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viernes 2 de diciembre de 2011

Qué hacemos con los islamistas

La gran época del islamismo político acaba de empezar. En este blog he hablado otras veces de este fenómeno en Túnez y en Libia. Ahora ha llegado el país más importante de la región, Egipto: 83 millones de habitantes, el canal de Suez, frontera y tratado de paz con Israel.

Los resultados oficiales de las elecciones egipcias tardarán en llegar, pero con las filtraciones se confirma lo que ya se sabía: los islamistas son la fuerza mayoritaria de Egipto. Más del 60 por ciento de egipcios han votado por Justicia y Libertad, el partido de los Hermanos Musulmanes, o por una formación salafista (en la foto en un mitin estos días en la plaza Tahrir).

La gran sorpresa han sido los salafistas. El día de les elecciones, los “analistas” imaginaban que sacarían entre un 5 o un 10 por ciento. Hoy es más probable que pasen del 20.

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“No puedo decir que sea una buena noticia para los liberales”, me decía ayer Michael Hanna, un investigador egipcio-americano de la New Century Foundation. Es evidente. No hay que engañarse ni disimular. Podría poner aquí montones de enlaces de declaraciones alarmantes de miembros de seguidores o dirigentes de los Hermanos Musulmanes.

Aquí preguntan a un neurólogo miembro de los Hermanos si hay que apedrear a los homosexuales. Dice que sí y añade: “Creo que las leyes deberían amoldarse a lo que se ha anunciado en la revelación, con medios parlamentarios”. A Esam el-Erian, dirigente de Justicia y Libertad, no le gusta el modelo turco.

Hace unos meses, cuando el primer ministro turco, Erdogan, dijo en Cairo que él era partidario de un estado laico, los Hermanos Musulmanes se distanciaron. Se supone que prefieren un estado religioso, pero no dan detalles aún.

Los Hermanos Musulmanes como organización no se define con claridad en estas cuestiones: son pragmáticos y ambiguos. Aún no está claro qué harían con el alcohol o el bikini en las playas, que afectaría al turismo. Pero los salafistas no tienen dudas: ni alcohol ni tomar el sol.

En una entrevista anoche en la tele egipcia, el candidato salafista a presidente, Abu Ismail (en la foto hoy en Tahrir), decía que eliminaría los “parques oscuros” de Cairo donde las parejas van a besarse. Un portavoz de su partido dijo que las mujeres eran responsabilidad del padre hasta que lo sean de su marido. La democracia les parece un herejía. Los líderes de Al Qaeda eran salafistas. Eso no significa que los partidos salafistas egipcios apoyen la violencia, pero el extremismo siempre está más cerca.

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Los Hermanos son menos radicales que los salafistas (prometen que no van a pactar con ellos). No voy a tratar de demostrar que son inocentes y liberales, pero hay que decir que tiene miembros que sí lo son. El líder de las juventudes del partido, Ali Khafagi, de 28 años, dice que solo “un grupo de locos” prohibiría el alcohol y obligaría a las mujeres a llevar velo. Ese grupo loco son los salafistas, pero entre los Hermanos bastantes podrían estar de acuerdo. Las diferencias entre generaciones son importantes hoy en Egipto.

Cómo hemos llegado aquí

Un periodista me decía ayer que su mejor amigo en Alejandría siempre repite que su abuela iba en minifalda y su madre va en hiyab. Un profesor español de árabe me contaba que vio grabaciones de los años 70 de calles del Cairo y era difícil ver a mujeres con velo; ahora ocurre lo contrario. He oído montones de historias así. En los últimos 30 años las sociedades árabes se han hecho más conservadoras. Es un hecho. El fracaso del nacionalismo laico puede haber llevado a la gente a buscar el refugio de la religión.

Está claro por tanto que las victorias islamistas no surgen de la nada. “Hace 80 años que esperábamos este momento”, decía un dirigente de los Hermanos, que se crearon en 1928. Pero la victoria de los Hermanos no se debe solo al fervor religioso de sus seguidores.

Hanna daba al menos otros tres motivos por los que han recibido votos: “Tras haber probado otros sistemas, algunos creen que toca probar el islam político; por estar cerca de Dios pueden ser más honestos y menos corruptos, y hace años que hacen trabajo social en los barrios, les conocen”.

Los partidos liberales no cumplen ninguno de estos motivos: su modelo económico se parece al sistema corrupto de Mubarak y nadie sabe quién son; en Egipto se acaban de crear docenas de partidos seculares (otro día hablaré de los liberales). El éxito salafista tampoco se veía venir, pero llevaban años sobre el terreno y han recibido mucho dinero del Golfo.

Dónde los escondemos

Unos 15 millones de egipcios quizá voten por partidos islamistas. ¿Qué hacemos con ellos? Han ganado en las urnas el poder que con la violencia no alcanzaron. Muchos dicen que los muertos de la primavera árabe solo han servido para traer la ley islámica. La democracia y la libertad tienen estos peligros.

En los años 30 ganó Hitler (y hace poco Le Pen no estuvo tan lejos), en los 40 los comunistas estuvieron a punto de ganar en Italia, en Estados Unidos Franco caía bien porque frenaba precisamente a los comunistas. Ahora ocurre algo parecido. ¿Las revueltas han llegado demasiado pronto y sus sociedades aún no han aprendido que algunos sectores islamistas son retrógrados? Puede ser.

Pero hoy estamos así. No hay ninguna gran opción sobre la mesa. Ni hace unos meses ni ahora: quien apoye lo que había antes debe pensar en si le resulta aceptable lo que ocurre en Siria, donde el antiguo régimen resiste al precio que sea. Cada cual debe decidir entre dos opciones: una, apoyar la democracia, admitir la victoria islamista y luchar contra las ideas antiliberales que propongan en el Parlamento, o dos, maniobrar para que el mariscal Tantawi se convierta en un nuevo Mubarak y siga la represión.

Quien apoye la democracia debe ser consciente de que puede acabar con Egipto convertido en Irán. Quien defienda la represión debe saber que puede convertir a Egipto en China. Son dos alternativas teóricas, lejos de la realidad: Egipto no es Irán ni estamos en 1979, pero hay que admitir todas las opciones; mejor ser conscientes ahora. Yo prefiero el riesgo de apoyar la democracia. Quince millones de egipcios son difíciles de esconder. Sus creencias llevan décadas en la sombra: mejor ya discutirlas a la luz.

El escenario ideal

Los Hermanos Musulmanes nunca han mandado, nunca han tenido la responsabilidad de gobernar y reducir la pobreza, nunca han tenido que optar públicamente por prohibir el alcohol. Ahora ya no podrán evitarlo. Son la fuerza principal en el Parlamento. No podrán solo hablar, a cada paso deberán enseñar sus cartas. Es más fácil hablar del pelo de las mujeres que hacer crecer las reservas extranjeras del país.

Cuando empiecen a tomar decisiones y a equivocarse, sus votantes disminuirán: si obligan a llevar el velo, los más liberales se irán y es probable que los liberales salgan a la calle contra ellos, ya no contra el ejército. Si no lo hacen, los más conservadores se irán con los salafistas. Ya no podrán estar por encima del bien y del mal. La política ensucia. Si esto ocurre, los Hermanos estarían fuera del gobierno en pocas legislaturas. El islamismo político sería en una década una simple fuerza más en el juego democrático egipcio.

“Este sería el escenario ideal”, me decía Hanna. No he hablado hasta aquí del ejército (hoy no era el tema), pero esta opción depende de la buena voluntad del ejército y de que se aparte. Puede no tenerla y limitar el poder de los islamistas con decisiones autoritarias. Entonces los que saldrían a la calle de nuevo como víctimas a reclamar sus derechos serían los islamistas. Algunos podrían incluso recurrir a la violencia.

En el mejor de los casos sería una dictadura benévola, que es un modelo que no sé si existe. Pero algunos liberales pueden preferir reunir el apoyo de los militares y los ex miembros civiles del régimen de Mubarak para vivir sin islamistas. Es una opción que el mundo árabe ya tiene muy vista.

Yo prefiero que los Hermanos tengan que mojarse y se estrellen. Los salafistas ya se han mojado y logran votos. Aunque sus preocupaciones se limitan a asuntos religiosos y morales. Es difícil imaginar a todo un gobierno formado por salafistas ocupados en resolver el déficit. Hay temas que no les importan.

Como otros partidos religiosos -el Shas israelí-, su agenda es influir para convertir a los egipcios en lo que ellos quieren. Un escenario malo sería por ejemplo que lograran el Ministerio de Educación durante años y seguir con la islamización de la sociedad. Hay varios escenarios malos. Hablaré de ellos cuando surjan.

Hoy es aún pronto para especular. Pero cuando lleguen los días de titulares alarmantes, mejor verlos con cierta calma. Los islamistas no son infalibles. Los egipcios pueden ser conservadores -un sirio me decía que mucho más que ellos-, pero está claro que prefieren la libertad. Esperemos.

*

Estoy en El Cairo. Este viaje corre a mi cargo. Si el blog te parece interesante, puedes echarme una mano para que dure más en el Paypal de la derecha. Como alternativas, aquí y aquí vendo tres libros míos. Gracias.

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Comentarios 11 comentarios

Comentarios

  • 02.12.2011 fpc

    Hasta cierto punto, algo así se está diciendo estos días de los abertzales, ahora que gobiernan el ayuntamiento de San Sebastián, la Diputación de Guipúzcoa, etc.

  • 02.12.2011 Tsevanrabtan

    La clave es la corrupción y a quien se relaciona con ella.

  • 02.12.2011 Alonso

    Excelente artículo, como siempre.

    Sobre las abuelas en minifalda:

    http://www.foreignpolicy.com/articles/2011/04....e_in_egypt

  • 02.12.2011 Cara de palo

    No he podido resistirme.

    “¿Qué hacemos con los islamistas?”, pregunta Jordi.

    He aquí mi sugerencia: enviarles a estas señoritas, y esperar a ver qué pasa.
    http://www.elmundo.es/elmundodeporte/2011/12/02/futbol/1322827552.html

    Ellas, al parecer, también son contrarias a la prostitución, para que vean que hay “savonarolas” para todos los gustos.

    Noten que he dicho señoritas. Iba a decir “pandilla de histéricas”, pero no quiero prejuzgar.

    Perdonadme la frivolidad.

  • 02.12.2011 Enzo Reale

    Entiendo en que sentido Jordi usa la palabra “conservadores” en referencia a los islamistas (habla de costumbres y creencias) pero sigo pensando que, politicamente, el termino sea inexacto. “Islamistas radicales” o “extremistas” sería la definición correcta, en mi opinión, seguramente para referirse a los salafistas, probablemente también a los Hermanos. Ellos no quieren “conservar” nada, más bien cambiarlo todo en conformidad a sus creencias. “Conservador” es el ejercito, si queremos asignar a esta palabra una connotación negativa, politicamente hablando. En el mundo arabe y en Iran, la “conservación” moral y la “conservación” politica son conceptos distintos, a menudo antitéticos.

    Saludos.

    Enzo Reale

  • 02.12.2011 Adrián

    Una corrección: Hitler no ganó las elecciones, sino que las perdió frente a Paul von Hindenburg, quien obtuvo un 53% de votos frente al 36% de Hitler. Luego Hindenburg nombró canciller a Hitler cuando la fuerza paramilitar del nazismo que dirigía Ernst Röhm, tomó el control militar de Berlín.
    Saludos.

  • 04.12.2011 Narmer

    ¿Que qué hacer con los islamistas? Bueno pues es muy sencillo: lo mismo que con los comunistas durante la guerra fría, porque es una guerra que ganamos, y con el mínimo coste de vidas y recursos propios. Hay que apoyar los regímenes dictatoriales que ponen freno al islamismo allí donde amenaza con tomar el poder, como se hizo con el comunismo, y hay que instaurar regímenes dictatoriales nuevos donde ya lo haya tomado por las urnas, como se hizo en latinoamérica (o en Argelia). Hay que fomentar guerras entre países musulmanes expansionistas como la de Irán-Irak, que los mantuvo bien entretenidos durante una década (en la que nos dejaron en paz a nosotros). Y hay que aguantar el tirón del terrorismo islamista en occidente, como aguantamos el terrorismo comunista en su momento. En fin, nada nuevo.

    Pero eso no es lo que se hace, aunque lo que se hace tampoco es nuevo: fomentar la «democracia» para que ganen el poder nuestros enemigos los islamistas como lo ganaron los fascistas en la Europa del siglo XX, lo que nos trajo los «mágníficos» resultados que todos conocemos. O directamente ponerlos en el poder, como en Libia, lo que ya es el colmo.

  • 04.12.2011 Fabian ben Israel

    “Los Hermanos Musulmanes nunca han mandado, nunca han tenido la responsabilidad de gobernar y reducir la pobreza, nunca han tenido que optar públicamente por prohibir el alcohol.”

    Error. Los hermanos musulmanes ya tienen casi 5 años de gobierno en Gaza. El Hamás no es otra cosa sino la rama palestina de los Hermanos Musulmanes. Veo que les va fenómeno, no?

    Esta victoria de los extremistas egipcios (y hay que estar un poco ciego para llamar a los Hermanos Musulmanes, “moderados”, sólo lo son si se los compara con los salafistas, pero es como comparar el Opus Dei (los HM) con los neonazis (los salafistas)) sólo puede llevar a una guerra total en Medio Oriente.

  • 04.12.2011 Jordi Pérez Colomé

    Fabian Ben Israel,

    ayer hablé aquí en Cairo con un joven palestino de Gaza. Me dijo que le gustaban los Hermanos Musulmanes egipcios. “Sí, porque son como Erdogan [el primer ministro turco]”, me dijo. Yo le respondí que Hamás no es como Erdogan, y él: “La situación es distinta”.

    No sé si es una razón sólida, pero es cierto que la situación es distinta de Gaza a Egipto. Es cierto que Hamás es Hermanos, la comparación incompleta: las elecciones y el proceso siguiente han sido a la fuerza diferentes.

    Gracias por el resto de aclaraciones y comentarios.

  • 20.12.2011 MARÍA MERCEDES

    Años de represión del régimen, y de especial represión a los movimientos islamistas, especialmente los Hermanos Musulmanes, han dado fruto, pero no para el régimen, para la hermandad que ha visto crecer un recurso de poder fundamental; el recurso ideológico.
    Si la transición logra establecer un marco institucional estable y democrático, los Hermanos Musulmanes tendran que aceptar la alternancia al poder. La cuestión, habrá posibilidad de fortalecer a los partidos laicos?
    Pero además, la represión no fue solo a la Hermandad, la represión y control hegemónico del poder logró debilitar y fragmentar a los diversos partidos laicos o de izquierdas del pais, lo que tambíen ha favorecido al islam político.
    En todo caso, hay que ver el modelo turco como referencia, de otra forma, estaremos ante un gobierno conservador con rasgos autoritarios.

    Amigos mios egipcios me decían, no me gustaba Mubarak, pero mucho menos los Hermanos Musulmanes.
    http://maryambarcelona.blogspot.com/

  • 18.07.2012 habibti

    He leído parte de tu blog y aunque puede parecer interesante, discrepo en casi todo. Me llama la atención como expones los pensamientos ajenos, por ejemplo como alteras un comentario conservador de los sauditas: “un padre es reponsable de su hija hasta que su marido lo es de ella”. Leyéndote, debo recomendarte que amplíes tu círculo de amistades, los mayores y los salafistas no son representativos de la sociedad egipcia, no lo tomes mal, saludos.

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