yuan, Corea del Norte o los derechos humanos. La crisis llegará y la oposición tiene ya su base -la Carta- y quizá su líder. No sé si Liu Xiaobo será el Mandela chino -tiene cualidades-, pero alguien lo será y más pronto de lo esperado.

*

Una curiosidad. Gracias al Premio Nobel de la Paz veo que este blog tiene ya casi un año. Hace 11 meses escribía sobre el predecesor de Liu Xiaobo: Barack Obama. Fue con motivo del discurso del día de la entrega.

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Comentarios 8 comentarios

Comentarios

  • 17.10.2010 SPQR

    ¡Felicidades Jordi! El tiempo transcurre demasiado rápido, eh?

    No he podido leer los enlaces, así que igual la respuesta está por ahí arriba. Esa afirmación de “la crisis llegará” es porque a todo sistema económico le llega su San Martín (mera cuestión de tiempo) o, ¿está basada en datos recientes de la economía china?

  • 18.10.2010 Jordi Pérez Colomé

    ¡Gracias! Pero aún queda un mes y medio para soplar la velita. Me parece que el primer post fue a finales de noviembre.

    Me refería al San Martín y a cuestiones sociales: quejas por la corrupción de funcionarios, quejas por la sanidad cara, aumento de precios. No será mañana, pero cada vez los chinos pedirán mejores servicios y condiciones.

  • 18.10.2010 Arkaitz Mendia

    Bufff. Gran artículo como siempre. Pero me da mucho miedo que en el futuro los chinos dominen el mundo. Tiene posibilidades de ello. Pero son demasiado depredadores, me da a mí la impresión.

  • 18.10.2010 Jordi Pérez Colomé

    Arkaitz,

    pueden dominar el mundo, claro, quién sabe. Por ahora, sin embargo, no han sido muy depredadores. Siempre les han invadido -mongoles, manchúes, japoneses- y para evitar ataques y que les dejaran tranquilos construyeron la Gran Muralla. Sólo hay una cosa que les hace perder los nervios: que les toquen lo que creen que es suyo, Taiwán, Hong Kong, Tíbet, Mongolia interior.

    De todos modos, puedes estar tranquilo. Nuestra quinta vivirá toda la vida bajo el paraguas americano.

  • 19.10.2010 Arkaitz Mendia

    A ver está claro que las sociedades que prosperan económicamente piden más libertad. espero que con el tiempo los trabajadores chinos se organicen en sindicatos y que la sociedad civil exija libertades. Lo deseo por ellos y por nosotros: No se puede competir manteniendo nuestro bienestar ( bienestar de los trabajadores como yo, no hablo de lujo) con una dictadura comunista que ni siquiera contempla la sanidad universal (creo que no, corríjeme). Las sociedades comunistas se han caracterizado por “dejarse de chorradas” a la hora de crecer: Ni chorradas medioambientales ni sociales ni nada. Tienen derecho a salir de la pobreza, no digo que deban ser pobres para siempre con tal de que yo viva mejor!

  • 19.10.2010 Juande González

    Enhorabuena Jordi. Yo soy lector sólo desde hace unos meses (lo conocí a través del difunto Factual, pero no me hice habitual hasta mayo), y ahora considero este blog como un magnífico medio de recibir información internacional. Lees lo que yo no puedo y me lo das bien ordenadito y con la posibilidad de ampliar (ya me gustaría tener tiempo para pinchar en todos los links). Merecerías cobrar por esto que haces, aunque eso ya lo sabrás tú. Me preocupa que si no cobras un día eches el cierre.
    No sé apenas nada de China. Me resulta un misterio y cuando lo pienso me da hasta miedo. Ocupa ya un lugar central en el mundo, y sigue administrada por un partido único que, salvo que yo me equivoque, es muy opaco. Quiero decir que todo lo que se sabe y todas las especulaciones que se puedan dar sobre el futuro del país chocan con esa opacidad. ¿Qué se cuece ahí dentro? No dudo de que haya reformistas, pero seguro que también hay nostálgicos de los viejos tiempos y gente en absoluto interesada en la apertura política. ¿No introduce esto un elemento de incertidumbre mayor del que pueda existir en una democracia cualquiera? La democratización de China, aparte de ser una exigencia moral, tiene claras ventajas prácticas para el resto del mundo: aportaría transparencia, predecibilidad. Esto es muy importante para todo, pero muy en especial para la economía (como ha demostrado la actual crisis).

  • 19.10.2010 Jordi Pérez Colomé

    Juande,

    es tal como dices. Parece que China sigue ese lento proceso que ya se ha dado en otros países de desarrollo primero y luego apertura política (España es un ejemplo). El problema con China es el tamaño. No es un país, es un continente. ¿Cómo será el camino? ¿Habrá un reformista desde dentro (un Gorbachev con suerte)? ¿Caerá el sistema y empezará de cero con un Mandela o Havel al frente? El gobierno chino se ha escudado a veces en el caos ruso para no abrirse más. Pero a medio plazo es inevitable. No pueden ser un país bananero al lado de Corea del Sur o Japón y pronto otros del sudeste asiático. La democratización de China será uno de los temas de nuestras vidas. Yo sigo aprendiendo chino para poder verlo de cerca.

    Me quedo, por otro lado, con esta frase magnífica: “Merecerías cobrar por esto que haces, aunque eso ya lo sabrás tú”. Gracias. La utilizaré de reclamo si se tercia. Describes este blog “ordenadito” perfectamente. Por ahora no pienso en el cierre. Me gusta hacer este blog. Pero en el fondo es tal como dices.

    Arkaitz,

    “Las sociedades comunistas se han caracterizado por “dejarse de chorradas” a la hora de crecer”. Menos Corea del Norte y Cuba, es así. Los chinos pedirán más y cuando se enfadan son tremendos. Por suerte, se enfadan poco. El gobierno cederá, en principio despacio. Ya veremos.

  • 19.10.2010 rojobilbao

    La libertad de expresión no es algo que por ahora reclame la nueva clase media. Todos saben qué se puede decir y qué no. Si no se meten donde nadie les llama, el gobierno les deja en paz.

    Como decía Franco:”Haga como yo, no s eme ta en política”.

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