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lunes 12 de diciembre de 2011

Siria o por qué salvar un país es tan difícil

Mientras estaba en Cairo hace unos días por las elecciones, hablé con dos activistas sirios. Uno había escapado en octubre de su país, el otro había llegado de Estados Unidos. Yo estaba en Cairo para ver las elecciones, pero cada día llegaban noticias de muertos en Siria, a veces docenas. Ese goteo ha dejado de ser noticia.

No hace falta escandalizarse. Los periodistas hacemos nuestro trabajo. Hace unos días puse aquí varios ejemplos extraordinarios de reporteros de tele desde dentro del país. En el fin de semana, El Mundo (edición impresa), el Guardian y Foreign Policy han sacado también reportajes desde Siria.

La violencia se ha convertido en habitual. Aún peor: nada va a cambiar en breve. El pueblo sirio se levantó en marzo para pedir, como en otros países árabes, libertad. Al contrario que Túnez, Egipto o Libia, Siria no es un país homogéneo: un 70 por ciento son suníes y el resto son sobre todo alauíes -una secta del chiísmo-, cristianos, drusos y kurdos. La familia presidencial y los puestos clave del régimen están en manos de alauíes.

Desde el principio, el gobierno ha procurado dos cosas: primero, impedir por la fuerza que las protestas fueran masivas y restarles importancia. Según me dijeron en Cairo, “es una estrategia iraní”: evitar grandes muestras de fuerza y que se asienten en una plaza, como ocurrió en Tahrir. Además, sin prensa y observadores extranjeros en el país es más fácil la represión.

Segundo, el régimen ha disfrazado las protestas de inicio de guerra sectaria y civil. Según las autoridades, el objetivo principal de los manifestantes no es la caída del régimen para conseguir más libertad, sino derrocar un régimen laico alauí para instaurar un régimen islamista suní.

El gobierno de Asad ha conseguido con esta estrategia la lealtad de las minorías y se ha convertido en su “protector”. Ya expliqué la locura de esta situación en un post de mi último viaje. Por supuesto que hay alauíes y cristianos en la oposición, pero son casos poco frecuentes en sus comunidades. El caso reciente más emblemático es la actriz alauí Fadwa Soliman. Se ha unido a la revolución. En este vídeo con subtítulos en francés anuncia su huelga de hambre y pide participar en la huelga general convocada para ayer:

Imagen de previsualización de YouTube

Así era Fadwa Soliman antes del inicio de la revolución:

El régimen es mucho más duro con los alauíes que “traicionan” a su secta. No puede permitir grietas. La oposición insiste en que todos son sirios primero, pero a estas alturas del conflicto es difícil que no haya venganzas entre comunidades. Un alauí dice aquí a un soldado que iba a vigilar un puesto de control en una zona suní: “Por amor de Dios, violad a sus mujeres y matad a los hombres”.

La defensa de la no violencia y el pacifismo es necesaria y admirable. Quizá sea la única salida. Pero ¿qué puede hacer un joven que ha visto a sus padres apalizados, a sus vecinos torturados, a sus primos asesinados cuando las milicias del régimen vuelven a su barrio?

“¿Qué debe hacer? ¿Esperar que vayan a por él?”, me decía el activista Rami Jarrar en Cairo. Podría dejar de manifestarse y quedarse en casa. Pero el régimen aprovecharía ese momento de “paz” para acabar con los presuntos disidentes. No pasará. Siempre que he hablado con activistas o he visto reportajes de otros periodistas en Siria, la conclusión es la misma: no hay vuelta atrás. Así que solo hay tres opciones.


El régimen se derrumba

Hace meses que las sanciones económicas son la única opción ideal para la caída del régimen. La Unión Europea y Estados Unidos han impuesto medidas duras contra Siria. Turquía ha hecho algo y la Liga Árabe va a empezar ahora, aunque Líbano, Irak y Jordania -los vecinos- no participarán. Esta semana se reúnen de nuevo.

Una presión política -la retirada de todos los embajadores- y económica constantes herirían de muerte al gobierno de los Asad. Pero será a largo plazo. “Si esto hubiera ocurrido al principio, hace meses, aún habría opciones, pero ¿ahora?”, me decía Jarrar. La huelga general de ayer quería empujar en esta dirección: parar el país hasta que se vayan. Los puertos de Latakia y Tartús están cerrados desde ayer; el gobierno dice que es por el mal tiempo. Esa es la estrategia de Asad: no pasa nada. Para hoy ha organizado elecciones municipales, que es una de sus promesas de “reforma”.

Los dos grandes aliados de Siria -Rusia e Irán- aún no ven a los Asad en suficientes aprietos como para abandonarles. Este escenario de espera a que las sanciones funcionen presupone que las milicias pro régimen seguirán con la opción de reprimir y matar a quien quieran dentro de Siria. ¿Resistirán los manifestantes la presión, los ataques y las muertes diarias?


Una guerra civil imposible de ganar

Si la oposición no resiste esas provocaciones y los abusos, cada vez más civiles pueden pensar que la única salida es unirse al Ejército Libre de Siria, hasta ahora formado sobre todo por desertores y con las armas que pueden robar o que llegan desde algún país vecino. Si los combates crecen, el régimen tendrá ya legitimidad para defenderse con armas pesadas y su argumento inicial -“nos enfrentamos a bandas armadas”- se habrá cumplido. La destrucción que puede causar un conflicto así son inimaginables.

La Cruz Roja dice que aún no puede hablarse técnicamente de guerra civil porque un bando -la oposición- está aún desorganizado. Si hubiera guerra, la superioridad militar del régimen es indiscutible: el guión sería como en Libia sin los bombardeos de la OTAN. La oposición oficial en el exterior -el Consejo Nacional Sirio- quiere evitar esta escalada. Pero esto es más fácil de decir desde fuera que de cumplir dentro.


Los extranjeros intervienen

La hipotética intervención extranjera más probable es la creación de una zona de seguridad en la frontera turca, cerca de Idlib. Allí es donde varios periodistas han ido estos días y han visto un control endeble en áreas pequeñas de soldados desertores que huyeron a Turquía o Líbano.

Muchos sirios en la oposición no quieren que los extranjeros bombardeen el país, pero sí quieren ayuda en mantener esa zona segura. Si el ejército turco entrara en Siria para hacerlo -lo que sería causa de guerra-, los más optimistas dicen que el régimen sirio se derrumbaría en breve porque los desertores tendrían un lugar donde escapar y reunirse. (Aunque el miedo de qué pueda ocurrir a sus familiares tras la deserción no debería menguar.)

Esta opción solo se tomaría si Turquía siente que tiene el apoyo de la comunidad internacional: una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Es difícil que Rusia no la vete. La situación debe empeorar más. El régimen sirio siempre tendría además la inmensa tentación de atacar a Israel antes de perderlo todo; hace unos días probaron misiles capaces de llegar a Israel. Pudo ser una prueba de sus intenciones si alguien interfiere.


No hay opción buena

Estas son las tres grandes opciones: resistir y solo defenderse, morir luchando o esperar que el mundo haga algo. Las opciones son todas terribles. Mientras el mundo mira, los sirios deben decidir si salen cada noche a jugarse la vida para protestar y esperan que las sanciones surtan efecto -si lo hacen- o caer en la trampa del régimen y pasar al ataque.

Mientras, el Ejército Libre de Siria debe decidir también si solo defiende las manifestaciones o ataca como una guerrilla bases del régimen para desmoralizar a las tropas y fomentar las deserciones. Ese ejército no es una fuerza sólida, bien organizada y que sigue órdenes de su comandante, Riad al Asaad, que está refugiado en Turquía. Algunas unidades sí que lo hacen, pero la mayoría están repartidas por el país y luchan como pueden.

La situación de Siria es inmensamente complicada. A menudo se pregunta: ¿por qué no se hace nada? Bueno, estas son las opciones. Si alguien sabe la que conseguirá una solución más rápida con menos muertes, adelante. Mientras, solo cabe esperar que el régimen no entre con todo en Homs, como hace días que se teme.

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Comentarios Un comentario

Comentarios

  • 15.12.2011 Luis

    Hola Jordi,

    Te faltaron un par de topicos que no estarian de mas, la actual presencia de un Portaviones Ruso y su flota de asalto, en el puerto de Tartus

    Y por supuesto, que Siria e Israel aun siguen en una situacion de guerra, lo que hay es un alto al fuego supervisado por la ONU (que ya me diras para que sirve), pero que en terminos legales la guerra sigue activa y cualquier accion de una de las partes desencadenaria la reaccion de la otra sin tiempos ni demoras, pues ya la guerra como tal esta alli.

    Esto complica las cosas, lo otro es que Europa como tal ya no tiene dinero para otra guerra y los rusos estan tentando a los americanos a una nueva guerra fria, esta vez con Brasil y Venezela como nuevos aliados.

    Saludos.
    Luis

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