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Jueves 1 de noviembre de 2012

Qué hará Obama, qué hará Romney

Ligonier, Pensilvania

Barack Obama y Mitt Romney han basado sus campañas sobre un gran argumento: el otro candidato es peor. El ambiente no tiene nada que ver con 2008. He estado ya en una docena de oficinas y en ninguna he encontrado la emoción y las ganas de hace cuatro años.

Los voluntarios demócratas son menos; los republicanos son más, pero empezaban de cero porque su electorado se moviliza menos para hacer de voluntarios; a cambio son más fieles al ir a votar.

Hay muchas explicaciones: no se acaban ocho años de un gobierno impopular ni un candidato será el primer presidente negro lleno de promesas. No puede ser igual. Es una elección más sosa, más negativa. En una elección así hay menos grandes planes de futuro, pero algo dicen. Sus propuestas son vagas, pero hay diferencias enormes.


La primera gran decisión del próximo presidente

En agosto de 2011 el Congreso aprobó la Ley de Control del Presupuesto. Preveía algo simple: si antes del 23 de noviembre de 2011 no acordaban un plan para recortar 1.200 billones (1,2 trillion) del déficit, en 2013 esos recortes iban a ser automáticos en Defensa y en otros gastos regulares, pero  sin afectar a derechos sociales como Medicaid -sanidad para pobres- y la seguridad social. Tienen tiempo para evitarlo hasta fin de año.

A final de 2012 además caducan varios recortes de impuestos, entre ellos los que impulsó Bush entre 2001 y 2003. Si no se logra un gran acuerdo (grand bargain), el déficit de Estados Unidos se arreglaría de golpe: con enormes subidas de impuestos y recortes del gasto. Pero el precio sería una nueva recesión en una economía endeble.

El 7 de noviembre el nuevo presidente tendrá este problema en la mesa: o llega a un acuerdo con el otro partido o su legislatura empezará con otra crisis. Obama ya ha dicho que vetará toda ley de recorte de gastos que no incluya subir los impuestos a los más ricos. El Congreso no quiere subir ni un impuesto.

Obama podría llegar a un acuerdo que ya propuso para recortar 2,50 dólares de gasto por 1 dólar de ingresos. Algunos progresistas temen incluso que les venda. Pero los republicanos más centrados en asuntos fiscales no van a aceptar. El choque está servido.

El gran argumento para una administración Romney es que con un presidente de su partido, los republicanos se plegarán para no desgraciar el mandato a uno de los suyos. Los demócratas controlarán probablemente el Senado, con lo que el nuevo presidente deberá acordar con ellos subidas de impuestos para que acepten.

Los republicanos deberán tragar o, al menos, los moderados votarían con los demócratas para aprobar la ley. Es un argumento cínico pero real: los republicanos del Congreso estarán más dispuestos a sacrificarse por uno de los suyos.

Esta batalla marcará la nueva administración. Si la superan, construirán encima. Obama podrá presumir de haber doblegado a los republicanos -según el precio que deba pagar-, lo que sería justo lo contrario de lo que se propuso en 2008: trabajar junto al partido rival. Romney podrá presumir de sus dotes de “arreglatodo”: es un hombre de negocios que logra acuerdos.


De ahí en adelante

Romney seguirá centrado en asuntos económicos. Su plan habla de cinco puntos básicos. Uno de ellos es cortar el déficit, lo que deberá hacer por obligación nada más llegar. Otro es hacer de Estados Unidos un país independiente en energía, que significará abrir más espacios públicos a prospecciones.

Per con Obama ya ha ocurrido. Estados Unidos vive un nuevo boom del petróleo en estados como Dakota del Norte. No se pondrá pronto aún al nivel de Arabia Saudí en petróleo, aunque sí lo está si se suman otros hidrocarburos.

Las otras tres medidas de Romney son menos llamativas: reducir impuestos y regulación para las pequeñas empresas, mejorar la educación y sus salidas, y negociar nuevos tratados de libre comercio. Obama coincide con la educación y en el interés por las pequeñas empresas, pero no ha dirigido ningún tratado nuevo de libre comercio (sí que los ha firmado, pero fueron preparados por el gobierno de Bush).

Hay una medida que Obama lleva en su programa y que Romney evita: inmigración. Los republicanos no están por amnistías disimuladas. Pero si Romney pierde, una de las claves será el voto para Obama de las minorías, la hispana sobre todo. Si es así, es probable que el partido deba cambiar de rumbo en los próximos cuatro años. Una reforma sensata de la inmigración sería un buen punto de partida en el Congreso  para los republicanos en 2016.

En este viaje he hablado con votantes de Romney moderados y radicales (también de Obama, pero los radicales tienen menos voz fuera de algunos círculos). Todos los votantes de Romney destacan un motivo económico como la gran razón para votarle: deuda, impuestos, crisis, pequeñas empresas. Este año las otras batallas republicanas quedan en segundo plano y, por suerte, no han debido discutir abolición del aborto, matrimonio gay, contracepción, inmigración y otras cuestiones sociales que pueden causar alergia en votantes moderados.

¿Qué hará un presidente Romney en estos temas? ¿Cómo serán de conservadores los miembros del Tribunal Supremo que nombre? ¿Cómo será de neoliberal el nuevo secretario de Estado? En economía Romney ha dejado claros sus principios: la empresa privada crea empleo, el gobierno sobra, menos en Defensa, donde hay que gastar más. Del resto, ya veremos. Con Obama es más fácil, más de lo mismo -más inmigración-, con un detalle malo para republicanos. será más duro de roer.

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Aquí está para quien le interese la Guía para seguir las elecciones en Estados Unidos.

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Comentarios Un comentario

Comentarios

  • 01.11.2012 Jesus

    Si triunfa Obama, como hasta ahora parece que sucedera y los republicanos mantienen la Camara y continuan con su obstruccionismo hay muchas posibilidades que en el 2014 haya una debacle republicana. Si ganara Romney, lo que no parece muy probable, tambien habra, despues que comiencen los resultados de las politicas que Romney debe implantar para cumplir con sus compromisos de campaña — con sus grandes donantes y los miembros del tea party — habra una debacle republicana en el 2014.
    Asi que el mejor escenario para los republicanos es una victoria de Obama y entonces, con cierta resistencia para guardar la cara, cooperar con este en su segundo mandato.

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