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lunes 22 de noviembre de 2010

Afganistán ya tiene un plan, pero la guerra no tiene solución

La Otan ya tiene un plan para Afganistán. Este fin de semana lo acordó en Lisboa: en 2011 las tropas de la alianza empezarán a retirarse; en 2014 se traspasará la seguridad a las fuerzas afganas. Pero no se sabe nada más: ¿qué ejércitos se irán primero? ¿Qué provincias quedarán en 2011 en manos afganas? ¿Cuál será el papel de la Otan en 2014? Nada.

Obama no lo esconde: “Ciertamente, nuestro papel se habrá reducido. Pero más allá de eso, es difícil anticipar que será necesario exactamente para proteger al pueblo americano en 2014. Tomaré esas decisiones cuando sea el momento”. Obama no dice que quizá “en ese momento” ya no sea presidente.

La Otan ha firmado además con el presidente afgano Hamid Karzai un acuerdo de colaboración indefinida en seguridad: “Cuando los afganos se levanten y tomen el mando, no estarán solos”, ha dicho Obama. Esto significa, claro, que Estados Unidos -o la Otan- se reservan el derecho de actuar en Afganistán cuando les parezca bien. No es ninguna sorpresa después del tiempo y el dinero invertidos en el país.

El general Petraeus deberá decidir ahora en qué regiones puede reducir soldados. En diciembre hay un revisión de su labor desde el aumento de tropas -que se decidió con el general McChrystal al mando. Quizá entonces se den más detalles, aunque el momento de la verdad será en julio. Allí se verá cuántos soldados vuelven a casa o si solo cambian de destino en el país.

La decisión es una cortina de humo para los consumos nacionales. La guerra ya no es popular. Un plazo fijo desactiva las críticas y da margen de maniobra a los líderes.


Una estrategia mala

El objetivo de la guerra de Afganistán se consiguió a los pocos meses del inicio: el país no podía ser un refugio para Al Qaeda. Ahora ya no quedan árabes allí; los que luchan son talibanes afganos. Al Qaeda está en Pakistán y actúa desde Yemén u otros lugares. El problema ahora es distinto. Pero los recursos que se destinan a Afganistán complican aún el objetivo principal de la política de seguridad de Estados Unidos: la lucha contra el terrorismo.

No hay sin embargo una solución fácil. Hay que salir de Afganistán con tres condiciones mínimas: con una cierta dignidad, sin dejar una guerra civil entre gobierno y talibanes y evitar que se convierta otra vez en un nuevo escondite para terroristas. La más fácil es la última: es improbable que los talibanes -si volvieran al gobierno- permitieran de nuevo que Al Qaeda campara a sus anchas. Las consecuencias no han sido buenas para nadie. Además, Estados Unidos se reservará la libertad de actuar con operaciones puntuales. Las otras dos condiciones son más difíciles.


La guerra ya está en marcha y está difícil

La guerra va mal. En Afganistán hay cien mil soldados americanos desde septiembre; nunca ha habido tantos. La mitad de esas tropas están en las provincias de Helmand y Kandahar, los dos bastiones talibanes. En febrero hubo una ofensiva junto a soldados talibanes en Marja, en Helmand. Este es el progreso conseguido, según contaba en septiembre el teniente coronel Kyle Ellison: “Cuando llegamos aquí, no podías salir de la base sin que te dispararan. Ahora, puedes salir, pero no hay ningún lugar en Marja donde puedas decir, al cien por cien, que no te van a disparar”.

Ahora hay una ofensiva en Kandahar. El general Petraeus se esfuerza en dar buenas noticias, para tener más fuerza ante la opinión pública en su revisión de diciembre. Aquí dan argumentos sólidos para demostrar que no es así. Además, en el norte, donde se ha abandonado la presión para atacar a los talibanes en su madriguera, la seguridad se ha deteriorado. De hecho, según Reuters aquí, los talibanes controlan más territorio que en ningún otro momento desde 2001.

El presidente afgano, Hamid Karzai, también se ha quejado estos días de los ataques nocturnos de comandos especiales. Los americanos los han aumentado: ahora hay unos doscientos al mes, seis veces más que hace un año y medio. Según un militar de la Otan, estas operaciones logran su objetivo entre un 50 y 60 por ciento de las veces (en los últimos tres meses, unas seiscientas operaciones han capturado o matado a 368 talibanes). Pero tiene dos problemas: las muertes de civiles o la destrucción de casas y pueblos que acarrea y de lo que se queja Karzai (aunque soldados afganos participan en la decisión del objetivo y la actuación) y que parece que los talibanes los reemplazan con una cierta facilidad. (Esto lo dice la Cia, que es en general menos optimista que el ejército.)


Las negociaciones son difíciles

El director de la Cia, Leon Panetta, ha dicho que las nuevas negociaciones de paz son inútiles, porque los líderes talibanes no tienen incentivos para llegar a un acuerdo porque creen que van ganando. El aumento de 30 mil nuevos soldados que aprobó Obama hace ahora un año debía servir para cambiar esa tendencia. Por ahora no se ha conseguido.

A pesar de todo, hay desde hace unas semanas unas negociaciones en marcha. Son incipientes, como siempre. Primero hay que hablar de qué se va a hablar (según Karzai, los primeros encuentros fueron poco más que “el intercambio de deseos de paz”). Las negociaciones -con los talibanes, no con Al Qaeda- tienen montones de problemas. Estos son los principales.

1. Los líderes están en Pakistán. Los encuentros son en Afganistán, así que la Otan debe comprometerse a garantizar su seguridad. Pero el problema no es solo ese. Si están en Pakistán significa que les acogen. El problema principal con Pakistán es que quiere tener voz en el resultado final (de hecho el New York Times omite aquí el nombre de los que participan para evitar que la inteligencia paquistaní les detenga o asesine). El mejor modo de tener peso es influir y ayudar a los talibanes. Este es uno de los graves problemas de los americanos, que ayudan a un país que colabora a escondidas a sus enemigos. El objetivo de Pakistán en Afganistán es asegurar que la India no tenga ningún peso en el nuevo gobierno. Si no, el país quedaría emparedado entre dos ejércitos enemigos. Sería una pesadilla.

2. Qué cabecillas son los buenos. Además de negociar sin que los paquistaníes se enteren (es imposible), deben acertar con los jefes correctos. El mulá Omar -el jefe de los talibanes- ha dicho que no hay negociaciones (así que si es verdad los que hablan no cuentan con su favor). Luego están las facciones de Haqqani y de Hekmatyar. No es fácil saber quién manda qué y, sobre todo, qué caso les hacen los talibanes que están en pleno combate dentro de Afganistán. Además están los talibanes paquistaníes. Según dicen en este estudio, los talibanes de ambos países y Haqqani tienen puntos de unión. Hekmatyar va más por su cuenta. Es especulación, pero demuestra la dificultad de las negociaciones.

3. Hay dos objetivos: la reconciliación o la reintegración. La reconciliación es admitir al enemigo en la mesa de negociaciones y llegar a un acuerdo para vivir todos en paz. La reintegración es conseguir que los mandos intermedios o soldados rasos talibanes dejen la lucha a cambio de trabajo o dinero. Los americanos prefieren, claro, la reintegración. Pero los talibanes que lo aceptan se juegan el cuello. Tampoco las recompensas son tan sustanciales. Se podría avanzar con las dos. Pero si se insiste en la solución militar y la reintegración, la reconciliación es cada vez más difícil.


El final será una pirueta

El presidente Obama tiene solo una salida y se le puede complicar por muchos frentes. Si no ganan la guerra, los talibanes les echarán. Si ganan, pero las negociaciones no fructifican, los talibanes esperarán a que se vayan para montar una guerra civil. Si ganan y los talibanes aceptan la paz, el nuevo país debería ser respetuoso con las mujeres, la democracia y discreto con la corrupción y el opio. Es una pirueta enorme.

La salida de Obama es que el equilibrio se sostenga de algún modo en algún momento, poder dejar la seguridad en manos afganas y salir corriendo. La fase posterior sería atacar con operaciones especiales o desde el aire a campos de terroristas y ayudar con dólares al gobierno. Los afganos van a sufrir aún más allá de 2014, por mucho que la Otan haya hecho un plan.

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Comentarios 3 comentarios

Comentarios

  • 23.11.2010 rojobilbao

    Lo que la OTAN no tiene, y es en gran parte por culpa de los USA, que le dejaron tirado, es a un líder militar y político como Masud asesinado dos días antes del 11-S.

    El aguantço, an clara inferioridad, a los talibanesy el con apoyo real, hubiera podido revertir la guerra, que ni ganan ni pierden los occidentales, osea, el peor escenario posible.

    ¿Qué hacer? Buscar o crear un Masud, ¡ahí es nada!

  • 23.11.2010 Jordi Pérez Colomé

    A estas alturas, o Karzai o nada. Me parece que ya mejor morir con Karzai que inventos peregrinos de última hora.

  • 10.11.2015 Sabrina

    buenas y macanudas nohecs tapa y compaf1ia!! aca estamos con mi hermano escuchando y disfrutando de la trasnoche!! e9l ocupandose en un lindo hobbie y yo estudiando un poco pasen un tema de santos inocentes porfa, delen!! jaja saludos!!!!!

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