ObamaWORLD

jueves 16 de mayo de 2013

Obama se mete en líos con la libertad de prensa

El presidente Obama lleva una semana entre escándalos. Son cuatro. Los dos más nuevos e importantes son la investigación del gobierno a la agencia AP para averiguar quién filtró una información y la atención exagerada que la agencia tributaria dio a grupos conservadores.

Los otros dos son la insistencia republicana para saber si se podía haber evitado el atentado en Bengasi del 11 de septiembre y el esfuerzo de la secretaria de Sanidad, Katheleen Sebelius, para lograr fondos privados entre las aseguradoras para promover Obamacare.

Obama ha tenido algo de mala suerte. Estas noticias se han comido titulares mejores: “El déficit se reduce más rápido de lo esperado”. Ninguno de estos cuatro escándalos -con lo que se sabe ahora- ponen el futuro de su presidencia en peligro. Pero sí pueden entretenerle y hacer que otras medidas prioritarias -inmigración, armas, cambio climático- pierdan impulso.

En los próximos tres días haré tres posts donde explicaré con detalle los cuatro escándalos. Cada cual podrá hacerse su impresión. Este es el primero, sobre la investigación a la agencia AP.

*

Los periodistas Adam Goldman y Matt Apuzzo, de la agencia AP, tenían el 2 de mayo de 2012 una gran exclusiva: la CIA había interceptado un plan de la filial de Al Qaeda en Yemen para poner una bomba en un avión hacia Estados Unidos en el primer aniversario de la muerte de Osama Bin Laden.

El artefacto era una mejora del que llevaba en sus calzoncillos Umar Faruk Abdulmutalab el 25 de diciembre de 2009. Aquel día el vuelo Amsterdam-Detroit no estalló porque el detonador y explosivos no funcionaron. Ahora la CIA había impedido el segundo intento.

AP alertó a la Casa Blanca y a la CIA de que tenían esa exclusiva. La administración les pidió que esperaran unos días para no poner en peligro la operación de inteligencia. AP aceptó. Pasaron cinco días.

El lunes 7 de mayo miembros del gobierno dijeron que el peligro había pasado, pero aún pidieron a la agencia un día más para que la Casa Blanca lo anunciara antes. AP dijo que no y lo publicó.

La información de AP no decía cómo habían conseguido la información. Del presunto terrorista suicida que iba a llevar el explosivo decían: “No está claro de momento que pasó con el presunto bombardero”.

Ese mismo día el entonces asesor contra el terrorismo de Obama, John Brennan (hoy director de la CIA), hizo una llamada con analistas y periodistas para aclarar la exclusiva de AP. Brennan dijo que Estados Unidos siempre había estado al control de la situación y que “ni el artefacto ni su supuesto usuario eran una amenaza”.

La calma de Brennan coincidía con un comunicado del Departamento de Seguridad Nacional unos días antes: no hay “ninguna indicación de amenazas o planes creíbles, específicos contra Estados Unidos ligados al primer aniversario de la muerte de Bin Laden”.

Pero la aparición de Brennan sugería algo que la noticia de AP no daba: Estados Unidos tenía a “información interna” de la operación de Al Qaeda. Así era: había un agente doble, un saudí con pasaporte británico que se había hecho pasar por un terrorista suicida. La noticia salió cuando el espía estaba ya a salvo fuera de Yemen y el artefacto estaba en laboratorio del FBI en Quantico, Virginia, para analizarlo.

El agente doble no solo había logrado robar la última tecnología en explosivos de Al Qaeda en Yemen. También había aparentemente conseguido información para que un drone pudiera matar a Fahd Mohamed Ahmed Quso, un pez gordo de Al Qaeda en Yemen (había participado en el atentado contra el destructor USS Cole en 2000 y su cabeza valía 5 millones de dólares para el FBI).

Un misil lanzado desde un drone le mató al bajar de su coche el 6 de mayo -el día antes de que saliera la noticia de AP. El martes 8 y el jueves 10 los drones volvieron a atacar en Yemen, quizá también con información lograda por el espía: murieron otros 18 presuntos miembros de Al Qaeda.

Así quedó todo. Una misión combinada entre la inteligencia americana, británica y saudí que unos buenos periodistas habían logrado conocer cuando aun estaba en marcha. Todos los implicados habían hecho bien su trabajo. Pero a la administración no le gustaba tener a un topo en su equipo.

*

Unos meses después, en febrero de 2013, en su confirmación como director de la CIA en el senado, John Brennan confirmaba su versión: “Dije que nunca hubo una amenaza para el público americano, tal como habíamos dicho en público, porque teníamos el control interno de la operación y el artefacto nunca fue una amenaza para los americanos”. Era difícil que en este caso invocaran por tanto la seguridad nacional para dar con el chivato.

Pero así lo hicieron. Hace unos días, el 10 de mayo de 2013, un año después de la información, el Departamento de Justicia envió una carta a la encargada de Asuntos Jurídicos de AP. Allí decían que habían obtenido los archivos telefónicos -llamadas entrantes y salientes y duración, no el contenido- de los teléfonos fijos y móviles de casa y personales de varios periodistas -entre ellos Goldman, Apuzzo y el resto que intervino en la elaboración de la información del 7 de mayo- y de 20 líneas generales de AP en Nueva York, Washington, Hartford y la línea de la agencia en el Congreso. En total podían controlar la labor de unos cien periodistas.

El Departamento de Justicia queria encontrar a la fuente dentro de la CIA o la administración que pasó la información a AP. La ley les ampara para pedir legalmente a las compañías telefónicas esos registros sin permiso judicial ni advertir a los interesados.

El gobierno y las empresas periodísticas acordaron hace tres décadas unas líneas de conducta para -bajo esas premisas legales- proteger el trabajo de informar de unos y la necesidad de proteger la seguridad nacional de otros.

La administración no respetó esos acuerdos: sobrepasaron el “alcance limitado” de la investigación -dos meses, cien periodistas para una sola fuente no es limitado- y la necesidad de informar y negociar previamente (en este caso AP no podía destruir las pruebas, pero sí tratar de frenar el proceso).

AP teme que una ivestigación tan profunda sirva más bien para analizar el modo en que sus periodistas trabajan y no para resolver un caso concreto. ¿Por qué por ejemplo pedir las llamadas desde la sede en Hartford, Connecticut, donde la única posible relación es que el periodista Apuzzo trabajó hace unos años?

Algunos de estos periodistas -Goldman y Apuzzo entre ellos- ganaron un Pulitzer en 2012 por su investigación sobre la vigilancia de la policía de Nueva York a los musulmanes desde el 11-S. En esta foto de una compañera de la redacción se les ve en la redacción poco después de saberlo; Goldman está delante y Apuzzo es el más alto:

appulitzer

El segundo temor de AP -y del resto de medios- es que la estrategia del gobierno sirva para asustar a sus fuentes para que dejen de hablar. No sería la primera vez. El caso reciente más famoso es obviamente el de Bradley Manning, el militar en juicio que pasó información a Wikileaks. A final de año un ex agente de la CIA se declaró culpable de dar un nombre de un colega que había participado en torturas a un periodista.

Es un asunto serio porque el gobierno de Obama ha usado en seis casos la Ley de Espionaje de 1917 -que en toda la historia se había invocado solo otras tres veces- para condenar a las fuentes de otras filtraciones. Se presupone que otros dos casos pretenden averiguar quién filtró la creación del virus Stuxnet que atacó a Irán y la “kill list” que manejan en la Casa Blanca de objetivos para los drones. En ambos casos están implicados periodistas del New York Times.

La eterna defensa del gobierno -hoy jueves Obama la ha repetido en rueda de prensa- es que protegen vidas de americanos en misiones con peligro y la seguridad nacional. El fiscal general, Eric Holder, dijo que “era una de las dos o tres filtraciones más peligrosas que había visto” y que “puso al pueblo americano en peligro”.

Parece una exagerción. En este caso de AP este recurso es curioso: Brennan dijo claramente que no había vidas en peligro. Es más, AP sabía antes de publicar la información que había un agente doble implicado y lo ocultó para protegerle.

El problema en este caso para Obama es quizá que el espía era británico y la filtración perjudicó la colaboración con otros servicios secretos. Además, los británicos no pueden participar en dar información para luego hacer ataques letales con drones.

*

¿Cómo se puede solucionar? Para aclarar un poco más esta relación que será siempre tortuosa, el senado volverá a promover la Ley Escudo (Shield Law). Es una propuesta que ya se aprobó en el 2009 en el senado pero que nunca llegó al Congreso porque apareció Wikileaks. La última prioridad de los congresistas entonces era proteger a las fuentes secretas dentro de la administración. A pesar de la buena intención de aclarar la relación, no está claro que la nueva ley hubiera protegido a AP en un caso de seguridad nacional.

Esta ley es una pequeña prueba de cómo en poco tiempo gira la tortilla. La situación no es exacta, pero hace tres años la prioridad era castigar a los chivatos. Ahora es proteger a los periodistas. Quizá por casualidad, el New Yorker sacó ayer una herramienta que permitirá enviar información anónima a la redacción por internet sin que nadie pueda encontrar ni exigir la fuente.

El gobierno tiene difícil ganar esta batalla. La primera enmienda -que defiende la libertad de expresión y de prensa- es difícil de contestar. Con Wikileaks, fueron los mismos medios americanos los que procuraron proteger la seguridad nacional. Más allá, los límites serán siempre ambiguos. En este caso, el gobierno y AP tienen algo de razón: Obama quiere poder hacer misiones secretas sin temor y AP quiere averiguarlas. Ambos defienden su coto. No será la última vez.

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Hasta aquí la primera parte de la semana horrible de Obama. Pronto, el lío de la agencia tributaria contra el Tea Party.

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Comentarios 4 comentarios

Comentarios

  • 16.05.2013 Nicolás

    Desde luego, lo más curioso es el caso del espionaje. Que esto resuene tanto entre los medios con todo lo que han hecho los anteriores presidentes es bastante llamativo.

  • 17.05.2013 Juan

    En pocas cosas Obama ha incumplido tanto lo que decía en campaña como en el tema de los whistleblowers. Ni Rajoy le gana en ese sentido.

  • 20.05.2013 Carlos Fuentes

    “Con Wikileaks, fueron los mismos medios americanos los que procuraron proteger la seguridad nacional”

    De qué sguridad nacional hablas? Los grandes medios prefieron ser cómplices del estado y los grandes empresariales en vez de publicar la información difundida por Wilileaks.

    Después que 5 grandes medios manejaron esa información y solo publicaron lo que les dio la gana, no aceptaron publicar todo, como deberían haberlo hecho desde el comienzo (el New York Times y el Wasshington Post ademtieron que consultaron al Departamento de Estado antes de publicar algo), como les pedía Wikileaks.

    Los cables de Wikileaks dejaron al descubierto de qué forma se toman las grandes decisiones del mundo sin anestesia. Pero no, los grandes medios prefirieron el viejo orden de que todo se siga decidiendo en una nebulosa.

    Cuántos actos terroristas como cosecuencia de la revelaciones de Wikileaks se produjeron? Ninguno.

    Los grandes medios son cómplices y cagones.

  • 30.05.2013 calavera2000

    Efectivamente, la politica exterior de EEUU esta basada en mentiras, mentiras y mas mentiras.Si quieren seguir asi y que les funcione ,o tienen unos medios dominados y serviles (la mayoria) o controlan a los que no lo sean.
    Como siempre , el escandalo aparece cuando sale a la luz, pero nadie pregunta cuanto tiempo llevan haciendolo.
    Wikileaks es la muestra mas clara de un medio libre, acosado por el gobierno mentiroso, para que no ponga en evidencia sus mentiras.

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