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lunes 15 de abril de 2013

Por qué Israel gana

Tengo este post escrito desde el domingo por la mañana. Pero mi servidor ­cdmon­ ha cerrado el acceso a wordpress desde el extranjero por un presunto ataque. Así que le he pedido al webmáster que lo cuelgue desde Barcelona. Hoy lunes es el último día del viaje. Haré balance mañana ya desde casa. Mañana también volveré a publicar en el blog en abierto.

La semana pasada hice dos visitas importantes de casi un día entero a lugares contrapuestos de Cisjordania: al valle del Jordán y a cinco asentamientos. El contenido de los dos días dan una idea de lo difícil que va a ser una evolución en el conflicto, pero el modo en que las visitas se desarrollaron aclara también otra cosa: el porqué de tanta diferencia a favor de Israel. Así fue.

En el campo de refugiados de Belén, el joven herido por el ejército israelí del último post me dio el teléfono de Ibrahim, de la organización Jordan Valley Solidarity. Era domingo e iba a ir al valle del Jordán el martes. Llamé a Ibrahim varias veces el lunes y el móvil siempre estaba apagado. Me puse en contacto de nuevo con la gente de Belén que me había dado el número de Ibrahim. Me dieron otro contacto, el de Rachid. Le llamé y me contestó en un inglés medio.

No había ningún problema en quedar al día siguiente a primera hora de la mañana. Solo me pidió una cosa: debía pagar el coste del coche que nos iba a llevar por varias aldeas y pueblos del valle del Jordán. Eran 150 shekels, 32 euros. Los periodistas no pagamos por información, pero la demanda de Rachid me pareció razonable; era como alquilar un coche y acepté.

Al día siguiente había que coger in minibús en Nablus, al norte de Cisjordania, hacia la aldea de Jitflik. “Cuando pases el checkpoint israelí ­me dijo Rachid­ llámame y le das el móvil al conductor. Yo le diré dónde debe parar.” Así lo hice al pasar el checkpoint israelí que separa las áreas B y C en Cisjordania. El minibús se detuvo al rato en medio de la carretera. La casa estaba encima de un montículo, era de barro, según la tradición de la región.

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Rachid estaba junto a dos voluntarios de Jordan Valley Solidarity, una polaca que vive en Barcelona y un colombiano que vive en Suiza. Tomamos un café árabe y salimos a ver cómo Israel se comía el terreno de los beduinos y cómo crecían los asentamientos. En el valle del Jordán viven alguno de los colonos que salieron de Gaza en 2005.

Al volver Rachid nos dio galletas y nocilla para comer algo y bajó de nuevo a la carretera para hacer autostop y que alguien parara ­en Israel y Palestina el autostop es muy común. Al final pasó un minibús que iba a Jericó, y de ahí a Jerusalén.

Dos días después tenía una cita con Miri, del departamento de relaciones exteriores del consejo regional de Binyamin ­uno de los que hay en “Judea y Samaria”, que es el nombre histórico y cómo los colonos llaman a Cisjordania­ y del Yesha Council, que agrupa a todos los asentamientos.

Llegué a Miri antes de viajar a Israel. Un contacto en España me aconsejó hablar con Dani Dayan, ex presidente del Yesha Council. A Dayan le pedí una entrevista y visitar asentamientos. Al no ser él ya el encargado, me dio el correo del actual presidente. Le escribí y al cabo de unos días me contestó Miri para acordar un día. Quedamos en el 4 de abril y me cambió luego al 11.

Así, el día 11 Miri vino en coche a buscarme a la puerta de mi apartamento de Jerusalén a las 8 de la mañana. Días antes me había mandado un programa de nuestro recorrido: cinco visitas. Yo le había pedido dos: la universidad de Ariel e Itamar, la comunidad donde mataron a la familia Fogel hace un año. Itamar quedaba lejos, pero me ofreció ponerme en contacto con otra persona para que me llevara (al final no pudo ser por falta de días). Ariel sí que podía ser. Miri era hija de dos judíos británicos; su inglés era impecable.

La primera parada del día fue en Migron, donde hay una bodega y han montado un impresionante centro para visitantes. Me pusieron un vídeo, me dieron un café buenísimo y un pastel y vino una judía argentina que llevaba cinco años en un asentamiento cercano para que hablara con ella sobre la vida aquí.

En el resto de visitas hablé con dos judías más de origen hispano. En la visita a la universidad me atendió el rector y un profesor de historia de Oriente Medio y ex agente del Mosad. En todas las paradas había alguien que nos esperaba y que hablaba inglés perfectamente. Me dieron de comer así:

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Como es lógico, Miri hacía su trabajo y tenía su punto de vista. Pero sabía que los periodistas también hacemos nuestro trabajo y tenemos otras obligaciones y gustos. Mi responsabilidad ahora es distinguir entre los goles que me han querido colar los Rachid y Miri del viaje y la parte de verdad.

Quien haya seguido el blog del viaje habrá visto la inmensa diferencia en organización entre ambos bandos. Esta ventaja israelí se ve en todos los ámbitos imaginables. Por eso ganan. Si tienen más o menos razón es discutible ­y ya procuraré contarlo­, pero por qué ganan es evidente.

Después de estas visitas, dediqué tres días al Neguev y al sur en coche de alquiler. Aproveché el sábado festivo para visitar Petra, en Jordania, desde Eilat, la ciudad que da al mar Rojo en el sur del país. Las aventuras en las fronteras israelíes son siempre interesantes; no tuve muchos

problemas. El memorial a David Ben Gurion y su casa en un kibbutz en el Neguev merecen un tiempo.

Un apunte curioso. En el camino de Jerusalén a Eilat, opté por tomar la carretera 60, que pasa cerca de Hebrón y es una de las que cruza más zonas palestinas. Era viernes por la mañana y había más soldados de lo que es habitual a la entrada de pueblos palestinos por si había protestas. Contaré mejor el trayecto en un post que publicaré esta semana sobre asentamientos ­allí colgaré también algunos de los vídeos que he grabado.

Pero de momento, esta anécdota: pasado Hebrón, entre varios pueblos palestinos, dos niños andaban al lado de la carretera. Uno se agachó a coger algo del suelo. Inmediatamente pensé: ahí viene una pedrada. Así de fácil es interiorizar los prejuicios y así de cerca están ambos pueblos. El niño se había parado a recoger un papelito.

Hoy es el día en memoria de los caídos y mañana celebran la independencia, así que Tel Aviv está a medio gas. No he podido hacer más entrevistas en el último día del viaje. Me he dedicado a leer y a recoger material.

Comentarios Un comentario

Comentarios

  • 16.04.2013 Laura

    Bienvenido a casa!

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