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miércoles 20 de julio de 2011

En defensa del periodismo británico

Un periódico británico, News of the World, entró en miles de buzones de voz para conseguir noticias. Ese es el delito principal que ha estallado estos días en Gran Bretaña. Hace años que se sabía algo: en 2006 se supo que, con la ayuda de un detective, el periódico escuchaba los mensajes de voz de los príncipes William y Harry. Los culpables de las escuchas reales -el investigador, Glenn Mulcaire, y el corresponsal real del periódico, Clive Goodman- fueron seis meses a la cárcel.

Ya entonces se descubrió que habían oído mensajes de otros famosos. La policía decidió no investigar más a pesar de tener pruebas: esa pregunta y la connivencia con periodistas ha hecho dimitir ya a los dos principales responsables policiales de Londres. Desde entonces, había sospechas de que se cometieron más delitos, pero no pruebas.

El Guardian llevaba años tras la pista. Pero nadie les hacía mucho caso. El director, Alan Rusbridger, optó por pedir ayuda a Bill Keller, del New York Times. Al cabo de unos meses, el periódico americano sacaba un largo reportaje con nuevos hallazgos. Empezaron las sospechas de que más famosos habían sido objeto de escuchas: si había confirmación de la policía significaba un posible cheque gracias a un acuerdo previo al juicio con News Corp, la empresa propietaria del periódico. La compañía insistía que solo Goodman lo sabía. Pero la policía tenía miles de documentos de Mulcaire con cientos de teléfonos y 91 códigos pin para entrar en los buzones de voz. Empezaba el goteo de denuncias y detenciones.

Pero la explosión definitiva fue hace unos días. El News of the World no había oído solo mensajes de famosos, también había entrado en el buzón de una niña de 13 años desaparecida en 2002, Milly Dowler. El buzón estaba lleno y borraban mensajes para que llegaran nuevos. La familia y la policía se enteraron y creían que Milly seguía viva porque eliminaba mensajes. El asesino y el cuerpo aparecieron semanas después.

Días después de que el Guardian publicara la información sobre Milly Dowler, el propietario del News of the World, Rupert Murdoch, anunciaba que lo cerraba (en la imagen, la última edición). Desde entonces, hay muchas preguntas sin resolver: ¿a cuánta gente se escuchó en realidad? ¿También a familias de soldados muertos en Afganistán? ¿Quién sabía en el periódico cómo se conseguían algunas de las exclusivas? ¿Llegó la práctica a los medios americanos de Murdoch? ¿Qué sabía el primer ministro David Cameron, que contrató a un ex director del periódico, Andy Coulson, como portavoz (que dimitió en enero)?

Las consecuencias empresariales pueden crecer aún mucho. Pero ya se sabe qué hicieron mal los periodistas: consiguieron información de manera ilegal. Es importante, pero no es la primavera árabe.


Un camino marcado

Hugh Cudlipp ha sido uno de los grandes periodistas británicos, director del tabloide Daily Mirror en los 50 y 60, su mejor época. En una charla de 1967, dijo: “Los periódicos que crezcan ahora y en el futuro serán los que se adapten con más habilidad a la época de la televisión y entiendan el alza en educación pública, experiencia y conocimiento”. El News of the World de la última década lo entendió demasiado bien. También que el alza en educación era relativa.

Rebekah Brooks fue nombrada directora del News of the World en 2000, con 31 años. Había empezado allí como secretaria. Uno de sus logros en los 90 fue vestirse de mujer de la limpieza y esconderse en un baño de la redacción del Sunday Times, que ese día iba a empezar a publicar la biografía del príncipe Carlos. Cuando llegaron los primeros ejemplares, salió, robó uno y corrió a la redacción para que el News of the World pudiera copiar la exclusiva.

Según dice Reuters aquí, Brooks como nueva directora debía ampliar el atractivo del periódico, centrarse en historias de famosos y publicar menos historias serias. Una vez hicieron presentar a todos los periodistas a Gran Hermano, a ver si alguno podía entrar y destapar la camama.

Los modos para obtener información en la prensa británica han flirteado a menudo con la ilegalidad: hacerse pasar por teléfono por alguien del gobierno o una empresa, pagar a alguien para que grabara a otros en situaciones comprometidas, amenazar con publicar una historia para conseguir otra, hacerse amigos de famosos. Pero ha habido dos modos claramente ilegales: pagar a la policía y vulnerar la privacidad. El News of the World lo ha hecho y, como dice este informe de 2006, los demás también.

La jungla de la prensa británica no permitía quedarse atrás. Los periodistas debían salir a buscar historias, y cuando no había tenían que encontrarlas, y cuando estaban a punto de dar con algo pero no podían confirmarlo, siempre podía recurrirse al buzón de voz del interesado a ver qué había.

Era -y es- la guerra. Muchos periodistas temían quedarse atrás y hacían lo que fuera por una exclusiva. “Este no es un negocio para prima donnas”, le dice un subdirector del News of the World en 2002 a un periodista con estrés. Luego, en la misma charla, una de las frases más famosas del periodismo británico de la última década: “Esto es lo que hacemos: salimos y destruimos la vida de la gente”.

Eso puede llamarse periodismo, igual que puede serlo Salsa Rosa o algunas páginas de periódicos deportivos. Pero es espionaje. No siempre todo lo que hay en un periódico es periodismo: también hay publicidad, propaganda y mentiras.

En Reino Unido se siente cierta permisividad a entrar en la vida privada de gente que en otros momentos se aprovecha de esa publicidad para ganar dinero. Pero no es ninguna excusa, porque no hay límites: ¿David Beckham es famoso o futbolista? Está claro que de ahí a retocar o inventarse una noticia hay poco.

¿Por qué pasó? Hay varias excusas, que se resumen en una muy mala: esta información da dinero porque es lo que la gente quiere. Es mala pero tiene parte de razón: no solo en Reino Unido esas noticias tienen éxito. Si no la hace uno, igual la consigue otro. No se me ocurre ningún modo de suprimirla que sea bueno. Cada cual es mayorcito para escoger qué lee o ve en la tele. Hay Sálvame, hay fútbol, hay documentales sobre reciclaje, hay hasta otras cosas que no son la tele.

En la guerra, la ética periodística no contaba. Un periodista del News of the World de principios de la década dice: “Parte de la cultura macho era que todos nos reíamos del riesgo y de la peligrosa ilegalidad en la que nos movíamos”. La falta de ética no es exclusiva del periodismo. No hace mucho algún sector financiero se ha visto envuelto en algo parecido. Los políticos tampoco pueden presumir. La solución para todos está en los tribunales.


Las guerras de compañías

El News of the World podría cerrar igualmente: no era ya tan rentable. Para Murdoch era más barato hacer una edición de siete días el Sun -su otro tabloide- que mantener redacciones separadas. Quizá es el único beneficio para la compañía de todo este lío. Los principales rivales de Murdoch intentarán debilitarle más. En Reino Unido, la BBC teme que el primer ministro Cameron -buen amigo de Murdoch- le recorte más su presupuesto público, que beneficiaría sobre todo a las cadenas de Murdoch. La cadena estatal abrió con el caso Murdoch a diario durante quince días, según dicen aquí.

Lo mismo ocurriría con el Guardian, en Londres, y el New York Times en Estados Unidos. El gran rival del NYTimes -el Wall Street Journal– y uno de los grandes adversarios del Guardian -el Times- son de Murdoch. Hasta Reuters reconoce en sus informaciones sobre este hecho que “es una competidora de Dow Jones Newswires, la agencia financiera que News Corp adquirió junto al Wall Street Journal en 2007”.


El periodismo británico aún es bueno

Un periodista suele ocuparse de lo que alguien le cuenta o de lo que ese día toca. Pocas veces los periodistas descubren algo. Hace unos días murió Sean Hoare, el primer periodista que habló con nombre y apellidos de este escándalo. Hoare tenía problemas con las drogas y el alcohol, por los años que había trabajado en el News of the World: “Me pagaban para salir y tomar drogas con estrellas del rock -emborracharme con ellos, tomar pastillas con ellos, tomar cocaína. Eran tan competitivo. Tienes que ir más allá de tu obligación. Harás cosas que ningún hombre con juicio haría. Estás en una máquina”.

El periodista del Guardian, Nick Davies -que fue quien siguió la pista de este escándalo durante años-, escribió un homenaje de Hoare. Me quedo con esta frase: “Era un periodista nato. Siempre podía encontrar historias”.

Siempre podía encontrar historias. En Gran Bretaña -igual que en Estados Unidos-, cada mañana, las portadas de los periódicos son distintas. Cada medio se ha buscado su información, sus historias. La agenda es propia; el gobierno que diga lo que quiera, el primer partido de la oposición, también. La información se busca y elabora, no se recibe. (Hace tiempo, di otras razones para admirar la prensa británica.)

El escándalo del News of the World cierra una década. Ahora, con internet, las exclusivas cuentan menos. Una exclusiva ya no es terreno de un solo periódico por un día. Con internet, todo dura menos. Ser el primero es importante, pero no lo es todo. También hay que ser el mejor.

El periodismo saldrá ganando, como siempre, de este escándalo. Pero el periodismo británico sale con ventaja. Allí se pasaron de la raya, pero allí lo descubrieron, pidieron perdón, dimitieron, fueron al Parlamento a responder preguntas y empezarán de nuevo. Nos llevan décadas de ventaja.

*

Mañana empiezo vacaciones. Estaré una semanas entre India y China: de Bombay a Hong Kong. Escribiré aquí menos. Los días más interesantes del viaje serán en Tíbet (si podemos entrar). Este mes se ha cumplido el 60 aniversario del control comunista de la región. El probable futuro presidente de China, Xi Jinping, dijo ayer que “destruirá” cualquier intento separatista en Tíbet. Contaré lo que veo. Será dentro de unas semanas.

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