Como cada mañana, Ahmed Wali Karzai resolvÃa asuntos y recibÃa peticiones en su casa de Kandahar, Afganistán. Sardar Mohamed, un amigo de confianza de los Karzai y encargado de los puestos de policÃa de un barrio de la ciudad, interrumpió y le pidió cinco minutos. QuerÃa enseñarle unos documentos.
Karzai y Sardar Mohamed salieron de la habitación. Mientras Karzai miraba los papeles, Mohamed le disparó dos veces a la cabeza y otra en la mano. Cuando los guardaespaldas oyeron los tiros, entraron y mataron a Mohamed. Karzai murió en el hospital. El cuerpo del asesino colgaba ayer de una farola en una de las calles principales de Kandahar. Este castigo era una costumbre talibán.
Los talibanes reivindicaron la acción: hacÃa años que preparaban a Mohamed, dijeron. Pero hay dudas: otras veces los talibanes han dicho que habÃan matado a alguien y no era cierto. Un amigo de Sardar Mohamed dijo al New York Times que no tenÃa relación con los talibanes y que “se drogaba” (el otro móvil del asesinato es una disputa personal). HacÃa años que los talibanes iban detrás de Karzai. Hayan sido ellos o no, su muerte les beneficia. ¿Por qué?

Ahmed Wali Karzai es hermanastro del presidente de Afganistán, Hamid Karzai. La familia se exilió a Pakistán en 1982, poco después de la entrada soviética en Afganistán. Desde allÃ, seis de los siete hijos masculinos fueron a Estados Unidos (Hamid prefirió la India). Ahmed Wali vivió cerca de Washington y luego se trasladó a Chicago, donde regentó un restaurante afgano (en la esquina de la foto). En un cable de Wikileaks habla con un funcionario americano con cariño de sus años allÃ.
En 2001 Ahmed Wali volvió a Afganistán. EL 11-S habÃa dado la presidencia a su hermano. Los Karzai eran una familia acomodada de Kandahar; su padre fue polÃtico en Kabul y los talibanes -presuntamente- lo mataron en 1999 en Pakistán por supuestas actividades contra el régimen. Otros miembros de la familia Karzai también volvieron (de los hermanos, solo un licenciado en bioquÃmica se quedó en Estados Unidos) y crearon una red de negocios y favores para enriquecerse y afianzar su poder. El ex embajador en Kabul Ronald Neumann dice que estas redes son “parte de un mecanismo de supervivencia”.
El hermano con más éxito fue Ahmed Wali. Desde Kandahar dominaba el sur del paÃs. En 2005 fue escogido -parece que limpiamente- jefe del consejo provincial. Era solo un tÃtulo. Su poder iba mucho más allá. Para su hermano su dominio era beneficioso: le aseguraba el control de una provincia vital, también con amaño de elecciones. ¿Pero para Estados Unidos?
Ahmed Wali Karzai representa la contradicción entre las dos opciones la polÃtica americana en Afganistán en esta década: ¿habÃa que construir un nuevo Afganistán o solo evitar que florezca de nuevo el terrorismo?
Ahmed Wali Karzai fue útil al principio para Estados Unidos: revelaba dónde se escondÃan algunos talibanes, reclutaba milicias que mantenÃan seguridad y hacÃan algún trabajo sucio para los americanos (en el vÃdeo, hacia el minuto 6) o alquilaba el gran recinto donde vivió el mula Omar a la CIA. Karzai servÃa para algo que los americanos no sabÃan hacer: “Sé cómo hablar con esta gente. Sé cómo tratar estas tribus. Sé cuáles son sus necesidades y cómo resolverlas”, decÃa Karzai. En suma, lo controlaba todo. Se le acusó incluso de recibir dinero de la CIA. Karzai, quizá con ironÃa, decÃa que nunca habÃa firmado nada.

En 2009 llegó Obama con su nueva estrategia: la guerra de Afganistán era la importante. HabÃa que destinar más recursos. Ganó asà fuerza la estrategia de contrainsurgencia: habÃa que ganar la confianza de la población, evitar muertes civiles, crear instituciones sólidas. De repente, el interés del ejército americano se oponÃa a los tejemanejes de Ahmed Wali Karzai.
Entre 2009 y 2010, un debate esencial en la misión americana fue decidir qué hacÃan con gente como Ahmed Wali Karzai (hay más en Afganistán). Se sospechaba que Karzai cobraba del tráfico de opio. Afganistán es el principal productor de opio -base para la heroÃna- del mundo y la mayorÃa está en el sur del paÃs. Ese negocio, además, es una fuente de financiación para los talibanes. Si Karzai ayudaba al tráfico, los talibanes salÃan ganando.
El ejército americano intentó conseguir pruebas de su relación con la droga para poder detenerle. No encontraron nada. (Aunque Karzai ha dicho: “Casi cada figura afgana significativa ha tenido roces con el tráfico de drogas. Si buscas a la Madre Teresa, no vive en Afganistán”.) También intentaron convencer a su hermano el presidente para que le mandara de embajador a otro paÃs. Nada.
Hace apenas un año, tras una visita a Afganistán, un periodista del New Yorker escribÃa: “No hay una sola acción que pueda tomar la comunidad internacional que tenga mayor impacto en la opinión pública de la región talibán que el reemplazo de Ahmed Wali Karzai y su dominio por una economÃa polÃtica más inclusiva y menos maligna. Esta decisión puede posponerse. No puede evitarse”.
Asà es, se pospuso y no se ha evitado. Hace apenas un par de semanas, un grupo de lÃderes tribales de Kandahar fueron hasta Kabul para pedir el presidente Karzai que nombrara gobernador de la provincia a su hermano. Si no le hubieran matado, quizá no hubiera tardado mucho en serlo.
Estados Unidos aceptó sus limitaciones y optó por mantener a Karzai al precio que fuera. SerÃan incapaces de levantar un paÃs serio en Afganistán. Entre la lucha contra el terrorismo y los talibanes y la lucha contra la corrupción y la droga, han escogido la primera. Para ese objetivo, Ahmed Wali Karzai era indispensable. Pero ahora lo han matado. Karzai no dirigÃa una institución sólida; si hubiera sido asÃ, ahora solo habrÃa que escoger a otra cabeza visible. Es demasiado tarde para eso. Los trapicheos y juegos de intereses solo los conocÃa Karzai. Como en la mafia. Ahora hay que buscar otro padrino.
El peligro en estos casos es que la banda rival se quede con parte del negocio o del territorio. La banda rival es, claro, los talibanes. Lo hayan matado ellos o no -lo intentaron dos veces hace poco-, han conseguido dos pájaros de un tiro: ganar popularidad al eliminar a alguien corrupto y poco querido en la región y tener vÃa libre para conseguir más poder. El futuro de Estados Unidos en Afganistán se complica más.



3 comentarios




“Si Karzai ayudaba al tráfico, los talibanes salÃan ganando.”
Entonces, ¿por qué lo querÃan matar?
SerÃa interesante, Jordi, que dedicaras alguna entrada al tema de los vÃnculos y la presencia creciente de Hezbolá en las Américas, especialmente a través de Venezuela, aportando algunos datos nuevos. He leÃdo por ahà algunos artÃculos, informes y documentos que dan lugar a pensar que esto puede convertirse en asunto periodÃstico de moda en un futuro no muy lejano. Al parecer, la organización terrorista libanesa tiene presencia en cuarenta paÃses. También hay estrechos vÃnculos con el narcotráfico.
http://interamericansecuritywatch.com/denunci....ca-latina/
http://interamericansecuritywatch.com/denunci....ca-latina/
http://interamericansecuritywatch.com/congres....n-america/
Me he explicado mal. Karzai, como dominador de la zona, se beneficiaba del tráfico de drogas. AsÃ, en lugar de perseguir a talibanes, les favorecÃa indirectamente, no con alevosÃa. Además, una esperanza de los talibanes ahora es controlar aún más los canales del tráfico de opio.
Además, para Estados Unidos todos los talibanes son iguales; para Karzai quizá no.
Gracias por los enlaces de Hezbolá y América Latina. Si es verdad -como en el caso de Al Qaeda- es probable que aspiren a conseguir armas o dinero del tráfico de drogas. Me fijaré.
Hubo un error con los enlaces. Falta uno, y otro está duplicado. El que faltaba era éste:
http://www.veneleaks.net/2011/03/venezuela-pe....errorista/
Recientemente he leÃdo un artÃculo en español bastante documentado sobre el tema, con multitud de enlaces. Es este artÃculo de Mario Noya:
http://exteriores.libertaddigital.com/hezbola....39202.html
He visto muchos de los textos enlazados. Veo mucha información redundante y lo que serÃa interesante es conocer datos nuevos o poco divulgados. Esto dará que hablar.