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lunes 1 de abril de 2013

La iglesia ocupada

Ya estoy de vuelta en Jerusalén. Mañana martes tengo una entrevista con David Horowitz, director de The Times of Israel, y espero ir a Silwan, un barrio de Jerusalén este al lado de la ciudad antigua. El lunes acaba también el Pésaj, la celebración de una semana del éxodo judío de Egipto. La vida en Israel vuelve a la normalidad.

He estado los últimos cuatro días por el norte de Israel. Mi objetivo era ver el Golán y algunas ciudades de mayoría árabe -Nazaret, Akko- o de convivencia aceptable -Haifa. También me he quedado con las ganas por falta de respuesta a tiempo de ir a Umm el-Fahen a ver un colegio judío-árabe. El director me respondió tarde y aún no me ha confirmado una fecha. Espero poder volver a encajarlo en la agenda, aunque sin coche será difícil.

Una de mis prioridades por el norte era visitar Iqrit. Allí se vive el caso único de descendientes de refugiados palestinos que han vuelto a la tierra de sus ancestros. Es una chispa del temido retorno de los refugiados externos a Israel, algo que significaría el fin de Israel como estado judío.

Son un grupo de jóvenes árabes cristianos que desde agosto de 2012 ocupan la iglesia de lo que un día fue el pueblo de sus abuelos. El ejército israelí no les permite construir nada ni plantar árboles, pero sí que les deja vivir en la iglesia histórica y en unos cobertizos adyacentes.

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Allí hablé con Walaa Sbalit. Su contacto me lo dio Amaia, una chica vasca que trabaja en una ong en Belén. Llegué a Amaia gracias a que mandó un correo a eldiario.es para ofrecer material palestino. Allí Héctor Juanatey, un redactor, me reenvió la información. Veré a Amaia este fin de semana en Belén.

La historia de los abuelos de Walaa Sbalit es complicada (en la foto de abajo, de Activestills, sacada de aquí, se ve a otros abuelos con la imagen de su pueblo tal como era en 1948). En el 48, tras la creación de Israel, el ejército israelí les pidió que se fueran dos semanas porque estaban en una zona de guerra. Les enviaron a un pueblo árabe cerca de Nazaret. Nunca más volvieron vivos, aunque sí que les dejan enterrarlos allí. El Tribunal Supremo israelí les ha dado la razón varias veces.

abuelos

La charla con Walaa fue sensata en buena medida, pero luego se enfrascó en conspiraciones: Hamás es una cración del Mosad, Bin Laden no existe. Tenía un toque idealista necesario pero exagerado.

En Haifa entrevisté a Nadim, miembro de una ong local de apoyo a los jóvenes árabes. Fue una charla más relajada que con Walaa -se conocían-, pero el fondo era parecido. En general, los palestinos ven el conflicto como algo entre generaciones y de décadas; los israelíes esperan llegar a “la paz” más bien de años.

Un detalle importante en Israel es tratar de distinguir cuando alguien dice algo para contentar al periodista extranjero. Hay veces que gente de los dos bandos disimula sus opiniones -o las maquilla- para que el extranjero ingenuo no se escandalice. Agradezco por tanto a la gente que no tiene miedo de decir lo que cree, aunque a mí desde fuera me pueda parecer loco. Hay que encontrar siempre las preguntas para descubrir quién habla sin creérselo.

La charla con Hadar Shalev, en Cesarea, entre Haifa y Tel Aviv, ha sido más natural, con alguien que no está acostumbrado a hablar con periodistas ni a vender su rollo. Después de 25 entrevistas, los matices y las diferencias entre los puntos de vista se ajustan. Cada vez me resulta más fácil apretar en las preguntas gracias a que ya sé cómo reacciona el otro bando ante una acusación. También he leído más y he oído más respuestas similares.

El trabajo de días no es por tanto en balde. Las entrevistas son cada vez más fáciles para mí y más difíciles para el entrevistado. Por eso es importante mandar a periodistas experimentados a hablar con especialistas. No cuelan goles con tanta facilidad.

Un detalle sobre el coche. Hace un par de posts dije que la reserva fueron 120 euros. Pero la reserva no se cerró porque eran vacaciones israelíes y al final fue una agencia local la que tenía un coche libre. Pero costaba 176 euros con un kilometraje limitado a 250 kilómetros diarios. A pesar del precio, ha habido de sobra. La gasolina es cara en Israel. Llenar un depósito de un Ford Fiesta cuesta 64 euros; un litro de gasolina 95 vale casi 2 euros.

Pero el viaje ha estado siempre pendiente de un hilo por otro motivo. Unos rusos vieron este clavo en la rueda el primer día, en un aparcamiento. Ahí se quedó hasta hoy. Son neumáticos resistentes.

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