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domingo 24 de junio de 2012

Por qué es mejor que haya ganado Morsi en Egipto

El nuevo presidente de Egipto es el islamista Mohamed Morsi. Es histórico. Hace unos años Morsi pasó siete meses en las cárceles de Mubarak; ahora Morsi será el presidente y Mubarak está entre rejas. Han sido las primeras elecciones presidenciales más o menos libres y con incertidumbre en décadas en Egipto. Es la primera vez que no mandará en Egipto un faraón, un emperador, un rey o un militar.

Pero hay que poner la victoria histórica en paréntesis. La junta militar que debe traspasar el poder el 30 de junio conserva buena parte del poder. Tienen veto en la nueva Constitución, controlan el poder legislativo y el Ministerio de Defensa. El antiguo régimen luchará por conservar su peso en el Ministerio del Interior y en las fuerzas de seguridad.

La presidencia de Egipto hoy no es ningún caramelo. El país está en una crisis que los ciudadanos esperan que se resuelva ya. El nuevo presidente puede tener las manos atadas por el presupuesto del gobierno vigente. Por eso Morsi ha propuesto un gobierno de unidad nacional con figuras seculares. Los Hermanos no se han distinguido hasta ahora por extender la mano. Ahora quizá sí que lo hagan; el reto es mayor. Ya se verá.

Poco después del anuncio oficial, Morsi abandonaba los Hermanos Musulmanes para convertirse en presidente de todos los egipcios. Es un gesto importante pero solo simbólico, porque ¿cómo se abandona una organización secreta?


Qué tiene de bueno la elección de Morsi

Esta semana en mi último día en Cairo hablaba con un joven político liberal que había votado nulo en la segunda vuelta (a Amr Musa en la primera). “Me da igual quién gane. Habrá que seguir luchando”, me decía. “Pero será más fácil una lucha contra un presidente Morsi que contra Shafiq”, respondí. “Sí”, dijo. Hace unos días ya explicaba desde El Cairo por qué un presidente islamista era una amenaza relativa. Ahora que ya es un hecho, ¿qué tiene de bueno la elección de Morsi?

Primero, la violencia puede empezar a tener un papel menor. El poder del nuevo presidente egipcio es limitado, pero su legitimidad es plena. La política toma el lugar de la violencia y la calle, que son recursos que no van a desaparecer.

Segundo, los militares han respetado las elecciones. Se da por hecho que los militares mueven los hilos y que no quieren perder el poder. Aún así, han preferido compartirlo con los Hermanos Musulmanes y Morsi en lugar de con los representantes del partido de Mubarak. Pueden haber llegado a un pacto de no agresión o, incluso, pueden haber decidido que la mejor opción para conservar su papel en la sombra es admitir el resultado de las elecciones. Lo mejor es que el Estado oculto egipcio no haya podido robar las elecciones.

Tercero, el cargo de presidente no es una tontería. El nuevo presidente no solo tendrá los poderes disminuidos, sino también un mandato breve. Con la nueva Constitución es probable que haya nuevas elecciones. A pesar de todo, tendrá por ejemplo la capacidad de influir con sus discursos, de presionar en favor de sus intereses -Morsi insiste en jurar el cargo ante la única institución democrática, el Parlamento, ahora disuelto-, de conceder clemencia a los detenidos por los militares.

Tendrá además el gobierno con poderes en bastantes ámbitos. Los egipcios que odian a los Hermanos -que son muchos- pueden sentarse y ver cómo los militares y los Hermanos se enzarzan en batallas. En las próximas elecciones, si saben organizarse -que ya han empezado a hacerlo- los seculares sacarán unos resultados mejores que en el primer Parlamento tras la revolución. En una democracia gana en parte el mejor organizado.


No todo es rosa

Pero si mandan tanto los militares, ¿por qué no han optado por quedarse con un presidente más fácil de dominar como Shafiq? Es útil mirar a largo plazo. Un presidente Shafiq hubiera puesto toda la responsabilidad sobre sus espaldas. La tensión hubiera desatado violencia. Quizá son lo bastante sensatos para ver que era más fácil seguir moviendo los hilos sin estar en primera fila. Es sorprendente que le hayan dejado ganar, pero les resulta más útil.

Los islamistas son unos demócratas relativos. Durante esta semana en Tahrir hablé con varios jóvenes egipcios. La mayoría decía cosas razonables sobre la tolerancia, las elecciones y la política. Pero algunos devotos musulmanes tenían dudas. Muchos decían que el uso político de la religión que hacen los Hermanos Musulmanes es malo.

Pero cuando les presionaba sobre la libertad de expresión o la blasfemia, se echaban atrás: “No puede permitirse que alguien se ría de mí o de mi religión; hay cosas que deben respetarse por encima de todo”. Le decía que la libertad de expresión va más allá y que es un derecho universal: “Bueno, pues entonces es occidental, no es universal”. La democracia toma tiempo.

Los liberales saben que una presidencia islamista no será un paseo. Pero está por ver cuánto arriesga Morsi en debates vacíos sobre mujeres y alcohol. Desde allí y desde el extranjero las medidas que puede tomar el gobierno sobre las minorías, Israel y otros asuntos sociales se mirarán con lupa. Si Morsi se enreda con esos asuntos no prioritarios, es probable que lo pague con votos en sucesivas elecciones. “Tratará de persuadir a las egipcias de que llevar velo es lo mejor”, me dijo un votante de los Hermanos. Buena suerte con esa persuasión.

En suma, los militares siguen en el poder, pero han cedido una parte de su mando a un presidente de los Hermanos. Es probable que los militares esperen que se estrelle y los votantes escojan a candidatos más favorables en el futuro. Pero el respeto a unas elecciones ya significa algo. La transición egipcia sigue.

Comentarios 2 comentarios

Comentarios

  • 25.06.2012 Richard

    Como dice el adagio popular: con cara y cruz ganaban los retardatarios del golfo, la Otan y Al Qaeda.

    Los saudíes y los qataríes deben estar frotándose las manos y regocijándose. Claro, después del regalito del cavernícola emir de Qatar de 10.000 millones de dólares para los “muslim brothers” egipcios.

    Ya se verán las mujeres egipcias con toda la ley de la sharia impuesta, y será casi como en la nueva Libia “liberada”, que si eres negro te matan, matándote por ser negro en África, quién lo creería ?

  • 27.06.2012 Jesus

    De acuerdo con Jordi, de los dos males los “hermanos” eran el “menos malo”. Veremos que es lo que hacen en los meses por delante ellos por un lado y los militares y seguidores del antiguo regimen por el otro; y sin dudas si a Morsi le da por priorizar el uso del velo — por poner un ejemplo — a resolver los verdaderos problema de los egipcios sera el fin de los “hermanos” como fuerza politica importante.

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