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jueves 16 de diciembre de 2010

Wikileaks no es tan nuevo y la Persona del Año de Time en 2002 lo demuestra

El público votó en la web de Time a Julian Assange, director de Wikileaks, como Persona del Año 2010. Los editores de Time han decidido dar la mención a Mark Zuckerberg, fundador de Facebook. Assange ha quedado tercero; el Tea Party ha sido segundo.

Me parecía un trío peculiar para ser personas del año; no hay políticos. He ido a mirar la lista histórica Time. Quería ver si la tendencia había cambiado y en el siglo XXI los políticos son menos importantes. He visto que no. En los últimos diez años, cinco ganadores han sido políticos: Bush (2000 y 2004), Giuliani (2001), Putin (2007) y Obama (2008).

Aunque es cierto que en los últimos 25 años hay menos políticos, la diferencia no es tan apabullante. Time escoge la Persona del año desde 1927. Desde 1937 a 1954 ganaron solo políticos -entre ellos, Hitler y dos veces Stalin-, pero son años en que la política dominó la historia. Desde entonces, han bajado los políticos, aunque es aún de largo el mejor trabajo para llegar a ser Persona del año.

No he dado con nada nuevo ahí, pero me ha sorprendido otra cosa. En 2002 la Persona del año fueron “las denunciantes”. El galardón fue para tres mujeres: Sherron Watkins, Coleen Rowley y Cynthia Cooper. Watkins trabajaba en Enron; Rowley, en el FBI, y Cooper, en WorldCom. Las tres denunciaron irregularidades contables -en el caso del FBI, errores de investigación antes del 11-S- a sus superiores.

La palabra que usa Time en inglés para definir a “las denunciantes” es “whistleblower”. Esa palabra la han utilizado muchos medios para referirse a Wikileaks (“denunciante” es la mejor palabra que he encontrado para decir “persona que avisa de fechorías cometidas en una organización”). Aunque luego han surgido dudas sobre si eso era lo que hace Wikileaks, porque “whistleblower” tiene una connotación positiva.

Según Time, las vidas de las tres mujeres “quizá no estuvieron en peligro, pero pusieron casi todo lo demás en el aire. Sus trabajos, su salud, su privacidad, su juicio; arriesgaron todo para traernos una necesaria muestra de problemas dentro de instituciones cruciales”. En un manifiesto de 2006, el año de la creación de Wikileaks, Assange escribía: “Cada vez que vemos un acto que creemos que es injusto y no actuamos nos convertimos en parte de esa injusticia. Aquellos que son repetidamente pasivos ante la injusticia pronto ven cómo su carácter se corroe en servidumbre”.

Las tres mujeres vieron algo injusto y lo denunciaron. Es lo que aspiraba a hacer Wikileaks en su fundación. Aun así, hay dos diferencias esenciales: primero, las mujeres solo denunciaron las negligencias a sus jefes; otros se encargaron de filtrar los documentos que ellas escribieron. Segundo, las denunciantes de 2002 fueron selectivas; Wikileaks es indiscriminado.

¿Qué significa esto? Que Wikileaks no es tan nuevo y que sin el soldado Bradley Manning no sería hoy tan conocido. Wikileaks se ocupa de filtrar información que otros quieren sacar. Daniel Ellsberg, que filtró los Papeles del Pentágono a la prensa en 1971 sobre la guerra de Vietnam, hizo lo mismo que Manning (aunque vigiló qué daba; Manning en cambio pilló todo lo que pudo). La única diferencia entre ambos casos es que Wikileaks actuó de mediador entre la fuente y la prensa, mientras que Ellsberg fue directo. Mark Felt, el Garganta Profunda del caso Watergate, también hablaba directamente con el periodista Bob Woodward.

Wikileaks incorporaría quizá la variante hacker: puede haber hackers que se dediquen a entrar por la red en gobiernos o empresas para robar documentos. Es algo que puede hacerse desde hace años y no ha logrado exclusivas mundiales. Por ejemplo, Estados Unidos hace ocho años que trata de extraditar desde Gran Bretaña al hacker escocés Gary McKinnon, que entró en 2001 y 2002 en ordenadores del Pentágono para buscar, según dice, información sobre ovnis. Este caso prueba, por otro lado, que Estados Unidos lo tiene crudo para hacerse con Assange y juzgarle.

Otra prueba de que las filtraciones necesitan la ayuda de denunciantes o “whistleblowers” son dos nuevas webs que han nacido estos días: balkanleaks.eu y brusselsleaks.com. Las dos piden colaboración: “Si trabajas para una empresa, consultora, institución u ong y quieres publicar información de un modo completamente seguro -y anónimo, si prefieres-, contacta con nosotros”, dice por ejemplo Brusselsleaks. Wikileaks, que por ahora no admite más material por “mejoras de reingenería”, también lo hace así. Por su parte, Openaleaks, la secesión de Wikileaks que debía salir el lunes, sigue en el limbo.

No solo todo esto. El senado americano aprobó el viernes la “Whistleblower Protection Bill”, para mejorar la protección de los denunciantes de irregularidades en el gobierno. Hay incluso una organización que se dedica a defender sus derechos y a animarles. Bradley Manning no puede acogerse a esta categoría: no reveló una irregularidad, sino archivos secretos.

Hace años pues que hay héroes que filtran datos que creen que deben ser públicos. Hace años que el gobierno les protege (aunque lo haga mal). Hay también periodistas que logran destapar secretos que muchos no sabían ni que ocurrían, como Seymour Hersh en el caso Abu Ghraib de torturas en Irak. Hay por supuesto secretos que están guardados a buen recaudo y que seguimos sin saber.

Sea como sea, Wikileaks no es una novedad tan asombrosa. Sin Manning, hubiera seguido en un segundo plano. La cooperación de grandes periódicos del mundo ha sido también básica. Estoy en ascuas para saber qué más pueden tener -Bank of America, Guantánamo- y, sobre todo, cómo lo han conseguido.

Sigo por supuesto sin entender por qué la sobrerreacción americana ha hecho estallar este caso. Cada vez la entiendo menos, y llevo días ya con esto. Han convertido a Wikileaks en modelo de la libertad de expresión y no hay quien lo pare. Hoy mismo el New York Times confirma la razón más obvia. Según fuentes del Departamento de Justicia, dice el Times, el gobierno está interesado en procesar a Assange “porque está bajo mucha presión para hacer de él un ejemplo disuasorio para nuevas filtraciones de documentos electrónicos en internet”. Es el único motivo que parece lógico. La información dice también que el único modo que tienen de cazar a Assange es tratar de demostrar que ayudó a Manning a conseguir los documentos.

El New York Times ha parado ya de publicar cables. No debe quedar nada de calado. Aunque Guardian, Le Monde y El País los exprimen aún a toda portada (El País es el que dedica más espacio). En una nota al margen, es incomprensible como Javier Moreno, director del periódico, dijo anteayer en un acto sobre Wikileaks, primero, que “Wikileaks no es algo anecdótico, ha cambiado el panorama de una forma radical”, y poco después: “Lo que he visto es hacer periodismo al modo de siempre. Hace 20 años, la gente llegaba a la redacción con el sumario debajo del brazo, ahora también llega, pero con un disco. El trabajo es el mismo, sentarse para desbrozar la información relevante”. ¿No es un cambio radical? A mí me parece que Moreno tiene razón solo en la segunda frase. Wikileaks es una nueva manera de facilitar algo que se ha hecho siempre: filtrar información. Para el periodismo tampoco es nada nuevo: contarla lo mejor posible.

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Comentarios 5 comentarios

Comentarios

  • 16.12.2010 Pepe Alonso

    Lo del autobombo indiscriminado de El País a cuenta de los cables de Wikileaks es sencillamente sonrojante. No saben cómo intentar convencernos (y convencerse) de que de algún modo han sido ‘protagonistas’ del supuesto Watergate (que no es tal) del siglo XXI.

    Aunque no quieran darse cuenta (o a lo mejor sí, que es lo peor) todo este asunto lo están llevando más como una patética operación de márketing que como un ejemplo de periodismo del bueno.

  • 16.12.2010 Rafa

    “El senado americano pasó el viernes la “Whistleblower Protection Bill”,” Por favor, corrija ese evidente anglicismo. En español las leyes se aprueban no se “pasan”. Excelente post, por lo demás.

  • 16.12.2010 Jordi Pérez Colomé

    Rafa,

    hecho. Gracias.

  • 16.12.2010 Anónimo

    Buenos días.

    Yo ya no sé qué pensar… los documentos de la banca parecían muy interesantes (al menos a mí) y aquí seguimos, todavía esperándolos. Y más incertidumbre por la reacción americana.

    Un pequeño error más: hay un lugar en donde se dice «aún así». El ‘aún’ no se puede sustituir por todavía; por tanto, no lleva tilde.

  • 16.12.2010 Jordi Pérez Colomé

    Anónimo,

    creo que esperaremos aún unas semanas. Si los sacaran ahora sería quemar la actualidad de los cables. Igual que con los archivos de Afganistán e Irak, esperarán un par de meses o lo que haga falta. Quieren maximizar su presencia. De momento les va bien.

    Es fantástico esto de tener correctores ahí fuera. Si sale bien lo de PayPal, os contrato. Gracias.

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