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miércoles 3 de abril de 2013

Jornada de museos y ultraortodoxos

Llevo un día y medio en Jerusalén. Sigo sorprendido de la rapidez con la que puedo acceder a personas e instituciones en Israel. Tengo además otra prueba de lo pequeño que es el país. El lunes entrevisté a Hadar Shalev, un ingeniero que vive en Cesárea, en la costa. Me dijo que su cuñado -un judío indio mizrají, de Kerala- era ultraortodoxo. Me interesaba hablar con él.

Hadar le pidió permiso y al día siguiente me mandó su número. Se llamaba Eliahu. Le llamé el lunes y quedamos para el martes por la mañana. Me da la dirección de su trabajo: “Mekor Haim 35”. Es la dirección del Archivo Nacional de Israel, donde entrevisté hace unos días a su director Yaacov Lozowick. He ido dos veces -de casualidad- al mismo lugar.

La entrevista hoy martes con Eliahu ha sido más interesante por un detalle imprevisto: fue soldado israelí en las guerras de 1967 y 1973. Como buen ultraortodoxo converso -lo es solo desde hace unos 10 años y tiene 65-, cree que aquellas guerras fueron “un milagro”. En el 67 estaba en el frente del Sinaí, Egipto. Avanzaban y no encontraban resistencia: “Aquellos soldados egipcios eran buenos luchadores, pero desde mi puesto veía cómo corrían y huían. ¿Por qué?” Según la teoría, sus comandantes eran un descontrol. Eliahu pregunta: “¿Pero por qué algunos soldados simples seguían luchando?”

En la guerra de Yom Kipur en 1973 ocurrió algo parecido. Eliahu era reservista. Le fueron a sacar de su casa para ir a la guerra en el Golán. Para entonces el ejército sirio estaba a unos 10 kilómetros de Tiberias, en el mar de Galilea, en pleno Israel. “Dicen que no avanzaron porque nadie les dio la orden. Pero ¿por qué?” Dios tuvo su papel, cree.

Eliahu me ha contado anécdotas de su vida de ultraortodoxo: “Si un sábbat alguien enciende una luz [algo que un devoto no puede hacer], debe procurar no mirarla. Sé que es difícil, pero así debe ser”. Le entrevista más interesante del día ha sido luego, con Shlomo Tikochinsky, profesor en el Van Leer Institute. Tikochinsky fue ultraortodoxo tradicional hasta los 30 años. Desde entonces, ahora tiene 46, es “ultraortodoxo moderno”.

Cuando he llegado le he dicho a Tikochinsky que venía de hablar con otro ultraortodoxo (haredí, en hebreo). Se ha sorprendido mucho de que haya encontrado a uno dispuesto a hablar en inglés. En seguida le he dicho que era un judío indio. Ha gritado: “¡Noooo! Pero ese no es auténtico. Tiene que ser ashkenazí”. Los ashkenazíes fueron los primeros haredim, el resto son solo una copia, seguidores.

Tikochinsky me ha contado qué distingue, según él, a los haredim del resto de ortodoxos: “Están seguros, tienen la convicción absoluta de que conservan el secreto de la verdad cósmica”. Aquí escrito parece poco, pero los aspavientos de Tikochinsky mientras hablaba le daban un aire majestuoso. Tikochinsky cree que los ultraortodoxos acabarán por cambiar y aceptar que deben trabajar para sustentarse, pero hay que darles tiempo.

Las anécdotas más curiosas me las ha contado al final: “Un judío muy religioso no puede soportar entrar en una iglesia, por muy bonita que sea, tras todos los años de afrentas”. Y luego: “Si dices en una frase ‘Moisés, Jesús y Mahoma’, un judío muy religioso se va a molestar: ‘¿Cómo poner en la misma frase al gran profeta con dos figuras menores?’ Otra para acabar: “Recordar, recordar, recordar, el pueblo judío lo recuerda de todo, a veces le pido a Dios que nos deje olvidar algo”. Es fácil querer ponerse en ojos de otra persona, pero es imposible lograr entender todo el bagaje cultural que significa algo tan simple como, en este caso, ser judío.

El lunes por la mañana entrevisté al director del Times of Israel, David Horovitz. Antes de fundar el Times hace dos años, Horovitz trabajaba para el Jerusalem Post. Como buen impulsor de proyectos periodísticos (en la foto se ve la austeridad de la redacción), fue el único que me pidió que le contara con detalle mi crowdfunding. La entrevista fue magnífica, con detalles nuevos sobre lo que ya tengo. Al final me dijo: “Cuando vayas a un país árabe, avísame”. Aún habré hecho negocios en Jerusalén.

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También el lunes aproveché el rato libre para visitar el Museo del Holocausto y el de Israel. La metáfora del Museo del Holocausto es admirable y evidente. Es un tubo triangular que sala tras sala cuenta la catástrofe que sufrió el pueblo judío durante la Segunda Guerra Mundial. Al final del túnel, tras una referencia breve a la fundación de Israel, se abre un balcón inmenso al gran paisaje de la libertad: la tierra de Israel. Esto es lo que se ve.

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En el Museo de Israel me dediqué a ver el Templo del Libro, sobre los manuscritos de Qumrán, y la maqueta del Segundo Templo.

Mañana miércoles tengo tres encuentros. Por la mañana visito un colegio de la fundación Hand in Hand. Es uno de los cinco únicos en todo el país donde se imparte educación bilingüe en hebreo y árabe a todo tipo de alumnos. Luego veo a Yossi Klein Halevi, una de las entrevistas más interesante del viaje. Es un académico del Hartman Institute. He leído varios de sus artículos y son magníficos.

Por la tarde visito el barrio de Jerusalén este de Silwan, acompañado por un miembro del Comité Popular del barrio. Debería contarme la destrucción que el estado de Israel provoca en Silwan.

Comentarios 4 comentarios

Comentarios

  • 05.04.2013 José Javier Rego

    Estoy disfrutando de tus andanzas como un niño pequeño, sin embargo cada vez que termino una entrada, me queda un sabor agridulce. No puedo dejar de enfadarme con los medios de este país ¿En qué están pensando? ¿De verdad no pueden pagar 5000€ para que estas crónicas las puedan leer millones de personas?

    Si el problema es que no les interesa, entonces que no se quejen de que tienen que cerrar.

  • 05.04.2013 Jordi Pérez Colomé

    Estas andanzas son un trabajo más específico, una mezcla de literatura de viajes y periodismo. Es un género peculiar que veo que interesa más de lo que me parecía. El trabajo final tendrá solo pinceladas de este. El problema que los medios tienen para hacer algo así es que son poco flexibles.

    Yo aquí hablo en primera persona, descubro secretos y fuentes de mi trabajo y doy detalles nimios sobre costes. No sé si es algo que los medios puedan acoger. Está claro que internet es una oportunidad para llenar huecos que tienen un público y que los periodistas no habíamos percibido.

  • 05.04.2013 HPerezTapia

    Dices: ” una mezcla de literatura de viajes y periodismo”.

    Siendo una buena apreciación de lo que son tus artículos, por lo que a mí respecta es algo diferente. A mí siempre me ha emocionado una canción de Serrat que seguro que conoces “Juan y José”, sobre todo al final, cuando Juan le dice a su amigo José el “indiano” lo de “con las alas de tus cartas, José, atravesé todos los cielos de América”.

    Ese es el sentimiento que descubro cuando nos cuentas desde tu perspectiva subjetiva todo lo que ves en los viajes. Al final, lo que consigues, creo yo, no es mostrar únicamente los datos sino también el sentir de los lugares que pisas. Y eso vale mucho más que una columna en la sección de internacional de El País o de El Mundo sobre él último enfrentamiento entre palestinos e israelíes que pueda haber sucedido.

    Sigue así que nosotros también seguiremos respondiendo seguro.

    Héctor

  • 05.04.2013 Jordi Pérez Colomé

    Héctor,

    gracias. Parece que es algo que ese periodismo más convencional no hacía. Este formato cerrado mientras viajo -lo abriré al final- da también la opción de ser más directo, como la carta de Serrat a alguien a quien le interesa el relato, y no como un post abierto donde todo es más delicado.

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