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miércoles 21 de diciembre de 2011

Hamás insinúa que dejará la violencia

Algo pasa en Hamás. El grupo, creado en 1987 y que gobierna Gaza desde 2007, no reconoce a Israel. El 14 de diciembre, día de su 24 aniversario, Ismael Haniyeh, «primer ministro» de Gaza (en el centro en la foto), dijo que «la resistencia armada es el camino, y es la elección estratégica de Hamás para liberar Palestina».

Desde su fundación, Hamás ha matado a 1.365 soldados israelíes, lanzado 11.093 cohetes y hecho 87 atentados suicidas. Estados Unidos y la Unión Europea tienen a la banda en su lista de organizaciones terroristas. Hamás fue también el autor del secuestro del soldado israelí Gilad Shalit, que hace unas semanas liberaron a cambio de más de mil presos palestinos.

Pero al día siguiente del discurso de Haniyeh, la revista británica de temas de defensa y seguridad Jane’s sacó un reportaje titulado: «Hamás ‘renunciará’ a la lucha armada contra Israel». La noticia no saltó a los grandes medios por dos motivos: las fuentes eran anónimas y no oficiales y no era una renuncia clara y total, sino ambigua. No era por tanto una novedad definitiva.

Sin embargo, algunos medios retomaron la historia. La única confirmación del presunto cambio de estrategia de Hamás de un miembro del grupo con nombre y apellidos la ha dado el Guardian. Su periodista en Gaza logra que un portavoz de Haniyeh con nombre y apellido, Thaer al-Nounu, diga que «la violencia ya no es la primera opción a no ser que Israel nos obligue».

El cambio es minúsculo. Hamás podría tomar cualquier presunta provocación no violenta israelí como motivo de guerra. Los otros dos únicos grandes medios que han tratado la información son el Financial Times y el Sidney Morning Herald, con un texto de la misma periodista que el Guardian, casi idéntico.


Las novedades de la primavera árabe

Parece poca cosa. Pero hay algo reciente que puede haber llevado a Hamás a insinuar que deja las armas: la primavera árabe. Desde hace un año el panorama del mundo árabe ha cambiado. Hasta ahora, Hamás, una organizacíón suní nacida de los Hermanos Musulmanes, tenía la sede en Damasco y recibía fondos y apoyo del Irán chií. Tenía un pie en cada bando. En un mundo árabe donde los grandes países suníes -Egipto, el Golfo y el no árabe pero musulmán Turquía- se llevaban bien con Israel, la alianza con el «eje resistente» de Irán, Siria y Hezbolá era lógica.

Pero la primavera árabe ha traído tres novedades. Primero, ha aparecido la revuelta en Siria, donde el régimen alauí -una rama del chiísmo- lleva meses matando a suníes. Irán ha pedido a Hamás que apoye a Damasco, pero no lo ha logrado. En consecuencia, Irán ha cortado el suministro a Hamás y la banda ha abandonado su cuartel general en Damasco. Los líderes de la rama política de Hamás vivirán ahora entre Catar y Egipto.

Segundo, los Hermanos Musulmanes han empezado a dominar la región. Hamás no podrá estar en la órbita de Siria e Irán y oponerse a la primavera árabe mientras su organización hermana gana elecciones libres. Parece que pueden reunir más poder con las urnas que con las armas. Como dice Nounu al Guardian, «los países europeos en especial ven a los Hermanos Musulmanes como un tipo especial de movimiento que no es radical. Puede pasar lo mismo con Hamás».

Tercero, el alejamiento de Irán y la aproximación a los Hermanos se da en paralelo a una fuerte presión de Turquía -que ha corrido mucho a negarlo-, Catar y Egipto para acercar a Hamás a su terreno, lo que significaría alejarlo también de la violencia. Ninguno de estos países quiere estar relacionado con el terrorismo. Una de las pruebas es que Doha y Cairo alojarán a líderes políticos de la banda, pero los militares seguirán en Líbano.


La unión palestina

Toda esta presión, y también la breve primavera árabe que se vivió en Palestina, ha llevado a los dos gobiernos palestinos, Fatah y Hamás, a negociar para unirse y convocar nuevas elecciones. Estos días se celebran en Cairo las charlas. Hay más acuerdo de momento para unas posibles elecciones en mayo que para formar un gobierno de unidad nacional en enero. Israel y Occidente ya han avisado a Fatah de que no habrá negociaciones de paz si se junta con Hamás, a no ser que renuncien a la violencia, reconozcan a Israel y acepten los acuerdos previos. Hamás no parece dispuesto a aceptarlo todo, pero algo sí.

Fue en estas negociaciones donde, según Jane’s, el líder político de Hamás, Khaled Mishal (en la foto a la izquierda, con Abbas), habría firmado el 24 de noviembre el fin de la resistencia violenta: «Mishal habría aceptado por escrito con una firma la necesidad de poner fin a la resistencia armada». El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, habría reconocido lo mismo en una entrevista con Euronews que retoma el Jerusalem Post.

Quedan muchas preguntas. La presunta decisión de Hamás se debe a cambios en el mundo árabe, pero la relación con Israel, de momento, no cambiaría y seguiría sin reconocerlo. El público de estas maquinaciones palestinas es de momento el mundo exterior, no los palestinos, que aún escuchan a Haniyeh decir que su objetivo es «liberar Palestina desde el río Jordán al mar Mediterráneo». Hamás dispone además en Gaza de los 20 mil miembros de las brigadas al Qassam, su brazo armado: ¿qué haría con ellas? ¿Cómo las transformaría? Esta posible treta -que Meshal ya imaginaba hace años- no tiene además todo el apoyo de la organización.

Hamás tiene varias opciones para escenficar el final de la violencia y separarse de las brigadas (aunque en Gaza hay otras bandas terroristas, como la Yihad Islámica). Hamás tendría el problema añadido que sin resistencia armada su diferencia política con Fatah en unas posibles elecciones se reduce: solo sería más conservadora. Si acaba por anunciar algo parecido al abandono de las armas, las promesas hoy deben ser muy suculentas. Si Hamás llega a anunciar el fin de la violencia -y los palestinos se enteran-, sería otra novedad importante de la primavera árabe.

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