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Jueves 2 de diciembre de 2010

Wikileaks contra la nación indispensable, y al final todos ganan

Ayer salieron los cables de diplomáticos de Estados Unidos sobre Canadá, dos países amigos. Parece que podemos dar ya por acabado lo más interesante. Me quedo con esto.

1. La filtración es catastrófica, pero no es seria. El cablegate no cambiará la historia de la humanidad. Es fascinante saber la opinión privada de líderes públicos o comprobar cómo Estados Unidos presiona a políticos españoles. Pero como dice Zbigniew Brzezinski, asesor del presidente Carter, “ya se decía en la Viena del Imperio Austrohúngaro, todo esto es catastrófico, pero no es serio”. No hay por ejemplo nada que implique a Estados Unidos en un crimen.

Un portavoz del Departamento de Defensa hizo ayer esta extraña declaración: podríamos haber cerrado la web, pero no lo hicimos porque tampoco nos iba a perjudicar tanto. Su jefe, el secretario de Defensa, Bob Gates, lo explica así: “Los gobiernos tratan con nosotros porque les interesa, no porque les gustemos. no porque confíen en nosotros, no porque confíen en que guardaremos sus secretos. Somos aún la nación indispensable”. La filtración es obra, según parece, de un militar en una base de Irak. La culpa por tanto es de Gates y su Departamento. Con estas declaraciones quita hierro. Aunque es un buen modo de desviar la atención, es verdad lo que dice. El resto de países lo sabe. Menos en Turquía e Irán, las reacciones han sido tibias.

2. Los diplomáticos americanos son finos. Igual que Gates se cubre, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, también ha procurado aprovechar la crisis. Ayer lo conté. Además, los diplomáticos americanos quedan como estilistas del cable -hasta los europeos les envidian, via- y transparentes.

3. La diplomacia no es una ciencia. Kim Philby fue un inglés americano que espió para la URSS. Escribió en 1968: “Solo porque un documento es un documento, tiene un glamur que tienta al lector a darle más valor del que merece”. Los cables diplomáticos son documentos interesantes, una ventana a un mundo oculto. Pero eso no hace que si algunos se descubran sean pura verdad. Un diplomático no dice solo la verdad. Ni lo que les dicen a ellos siempre es cierto. Ni los datos que escriben están cotejados sin falta. La diplomacia es un arte, no una ciencia. Así hay que tomarse estos cables.

4. La estrategia de Wikileaks es extraordinaria. El cerebro de Wikileaks, Julian Assange, quería que sus filtraciones las analizaran bloguers y que así llegaran al público: “Seguramente es más interesante escribir un artículo sobre un documento interno de Somalia o sobre un top-secret chino -cosas que nosotros hemos publicado-, de lo que es simplemente escribir un blog sobre lo que está en portada del New York Times, o sobre tu gato. Pero la verdad es que no es así”. Para los bloguers es una tarea demasiado ardua. Hay miles de documentos que leer.

Wikileaks necesitaba a periodistas en medios establecidos: alguien a quien pagaran para buscar datos en miles de archivos y con una cabecera que diera crédito. La idea original de pasar las bases de datos a periódicos fue, parece, de Nick Davies, del Guardian. Luego se lo hicieron llegar también al New York Times, a Der Spiegel y a Le Monde. Esta vez le ha tocado además a El País. Imagino que para aumentar la difusión en la tercera lengua más hablada del planeta.

5. Wikileaks está aquí para quedarse. Sarah Palin, Rick Santorum, Mike Huckabee, Peter King son algunos de los políticos americanos que han pedido que detengan o ejecuten a Julian Assange. Es pura política. No hay modo legal ya de detener a Wikileaks o las webs parecidas que ya existen o aparecerán pronto. “Al final habrá mil Wikileaks”, dijo Daniel Schmidtt, ex portavoz de Wikileaks, en septiembre. Los secretos van a tener que cambiar. Es difícil saber cómo. No hay otro remedio y es bueno que sea así.

6. Las únicas soluciones contra Wikileaks son tecnológicas. Por mucho que se señale a Assange, la culpa de la filtración es del Departamento de Defensa, que no solo debe defenderse de Wikileaks, sino también contra servicios de inteligencia extranjeros. Desde el Pentágono, ya han procurado mejorar el sistema: han retirado las conexiones usb, o los cd u otros modos de grabación de sus ordenadores (y cuando deba sacarse información serán necesarias dos personas). Pero la importante es otro objetivo: crear un sistema automático que impida toda filtración.

Peiter Zatko fue un hacker que colaboró con Assange hace años. Los dos guardan buenos recuerdos de sus aventuras cibernéticas: Zatko era Mudge, Assange era Mendax. Ahora Zatko trabaja para el gobierno americano y obtener un sistema automático que detecte cuando hay movimientos extraños en una red y de dónde vienen. Debe ser en tiempo real. Es algo extremadamente sofisticado. No está claro que lo consiga.

7. Qué quiere Wikileaks. Si la tecnología no lo logra, ¿cuál es la mejor protección contra las filtraciones? Según Wikileaks, la bondad. “Nuestro objetivo no es una sociedad más transparente, sino una sociedad más justa”, dice Assange.

El próximo gran objetivo de las filtraciones de Wikileaks, según Assange, será un gran banco americano. La mitad de archivos que tienen ahora son de empresas privadas; no todos suculentos. Ni la violencia ni el derecho ni la violencia protegen contra filtraciones así (además, según un estudio del Ponemon Institute, un 60 por ciento de los empleados se llevan material sensible antes de irse de una empresa.)

En Wikileaks solo ven una alternativa para las empresas. Según una portavoz en Islandia: “Deberian resistir la tentación de convertirse en corruptas”. Assange tiene lo explica mejor, en tres partes: las empresas deben “hacer cosas para conseguir filtraciones de competidores deshonestos. Ser tan abiertos y honestos como sea posible. Tratar bien a tus empleados”. Solo hay un problema, por ahora: si una empresa filtrada le cae bien a Assange, igual no nos enteramos de sus fechorías.

Assange también aspira a dar con documentos de gobiernos más opacos, como China o Rusia. Igual que los fundadores de Google o Facebook, ha venido al mundo para traer el bien. Assange no lo esconde, como dice aquí, “bromea de su complejo de Mesías”. Aunque hay algo que por ahora le salva de todo: según alguien que le conoce, “tiene unas pelotas de titanio”. Veremos qué predomina.

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Comentarios 8 comentarios

Comentarios

  • 02.12.2010 fabregas

    Parece que a los medios de comunicación, especialmente a los que tienen la exclusiva, les cae la baba con Wikileaks. Sin embargo “resulta sorprendente que el periodismo no aplique a las narraciones confidenciales los mismos protocolos que aplica a las públicas e identifique con un mecanicismo conmovedor, que refleja su gusto por las novelas y por las teorías de la conspiración, el secreto con la verdad.” (cita de Arcadi Espada). Wikileaks es, si algo es, la prensa rosa de la alta política internacional. Y ahora, ¿por qué no hablamos de cosas serias?

  • 02.12.2010 Mercutio

    Tengo la impresión de que todo el mundo es perfectamente consciente de la escasa trascendencia del asunto. Y cuando digo todo el mundo me refiero incluso al que pone los ojos en blanco y da voces en el bar. Incluso a El País.

    Diplomáticos que espían, dónde vamos a parar. En fin.

    Por otro lado, Philby no era americano, admirado Jordi. Es un error irrelevante, pero me asombra: si algún inglés tiene fama por ser inglés, ese es Philby. Hasta su pseudónimo, Kim, se debe al personaje de Kipling.

  • 02.12.2010 Jordi Pérez Colomé

    Mercutio,

    Philby, claro, la madrugada tiene eso, madre mía. Lo he cambiado. Gracias.

    Creo que hay distintos niveles de importancia en los cables filtrados. No todo es intrascendente o prensa rosa. Algunos documentos son magníficos. Eso sí, no descubren tanto. Cuanto a El País, puede ser. La única diferencia que puedo ver es en la importancia que aún da al asunto en la portada de la edición papel respecto al NYT, por ejemplo. Quizá es que en Nueva York están más acostumbrados a exclusivas mundiales.

  • 02.12.2010 Mercutio

    Hombre, El País lo sacó en portada (en la edición digital, que la otra no la compré) el día de las elecciones catalanas. Evidentemente, para cualquier español es mucho más importante lo que dice sobre Somalia el agregado cultural sueco en la embajada libanesa que los resultados electorales de CiU o el PSC.

    Seguramente no se pueda negar la relevancia de algunos de los documentos. De muchos, quizás. Pero ¿para quién? ¿Para el lector de periódicos? ¿Para un ciudadano corriente? En mi opinión, mostrar imágenes de un ataque irresponsable y criminal a civiles en Irak (o en Corea del Norte) es tremendo, y es información que no tenía antes; decirme que Putin podría, acaso, a lo mejor estar detrás del asesinato de Litvinenko me parece una chuminada de tamaño sideral. Como si estuviéramos dudando entre si lo mató el gobierno ruso o un vecino que se quejaba del ruido.

    Quizás el problema esté en la incapacidad de los medios de comprender y diferenciar qué es relevante y qué es llamativo… o bien en que lo comprenden y diferencian perfectamente. Quién sabe qué es peor.
    – – – – –
    Lo de Philby estaba claro que había sido un despiste; no se nos torture.

  • 02.12.2010 Claudio

    osea, que no te cae bien. No creo que sea bueno ser tan joven y tener ese barniz de cinismo que parece prudencia y amor por los hechos…

    Creo que Wikileaks ha hecho un gran bien.

  • 02.12.2010 cristian campos

    Totalmente de acuerdo con Mercutio. Soy capaz de recitar de memoria al menos diez libros, traducidos al español (en inglés debe haber cientos), que dicen y “revelan” más secretos sobre la diplomacia secreta estadounidense y los entresijos de Washington que todos los cables de Wikileaks juntos.

    Qué carajo, ya tengo lista para este domingo.

  • 02.12.2010 Jordi Pérez Colomé

    Claudio,

    no me he explicado bien, creo. Me encanta que exista Wikileaks y otras webs así. Ha hecho un bien, por supuesto. La crítica es otra: sus novedades son interesantes para ver cómo funciona la diplomacia. Me lo he pasado en grande leyendo algunos cables. Son información pura y una buena exclusiva, pero no harán cambiar el mundo. Diría que Abu Ghraib fue más importante.

    Cristian,

    adelante con las listas.

  • 02.12.2010 Nómada

    Lo que más me sorprende de Assange es su ingeniudad acompañada de su irresponsabilidad. Pretender que con su show imperará la bondad (provocada por sus actos) no llega ni a hippie y no quiero escribir la palabra. Estoy leyendo un libro de título A Puerta Cerrada, escrito por Laurence Rees sobre los entresijos de las decisiones tomadas durante la II Guerra Mundial por los Aliados. Sorprende la cantidad de cosas que se ´sabían (Katyn, el asunto de Polonia, los pactos de nazis y soviéticos, etc.) y que se obviaron porque sí (hay otra expresión). En el mundo actual todos estamos inundados de noticias, chismes y revelaciones sorprendentes, pero me temo que estamos en los mismos términos que en los años cuarenta, y que muchas decisiones son tomadas sí o sí. Incluso la manipulación es mucho más efectiva. Nos pueden tener dos semanas hablando de lolitas japonesas mientras el país es cercado “por los mercados”. Evidentemente es un chiste, pero soy muy pesimista al respecto y creo que el efecto puede ser el contrario y el mal puede aumentar con el aumento drástico del secretismo. Y sobre la utilización de la administración norteamericana, de Wikileaks me parece lo más lógico: se lo han puesto a huevo.
    Y, terminado, para los periodistas es un chollo (que se lo cuenten a El País) que ahora sí que pueden acabar a tiempo. Tienen todo el trabajo hecho. Un saludo.

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