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Lunes 3 de Octubre de 2011

‘Mataría a todos esos tipos y bebería de su sangre’

El presidente de Siria, Bashar al-Asad, es alauí. Su familia gobierna el país desde que su padre, Hafez, llegó al poder en 1971. Los alauíes son una secta chií y en Siria son minoría, un 10 por ciento (la mayoría de sirios son suníes).

Siria presume, al contrario de sus vecinos Líbano e Irak, de que su identidad principal es la nacional, no la religiosa: son sirios antes que suníes o cristianos. Gracias a esto, en Siria la división sectaria ha sido menos tenida en cuenta. Pero en algunos ámbitos ha sido notable y hoy, en plena revuelta, se ve. Los altos mandos del ejército, los soldados de algunas divisiones militares importantes y las fuerzas secretas de seguridad son alauíes.

En Damasco conocí a un soldado suní de 20 años que había pasado toda su mili -un año y medio- en Deraa, el origen de la revuelta. Él hablaba poco inglés y yo menos árabe (nunca habré lamentado tanto no hablarlo; tenía dentro más historias de las que podré oír en mucho tiempo). Me decía que aún había cada día protestas en Deraa. Le pregunté si ellos les disparaban, pero me dijo que no, incluso se ofendió.

Aunque me advirtió que sus superiores les vigilaban por detrás a ver qué hacían; tenían que disimular bien. Le pregunté si sus jefes eran alauíes. Me dijo que no entendía la pregunta. Estaba bastante nervioso porque alguien no pudiera escuchar o ver nuestra charla mientras paseábamos por una avenida de Damasco. Mientras andaba junto a él, tenía la sensación de que las paredes oían. De todas partes salía alguien que podía ser un espía. Es una sensación pesada.

El padre del actual presidente prefirió confiar algunos puestos clave a su clan religioso. Estos privilegios se extienden a intereses económicos. El primo del presidente Asad, Rami Makhlouf (en la foto), podría controlar el 60 por ciento de la economía siria.

En el último post expliqué algunos de los temores de la minoría cristiana ante unaposible victoria de la revuelta que podría dar más poder a los suníes (aunque nadie puede saber ahora cómo sería esa nueva Siria). Los miedos de la minoría alauí van más allá. No solo perderían privilegios. Después de más de tres mil muertos y docenas de cuerpos torturados sin sentido -muchos por las fuerzas secretas alauíes-, algunas venganzas pueden ser físicas, si no lo son ya en algunas ciudades.

Muchos alauíes creen hoy que luchan no solo por su bienestar, sino por su supervivencia. Sahar, una activista cristiana, trabajaba hace unos meses con un joven alauí de 25 años. El padre del chico es oficial en alguna de las unidades secretas de las fuerzas de seguridad sirias (hay, parece, 19, y nadie sabe bien cómo se dividen y funcionan). Un día al principio de la revuelta siria, Sahar y su amigo -“hacía 4 o 5 años que éramos amigos”- miraban un vídeo de un grupo de jóvenes que derribaban una estatua del padre del actual presidente, Hafez al-Asad, en Deraa. Él dijo: “Mataría a todos esos tipos y bebería de su sangre”.

Sahar aún le tiene como amigo en Facebook: “Escribe del ex presidente Asad [que murió en 2000] como si aún estuviera vivo, como si fuera un dios”. Sahar cambió de trabajo hace unos meses, pero un amigo que conserva allí le cuenta que cree que ese joven forma parte de una fuerza secreta y que va armado. Según este amigo de Sahar, el chico alauí habría dicho: “Si el régimen cae, saldré a la calle y mataré a todos los que me encuentre hasta que alguien me detenga”. Sahar cree que si algún día va a una protesta y él está para disolverla, “no dudará en dispararme”.

Pregunté a varios activistas si tenían amigos alauíes más razonables y me dijeron que sí, que incluso algunos en la oposición. Pero en este reportaje de Wendell Steavenson, que estuvo en Damasco a principios de agosto, cuenta el caso de una joven alauí que simpatiza con la revuelta que fue de visita a casa de su familia, en el norte. Su hermano le dijo: “Si dejas el redil, deberás morir” y le lanzó un vaso, que se rompió y le cortó un pie.

La chica quiso hacerle entrar en razón, que la gente solo pedía sus derechos: “¿Cómo puedes vivir en un país en el que no te puedes expresar con libertad?”, le preguntó a su hermano. “Estoy dispuesto a vivir humillado mientras el presidente y el gobierno sean de mi secta”, contestó. Según Said, un activista, “el régimen es mucho más duro con los disidentes alauíes”.

Es imposible saber la extensión de estos sentimientos entre los alauíes, pero parece que llegan muy arriba. En las últimas semanas, el ministro de Defensa y un general alauíes han muerto o “desaparecido”. Aquí sospechan con cierto fundamento que los dos tramaban un golpe de estado para deshacerse de los Asad, pero conservar el poder para su secta. Este es otro de los caminos que podría tomar el posible final del gobierno de Asad. Los posibles finales de la revuelta siria serán el tema del próximo post.

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Comentarios 4 comentarios

Comentarios

  • 05.10.2011 Juan Fuertes

    Hola Jordi.
    ¿Te has leído el artículo de Enric González en El País?. Según dice, de deslizan hacia la guerra civil.
    Tú que estás sobre el terreno, ¿lo ves así?

  • 05.10.2011 Jordi Pérez Colomé

    Ya he vuelto, Juan.
    Todo puede ocurrir ahora mismo. La rabia y ganas de venganza en algunos es enorme. Pero el problema de una guerra civil es que un bando tiene un ejército entero y el otro son solo un grupo de soldados que han desertado y revolucionarios con unos cuantos fusiles. Sería algo así como Libia sin la ayuda de la OTAN. Acabarían con la revuelta en breve.

  • 02.02.2012 ibn abdussalam

    referente a los medios de comunicacion
    http://www.webislam.com/articulos/68092-la_pr....siria.html

  • 06.05.2016 Latesha

    denke mal an die kanarischen inseln, es könnte sich um vulkan-sand handeln, der ist schwarz oder dunkelgrau, ist genau das gleiche wie weißer oder gelber sa8n;#d230&.

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